La muchacha de las bragas de oro — Juan Marsé

La muchacha de las bragas de oro es una novela de Juan Marsé sobre la memoria, la falsificación del pasado y la necesidad de algunas personas de reconstruir su propia biografía cuando cambia el clima político y social.

Luys Forest es un viejo escritor falangista cuyo prestigio literario se encuentra en decadencia. Retirado en una casa cercana al mar, dedica sus días a redactar unas memorias con las que pretende revisar su trayectoria y ofrecer una imagen más favorable de sí mismo.

Forest no se limita a ordenar sus recuerdos. Corrige, elimina y embellece los hechos para presentar como dudas, gestos de independencia o discrepancias íntimas aquello que en el pasado fue adhesión, oportunismo o conformidad con el poder.

La llegada de su sobrina Mariana altera ese proyecto. Joven, provocadora y aparentemente despreocupada, Mariana conoce una parte de la historia familiar que Forest intenta modificar. Sus preguntas y comentarios convierten la escritura de las memorias en un enfrentamiento entre la versión deseada y los hechos que se resisten a desaparecer.

La novela comienza como una sátira política y generacional, pero avanza hacia un territorio cada vez más ambiguo. El deseo, la culpa, las fotografías, los recuerdos familiares y las identidades inciertas introducen una atmósfera en la que ya no resulta fácil distinguir entre verdad, ficción y fantasía.

Ficha bibliográfica

Título: La muchacha de las bragas de oro

Autor: Juan Marsé

Editorial: Planeta

Lugar de edición: Barcelona

Año de esta edición: 1981

Año de publicación original: 1978

Colección: Autores Españoles e Hispanoamericanos

ISBN-10: 84-320-6300-2

ISBN-13: 978-84-320-6300-8

Número de páginas: 262

Encuadernación: Tapa dura

Idioma: Castellano

Premio: Premio Planeta 1978

Materias: Novela española, memoria, franquismo, Transición, identidad, deseo y falsificación autobiográfica

Sinopsis

Luys Forest es un escritor envejecido, viudo y apartado de los ambientes literarios. Durante la posguerra había estado vinculado al falangismo y había disfrutado de una posición intelectual acorde con el régimen político de la época.

Con la llegada de nuevos tiempos, aquellas antiguas adhesiones se han convertido en una carga. Su prestigio ha disminuido y la imagen que desea proyectar ya no coincide con la del hombre que fue.

Retirado en una casa próxima al mar, Forest trabaja en la redacción de sus memorias. Se sirve de borradores, grabaciones, fotografías y viejos documentos para reconstruir los acontecimientos más importantes de su vida.

Sin embargo, el escritor no busca una recuperación fiel del pasado. Retoca los recuerdos para presentarse como una persona más lúcida, independiente y crítica de lo que realmente fue.

Los episodios vulgares se convierten en escenas literarias. Las decisiones oportunistas son transformadas en dudas morales. Las responsabilidades personales desaparecen bajo explicaciones elegantes y frases cuidadosamente elaboradas.

Forest pretende demostrar que nunca se entregó por completo a la ideología que defendía públicamente. Desea reconstruirse como un liberal secreto, un disidente interior o un intelectual que habría conservado siempre una distancia crítica frente al franquismo.

A la casa llega Mariana, su sobrina, enviada para preparar un reportaje sobre la vida y la obra del escritor. La joven debe ayudarlo a ordenar los materiales y pasar a limpio algunas partes de sus memorias.

Mariana representa todo aquello que incomoda a Forest. Pertenece a una generación más joven, habla con una franqueza agresiva y no muestra respeto automático por la autoridad familiar, política o literaria de su tío.

También conoce relatos familiares que contradicen la versión escrita por Forest. Cada vez que el escritor intenta fijar una explicación conveniente, Mariana introduce una pregunta, una fotografía o un recuerdo capaz de desestabilizarla.

La convivencia adquiere además una dimensión erótica. Forest observa a su sobrina con una mezcla de deseo, temor y fascinación. Las bragas doradas que ella lleva se convierten para él en una imagen obsesiva y en el símbolo de una juventud que ya no puede poseer ni comprender.

A medida que avanza la escritura, las contradicciones se multiplican. El pasado familiar, la identidad de algunos personajes, las relaciones amorosas y las circunstancias de ciertas muertes aparecen bajo versiones incompatibles.

La memoria deja entonces de ser un simple depósito de hechos. Se convierte en un espacio de lucha donde cada personaje intenta imponer la interpretación que necesita para seguir viviendo.

Luys Forest

Luys Forest es un escritor que ha sobrevivido a su propio tiempo. La posición política y cultural que en otro momento le proporcionó seguridad se ha transformado en una fuente de descrédito.

Su problema no consiste únicamente en haber envejecido. También ha envejecido el lenguaje con el que construyó su prestigio. La retórica solemne, patriótica y moralizante que utilizó durante años suena ahora hueca y anacrónica.

Forest comprende que el nuevo presente juzga de otra manera las decisiones del pasado. Por ello intenta adelantarse al juicio y presentar una versión de sí mismo compatible con los valores que comienzan a imponerse.

No falsifica necesariamente todos los hechos. Su procedimiento resulta más sutil: modifica el tono, desplaza las responsabilidades, exagera unas dudas y elimina determinados detalles.

El escritor sabe que una mentira completa puede ser descubierta. Una verdad cuidadosamente narrada, en cambio, puede producir una impresión engañosa sin necesidad de inventarlo todo.

Forest posee además oficio literario. Conoce el poder de una escena bien construida, de una frase memorable y de una explicación psicológica capaz de convertir el oportunismo en conflicto moral.

Su talento se vuelve contra la verdad. Cuanto mejor escribe, mayor es su capacidad para sustituir los hechos por una versión más atractiva y verosímil.

Juan Marsé lo presenta como una figura ridícula y, al mismo tiempo, trágica. Forest miente para proteger su reputación, pero también para evitar enfrentarse consigo mismo.

Mariana

Mariana es la principal fuerza que se opone a la reconstrucción interesada de Forest. Su presencia introduce juventud, irreverencia y desorden en la casa detenida del escritor.

La joven no actúa como una historiadora imparcial. Tiene sus propias preguntas, deseos y conflictos familiares. También ella busca una explicación sobre su origen y sobre las relaciones que unieron a las generaciones anteriores.

Su lenguaje directo rompe la solemnidad de Forest. Frente a la elaboración retórica del escritor, Mariana utiliza la ironía, la provocación y el comentario inesperado.

Cada uno de sus gestos parece desafiar el orden de la casa. Su ropa, sus costumbres, su sexualidad y su manera de hablar pertenecen a un mundo que el viejo escritor observa con deseo y desconcierto.

Mariana funciona en ocasiones como la conciencia crítica de Forest. Le recuerda aquello que intenta suprimir y convierte sus memorias en un texto sometido a contradicción permanente.

Sin embargo, tampoco ofrece una verdad definitiva. Su conducta es ambigua y algunos de sus actos parecen calculados para aumentar la confusión del escritor.

La muchacha puede estar buscando la verdad, jugando con su tío o construyendo su propia versión del pasado. Esa incertidumbre impide reducirla al simple papel de portavoz moral.

La memoria como falsificación

La novela parte de una idea incómoda: recordar no consiste únicamente en recuperar lo que ocurrió. Cada recuerdo es seleccionado, ordenado e interpretado desde el presente.

Forest lleva ese proceso hasta el extremo. No espera pasivamente a que la memoria modifique los hechos, sino que interviene de forma consciente para producir una biografía conveniente.

El escritor elimina aquello que perjudica la coherencia del personaje que desea construir. Su vida real, llena de contradicciones, debe transformarse en una narración con sentido.

La autobiografía se aproxima así a la novela. Ambas seleccionan acontecimientos, crean relaciones de causa y efecto y conceden a ciertos episodios una importancia que quizá no tuvieron cuando ocurrieron.

La diferencia reside en el pacto con el lector. Quien escribe una novela puede inventar abiertamente; quien publica unas memorias afirma que está contando su propia verdad.

Forest utiliza los recursos de la ficción sin reconocer que está fabricando una identidad. Pretende que la eficacia literaria de su relato sirva como prueba de su autenticidad.

La autobiografía como defensa

Las memorias de Forest no nacen únicamente del deseo de conservar recuerdos. Son también un escrito de defensa ante el tribunal imaginario del futuro.

El autor sabe que su generación empieza a ser examinada desde nuevas coordenadas políticas. Los antiguos vencedores ya no controlan de la misma manera el relato público sobre la guerra, la dictadura y la posguerra.

Forest intenta demostrar que estuvo allí sin pertenecer del todo a aquello que ocurrió. Desea conservar los beneficios de su trayectoria y desprenderse de las responsabilidades asociadas a ella.

Esta estrategia no consiste en negar frontalmente el pasado, sino en reinterpretarlo. Cada adhesión puede presentarse como una necesidad, cada silencio como prudencia y cada beneficio como consecuencia involuntaria.

La novela muestra así cómo una persona puede absolverse mediante el lenguaje. No necesita convencer a todo el mundo; basta con construir una versión que le permita reconocerse sin vergüenza.

El franquismo visto desde la Transición

La obra apareció en 1978, durante los primeros años de la Transición española. La muerte de Franco había modificado con rapidez el lenguaje político y la manera en que muchas personas presentaban su pasado.

Antiguos partidarios del régimen comenzaron a destacar discrepancias privadas, gestos de moderación o supuestas convicciones liberales que apenas habían tenido expresión pública.

Forest representa esa adaptación. No cambia únicamente de opinión; modifica retrospectivamente la identidad del hombre que había sido.

Marsé satiriza la velocidad con la que determinados discursos desaparecen y son sustituidos por otros. Las palabras solemnes de la dictadura se convierten de pronto en una «chatarra retórica» de la que sus antiguos usuarios desean distanciarse.

La crítica no se dirige solo a un individuo. Forest encarna un mecanismo colectivo por el que una sociedad reorganiza su memoria para facilitar la adaptación al nuevo presente.

La Transición exige convivencia y transformación institucional, pero también crea espacios de ambigüedad en los que algunas responsabilidades pueden quedar diluidas.

Dos generaciones enfrentadas

Forest y Mariana pertenecen a generaciones separadas por la guerra, la dictadura y una profunda transformación cultural.

El escritor se formó en un mundo de jerarquías, solemnidad ideológica y silencios familiares. Mariana procede de una época en la que aquellas autoridades han comenzado a perder su capacidad de imponer respeto.

Para Forest, el pasado es una propiedad que puede administrar. Para Mariana, es una herencia confusa cuyas consecuencias afectan a quienes nacieron después.

La joven no acepta que la edad, el parentesco o el prestigio literario conviertan automáticamente la versión de su tío en verdad.

El enfrentamiento se produce también en el lenguaje. Forest elabora largas explicaciones; Mariana responde con frases cortas, burlas y observaciones que destruyen la dignidad cuidadosamente preparada por él.

No obstante, la novela evita presentar a una generación como completamente inocente. Mariana también juega con las apariencias, oculta información y utiliza la incertidumbre para ejercer poder sobre su tío.

Verdad y verosimilitud

Forest no necesita que sus memorias sean rigurosamente verdaderas. Necesita que resulten creíbles.

La verosimilitud es una cualidad literaria: un relato funciona cuando los hechos parecen posibles, mantienen una coherencia interna y conducen al lector hacia una interpretación determinada.

Una versión falsa puede parecer más convincente que una realidad desordenada. La vida contiene casualidades, contradicciones y acciones sin una explicación clara; la narración las organiza para que parezcan necesarias.

Mariana introduce grietas en esa construcción. Sus recuerdos y preguntas no siempre demuestran de manera definitiva que Forest mienta, pero revelan que existen otras formas de ordenar los mismos acontecimientos.

La novela invita así a desconfiar de las autobiografías demasiado perfectas. Cuando una vida adquiere una coherencia absoluta, quizá esa coherencia proceda más del escritor que de los hechos.

Las fotografías y los documentos

Forest trabaja rodeado de fotografías, grabaciones y papeles antiguos. A primera vista, estos materiales deberían proporcionar una base objetiva para sus memorias.

Sin embargo, una fotografía tampoco explica por sí misma lo que sucedió. Registra un instante, pero no las intenciones, los acontecimientos anteriores ni las consecuencias posteriores.

El escritor puede utilizar una imagen para confirmar su relato, mientras Mariana descubre en ella un detalle que conduce hacia una interpretación distinta.

Los documentos no eliminan la disputa sobre el pasado. Se convierten en piezas de un relato que cada personaje coloca de una manera diferente.

La fotografía introduce además el problema de la apariencia. Puede mostrar a una persona en un lugar determinado y, sin embargo, ocultar casi todo aquello que verdaderamente importa.

La casa junto al mar

La mayor parte de la novela se desarrolla en un espacio apartado, una casa cercana al mar donde Forest vive rodeado por objetos y recuerdos.

El aislamiento favorece la concentración de los personajes. Sin la interrupción constante del mundo exterior, cada conversación adquiere una intensidad especial.

La casa funciona como un archivo del pasado. Las habitaciones, los muebles, las fotografías y los papeles conservan rastros de relaciones familiares que todavía no han sido explicadas por completo.

También es un escenario cerrado donde Forest no puede escapar de las preguntas de Mariana. El escritor controla su mesa de trabajo, pero no domina todo aquello que sucede dentro de la casa.

El mar introduce una presencia cambiante y ambigua. Frente al intento de fijar la memoria por escrito, el paisaje exterior recuerda que ninguna forma permanece exactamente igual.

El deseo y la decadencia

Forest contempla a Mariana desde la vejez. La vitalidad de la joven hace más visible su propio deterioro físico y la pérdida del poder que tuvo en otros tiempos.

El deseo se mezcla con la nostalgia. Forest no desea únicamente a una mujer joven; desea recuperar una parte de sí mismo que ya no existe.

Mariana parece conocer el efecto que produce. Sus gestos pueden ser espontáneos, provocadores o cuidadosamente calculados, y la novela mantiene abierta esa ambigüedad.

La atracción altera la capacidad de Forest para interpretar lo que ocurre. Igual que modifica el pasado para ajustarlo a sus necesidades, convierte los actos de Mariana en señales de aquello que desea creer.

El erotismo no aparece separado del poder. Mariana puede carecer del prestigio y la autoridad de su tío, pero posee la capacidad de desorientarlo y exponer sus debilidades.

Las bragas de oro

La prenda mencionada en el título se convierte en una imagen obsesiva para Forest. Su color, su brillo y su relación con el cuerpo de Mariana concentran deseo, curiosidad y engaño.

El oro sugiere valor, belleza y posesión. Sin embargo, la novela juega desde el principio con la distancia entre lo que parece precioso y aquello que realmente existe.

Las bragas pueden ser una prenda concreta, un recuerdo deformado o una imagen creada por la mirada de Forest. Su significado depende de la interpretación y no queda reducido a un objeto completamente estable.

El título recuerda irónicamente a La muchacha de los ojos de oro, de Honoré de Balzac. Marsé sustituye la mirada romántica y misteriosa por una prenda íntima que introduce sensualidad, humor y provocación.

La sustitución también rebaja la solemnidad. Forest desea convertir su vida en una narración elevada, pero la realidad reaparece mediante cuerpos, objetos y detalles poco adecuados para la imagen digna que pretende construir.

La sátira política

En sus primeras páginas, la novela funciona como una sátira de quienes intentaron adaptar retrospectivamente su biografía a la nueva situación democrática.

Forest utiliza el lenguaje para convertir una adhesión política en una sucesión de malentendidos. Lo que antes presentó como convicción aparece ahora como necesidad, ingenuidad juvenil o estrategia de supervivencia.

Marsé ridiculiza la retórica con la que el personaje intenta ennoblecer sus decisiones. Cada explicación demasiado solemne provoca la sospecha de que existe un hecho mucho menos heroico detrás de ella.

Mariana actúa como una fuerza corrosiva. Sus comentarios devuelven las frases del escritor a una realidad material, familiar y a menudo desagradable.

El humor no elimina la gravedad del asunto. La falsificación autobiográfica afecta a la memoria colectiva porque las versiones individuales terminan formando parte del relato con el que una sociedad explica su historia.

La familia como territorio de memoria

El pasado político de Forest no puede separarse por completo de su historia familiar. Las relaciones sentimentales, los matrimonios, los silencios y las lealtades privadas condicionaron muchas de sus decisiones.

Mariana no discute únicamente con un antiguo falangista. Discute con un hombre que participó en la vida de su madre y de otros miembros de la familia.

Las versiones familiares suelen transmitirse de manera fragmentaria. Cada persona conserva determinados episodios, oculta otros y atribuye intenciones distintas a quienes ya no pueden defenderse.

La llegada de Mariana reactiva esos relatos. El pasado que Forest intenta encerrar dentro de un manuscrito vuelve a manifestarse mediante voces, cuerpos y preguntas.

La verdad histórica y la verdad íntima quedan así unidas. Una decisión política puede haber sido también una forma de ascenso social, una alianza matrimonial o una oportunidad personal.

La escritura dentro de la novela

La muchacha de las bragas de oro es una novela sobre un escritor que intenta escribir su propia vida. El acto de narrar forma parte del argumento y no solo del modo en que la historia llega al lector.

Forest redacta, corrige, dicta y revisa. Cada nueva versión revela que la escritura no es una ventana transparente hacia los hechos, sino una intervención sobre ellos.

Mariana participa en el proceso al ordenar materiales y pasar a limpio algunos textos. Su presencia impide que el escritor mantenga una relación privada con sus recuerdos.

El manuscrito se convierte en un campo de batalla. Forest intenta fijar una versión definitiva, mientras Mariana reabre aquello que él desea cerrar.

Marsé muestra además que todo escritor selecciona y transforma. La diferencia entre creación legítima y falsificación depende de lo que el texto promete ser y de la responsabilidad asumida ante el lector.

Una estructura de espejos

La novela alterna el presente de Forest y Mariana con fragmentos del pasado que aparecen a través de recuerdos, documentos y borradores.

Cada versión refleja otra, pero ninguna coincide por completo. Un episodio contado por Forest adquiere un significado diferente cuando Mariana aporta un nuevo dato.

Los personajes también funcionan como espejos deformantes. Forest ve en Mariana la juventud y la libertad que cree haber perdido; Mariana contempla en su tío una parte incómoda de la historia familiar.

Las identidades se construyen mediante estas miradas. Nadie aparece únicamente como cree ser, sino también como es recordado, deseado o rechazado por los demás.

Este juego conduce la narración desde la sátira inicial hacia una atmósfera casi fantástica. La incertidumbre psicológica termina afectando a la propia realidad de lo narrado.

Ironía y ambigüedad

Juan Marsé utiliza la ironía para mantener una distancia crítica respecto de Forest. El narrador permite que el personaje exponga sus justificaciones, pero introduce detalles que revelan sus contradicciones.

El lector puede comprender por qué Forest necesita mentirse sin aceptar la versión que intenta imponer.

Mariana tampoco queda completamente explicada. Sus provocaciones, sus silencios y su comportamiento producen interpretaciones distintas.

La ambigüedad no es un defecto que deba resolverse. Constituye uno de los temas centrales de la novela: la imposibilidad de recuperar el pasado como una realidad intacta.

Los hechos dejan rastros, pero esos rastros deben ser interpretados. Allí donde falta una pieza aparece la imaginación, y la imaginación puede servir tanto para comprender como para engañar.

Del realismo a una atmósfera fantasmagórica

La historia comienza dentro de un marco reconocible: un viejo escritor revisa su pasado político mientras una joven pariente cuestiona sus recuerdos.

Poco a poco, determinados detalles introducen una sensación de extrañeza. Las fotografías, las semejanzas físicas, los silencios y las versiones contradictorias hacen que la realidad pierda estabilidad.

Los muertos continúan interviniendo a través de los recuerdos de quienes sobreviven. No necesitan aparecer como fantasmas porque sus decisiones y sus secretos siguen organizando el presente.

Forest vive rodeado por esas presencias. Su intento de controlar el pasado mediante la escritura termina convocando precisamente aquello que deseaba ocultar.

La novela se aproxima así al relato fantástico sin abandonar por completo una explicación psicológica. La incertidumbre nace de la memoria, del deseo y de la incapacidad de distinguir con claridad entre percepción y proyección.

El Premio Planeta de 1978

Juan Marsé obtuvo con esta novela el Premio Planeta de 1978. El galardón contribuyó a ampliar considerablemente la difusión de una obra que dialogaba de forma directa con el momento político español.

La novela apareció cuando el país estaba elaborando una nueva identidad democrática y revisando, de manera todavía incompleta, la herencia de la dictadura.

Forest ofrecía una figura inmediatamente reconocible: el antiguo partidario del régimen que reconstruye su biografía para presentarse como precursor de los nuevos tiempos.

Sin embargo, el libro no quedó limitado a la sátira coyuntural. La reflexión sobre la memoria, el autoengaño y la escritura conserva su sentido fuera del contexto concreto de la Transición.

Adaptación cinematográfica

La novela fue llevada al cine por Vicente Aranda. La película fue realizada en 1979 y estrenada en 1980.

Lautaro Murúa interpretó a Luys Forest y Victoria Abril encarnó a Mariana. El reparto incluyó también a Hilda Vera, Perla Vonasek, Pep Munné e Isabel Mestres.

La adaptación concentró el conflicto en la convivencia entre el viejo escritor y su sobrina, aprovechando el espacio cerrado de la casa y la tensión erótica existente entre ambos.

El cine permite mostrar las fotografías, los gestos, las miradas y los objetos que en la novela dependen de la descripción y de la interpretación del narrador.

Al mismo tiempo, la complejidad de las distintas capas de memoria y escritura plantea una dificultad especial para cualquier adaptación audiovisual.

Juan Marsé

Juan Marsé nació en Barcelona en 1933. Durante su juventud trabajó en un taller de joyería antes de dedicarse profesionalmente a la literatura.

Comenzó publicando relatos en revistas y en 1959 obtuvo el Premio Sésamo de narrativa breve. Su primera novela, Encerrados con un solo juguete, apareció en 1960.

En 1965 obtuvo el Premio Biblioteca Breve con Últimas tardes con Teresa, novela que consolidó su prestigio y en la que ya aparecían algunos de sus grandes temas: las diferencias sociales, la ciudad de Barcelona, la imaginación y la falsificación de la identidad.

Entre sus obras más conocidas se encuentran La oscura historia de la prima Montse, Si te dicen que caí, Un día volveré, Ronda del Guinardó, El amante bilingüe, El embrujo de Shanghai y Rabos de lagartija.

Su narrativa presta una atención especial a la memoria de la posguerra, los barrios de Barcelona, las diferencias de clase y la capacidad de la imaginación para modificar la experiencia.

Marsé recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Crítica y el Premio Cervantes.

Falleció en Barcelona en 2020, dejando una de las obras más importantes de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX.

Valoración

La muchacha de las bragas de oro es una novela inteligente, irónica y deliberadamente ambigua sobre la manipulación del pasado.

Luys Forest es un personaje especialmente eficaz porque su falsificación no resulta completamente ajena. La mayoría de las personas reorganiza sus recuerdos para proteger la imagen que posee de sí misma; Forest convierte ese mecanismo cotidiano en un proyecto literario y político.

Mariana introduce la fuerza necesaria para impedir que las memorias avancen sin resistencia. Su juventud, su lenguaje y su actitud provocadora destruyen la solemnidad con la que el escritor intenta presentar su vida.

La relación entre ambos evita que la obra sea únicamente una sátira sobre los antiguos falangistas adaptados a la democracia. El deseo, la culpa y los secretos familiares amplían el conflicto hasta convertirlo en una reflexión sobre la identidad.

La novela muestra que el pasado no puede ser modificado materialmente, pero sí puede cambiar la narración mediante la cual lo comprendemos. Quien controla esa narración obtiene una forma de poder sobre los muertos y sobre las generaciones posteriores.

Marsé no ofrece una separación sencilla entre verdad y mentira. Forest falsifica, pero los recuerdos de los demás tampoco son completamente seguros. Cada personaje observa los hechos desde una necesidad diferente.

El título, provocador y humorístico, resume bien el tono de la obra. La solemnidad literaria y política queda continuamente interrumpida por el cuerpo, el deseo y los objetos cotidianos.

La evolución desde la sátira realista hacia una atmósfera extraña y casi fantasmagórica aporta profundidad a la narración. El pasado no aparece como un archivo ordenado, sino como una presencia que regresa bajo formas inesperadas.

Publicada en plena Transición, la novela conserva una notable vigencia. Las sociedades y los individuos continúan reorganizando sus biografías cuando cambian los valores dominantes y las antiguas convicciones dejan de resultar presentables.

Es, en definitiva, una obra sobre la mentira autobiográfica, pero también sobre la capacidad de la literatura para crear verdades convincentes y sobre el peligro de confundir una buena narración con una explicación fiel de los hechos.

Características de esta edición

Edición publicada en Barcelona por Editorial Planeta en 1981, dentro de la colección Autores Españoles e Hispanoamericanos.

El volumen consta de 262 páginas y está encuadernado en tapa dura. El ISBN de la edición es 84-320-6300-2, equivalente al ISBN-13 978-84-320-6300-8.

La cubierta identifica la obra como ganadora del Premio Planeta. Esta edición pertenece a la etapa de amplia difusión que siguió a la concesión del galardón en 1978.

Se trata de una edición representativa de las colecciones de narrativa española publicadas por Planeta durante los primeros años de la década de 1980.