Copiar y pegar — Alberto Fernández-Salido y Carlos Serrano Barrie

Copiar y pegar, de Alberto Fernández-Salido y Carlos Serrano Barrie, es una mirada crítica, irónica y apasionada al periodismo español de comienzos del siglo XXI.

La obra combina una narración protagonizada por dos jóvenes reporteros con reflexiones sobre el funcionamiento de las redacciones y entrevistas a reconocidos profesionales de la prensa, la radio y la televisión.

Andrés quiere ser periodista porque admira una profesión basada en buscar historias, recorrer la calle, hacer preguntas y contar aquello que otros no conocen. Sin embargo, cuando consigue entrar en una redacción descubre una realidad muy distinta de la que había imaginado.

El teletipo, la rutina, la prisa y la cuenta de resultados han sustituido en buena medida al contacto directo con los hechos. Al periodismo parece sobrarle información, pero le falta tiempo para comprenderla; le sobran trabajadores, pero le faltan periodistas capaces de salir de la oficina y mirar el mundo.

Para escapar de esa decepción, Andrés se embarca junto a su amigo Bermejo en una aventura que puede devolverles el entusiasmo perdido: escribir un libro sobre las miserias y las grandezas del periodismo español.

Ficha bibliográfica

Título: Copiar y pegar

Subtítulo: Miserias —y alguna grandeza— del periodismo español contadas por dos reporteros que nacieron demasiado tarde

Autores: Alberto Fernández-Salido y Carlos Serrano Barrie

Prólogo: Manuel Leguineche

Editorial: LibrosLibres

Lugar de edición: Salamanca

Año: 2003

Edición: Primera edición

ISBN-10: 84-96088-01-4

ISBN-13: 978-84-96088-01-6

Número de páginas: 291

Encuadernación: Rústica con solapas

Idioma: Castellano

Materias: Periodismo español, prensa, medios de comunicación, entrevistas, vocación periodística y crítica profesional

Sinopsis

Andrés quiere ser periodista contra viento y marea. Su primera victoria consiste en convencer a sus padres, que habían imaginado para él una profesión más segura y prestigiosa, como la abogacía o la economía.

Para Andrés, el periodismo representa la posibilidad de conocer el mundo, descubrir historias y transmitirlas a los demás. Sueña con reporteros que viajan, investigan, preguntan y regresan a la redacción con algo que merece ser contado.

La realidad profesional resulta mucho menos romántica. Al incorporarse a un periódico descubre una redacción convertida en oficina, dominada por las pantallas, los comunicados, los teletipos y la necesidad de llenar páginas a gran velocidad.

La información llega ya elaborada por agencias, gabinetes de prensa, instituciones y empresas. El trabajo consiste con demasiada frecuencia en seleccionar, adaptar, resumir y reproducir materiales que otros han preparado.

Andrés comprueba que la pasión por contar historias ha sido sustituida por la productividad. Importa cerrar la edición, cumplir los horarios y producir el número de textos necesario, aunque el periodista apenas haya tenido ocasión de comprobar los hechos.

Su decepción aumenta al observar que la empresa periodística se preocupa más por la audiencia, la publicidad y la cuenta de resultados que por la calidad de la información.

El joven llega a la conclusión de que al periodismo le sobra gente, pero le faltan periodistas. Hay muchas personas ocupadas en producir contenidos, pero pocas disponen del tiempo, la independencia y los medios necesarios para investigar.

Una tarde, cansado de aquella rutina y para evitar prender fuego al periódico en el que trabaja, Andrés decide emprender una aventura junto a su amigo Bermejo: escribir un libro.

Ambos intentarán comprender qué ha sucedido con la profesión que admiraban. Para ello combinan sus propias experiencias con las opiniones de periodistas que han trabajado en distintos medios y han conocido varias etapas de la prensa española.

La aventura se convierte en una exploración de las contradicciones del oficio: vocación y negocio, independencia y obediencia, investigación y rutina, prestigio público y precariedad laboral.

Una obra entre la narración y el ensayo

Copiar y pegar no responde por completo al modelo de una novela ni al de un ensayo periodístico convencional. Los autores utilizan una historia de ficción como hilo conductor para introducir cuestiones reales relacionadas con la profesión.

Andrés y Bermejo permiten contemplar el periodismo desde la perspectiva de quienes llegan a las redacciones llenos de expectativas. Su mirada contrasta con la de los profesionales veteranos, acostumbrados a convivir con las limitaciones del oficio.

La narración proporciona ritmo y cercanía. En lugar de presentar únicamente una sucesión de teorías sobre los medios de comunicación, el libro muestra las dudas, frustraciones y descubrimientos de dos jóvenes reporteros.

Las entrevistas amplían esa perspectiva. A través de ellas aparecen distintas formas de entender la prensa, la radio y la televisión, así como opiniones sobre la independencia, la formación, la empresa informativa y el futuro de la profesión.

El resultado es un retrato colectivo del periodismo español en un momento de transformación tecnológica y empresarial.

Andrés y la vocación periodística

Andrés representa al joven que no elige el periodismo por estabilidad económica ni por prestigio social. Lo mueve el deseo de comprender lo que sucede y comunicarlo.

Su decisión desconcierta a sus padres porque la profesión ofrece menos seguridad que otros caminos. Desde el comienzo, la vocación se enfrenta a una concepción práctica de la vida laboral.

El protagonista imagina el periodismo como una actividad abierta al mundo. El reportero debería recorrer calles, hablar con personas, buscar documentos y presenciar los hechos.

Cuando entra en la redacción descubre que una gran parte del trabajo se realiza sin salir de ella. La pantalla sustituye a la calle y el teléfono reemplaza con frecuencia al encuentro personal.

La decepción de Andrés no procede solo de las condiciones laborales. También nace de la distancia entre la función social atribuida al periodismo y las tareas que realmente debe realizar.

El joven no quiere limitarse a ocupar un puesto dentro de una empresa. Quiere ejercer una profesión con sentido, y esa aspiración lo obliga a preguntarse cuánto de aquel periodismo todavía puede recuperarse.

Bermejo, compañero de aventura

Bermejo acompaña a Andrés en su búsqueda y convierte una frustración individual en un proyecto compartido.

La amistad entre ambos permite que las dudas se transformen en diálogo. Uno puede cuestionar las conclusiones del otro, introducir una mirada irónica o recordar que la profesión no está formada únicamente por fracasos.

Escribir el libro supone abandonar temporalmente la pasividad. En lugar de limitarse a lamentar la situación del periodismo, los dos reporteros deciden investigar, preguntar y escuchar.

Su proyecto reproduce precisamente aquello que echan de menos en las redacciones: tiempo para profundizar, libertad para elegir las preguntas y contacto directo con profesionales capaces de explicar su experiencia.

El significado de «copiar y pegar»

El título resume una de las principales críticas del libro. Las herramientas informáticas permiten trasladar textos con enorme rapidez, pero también favorecen una forma mecánica de producir información.

Copiar y pegar puede convertirse en el símbolo de un periodismo que recibe comunicados, notas de prensa y noticias de agencia y los reproduce sin una comprobación suficiente.

El problema no se encuentra en la tecnología por sí misma. Un ordenador puede facilitar la documentación, la escritura y la comunicación. La degradación aparece cuando la rapidez sustituye al criterio y la abundancia de información elimina la necesidad de investigar.

El periodista deja entonces de ser autor de una mirada propia y se convierte en intermediario de mensajes elaborados por instituciones, empresas, partidos políticos o agencias.

La expresión también alude a la uniformidad. Cuando numerosos medios trabajan con las mismas fuentes y reproducen materiales semejantes, las noticias terminan pareciéndose entre sí.

Puede haber muchas cabeceras, emisoras y canales, pero una parte considerable de sus contenidos procede de los mismos puntos de origen.

La desaparición de la calle

El periodismo tradicional concedía una importancia esencial a la presencia física del reportero. Estar en el lugar permitía observar detalles, escuchar voces imprevistas y descubrir aspectos que no aparecían en las versiones oficiales.

La redacción moderna concentra al periodista ante una pantalla. Desde allí recibe mensajes, consulta archivos, responde llamadas y redacta noticias sin necesidad de desplazarse.

Esta forma de trabajo aumenta la velocidad y reduce los costes, pero también empobrece la experiencia. El periodista conoce los acontecimientos a través de filtros construidos por otros.

Salir a la calle no garantiza automáticamente una buena información, pero permite enfrentarse a la realidad antes de que haya sido organizada por un gabinete de comunicación.

Andrés echa de menos ese contacto. Su vocación nació del deseo de buscar historias, no de permanecer sentado reorganizando textos ajenos.

El teletipo y la producción en cadena

El teletipo representa la llegada constante de información a las redacciones. Proporciona datos necesarios y permite conocer rápidamente acontecimientos ocurridos en lugares lejanos.

Sin embargo, cuando se convierte en la fuente principal, puede imponer su lenguaje, su selección de hechos y su interpretación inicial.

La redacción se aproxima entonces a una cadena de producción. Las noticias llegan, son clasificadas, recortadas, tituladas y colocadas en su espacio correspondiente.

El trabajador debe mantener el ritmo del proceso. Apenas dispone de tiempo para detenerse, cuestionar el enfoque o buscar una versión alternativa.

El periodismo deja de organizarse alrededor de la relevancia de una historia y comienza a hacerlo alrededor de los plazos de cierre, el espacio disponible y las necesidades comerciales del medio.

La empresa periodística

Un periódico, una emisora o una cadena de televisión necesitan recursos para funcionar. Deben pagar salarios, instalaciones, corresponsales, equipos y sistemas de distribución.

El conflicto aparece cuando la lógica empresarial domina por completo la función informativa. La noticia comienza a valorarse principalmente por su capacidad para atraer audiencia, publicidad o influencia.

La cuenta de resultados condiciona el número de trabajadores, el tiempo concedido a cada información y la posibilidad de mantener investigaciones largas cuyo resultado no está asegurado.

Una redacción reducida debe producir cada vez más contenidos. La presión favorece la dependencia de materiales externos y disminuye la capacidad para comprobarlos.

Los autores no ignoran que el periodismo necesita una estructura económica. Su crítica se dirige a la inversión de prioridades: cuando la información deja de ser la finalidad y se convierte únicamente en un producto.

La falta de tiempo

El tiempo es uno de los recursos fundamentales del periodista. Comprobar un dato, localizar una fuente, leer un documento o reconstruir una historia requiere horas que no siempre encajan en el ritmo de una redacción.

La rapidez puede ser necesaria cuando ocurre un acontecimiento urgente, pero acaba transformándose en una exigencia permanente. Todas las noticias parecen necesitar una publicación inmediata.

Esa urgencia reduce la posibilidad de distinguir lo importante de lo simplemente reciente. El medio publica primero y comprende después.

Cuando el periodista carece de tiempo, aumenta el riesgo de errores, omisiones y dependencia de fuentes interesadas. La información más accesible desplaza a la que exigiría una investigación propia.

Copiar y pegar reivindica indirectamente el derecho profesional a detenerse. La lentitud no es siempre enemiga de la actualidad; puede ser una condición necesaria para explicarla.

Información y comunicación

El libro permite distinguir entre informar y transmitir mensajes. Un gabinete de prensa comunica aquello que una institución desea hacer público. El periodista debería comprobarlo, contextualizarlo y buscar otras perspectivas.

Cuando el comunicado se reproduce casi literalmente, desaparece esa intermediación crítica. El medio ofrece como noticia una versión construida por la parte interesada.

La profesionalización de la comunicación institucional aumenta la desigualdad entre las fuentes. Las organizaciones con más recursos producen materiales preparados para ser publicados, mientras que las personas sin portavoces ni gabinetes encuentran mayores dificultades para aparecer.

El periodista debe reconocer esa diferencia y evitar que la facilidad de acceso determine por completo la agenda informativa.

El periodismo y el poder

La prensa suele presentarse como una institución encargada de vigilar a los poderes políticos, económicos y sociales. Para cumplir esa función necesita independencia y capacidad de investigación.

Sin embargo, los medios también son empresas sometidas a intereses, alianzas, deudas, anunciantes y relaciones institucionales.

El periodista trabaja dentro de esa tensión. Puede sentirse responsable ante los lectores, pero depende de una organización que decide qué se publica, qué espacio recibe y qué asuntos merecen continuidad.

La censura no siempre adopta la forma de una prohibición directa. También puede manifestarse mediante silencios, falta de recursos, cambios de enfoque o decisiones sobre aquello que no se investiga.

La independencia periodística no consiste únicamente en poder escribir. Exige disponer de condiciones materiales que permitan buscar la verdad sin quedar sometido por completo a quienes financian el medio.

La precariedad y la obediencia

La vocación puede convertirse en una debilidad cuando el trabajador acepta cualquier condición para permanecer dentro de la profesión.

Los jóvenes periodistas compiten por contratos temporales, colaboraciones y oportunidades que rara vez garantizan estabilidad. El temor a perder el puesto reduce la capacidad para discutir decisiones o rechazar prácticas profesionales deficientes.

La precariedad no afecta únicamente a la vida personal. También condiciona la calidad de la información. Un trabajador inseguro dispone de menos libertad para enfrentarse a sus superiores o dedicar tiempo a una investigación incierta.

La empresa puede aprovechar el entusiasmo de quienes desean entrar en el oficio. La pasión por el periodismo sirve entonces para justificar jornadas extensas, salarios bajos y una disponibilidad casi permanente.

Las entrevistas

La obra incorpora conversaciones con profesionales procedentes de distintos medios y trayectorias. Entre ellos se encuentran Luis María Anson, Alfonso Sánchez-Tabernero, José Ramón de la Morena, Carlos Herrera, Teresa Viejo, José Antonio Zarzalejos y José María Calleja.

También participan Lorenzo Milá, Ángels Barceló, Alejandro Echevarría, Luis Miguel Ariza, Ramón Lobo, Isabel San Sebastián y Matías Prats.

La variedad de nombres permite reunir experiencias de la prensa escrita, la radio, la televisión, la dirección de medios, el reporterismo y el análisis académico.

Las opiniones no forman necesariamente una doctrina común. Cada entrevistado habla desde su propio recorrido, sus responsabilidades y su manera de entender la profesión.

Esa pluralidad evita que el diagnóstico dependa únicamente de la mirada de los autores. Andrés y Bermejo buscan respuestas, pero las voces consultadas muestran que no existe una única explicación para la transformación del periodismo.

El prólogo de Manuel Leguineche

El prólogo corresponde a Manuel Leguineche, uno de los grandes representantes españoles del reporterismo y del periodismo realizado sobre el terreno.

Su presencia resulta especialmente significativa en un libro que lamenta la desaparición de la calle y el progresivo encierro de los periodistas en las redacciones.

Leguineche simboliza una manera de ejercer el oficio basada en viajar, observar, escuchar y permanecer cerca de los acontecimientos.

El prólogo establece así un vínculo entre la generación admirada por los protagonistas y los jóvenes que temen haber nacido demasiado tarde para vivir aquella forma de periodismo.

Dos reporteros que nacieron demasiado tarde

El subtítulo expresa una nostalgia generacional. Los autores se presentan como reporteros que llegaron cuando una determinada idea de la profesión comenzaba a desaparecer.

No se trata necesariamente de afirmar que todo el periodismo anterior fuera mejor. También existían presiones, errores, intereses empresariales y malas prácticas.

La diferencia se encuentra en el imaginario profesional. El reportero era concebido como alguien que salía a buscar la noticia, mientras que el nuevo trabajador de la información recibe gran parte de su material desde la pantalla.

Haber nacido demasiado tarde significa encontrarse con los restos de una tradición que todavía se enseña y admira, pero que las condiciones laborales hacen cada vez más difícil practicar.

Las miserias del periodismo

Las miserias mencionadas en el subtítulo incluyen la rutina, la dependencia de fuentes oficiales, la falta de tiempo, la precariedad y la subordinación a los intereses económicos.

También aparecen la vanidad, la búsqueda de notoriedad y la distancia entre la imagen pública del periodista y las limitaciones reales de su trabajo.

El oficio puede atraer a personas interesadas en contar la realidad, pero también a quienes desean aparecer ante las cámaras, influir en la política o participar en los espacios del poder.

Los medios critican a otras instituciones, aunque no siempre aplican hacia sí mismos el mismo grado de transparencia y vigilancia.

La autocrítica se vuelve difícil porque el periodista está acostumbrado a preguntar y juzgar, no necesariamente a explicar las condiciones en las que produce sus propias noticias.

Las grandezas del oficio

El subtítulo no habla únicamente de miserias. También reconoce que el periodismo conserva una grandeza capaz de justificar la vocación de Andrés y Bermejo.

Investigar un abuso, dar voz a una persona ignorada, explicar un conflicto o descubrir un hecho oculto puede producir efectos reales sobre la sociedad.

El periodista trabaja con una materia especialmente valiosa: la información que permite a los ciudadanos comprender el mundo y tomar decisiones.

La profesión también ofrece acceso a vidas, lugares y acontecimientos que de otro modo permanecerían desconocidos. Su riqueza procede de la curiosidad y del contacto con personas muy diferentes.

Incluso dentro de redacciones sometidas a fuertes limitaciones existen profesionales que intentan comprobar, contextualizar y contar honestamente lo que sucede.

Escribir un libro como forma de resistencia

La decisión de Andrés y Bermejo de escribir un libro constituye una respuesta a la frustración. Frente al texto breve y urgente de la redacción, el libro ofrece espacio para desarrollar preguntas.

También les permite elegir a sus interlocutores y mantener conversaciones más extensas de las que cabrían en una noticia cotidiana.

El proyecto recupera el sentido inicial de su vocación. Ambos vuelven a buscar historias, escuchar testimonios y ordenar materiales para construir un relato propio.

Escribir se convierte así en una forma de ejercer el periodismo que creían perdido. La solución no consiste en abandonar la profesión, sino en encontrar otro formato desde el que practicarla.

Un retrato del periodismo español de 2003

El libro fue publicado en 2003, cuando la prensa escrita, la radio y la televisión todavía ocupaban el centro del sistema informativo español.

Internet ya estaba transformando las redacciones, pero aún no se había producido por completo la expansión de las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la publicación continua de noticias.

Esta circunstancia convierte la obra en el testimonio de una etapa de transición. Los autores detectan problemas que después adquirirían una intensidad todavía mayor: velocidad, reproducción de contenidos, pérdida de recursos y dependencia de materiales externos.

La expresión «copiar y pegar», asociada entonces al trabajo con teletipos y notas de prensa, terminó describiendo una práctica habitual en un ecosistema digital basado en la actualización permanente.

La vigencia de sus preguntas

Aunque fue escrito en 2003, el libro plantea preguntas que continúan siendo reconocibles: quién decide la agenda informativa, cuánto tiempo se dedica a verificar una noticia y qué relación existe entre la empresa y la libertad del periodista.

También pregunta si la abundancia de información produce ciudadanos mejor informados o si simplemente multiplica la repetición de los mismos mensajes.

La tecnología ha aumentado enormemente la capacidad para publicar, pero no ha eliminado la necesidad de investigar, contrastar y contextualizar.

El problema fundamental permanece: disponer de información no equivale a comprenderla, del mismo modo que producir contenidos no equivale necesariamente a ejercer el periodismo.

Alberto Fernández-Salido y Carlos Serrano Barrie

Alberto Fernández-Salido y Carlos Serrano Barrie escribieron Copiar y pegar desde la perspectiva de dos jóvenes periodistas que observaban con inquietud la evolución de su profesión.

En lugar de elaborar un tratado académico, eligieron combinar ficción, experiencia profesional, ironía y entrevistas.

La fórmula permite que la crítica no se limite a una denuncia externa. Los autores forman parte del mundo que describen y comparten las contradicciones de quienes desean trabajar dentro de una industria que cuestionan.

La obra fue su manera de interrogar a una generación anterior y de comprobar si la profesión que habían imaginado seguía existiendo en algún lugar.

Valoración

Copiar y pegar es una obra singular por su combinación de narración, ensayo, testimonio y entrevista periodística.

El recorrido de Andrés y Bermejo ofrece una estructura cercana y permite que los problemas profesionales aparezcan ligados a una experiencia personal.

La crítica a las redacciones convertidas en oficinas resulta especialmente efectiva. Los autores muestran cómo la tecnología, destinada a facilitar el trabajo, puede terminar imponiendo una producción mecánica y distante de los hechos.

El libro no presenta el pasado como una edad completamente perfecta. Su nostalgia se dirige principalmente hacia una idea del oficio: el periodismo como búsqueda, presencia, curiosidad y narración.

Las entrevistas enriquecen la obra al incorporar voces procedentes de distintas generaciones y medios. El lector puede comparar las expectativas de los jóvenes autores con la experiencia de profesionales consolidados.

Su mayor interés actual se encuentra en comprobar que muchos de los problemas descritos en 2003 no desaparecieron. La presión de la inmediatez, la reducción de recursos y la reproducción de materiales ajenos se convirtieron en rasgos centrales del periodismo digital.

Al mismo tiempo, la obra conserva una defensa clara de la profesión. Si Andrés y Bermejo se muestran decepcionados es porque todavía creen que el periodismo puede servir para descubrir, explicar y contar la realidad.

El libro puede interesar especialmente a periodistas, estudiantes de comunicación y lectores que deseen conocer el funcionamiento interno de los medios españoles a comienzos del siglo XXI.

Características de esta edición

Primera edición publicada por LibrosLibres en 2003. El volumen consta de 291 páginas y está encuadernado en rústica con solapas.

El prólogo corresponde a Manuel Leguineche. La obra combina una narración protagonizada por Andrés y Bermejo con entrevistas a profesionales de la prensa, la radio y la televisión españolas.

El ISBN de esta edición es 84-96088-01-4, equivalente al ISBN-13 978-84-96088-01-6.

Su subtítulo resume el contenido y el tono de la obra: Miserias —y alguna grandeza— del periodismo español contadas por dos reporteros que nacieron demasiado tarde.