Lo mejor de la ciencia ficción rusa es una antología recopilada por Jacques Bergier que reúne catorce narraciones de autores soviéticos, desde figuras precursoras como Aleksandr Beliáyev e Iván Efremov hasta escritores vinculados con la renovación del género durante las décadas de 1950 y 1960.
La selección permitió que los lectores españoles conocieran una tradición literaria que durante mucho tiempo había quedado eclipsada por la ciencia ficción británica y estadounidense. Frente a las naves espaciales, robots y catástrofes procedentes del mundo anglosajón, estos relatos presentaban otra forma de imaginar el futuro, marcada por la investigación científica, el cosmismo, la responsabilidad colectiva y los debates sobre el progreso tecnológico.
El título utiliza la expresión «ciencia ficción rusa», habitual en la época. Sin embargo, la denominación más precisa sería ciencia ficción soviética, pues los autores escribieron en el contexto cultural y político de la Unión Soviética y no todos procedían estrictamente de Rusia.
Publicada por Bruguera dentro de la colección Libro Amigo, esta antología constituye además un testimonio de la difusión popular de la ciencia ficción en España durante los años setenta.
Ficha bibliográfica
Título: Lo mejor de la ciencia ficción rusa
Recopilación e introducción: Jacques Bergier
Autores: Varios autores soviéticos
Traducción al castellano: Carlos Robles
Antología de origen: 14 racconti di fantascienza russa
Editorial de la selección original: Giangiacomo Feltrinelli
Editorial española: Bruguera
Lugar de edición: Barcelona
Año de este ejemplar: 1974
Colección: Libro Amigo. Antologías
Número de colección: 88
ISBN-10: 84-02-00543-8
ISBN-13: 978-84-02-00543-4
Número de páginas del ejemplar: 448
Encuadernación: Rústica, tapa blanda
Ilustración de cubierta: Alberto Solsona
Idioma: Castellano
Materias: Ciencia ficción soviética, relatos, tecnología, exploración espacial y literatura de la URSS
Relatos incluidos
- Cuentos de Año Nuevo, de Vladimir Dudintsev.
- La máquina CE, modelo número uno, de Anatoli Dnéprov.
- El gulú celeste, de Viktor Saparin.
- Los cangrejos caminan sobre la isla, de Anatoli Dnéprov.
- El experimento olvidado, de Arkadi y Boris Strugatski.
- El capitán de la astronave «Polus», de Valentina Zhuravliova.
- El despertar del profesor Bern, de Vladimir Savchenko.
- Naves de estrellas, de Iván Efremov.
- Las seis cerillas, de Arkadi y Boris Strugatski.
- Mister Risus, de Aleksandr Beliáyev.
- La esfera de fuego, de Vladimir Nemtsov.
- El blanco cono de Alaid, de Arkadi y Boris Strugatski.
- Las botas mágicas, de Viktor Saparin.
- La infra del dragón, de Gueorgui Gurévich.
Las grafías de los nombres pueden variar considerablemente según el sistema de transliteración empleado. En otras ediciones aparecen formas como Dneprov o Dnéprov, Efremov o Yefrémov, Beliaev o Beliáyev, Strugackij, Strugatsky o Strugatski.
Descripción
La antología fue presentada como una oportunidad para descubrir una producción prácticamente desconocida entre los lectores de lengua castellana. Jacques Bergier buscaba demostrar que la ciencia ficción soviética no era una curiosidad marginal ni una simple imitación de los modelos occidentales.
Muchos de los relatos se escribieron durante los años de la carrera espacial, cuando la física nuclear, la cibernética, la astronáutica y la automatización despertaban simultáneamente entusiasmo y temor.
El lanzamiento del Sputnik en 1957 y los primeros vuelos espaciales tripulados parecían confirmar que algunas de las antiguas fantasías científicas estaban entrando en el terreno de lo posible. Los autores soviéticos trabajaron dentro de ese clima, pero no se limitaron a celebrar los avances técnicos.
Sus narraciones preguntan qué sucede cuando una máquina supera la finalidad para la que fue creada, cuando un experimento escapa al control de sus responsables o cuando un descubrimiento obliga a revisar la historia de la humanidad.
La ciencia ficción soviética
La literatura fantástica rusa poseía antecedentes anteriores a la Revolución de 1917, pero durante la etapa soviética adquirió características propias. La ciencia y la industrialización ocupaban una posición central en el proyecto político, y la ficción especulativa podía utilizarse para imaginar el desarrollo futuro de la sociedad.
Parte de esta literatura adoptó una confianza optimista en la razón, la educación y el progreso colectivo. El futuro aparecía como un territorio que podía conquistarse mediante la investigación y el trabajo organizado.
Sin embargo, los mejores autores introdujeron dudas y conflictos. La ciencia podía liberar a la humanidad, pero también crear formas nuevas de peligro. El investigador podía actuar movido por el conocimiento o por la ambición, mientras una institución podía utilizar un descubrimiento con finalidades militares o políticas.
La censura y las exigencias ideológicas condicionaron la publicación, pero la ciencia ficción ofreció en ocasiones un lenguaje indirecto para examinar la burocracia, la irresponsabilidad, el autoritarismo y los límites de la planificación.
Máquinas, cibernética e inteligencia artificial
Algunos relatos anticipan cuestiones que hoy asociamos con la inteligencia artificial, los sistemas autónomos y la automatización de decisiones.
La máquina CE, modelo número uno presenta una máquina calculadora capaz de analizar problemas y producir recomendaciones. La historia explora la relación entre el objetivo formulado por el ser humano y las consecuencias que la máquina puede deducir de manera estrictamente lógica.
El relato resulta actual porque muestra que el riesgo no depende necesariamente de que una máquina adquiera maldad o conciencia. Basta con que ejecute una finalidad mal definida, interprete una orden de forma literal o disponga de una capacidad de actuación que sus creadores no han previsto adecuadamente.
La ciencia ficción soviética prestó especial atención a la cibernética porque esta disciplina permitía pensar conjuntamente en máquinas, organismos, comunicación, información y control.
Tecnología y evolución
Los cangrejos caminan sobre la isla es uno de los relatos más conocidos de la selección. Anatoli Dnéprov imagina unas máquinas capaces de reproducirse, competir por los recursos y experimentar un proceso semejante a la selección natural.
La narración une tecnología y biología para plantear una pregunta inquietante: qué ocurriría si un artefacto fabricado por el ser humano adquiriera la capacidad de evolucionar sin que sus diseñadores pudieran controlar el resultado.
El experimento convierte una idea científica en un problema ético. La capacidad técnica para construir algo no implica que se hayan comprendido todas sus consecuencias.
El espacio y la historia de la humanidad
Otros textos se ocupan de viajes espaciales, civilizaciones remotas y descubrimientos capaces de alterar el conocimiento del pasado.
Naves de estrellas, de Iván Efremov, combina paleontología, astronomía y especulación sobre la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra. El relato representa una de las formas más características del cosmismo soviético: la humanidad como parte de una comunidad universal todavía desconocida.
En estas historias, la exploración espacial no es únicamente una aventura. También es una ampliación del conocimiento y una forma de reconsiderar el lugar de la especie humana en el universo.
La presencia de científicos como protagonistas distingue muchos relatos de la tradición soviética. El investigador sustituye en ocasiones al aventurero clásico, aunque debe enfrentarse a peligros igualmente graves.
Los hermanos Strugatski
Arkadi y Boris Strugatski están representados por tres narraciones: El experimento olvidado, Las seis cerillas y El blanco cono de Alaid.
Los hermanos se convertirían en dos de los autores más influyentes de la ciencia ficción soviética. Sus obras evolucionaron desde la aventura científica hacia relatos cada vez más complejos sobre la ética, la libertad, la burocracia y las dificultades de construir una sociedad verdaderamente avanzada.
En sus textos, la inteligencia y el progreso técnico no garantizan automáticamente una mejora moral. El conocimiento puede chocar con la ambición personal, la negligencia o el deseo de obtener resultados rápidos.
Iván Efremov y Aleksandr Beliáyev
Iván Efremov fue paleontólogo además de escritor. Su formación científica explica el cuidado con el que relaciona los grandes periodos de la historia natural, la evolución de la vida y la posible existencia de otras civilizaciones.
Aleksandr Beliáyev pertenece a una generación anterior y es considerado uno de los grandes precursores de la ciencia ficción soviética. Sus narraciones combinan aventura, sátira y especulación científica.
La presencia de ambos permite que la antología no quede limitada a una sola etapa. El lector puede observar la continuidad entre los pioneros del género y los autores surgidos durante el desarrollo de la astronáutica.
Jacques Bergier
Jacques Bergier fue ingeniero químico, escritor, divulgador y estudioso de la literatura fantástica. Nació en 1912 y desarrolló gran parte de su actividad intelectual en Francia.
Alcanzó una gran popularidad como coautor, junto a Louis Pauwels, de El retorno de los brujos. También desempeñó una importante labor como lector, editor y promotor de la ciencia ficción internacional.
En esta obra actúa como recopilador e introductor. Su propósito era ofrecer ejemplos concretos que permitieran valorar la ciencia ficción soviética sin reducirla a tópicos ideológicos.
El apellido correcto es Bergier. La forma «Jacques Berger», visible en algunos textos promocionales y transcripciones, es una errata.
Una traducción a través del italiano
La edición española no se preparó directamente a partir de todos los textos rusos originales. Carlos Robles tradujo la antología italiana publicada por Feltrinelli, que había reunido versiones realizadas por diferentes traductores.
Esta transmisión explica algunas grafías de nombres, títulos y términos que pueden resultar extrañas al lector actual. Los sistemas de transliteración del ruso tampoco estaban completamente unificados en las publicaciones españolas de la época.
La traducción conserva un considerable valor histórico, pero determinadas expresiones pueden diferir de las utilizadas en versiones modernas traducidas directamente del ruso.
Lectura actual
Algunas tecnologías descritas en los relatos pertenecen claramente al imaginario científico de mediados del siglo XX. Sin embargo, muchas de sus preguntas continúan vigentes.
La autonomía de las máquinas, la responsabilidad del científico, los riesgos de la autorreplicación, la utilización militar de la investigación y la posibilidad de vida extraterrestre siguen ocupando a la ciencia, la filosofía y la ficción contemporáneas.
La antología también permite comparar dos culturas de ciencia ficción. La estadounidense concedía gran protagonismo al individuo, la iniciativa privada y la aventura; la soviética tendía a situar la investigación dentro de instituciones, laboratorios y proyectos colectivos.
Esa diferencia no es absoluta, pero ayuda a comprender cómo cada sociedad proyectaba sus ideales y temores sobre el futuro.
Valoración
Lo mejor de la ciencia ficción rusa es una antología especialmente valiosa por su amplitud y por la rareza que tuvo en el mercado español de su tiempo.
La calidad y el tono de los relatos son variados, pero el conjunto ofrece una visión extensa de la ciencia ficción soviética: sátira, aventura espacial, máquinas inteligentes, experimentos biológicos, arqueología cósmica y reflexión moral.
Entre sus mayores atractivos se encuentra la presencia de los hermanos Strugatski, Iván Efremov, Aleksandr Beliáyev y Anatoli Dnéprov, autores que desarrollaron algunas de las ideas más originales de la literatura especulativa soviética.
La obra puede interesar tanto al lector de relatos fantásticos como a quien desee conocer la historia cultural de la Guerra Fría y la manera en que la Unión Soviética imaginó el progreso científico.
Más de medio siglo después de su publicación en castellano, continúa siendo una puerta de entrada atractiva hacia una tradición literaria que todavía recibe mucha menos atención que la ciencia ficción anglosajona.
Características de esta edición
Edición en rústica publicada por Bruguera en 1974 dentro de Libro Amigo, colección Antologías, número 88.
El ejemplar contiene 448 páginas. Otras tiradas de la misma obra aparecen descritas con 444 o 446 páginas, probablemente por diferencias de impresión o por la forma de contar las hojas preliminares y finales.
La cubierta fue realizada por Alberto Solsona. La traducción castellana, firmada por Carlos Robles, apareció originalmente en Bruguera durante la década de 1960 y fue recuperada en sucesivas ediciones de la colección.