Primera plana (The Front Page, 1974) puede parecer simplemente una de las grandes comedias de Billy Wilder con Jack Lemmon y Walter Matthau. Pero detrás de su disparatada sala de prensa hay bastante más: una obra teatral escrita por dos antiguos periodistas de Chicago, personajes inspirados en reporteros y editores reales, una fuga de prisión auténtica, casi medio siglo de versiones cinematográficas y una sátira del periodismo que Wilder recuperó precisamente cuando la prensa estadounidense volvía a ocupar el centro de la vida política.
El DVD fotografiado por Librería5 añade otra pequeña historia. Es el número 1 de Edición extra. XX años de El Mundo, una colección dedicada al cine y al periodismo. Su contraportada indica 97 minutos de duración, mientras las fuentes cinematográficas de referencia documentan 105 minutos para la película. Tampoco coincide su número de expediente con el que ofrece actualmente el catálogo del ICAA. Son detalles menores, pero permiten separar la película de 1974 de la historia concreta de esta edición española.
Primera plana (1974): ficha de la película
Título: Primera plana
Título original: The Front Page
Director: Billy Wilder
Guion: Billy Wilder e I. A. L. Diamond
Basada en: la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur
Productor: Paul Monash
Producción: Universal Pictures
Año: 1974
País: Estados Unidos
Género: comedia, sátira periodística
Fotografía: Jordan S. Cronenweth
Música: Billy May
Montaje: Ralph E. Winters
Dirección artística: Henry Bumstead
Formato original: Technicolor, Panavision
Duración cinematográfica documentada: 105 minutos
Reparto principal
- Jack Lemmon — Hildebrand «Hildy» Johnson.
- Walter Matthau — Walter Burns.
- Susan Sarandon — Peggy Grant.
- Vincent Gardenia — sheriff Pete Hartman.
- David Wayne — Roy Bensinger.
- Allen Garfield — Kruger.
- Charles Durning — Murphy.
- Austin Pendleton — Earl Williams.
- Carol Burnett — Mollie Malloy.
- Martin Gabel — doctor Max J. Eggelhofer.
- Harold Gould — alcalde.
- Paul Benedict — Plunkett.
Sinopsis: una boda, una ejecución y una exclusiva
Chicago, 1929. Hildy Johnson es el reportero estrella del Chicago Examiner, pero está harto del oficio. Ha decidido casarse con Peggy Grant, abandonar la ciudad y empezar una vida aparentemente más razonable.
Su director, Walter Burns, conoce demasiado bien a Hildy para creer que semejante plan vaya a durar. También sabe que dispone del cebo perfecto: Earl Williams, un hombre condenado a muerte por matar a un policía, será ejecutado en pocas horas y todos los periódicos de Chicago esperan convertir el caso en su gran titular.
Cuando Williams escapa, la sala de prensa del tribunal estalla. Periodistas, policías y políticos compiten por encontrarlo, ocultar errores y fabricar una versión de los hechos favorable a sus propios intereses.
Hildy consigue lo que cualquier reportero de aquel mundo habría deseado: el fugitivo termina prácticamente en sus manos. Desde ese momento, la prometida boda queda enfrentada a una fuerza mucho más poderosa: la posibilidad de conseguir una exclusiva monumental.
Antes de Billy Wilder: The Front Page nació en Broadway en 1928
La historia no nació en Hollywood. The Front Page fue escrita por Ben Hecht y Charles MacArthur, dos hombres que conocían la prensa desde dentro porque habían trabajado como periodistas en Chicago.
La obra se estrenó en el Times Square Theatre de Nueva York el 14 de agosto de 1928. Era una comedia en tres actos, producida por Jed Harris y dirigida escénicamente por George S. Kaufman. La producción original alcanzó 276 representaciones.
Lee Tracy interpretaba a Hildy Johnson y Osgood Perkins —padre de Anthony Perkins— a Walter Burns. Casi toda la acción ocurría en la sala de prensa del Criminal Courts Building de Chicago, exactamente el tipo de lugar que Hecht y MacArthur habían conocido durante su etapa periodística.
La sátira funcionaba porque los autores no necesitaban inventar desde cero aquel ecosistema. Reporteros que competían ferozmente, jefes dispuestos a cualquier cosa para conseguir una primicia, políticos preocupados por las elecciones y policías demasiado cercanos a los periodistas formaban parte del paisaje periodístico en el que ambos se habían formado.
Walter Burns y Hildy Johnson existieron, más o menos
Una de las historias más interesantes detrás de Primera plana es que sus protagonistas no son enteramente ficticios.
Walter Burns y el verdadero Walter Howey
El despiadado director Walter Burns está basado en Walter C. Howey, uno de los grandes editores de la prensa de William Randolph Hearst. Howey dirigió periódicos en Chicago y terminó convertido en una figura legendaria del periodismo sensacionalista estadounidense.
Su reputación encaja incómodamente bien con el personaje de Matthau: competitivo, obsesionado con la circulación y dispuesto a considerar casi cualquier maniobra aceptable si terminaba produciendo una exclusiva.
La relación entre ficción y realidad llega incluso al argumento principal. Una de las anécdotas utilizadas por Hecht y MacArthur procedía de los intentos de Howey por evitar que MacArthur abandonara el periódico para casarse. Según las reconstrucciones históricas, llegó a procurar que detuvieran al periodista en una estación de tren.
Cambiar un matrimonio por una noticia dejó de ser entonces una simple ocurrencia de comedia: era una exageración construida sobre una historia que el propio MacArthur había vivido.
¿Quién inspiró a Hildy Johnson?
Hildy también tiene una raíz real. Los estudios sobre la obra relacionan al personaje con John Hilding Johnson, reportero del Herald and Examiner y especialista en información criminal.
Se le atribuye, entre otras proezas del viejo periodismo de tribunales, haber reconstruido un veredicto antes que sus competidores examinando restos de papeletas que habían terminado en una papelera del jurado.
El Hildy de la ficción hereda precisamente esa idea del reportero que no puede dejar de ser reportero: alguien para quien encontrar una información antes que los demás produce una excitación difícil de sustituir por una existencia normal.
¿También Earl Williams procede de un caso real?
No existe una correspondencia tan directa como en Walter Burns, pero el fugitivo Earl Williams también incorpora materiales procedentes de casos verdaderos.
Los historiadores de The Front Page han relacionado su fuga con la de «Terrible» Tommy O'Connor, condenado a muerte que escapó de la cárcel del condado de Cook en Chicago en 1921, pocos días antes de la fecha prevista para su ejecución.
Otras lecturas señalan la influencia del caso de Thomas Mooney, sindicalista condenado por un atentado en San Francisco en medio de una enorme controversia sobre las pruebas utilizadas contra él.
Earl Williams termina siendo así una criatura compuesta: no es la dramatización exacta de un único reo, sino una forma de introducir en la comedia el miedo político, la pena de muerte, la corrupción electoral y los errores de una justicia sometida al espectáculo público.
Las cuatro grandes versiones cinematográficas de The Front Page
Cuando Billy Wilder aceptó dirigir Primera plana, la historia ya pertenecía a la memoria del cine estadounidense.
1931 — The Front Page / Un gran reportaje.
Dirección de Lewis Milestone, con Adolphe Menjou y Pat O'Brien.
1940 — His Girl Friday / Luna nueva.
Howard Hawks transformó a Hildy en una mujer, interpretada por Rosalind
Russell, y convirtió su relación con Walter Burns, interpretado por Cary
Grant, en una combinación de guerra profesional y antigua relación
sentimental.
1974 — The Front Page / Primera plana.
Billy Wilder recuperó a los dos protagonistas masculinos y situó nuevamente
la acción en el final de los años veinte.
1988 — Switching Channels / Interferencias.
La historia volvió a actualizarse, esta vez al mundo de la televisión, con
Kathleen Turner y Burt Reynolds.
La existencia de Luna nueva hacía especialmente arriesgada la decisión de Wilder. No se enfrentaba solamente con una obra teatral célebre, sino con una adaptación de Howard Hawks que ya se consideraba una de las grandes comedias de Hollywood.
Por qué Billy Wilder volvió a una historia de periodistas
Wilder tenía una razón personal para interesarse por el material: antes de dedicarse al cine había trabajado como periodista en Viena y Berlín.
Para él, el reportero de los años veinte pertenecía a un mundo casi desaparecido: sombrero, gabardina, teléfono, contactos policiales, confidencias, tabaco y competencia física por conseguir la noticia antes que el periódico rival.
Por eso su película no actualiza la acción a 1974. Mientras las primeras adaptaciones trasladaban naturalmente la obra al presente de sus espectadores, Wilder decidió conservarla como pieza de época. La prensa escrita ya había perdido en los años setenta el monopolio de la información inmediata frente a radio y televisión.
La distancia temporal le permitía además recuperar el periodismo mítico que recordaba de su juventud y, al mismo tiempo, observarlo con el cinismo de alguien que sabía cómo funcionaba.
Cómo se rodó Primera plana
El productor Paul Monash se interesó por una nueva versión después de ver una representación teatral de The Front Page en Londres. Los derechos fueron obtenidos de Helen Hayes, viuda de Charles MacArthur, y de los representantes de Ben Hecht, y el proyecto terminó en Universal.
La producción comenzó en abril de 1974 y se prolongó hasta finales de junio. Buena parte de los interiores se construyeron en los estudios Universal, mientras otras secuencias utilizaron localizaciones de Los Ángeles y San Francisco.
El antiguo Lincoln Heights City Jail sirvió como una de las localizaciones y el Orpheum Theatre de Los Ángeles proporcionó el interior del teatro. Para determinados exteriores se recurrió a San Francisco, cuyas construcciones podían representar mejor el Chicago de finales de los años veinte.
La reconstrucción de la redacción no se dejó enteramente a la imaginación de los decoradores. La producción contó como asesor técnico con Sidney Boehm, antiguo periodista que había trabajado para periódicos de Nueva York.
El decorado del Chicago Examiner se llenó de escritorios antiguos, teléfonos verticales, máquinas de escribir de época y fotografías de personajes conocidos. El objetivo era que la sala de prensa no pareciera simplemente un escenario teatral decorado para una comedia.
Un actor une directamente la obra de 1928 con la película de 1974
Entre los nombres pequeños del reparto aparece una conexión extraordinaria: Allen Jenkins.
Jenkins había participado en el reparto de la producción original de Broadway de The Front Page en 1928, donde interpretó al periodista Endicott. Cuarenta y seis años después apareció en la película de Wilder como telegrafista.
No es un simple parecido entre versiones ni un homenaje escrito en un diálogo: es un actor que estuvo físicamente en el nacimiento de The Front Page y volvió a aparecer en una de sus adaptaciones casi medio siglo después.
Lo que Wilder pudo recuperar del lenguaje original
La obra teatral de 1928 había resultado escandalosa para parte del público por su lenguaje, sus insinuaciones sexuales y la completa falta de respeto con que trataba a periodistas, policías y políticos.
Wilder e I. A. L. Diamond trabajaron décadas después de las limitaciones que habían condicionado buena parte del Hollywood clásico y pudieron recuperar una parte del tono más áspero y provocador de Hecht y MacArthur.
Esa libertad explica algunos diálogos que resultan deliberadamente incómodos incluso hoy. Los personajes no hablan como portavoces de una institución respetable: hablan como un grupo encerrado durante horas en una sala de prensa, compitiendo por una ejecución y utilizando cualquier información personal como munición.
El periodismo de Primera plana: nadie queda limpio
Sería fácil interpretar la película simplemente como una celebración del viejo oficio periodístico. En realidad, Wilder hace algo bastante más desagradable.
Los periodistas son inteligentes, rápidos y extraordinariamente buenos reaccionando ante una noticia. Pero también manipulan, exageran, mienten y convierten la desgracia ajena en mercancía informativa.
Walter Burns representa la versión extrema del mecanismo. Las personas existen para él en función de su utilidad periodística. La boda de Hildy, la situación de Peggy e incluso el destino de Earl Williams son obstáculos o instrumentos dentro de una única pregunta: ¿quién conseguirá la primera plana?
Hildy parece moralmente mejor porque desea escapar. Sin embargo, basta una gran noticia para demostrar que Burns lo conoce perfectamente. Su verdadero conflicto no es elegir entre dos empleos, sino admitir que disfruta de ese mundo.
La sátira se extiende a la política. El alcalde y el sheriff contemplan la ejecución de Williams no solo como un asunto judicial, sino también como un acontecimiento capaz de producir efectos electorales. La prensa explota a la política y la política intenta explotar a la prensa.
Mollie Malloy: cuando el chiste deja de ser gracioso
Mollie Malloy ocupa poco espacio en comparación con Hildy y Burns, pero su presencia sirve para medir la crueldad del grupo.
Los reporteros han convertido su relación con Earl Williams en material narrativo y están dispuestos a utilizarla para fabricar una noticia mejor. Para ellos es un personaje. Para Mollie, en cambio, las consecuencias son reales.
La comedia funciona precisamente porque Wilder permite que, durante unos minutos, quede al descubierto lo que existe detrás de la divertida competición profesional: personas cuya desgracia es consumida como espectáculo.
Por qué parece una película mucho más rápida de lo que es
La mayor parte de Primera plana ocurre alrededor de una única sala. Sin embargo, Wilder impide que el escenario produzca sensación de quietud.
Teléfonos que suenan, periodistas que entran y salen, conversaciones simultáneas, policías, llamadas a las redacciones, puertas, ventanas, interrupciones y personajes que esconden información convierten el lugar en una máquina narrativa.
La estructura conserva su origen teatral, pero la acción no depende de cambiar de escenario. Depende de que cada personaje posea una información distinta y trate de utilizarla antes que los demás.
Cómo fue recibida Primera plana
La recepción de la película nunca ha sido completamente uniforme. La sombra de His Girl Friday resultaba inevitable y algunos críticos consideraron que una nueva adaptación de la obra llegaba demasiado tarde.
Sin embargo, la película fue valorada desde su estreno por la acidez de Wilder, el enfrentamiento entre Lemmon y Matthau y la velocidad del diálogo. La crítica estadounidense destacó especialmente a Walter Matthau y Austin Pendleton, aunque no todos los intérpretes recibieron el mismo entusiasmo.
Con el tiempo ha terminado ocupando una posición curiosa en la filmografía de Wilder: no suele ser la primera película citada al hablar del director, pero es una de sus miradas más directas hacia el oficio que él mismo había conocido antes de entrar en el cine.
Primera plana en España: el premio de la Seminci de 1975
La película tuvo además una temprana y documentada presencia española. Participó en la 20ª Semana Internacional de Cine de Valladolid, celebrada entre el 20 y el 27 de abril de 1975.
Aquel año compartió programación con películas de realizadores como Steven Spielberg, Louis Malle, Rainer Werner Fassbinder y Luchino Visconti. Primera plana recibió el Premio Especial del Jurado.
El dato es especialmente útil porque permite aclarar una anomalía bibliográfica. El catálogo actual del ICAA contiene un registro de Primera plana con fecha de resolución y estreno de 28 de mayo de 1985. Ese registro no puede representar la primera exhibición española de la película, puesto que la Seminci documenta su proyección y premio diez años antes.
Lo más prudente es mantener separados ambos hechos: presencia en Valladolid en abril de 1975 y registro administrativo del ICAA fechado en 1985, sin convertir automáticamente este último en la fecha de llegada de la película a España.
La edición de Librería5: Edición extra. XX años de El Mundo
El ejemplar fotografiado no es una edición genérica de Primera plana. Pertenece a Edición extra. XX años de El Mundo, una colección dedicada a películas relacionadas de distintas maneras con el periodismo.
Primera plana ocupa el número 01, una elección perfectamente lógica: pocas películas podían presentar mejor una colección que pretendía celebrar simultáneamente el cine y la profesión periodística.
La serie completa estaba formada por once títulos:
- Primera plana.
- Buenas noches, y buena suerte.
- El año que vivimos peligrosamente.
- RKO 281.
- Los gritos del silencio.
- Historia de un crimen.
- El americano impasible.
- El cuarto ángel.
- La dolce vita.
- Yo creo en ti.
- GAL.
La colección lleva en su diseño la referencia 1989-2009, por los veinte años del diario. Sin embargo, el ejemplar de Primera plana conserva un depósito legal de 2008. La diferencia no es necesariamente un error: preparación editorial, depósito y distribución comercial de una colección conmemorativa pueden pertenecer a momentos distintos.
Datos exactos del DVD conservado en Librería5
Título: Primera plana
Soporte: DVD vídeo
Sistema: PAL
Colección: Edición extra. XX años de El Mundo
Número en la colección: 01
Editor: Unidad Editorial
Idiomas: inglés y español
Subtítulos: español
Imagen indicada: 16:9
Sonido indicado: estéreo 2.0
Duración indicada en la edición: 97 minutos aproximadamente
Clasificación: autorizada para todos los públicos
Expediente impreso: 96.436
Depósito legal: M-55.744-2008
Estado del ejemplar: muy bueno
¿Primera plana dura 97 o 105 minutos?
Aquí aparece uno de los detalles más curiosos de esta edición.
La contraportada fotografiada por Librería5 anuncia 97 minutos aproximadamente. Esa cifra aparece también asociada a algunas ediciones españolas posteriores en DVD.
Sin embargo, el American Film Institute, el registro de copyright estadounidense y copias cinematográficas conservadas en archivos norteamericanos documentan una duración de 105 minutos.
Por tanto, no conviene sustituir una cifra por otra como si una de ellas fuera simplemente una errata. Una pertenece a la edición física que tenemos delante y la otra a la película cinematográfica documentada en Estados Unidos.
El sistema PAL puede reducir el tiempo de reproducción de una película procedente de 24 fotogramas por segundo, pero una conversión ordinaria no explica por sí sola toda la diferencia entre 105 y 97 minutos. Sin cronometrar este disco concreto o comparar directamente el máster utilizado, no podemos saber si estamos ante una duración impresa incorrectamente, una transferencia diferente o material ausente.
De momento, Librería5 conserva ambas cifras en lugar de ocultar la discrepancia: 105 minutos para la película documentada y 97 minutos indicados por esta edición en DVD.
Dos números de expediente que tampoco coinciden
La contraportada del DVD indica el expediente 96.436.
El catálogo digital actual del ICAA, en cambio, muestra 224885 en su registro de Primera plana.
No es prudente corregir el ejemplar físico utilizando automáticamente una base de datos actual: el DVD dice lo que dice y constituye una fuente primaria para describir esta edición concreta. Al mismo tiempo, el registro del ICAA es válido para describir su propio expediente administrativo.
La existencia de ambos números demuestra precisamente por qué merece la pena documentar los objetos físicos y no limitarse a copiar una única ficha online.
Periodismo y cine en Librería5
La colección de El Mundo permite seguir el periodismo desde perspectivas muy diferentes. En Librería5 también están documentadas Los gritos del silencio, de Roland Joffé, centrada en los corresponsales que presenciaron la tragedia camboyana, y El año que vivimos peligrosamente, de Peter Weir, donde la búsqueda de una exclusiva entra en conflicto con la confianza de las fuentes y las responsabilidades del corresponsal.
Las tres películas pertenecen además a la misma colección física, Edición extra. XX años de El Mundo, por lo que juntas permiten reconstruir progresivamente una colección de DVD que hoy aparece fragmentada entre catálogos de bibliotecas, ejemplares particulares y mercado de segunda mano.
Valoración
Primera plana funciona porque Billy Wilder no necesita decidir si ama o desprecia el periodismo. Hace las dos cosas al mismo tiempo.
Los reporteros son oportunistas, crueles y capaces de convertir una ejecución en entretenimiento. Pero también son veloces, ingeniosos, obstinados y poseen una capacidad casi animal para detectar una noticia. Hildy quiere marcharse precisamente porque sabe lo que esa profesión le hace; Burns quiere retenerlo porque sabe que, en el fondo, Hildy también lo disfruta.
Walter Matthau lleva esa lógica hasta lo monstruosamente divertido. Su Walter Burns sería intolerable como jefe y probablemente fascinante como personaje real. La investigación histórica demuestra que esa impresión no es casual: detrás de él se encontraba Walter Howey, un editor cuya leyenda periodística era suficientemente excesiva como para que Hecht y MacArthur apenas necesitaran domesticarla.
Y quizá ahí resida lo mejor de Primera plana. Bajo las llamadas telefónicas, las persecuciones, los engaños y el duelo Lemmon-Matthau hay algo que la película conoce demasiado bien: para ciertas personas una gran noticia no es solo trabajo. Es una droga.