A sangre fría — Truman Capote

A sangre fría de Truman Capote, CLUB Bruguera número 1 Cubierta de A sangre fría, de Truman Capote. CLUB Bruguera nº 1, Colección de Literatura Universal Bruguera.
CLUB Bruguera nº 1. Traducción de Fernando Rodríguez y diseño de cubierta de Neslé Soulé. Una edición española situada en el cruce entre el nacimiento de una gran colección popular y uno de los experimentos más influyentes de la literatura documental del siglo XX.
El 15 de noviembre de 1959 cuatro miembros de la familia Clutter fueron asesinados en su casa de Kansas por dos hombres que esperaban encontrar una fortuna inexistente. Truman Capote leyó la noticia antes de que los culpables hubieran sido detenidos y decidió viajar allí acompañado por Harper Lee. De aquella investigación nació A sangre fría, un libro que quiso poseer simultáneamente la autoridad del documento y la perfección narrativa de una novela. Veinte años después, Bruguera eligió precisamente esta obra para ocupar el número 1 de su nueva Colección de Literatura Universal. El ejemplar conserva, además, un pequeño enigma editorial: sus créditos dicen enero de 1979, mientras que la prensa presentó públicamente CLUB Bruguera como novedad en enero de 1980.

Ficha bibliográfica

Autor: Truman Capote

Título: A sangre fría

Título original: In Cold Blood

Traducción: Fernando Rodríguez

Editorial: Editorial Bruguera, S. A.

Colección: CLUB Bruguera — Colección de Literatura Universal Bruguera

Número: 1

Edición indicada: 1.ª edición, enero de 1979

Copyright original: © 1965 by Truman Capote

Edición original: publicada mediante acuerdo con Random House, Inc.

Copyright de la traducción: © Fernando Rodríguez, 1979

Diseño de cubierta: Neslé Soulé

ISBN: 84-02-06703-4

Depósito legal: B. 34.081-1979

Impresión: Talleres Gráficos de Editorial Bruguera, S. A.

Lugar de impresión: Carretera Nacional 152, km 21,650, Parets del Vallès (Barcelona)

Encuadernación: tapa dura editorial

Formato: aproximadamente 18 × 11 cm

Extensión catalogada: alrededor de 444 páginas

El número 1 no está ahí por casualidad

El enorme «1» situado en la parte superior de la cubierta identifica a A sangre fría como volumen inaugural de CLUB Bruguera. La elección resulta bastante reveladora acerca de lo que la editorial entendía por «literatura universal» a finales de los años setenta. Podría haber iniciado la colección con un clásico indiscutible del siglo XIX, pero prefirió una obra estadounidense aparecida apenas catorce años antes.

La decisión convertía inmediatamente a Capote en un clásico contemporáneo. Bruguera no presentaba el libro como simple crónica de un asesinato célebre, sino como una obra literaria digna de abrir una biblioteca destinada a reunir grandes autores modernos y consagrados. El hecho de que los siguientes números incorporaran nombres como Borges confirma esa intención: la colección aspiraba a construir un canon, no sólo a aprovechar éxitos comerciales.

El mensaje editorial de la cubierta es bastante preciso: no compre este libro porque contiene un crimen famoso; cómprelo porque pertenece a la literatura.

Una cubierta deliberadamente alejada del crimen

El diseño de Neslé Soulé refuerza esa interpretación. Una edición orientada al sensacionalismo habría podido utilizar la casa de los Clutter, fotografías policiales, armas o retratos de Perry Smith y Richard Hickock. Bruguera optó por una cubierta roja, geométrica y austera, dominada por la numeración de la colección, el nombre de Truman Capote y el título.

La ausencia de iconografía criminal resulta significativa. El asesinato no es el argumento visual de venta; lo son el escritor y la colección. Esa estrategia separa el volumen de buena parte del diseño contemporáneo asociado al true crime y lo acerca deliberadamente a la idea de una biblioteca estable y prestigiosa.

El sistema tenía además una lógica comercial evidente. Cada volumen debía funcionar por sí mismo, pero también como parte de una estantería futura. Comprar el número 1 implicaba aceptar implícitamente que podía llegar un número 2, un número 3 y así sucesivamente. La editorial no vendía solamente una novela: vendía el comienzo de una colección.

El verdadero producto de CLUB Bruguera no era únicamente cada título aislado. Era la biblioteca que el lector podía construir siguiéndolos.

La página de créditos y una dedicatoria fundamental

Página de créditos y dedicatoria de A sangre fría de Truman Capote, CLUB Bruguera Página de créditos y dedicatoria. El ejemplar identifica la traducción de Fernando Rodríguez, el diseño de Neslé Soulé y una primera edición fechada en enero de 1979.

En la página opuesta aparece una dedicatoria breve pero extraordinariamente significativa:

«Para Jack Dunphy y Harper Lee, con cariño y gratitud.»

Los dos nombres remiten a dimensiones muy diferentes de la creación del libro. Harper Lee acompañó a Capote durante la fase decisiva de la investigación en Kansas; Jack Dunphy, escritor y compañero sentimental de Capote durante décadas, pertenecía al ámbito personal que sostuvo al autor durante los largos años necesarios para completar la obra.

Harper Lee antes de convertirse en Harper Lee

Cuando Capote viajó a Kansas a finales de 1959, Harper Lee todavía no era la autora mundialmente conocida que sería después de la publicación de Matar a un ruiseñor. Era, sin embargo, la persona ideal para acompañarlo. Capote poseía una personalidad extremadamente llamativa y podía despertar desconfianza en una pequeña comunidad rural que acababa de sufrir un crimen brutal. Lee tenía una presencia mucho menos invasiva y una extraordinaria facilidad para hablar con las personas del lugar.

Su colaboración no consistió en una mera compañía amistosa. Participó en entrevistas, tomó notas, estableció relaciones y facilitó el acceso de Capote a habitantes que podían sentirse incómodos ante el escritor neoyorquino. La dedicatoria reconoce, de manera extraordinariamente concisa, que la investigación que terminó bajo una sola firma había dependido también de un trabajo compartido.

La participación de Harper Lee recuerda una verdad que la mitología del «genio solitario» suele borrar: una obra atribuida a un solo autor puede depender de una extensa red de colaboración invisible.

El crimen de los Clutter

La historia comenzó en Holcomb, Kansas. Herbert Clutter era un agricultor respetado que vivía con su esposa Bonnie y dos de sus hijos, Nancy y Kenyon. Durante la madrugada del 15 de noviembre de 1959, los cuatro fueron asesinados en su propia casa.

La aparente ausencia de motivo contribuyó enormemente al impacto del caso. La familia no parecía poseer enemigos capaces de explicar la violencia y tampoco existían signos de un gran robo. La explicación posterior resultaría casi más absurda que el misterio inicial: Richard «Dick» Hickock y Perry Smith habían acudido a la propiedad convencidos de que Herbert Clutter guardaba una importante suma de dinero en una caja fuerte. La información era falsa. La fortuna no existía, pero los cuatro miembros de la familia fueron asesinados.

Capote empezó antes de conocer el final

Uno de los aspectos más interesantes del origen de A sangre fría es que Capote decidió investigar cuando Hickock y Smith todavía no habían sido detenidos. No conocía a los responsables ni sabía cuál sería la resolución policial. Su interés inicial se dirigía en buena medida hacia el efecto que un crimen aparentemente inexplicable podía producir en una pequeña comunidad.

El proyecto cambió cuando los asesinos fueron identificados. La investigación dejó de ser únicamente un estudio de Holcomb después del trauma y empezó a organizarse también alrededor de las biografías de Hickock y Smith, el proceso judicial y la relación entre el crimen, los criminales y el mundo del que procedían.

Seis años hasta poder cerrar la historia

Capote dedicó años a entrevistar testigos, estudiar documentos, hablar con investigadores y conocer profundamente a los dos condenados. Su método se hizo célebre porque afirmaba poseer una memoria extraordinaria y prefería no utilizar grabadoras durante muchas entrevistas, convencido de que el aparato modificaba el comportamiento de quien hablaba.

La técnica podía favorecer conversaciones más naturales, pero tenía una consecuencia evidente: sin un registro literal resulta mucho más difícil distinguir posteriormente entre las palabras exactas del entrevistado, la memoria del escritor y la reconstrucción estilística. Ese problema está directamente relacionado con la gran ambición formal del libro.

La «novela de no ficción»

Capote utilizó para definir su proyecto la expresión nonfiction novel, «novela de no ficción». La contradicción aparente del término resume perfectamente su propósito. Quería utilizar las herramientas de la novela —escenas, estructura, perspectiva, caracterización, ritmo y diálogo— sin renunciar a la afirmación fundamental de la no ficción: aquello había sucedido realmente.

La apuesta resultaba formidable porque permitía al lector experimentar los hechos con una intensidad poco habitual en un reportaje convencional. Pero el mismo procedimiento creaba una exigencia difícil de satisfacer. Cuanto más perfecta resultaba la construcción narrativa, más importante se volvía saber cuánto de esa perfección procedía de los hechos y cuánto de la intervención del escritor.

El experimento de Capote consistía en conseguir que la realidad tuviera la forma de una novela sin perder la autoridad de seguir llamándose realidad.

Capote no inventó la literatura documental

La enorme influencia del libro llevó durante años a repetir que Capote había inventado la «novela de no ficción». La afirmación necesita una matización importante. Mucho antes existían crónicas judiciales, reportajes literarios y narraciones construidas a partir de acontecimientos reales. En el ámbito hispanoamericano, Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, apareció en 1957, antes incluso del asesinato de los Clutter.

La aportación de Capote fue distinta. Convirtió esa forma híbrida en un acontecimiento literario y comercial internacional, la defendió conscientemente como proyecto estético y demostró que una reconstrucción documental de cientos de páginas podía recibir simultáneamente la atención del periodismo, de la crítica literaria y del gran público.

1965 en el copyright, 1966 en la historia del libro

La página de créditos de esta edición conserva el copyright de 1965, aunque la primera edición estadounidense en volumen apareció en 1966. No hay contradicción: In Cold Blood se publicó primero por entregas en The New Yorker durante 1965 y Random House lanzó después el libro completo en enero de 1966.

15 de noviembre de 1959 Herbert y Bonnie Clutter y sus hijos Nancy y Kenyon son asesinados en Holcomb, Kansas.
1959 Capote viaja a Kansas acompañado por Harper Lee e inicia la investigación.
1960 Perry Smith y Richard Hickock son juzgados y condenados a muerte.
14 de abril de 1965 Smith y Hickock son ejecutados en la Penitenciaría Estatal de Kansas.
1965 In Cold Blood aparece por entregas en The New Yorker.
Enero de 1966 Random House publica la obra en volumen.
1966 Noguer publica una temprana edición española traducida por María Luisa Borrás.
1979 Según sus propios créditos, Bruguera prepara esta traducción de Fernando Rodríguez.
Enero de 1980 La prensa presenta públicamente CLUB Bruguera como una nueva colección.

Esta no fue la primera traducción española

El «1.ª edición» impreso por Bruguera tampoco debe confundirse con una primera aparición de A sangre fría en castellano. La obra había llegado a España ya en 1966 mediante una traducción de María Luisa Borrás publicada por Noguer.

La importancia de nuestro ejemplar es otra. Bruguera encargó una nueva versión a Fernando Rodríguez y la convirtió en el texto inaugural de CLUB. Esa traducción continuaría circulando durante años, lo que recuerda que una obra extranjera posee también una historia nacional hecha de versiones sucesivas. Miles de lectores españoles conocieron a Capote no directamente a través de su inglés, sino a través de las decisiones lingüísticas de cada traductor.

El problema de la verdad

La afirmación de exactitud fue central en la promoción y recepción de A sangre fría. Sin embargo, investigaciones posteriores y testimonios de personas relacionadas con el caso pusieron en cuestión algunos detalles y mostraron que determinadas escenas habían sido modificadas o construidas para mejorar su eficacia narrativa.

El caso más conocido afecta al final. Capote cierra el libro con una escena en el cementerio en la que el investigador Alvin Dewey se encuentra con Susan Kidwell, amiga de Nancy Clutter. La conversación ofrece un desenlace melancólico: la vida ha continuado, el crimen queda atrás y la memoria de los muertos permanece.

Como cierre literario resulta extraordinariamente eficaz. El problema es que el encuentro no sucedió de la manera descrita. Capote construyó la escena.

Ahí aparece la contradicción más famosa del proyecto: uno de los finales más perfectos de la gran «novela de no ficción» no puede aceptarse como una reproducción estricta de lo sucedido.

¿Cuánto puede inventar la no ficción?

La revelación no convierte automáticamente A sangre fría en una obra sin valor, pero modifica la forma en que debe leerse. En una novela convencional, reorganizar los hechos para conseguir un final mejor forma parte natural del oficio. En un informe policial, hacerlo sería inaceptable. El libro de Capote habita deliberadamente entre ambos extremos y, por ello, hereda las exigencias de los dos.

La pregunta sigue siendo completamente contemporánea. Documentales, pódcast, series y libros de true crime utilizan continuamente técnicas narrativas para organizar acontecimientos reales. Toda selección construye un relato, pero no toda construcción posee el mismo grado de legitimidad. La frontera aparece cuando el procedimiento narrativo modifica hechos que el público recibe como verdaderos.

Personas reales convertidas en personajes

Hay además un problema que no depende de la exactitud de una fecha o una conversación. Herbert, Bonnie, Nancy y Kenyon Clutter existieron. Perry Smith y Dick Hickock también. Capote necesitaba seleccionar de sus vidas aquello que podía entrar en el libro, decidir qué escenas merecían espacio y distribuir la atención narrativa entre víctimas, investigadores y asesinos.

Ese poder transforma inevitablemente a las personas en personajes. Para millones de lectores posteriores, Perry Smith no existe ya principalmente como un expediente judicial, sino como el hombre que Capote construyó mediante recuerdos, diálogos, infancia, frustraciones y sueños. El escritor no inventó a Smith, pero sí influyó decisivamente en la forma cultural bajo la cual iba a sobrevivir.

Perry Smith y la incomodidad de comprender

La relación de Capote con Perry Smith fue especialmente intensa. El libro dedica una gran atención a su infancia difícil, a sus aspiraciones, a sus heridas y a la sensación de fracaso que lo acompañaba. Esa reconstrucción psicológica contribuye enormemente a la potencia literaria del libro y, al mismo tiempo, produce una incomodidad moral inevitable.

Comprender a un asesino no equivale a absolverlo. La literatura puede intentar explicar una mente sin exigir al lector que apruebe sus actos. Sin embargo, la profundidad narrativa genera cercanía, y esa cercanía contrasta violentamente con el hecho de que estamos hablando de un hombre que participó en el asesinato de cuatro personas que apenas conocía.

Capote obliga así al lector a habitar durante cientos de páginas una zona desagradable: la comprensión psicológica y el juicio moral no son la misma operación.

El escritor que necesitaba un final

La relación con Hickock y Smith produjo además uno de los dilemas éticos más inquietantes del proyecto. Las apelaciones prolongaron durante años la ejecución. Capote podía mantener una relación personal y emocional con los condenados, pero su libro tampoco podía cerrarse mientras el proceso permaneciera abierto.

El escritor se encontraba, por tanto, en una posición casi imposible. Podía sentir afecto o compasión hacia hombres cuya muerte sabía que proporcionaría a su obra el desenlace que necesitaba. Cuando ambos fueron finalmente ejecutados en la horca el 14 de abril de 1965, Capote estuvo presente.

Poco después comenzó la publicación del texto en The New Yorker. La vida de los condenados había terminado y la obra podía adquirir una forma definitiva.

El conflicto ético de A sangre fría no pertenece sólo al contenido del libro. También está en la extraña relación entre un escritor y unas vidas reales cuyo final necesitaba para poder terminar su obra.

El éxito y la frontera en la vida de Capote

In Cold Blood fue un enorme éxito crítico y comercial y aumentó todavía más la celebridad de Truman Capote. Había demostrado que un asesinato ocurrido en una pequeña comunidad rural podía convertirse en una obra leída como periodismo, novela psicológica, crónica judicial y literatura de prestigio.

El libro también parece marcar una frontera en su trayectoria. Capote continuó escribiendo, pero nunca completó después otra obra de ambición y repercusión comparables. Su vida quedó cada vez más ligada a la celebridad, las fiestas, las amistades con la alta sociedad y el largamente anunciado proyecto Plegarias atendidas.

Sería excesivo afirmar que A sangre fría destruyó al escritor. Lo que sí puede afirmarse es que dividió su carrera en un antes y un después difícilmente comparables.

El pequeño misterio de 1979 y 1980

¿Por qué el ejemplar dice 1979 si CLUB Bruguera fue presentado públicamente en 1980?

Los créditos físicos son muy claros: «1.ª edición: enero, 1979». El depósito legal pertenece igualmente a 1979, al igual que el copyright de la traducción y la referencia de impresión.

Sin embargo, la prensa española anunció en enero de 1980 el lanzamiento de CLUB Bruguera como una nueva colección y presentó A sangre fría entre sus primeros títulos.

Lo que demuestra el ejemplar La edición fue preparada, registrada e impresa como producto editorial de 1979.
Lo que demuestra la prensa La presentación pública de CLUB Bruguera como nueva colección se produjo en enero de 1980.

La explicación más razonable es que Bruguera preparara los primeros volúmenes durante 1979 y retrasara el lanzamiento comercial conjunto hasta comienzos de 1980. También podría existir alguna anomalía en la fecha impresa. Sin documentación interna de la editorial no conviene convertir ninguna de esas posibilidades en certeza.

Precisamente por eso el detalle es valioso. Los catálogos tienden a reducir un libro a una única fecha; el ejemplar físico puede conservar una historia editorial bastante más incómoda.

CLUB Bruguera y la fabricación de una biblioteca

El proyecto CLUB aspiraba a reunir grandes autores modernos y contemporáneos en una colección coherente y asequible. Junto a Capote y Borges aparecieron nombres como García Márquez, Vargas Llosa, Hemingway, Graham Greene, Camilo José Cela, D. H. Lawrence, Juan Marsé, Henry Miller, Alejo Carpentier, Steinbeck, Neruda o Cortázar.

La selección cumplía una función cultural evidente: la editorial realizaba por el comprador parte del trabajo de construir un canon. Seguir la colección permitía levantar progresivamente una biblioteca doméstica de prestigio sin necesidad de decidir título por título qué autores debían estar representados.

El ritmo de publicación tampoco suponía que cada libro tuviera que leerse inmediatamente. Una colección de este tipo convertía la compra en promesa de lectura futura. El volumen entraba en casa, ocupaba una estantería y esperaba. La biblioteca era tanto un conjunto de libros leídos como una reserva de posibilidades.

CLUB Bruguera ofrecía simultáneamente lectura, colección y capital cultural. El comprador adquiría un texto y, al mismo tiempo, una pieza de la biblioteca que deseaba poseer.

¿Es A sangre fría true crime?

Desde nuestra perspectiva resulta natural situarlo dentro de la genealogía del true crime: parte de un asesinato real, reconstruye la investigación, sigue a los criminales y desemboca en el proceso judicial y la ejecución. Sin embargo, reducirlo a ese género empobrecería la ambición de Capote.

El crimen organiza el libro, pero permite hablar también de familia, clase social, azar, violencia, comunidad, castigo y muerte. Capote no intenta únicamente resolver el enigma de quién mató a los Clutter; observa una pequeña sociedad después de que un acontecimiento extremo haya destruido la sensación de seguridad sobre la que se sostenía.

Su influencia sobre la cultura criminal posterior resulta evidente. Documentales, docuseries y pódcast siguen utilizando el mismo mecanismo básico: convertir una masa de información verdadera en una experiencia narrativa. Y la pregunta ética sigue intacta, porque convertir una tragedia en una buena historia significa también que alguien obtiene atención, prestigio o dinero a partir de la peor experiencia de otra persona.

Por qué recordamos más al asesino que a la víctima

A sangre fría plantea además, quizá involuntariamente, una paradoja que se ha vuelto central en el true crime: los criminales suelen recibir más atención narrativa que sus víctimas. Perry Smith y Dick Hickock terminaron convertidos en personajes conocidos internacionalmente, mientras que la familia Clutter permanece culturalmente unida al hecho de haber sido asesinada.

La explicación es en parte narrativa. El criminal ofrece conflicto, motivaciones, decisiones y transgresión; la víctima puede haber llevado una existencia completamente normal hasta el momento en que alguien la destruye. Pero precisamente esa asimetría obliga a preguntarse si las historias criminales terminan premiando con memoria al causante de la violencia.

Capote no inventó ese problema, pero el extraordinario éxito de su libro contribuyó a hacerlo visible.

Un ejemplar corriente con una biografía editorial excepcional

Esta edición de Bruguera no es una primera edición mundial, tampoco la primera traducción española y no parece especialmente rara en el mercado bibliográfico. Su interés procede de otro lugar. Es el volumen inaugural de una colección ambiciosa, conserva una traducción que tendría una larga circulación y representa una etapa muy concreta del diseño editorial español.

Además, la discrepancia entre 1979 y 1980 hace que el objeto físico aporte información que una edición moderna del mismo texto ya no conserva. El lector actual puede comprar A sangre fría en multitud de formatos; sólo este ejemplar concreto puede contar la historia de CLUB Bruguera, de Fernando Rodríguez, de Neslé Soulé y de una colección que empezó con un enorme número 1 sobre una cubierta roja.

Conclusión

A sangre fría sigue siendo una obra difícil de clasificar precisamente porque su mayor logro literario es también la fuente de sus principales problemas. Capote consiguió que hechos documentados se leyeran con la continuidad, el ritmo y la profundidad psicológica de una novela. Esa transformación permitió que el asesinato de una familia de Kansas adquiriera una dimensión literaria extraordinaria, pero obligó también a formular una pregunta que todavía acompaña a toda narración documental: qué grado de intervención puede permitirse un escritor cuando pide al lector que crea que aquello que está leyendo sucedió realmente.

Las dudas acerca de determinadas escenas no destruyen el libro; obligan a leerlo de una manera más consciente. El lector debe distinguir entre la investigación real de Capote, la enorme cantidad de testimonios que reunió y el trabajo literario mediante el cual convirtió ese material en una estructura narrativa casi perfecta. La famosa escena final del cementerio muestra de forma especialmente clara la tensión: funciona magníficamente como literatura precisamente porque la realidad no había proporcionado espontáneamente ese cierre.

La dimensión ética resulta todavía más difícil de separar de la estética. Capote transformó a personas reales en personajes y dedicó una especial profundidad psicológica a Perry Smith. Comprender al asesino no equivale a justificarlo, pero el espacio narrativo produce inevitablemente una forma de proximidad. El mismo libro que inmortalizó a las víctimas contribuyó también a convertir a sus asesinos en figuras culturales mucho más reconocibles de lo que habrían sido sin él.

La edición de CLUB Bruguera añade a esa historia literaria otra completamente distinta. A finales de los años setenta, una gran editorial española decidió construir una biblioteca popular de literatura universal y escogió a Capote para inaugurarla. La elección indica hasta qué punto A sangre fría había dejado ya de ser contemplado como simple libro de actualidad criminal: catorce años después de su aparición estadounidense podía servir como primer volumen de un canon moderno.

El propio ejemplar conserva además una pequeña intriga bibliográfica. Sus créditos, su depósito legal y su traducción remiten a 1979, mientras que la presentación pública de CLUB Bruguera fue anunciada en enero de 1980. Es posible que la colección estuviera preparada con anterioridad al lanzamiento, pero mientras no aparezca documentación interna que lo confirme, la contradicción merece permanecer abierta.

Y ahí se encuentra quizá la mejor justificación para conservar libros aparentemente corrientes como éste. El texto de Capote puede pasar de una edición a otra. El ejemplar, en cambio, conserva una circunstancia irrepetible: quién lo tradujo, cómo quiso presentarlo una editorial, qué colección pretendía iniciar y qué fecha quedó impresa cuando todavía nadie sabía que, décadas después, alguien volvería a abrirlo para reconstruir su historia.

Una obra cuenta lo que escribió su autor. Un ejemplar conserva además la historia de todo lo que ocurrió para que esa obra llegara hasta un lector concreto.

Fuentes y referencias utilizadas para el contexto bibliográfico e histórico: