Cuando hablar deja de ser solamente decir y se convierte en hacer
«Queda usted despedido» puede ser una información, una amenaza, una broma o el acto mismo de perder un empleo. Las palabras son idénticas. Lo que cambia es quién las pronuncia, ante quién, dónde, con qué autoridad y con qué intención. Ese desplazamiento —de estudiar solamente qué significan las frases a preguntarse qué hacemos al pronunciarlas— está en el corazón de la teoría de los actos de habla. Y explica por qué este pequeño manual escolar de 1992 resulta bastante menos inocente de lo que su cubierta podría hacer pensar.
Hay frases que no describen una acción: son la acción
Durante siglos, buena parte de la reflexión sobre el lenguaje privilegió una pregunta: ¿es verdadero o falso lo que acaba de decir alguien?
El filósofo británico J. L. Austin llamó la atención sobre un grupo de expresiones que no encajaban cómodamente ahí.
Cuando alguien dice «prometo devolverlo», no está simplemente informando de que existe una promesa. Está prometiendo. Cuando una autoridad competente declara abierta una sesión, la abre mediante esas palabras. Cuando dos personas celebran un contrato verbal bajo determinadas condiciones, hablar puede crear una obligación que antes no existía.
Las conferencias que Austin pronunció en Harvard en 1955 y que dieron lugar póstumamente a How to Do Things with Words en 1962 terminaron ampliando aquella intuición inicial hasta una teoría general del lenguaje entendido también como acción.
La idea parece sencilla una vez formulada. Pero obliga a mirar de otro modo casi cualquier conversación.
«¿Puedes cerrar la ventana?» casi nunca pregunta lo que parece
La gramática puede identificar una interrogación. La pragmática pregunta qué está haciendo realmente quien la pronuncia.
Una respuesta perfectamente literal sería: «Sí, puedo».
Y, sin embargo, en una situación corriente esa respuesta puede resultar irritante porque ambos interlocutores saben que la pregunta funciona normalmente como petición.
Ahí aparece una de las razones por las que el contexto resulta inseparable del significado efectivo de una conversación.
Una misma estructura lingüística puede realizar acciones diferentes. Y una misma acción puede realizarse mediante estructuras muy distintas.
«Cierra la ventana», «¿te importa cerrar la ventana?», «hace bastante frío aquí» o incluso una mirada hacia la ventana pueden terminar persiguiendo un resultado semejante.
Comprender el lenguaje exige por ello reconstruir algo que no siempre está escrito en las palabras: la intención reconocible del hablante dentro de una situación compartida.
Prometer, ordenar, felicitar, afirmar: una frase lleva una fuerza incorporada
John R. Searle sistematizó desde finales de los años sesenta muchas de las intuiciones abiertas por Austin. Su libro Speech Acts, publicado en 1969, parte de una idea especialmente fértil: hablar una lengua es realizar conductas gobernadas por reglas.
Preguntar, prometer, ordenar o afirmar no son adornos añadidos posteriormente a unas oraciones neutrales. Son cosas que hacemos utilizando esas oraciones.
En 1976 Searle propuso una clasificación especialmente influyente de los actos ilocutivos:
- Asertivos o representativos: afirmar, describir, informar, sostener algo acerca del mundo.
- Directivos: pedir, ordenar, aconsejar o intentar que otra persona haga algo.
- Compromisivos: prometer, ofrecer, jurar o asumir un compromiso futuro.
- Expresivos: agradecer, disculparse, felicitar o manifestar una actitud.
- Declaraciones: actos en los que, bajo las condiciones adecuadas, las palabras cambian una situación institucional.
El último grupo permite ver con especial claridad por qué el lenguaje no funciona en el vacío.
Un desconocido puede acercarse a dos personas por la calle y decir solemnemente «los declaro marido y mujer». Lingüísticamente ha pronunciado una fórmula reconocible. Socialmente no ha ocurrido gran cosa.
La misma expresión, pronunciada por una persona legitimada, dentro de un procedimiento válido y en las circunstancias correspondientes, puede producir efectos jurídicos.
Las palabras necesitan instituciones, convenciones, posiciones sociales y contextos para adquirir determinadas fuerzas.
Lo más interesante del autor: no venía solamente de la lingüística
Aquí aparece una de las peculiaridades que las fichas comerciales actuales suelen ocultar.
Domingo Caballero Muñoz no era simplemente un autor de manuales de Lengua.
En un artículo publicado en 1991 se presentaba como catedrático de Bachillerato de Lengua y Literatura, doctor en Psicología Social y experto universitario en didáctica específica. Posteriormente desarrolló su carrera universitaria en el área de Psicología Social de la Universidad de Oviedo.
Ese cruce de disciplinas importa mucho para entender por qué los actos de habla resultaban un objeto tan apropiado para él.
La teoría puede estudiarse como filosofía del lenguaje, pero en cuanto abandonamos los ejemplos abstractos aparecen inmediatamente problemas de autoridad, conflicto, persuasión, normas, grupos, instituciones y relaciones sociales.
Caballero llevaba años trabajando precisamente alrededor de esa frontera.
En 1986 había publicado un texto titulado El lenguaje como medio de manipulación. En 1990 defendió una tesis doctoral sobre La categoría de conflicto en el análisis psico-sociolingüístico, que sería publicada en forma de libro en 1992. Al año siguiente de nuestro manual apareció su estudio Algunas consideraciones psicosociales sobre lenguaje correcto y lenguaje vulgar.
Un año antes ya había defendido que el contexto debía volver al aula
Hay un antecedente especialmente revelador.
En 1991, Caballero publicó en Comunicación, Lenguaje y Educación el artículo Gramática, gramáticas y gramáticos, basado en su propia experiencia docente.
Allí comparaba los enfoques formalistas de la gramática con métodos más tradicionales y llegaba a una conclusión poco convencional: para la enseñanza, algunos modelos antiguos podían resultar sorprendentemente productivos precisamente porque conservaban cierta atención al contexto.
Su apuesta final estaba, sin embargo, en otro lugar. Consideraba que las entonces nuevas aproximaciones pragmáticas y textuales podían ser descriptiva y didácticamente más potentes que una gramática limitada a analizar estructuras formales.
Análisis de algunos actos de habla apareció al año siguiente.
No necesitamos afirmar una relación documental que no hemos encontrado para advertir la continuidad intelectual: del análisis de la oración aislada se pasa a estudiar al hablante, al oyente, las circunstancias y la acción que se intenta realizar.
Una amenaza no está únicamente dentro de las palabras
La diferencia se comprende muy bien con un acto aparentemente sencillo.
Imaginemos la frase:
«Como vuelvas a hacerlo, tendrás problemas».
Podemos describir su sintaxis, sus tiempos verbales y su estructura condicional.
Pero nada de eso basta para saber qué ha ocurrido.
Pronunciada entre amigos que bromean, puede carecer de amenaza real. Pronunciada por alguien capaz de imponer una sanción, en mitad de un conflicto y con una determinada entonación, puede convertirse en algo mucho más serio.
Incluso podría ocurrir que la amenaza nunca se formule de manera directa. «Sería una pena que te pasara algo» puede tener una forma superficialmente cortés y producir un efecto mucho más intimidatorio que un insulto explícito.
La pragmática obliga así a estudiar una zona del lenguaje donde forma, intención y poder no siempre coinciden de manera transparente.
El libro estaba pensado para el aula, no para especialistas encerrados en un seminario
La contraportada sitúa el volumen dentro de la colección Guías y Monografías de Akal.
Su propósito declarado era «iniciar al alumno en el análisis literario y facilitarle la adquisición del hábito de lectura», convirtiendo el análisis y la manipulación de textos en una actividad amena, rigurosa y didácticamente eficaz.
Pero la colección no se limitaba a comentarios de novelas y obras teatrales.
Una presentación contemporánea del proyecto, publicada en 1989, explicaba que existían varias líneas: guías dedicadas a obras concretas, monografías destinadas a iniciar en el análisis literario o lingüístico y una serie de diccionarios e inventarios.
Nuestro volumen pertenece precisamente a esa segunda vertiente. Catálogos de librería antigua lo identifican como la Monografía nº 20 y describen sus 135 páginas como abundantemente ilustradas con fotografías y dibujos.
La lista impresa en el propio ejemplar permite reconstruir bastante bien aquella biblioteca escolar. Aparecen guías de Alfanhuí, El coronel no tiene quien le escriba, La zapatera prodigiosa, los Artículos de Larra, El Quijote, El camino, Luces de Bohemia, El tragaluz o El nombre de la rosa, junto a manuales sobre narrativa, poesía, literatura española, las vanguardias, las lenguas y terminología literaria.
Análisis de algunos actos de habla ocupa ahí una posición peculiar: desplaza al alumno desde la obra literaria hacia algo que está ocurriendo cada vez que él mismo habla.
La gramática puede decirnos qué frase es; la pragmática pregunta qué acaba de pasar
La diferencia sigue teniendo consecuencias muy concretas.
«Mañana estaré allí» puede ser una simple predicción.
Pero pronunciado después de que alguien pregunte «¿me prometes que vendrás?», el mismo enunciado puede adquirir la fuerza de un compromiso.
«Está oscuro» puede describir una habitación.
Pronunciado al entrar alguien junto al interruptor, puede funcionar como petición indirecta para que encienda la luz.
«Eso lo has hecho tú» puede ser una afirmación, una acusación o incluso una felicitación, dependiendo de lo que haya ocurrido y de cómo se diga.
La oración por sí sola no contiene toda la acción.
El problema de 1992 sigue vivo en las conversaciones con máquinas
Hay una razón inesperada por la que un manual escolar sobre actos de habla no ha quedado encerrado en la lingüística de finales del siglo XX.
Los sistemas conversacionales también tienen que resolver el mismo problema básico.
Si alguien escribe «¿qué tiempo hará mañana?», el sistema debe reconocer una petición de información. Si dice «recuérdame llamar a Ana mañana», tiene que distinguir que ya no se le pide únicamente una respuesta: se le está solicitando una acción futura. «No vuelvas a enseñarme esto» contiene a la vez contenido lingüístico y una instrucción sobre el comportamiento posterior del interlocutor.
La investigación contemporánea sobre agentes conversacionales sigue utilizando categorías próximas a los speech acts o dialog acts para relacionar lo que una persona dice con la acción que el sistema debe interpretar o ejecutar.
Las herramientas han cambiado muchísimo desde 1992.
La pregunta no tanto:
¿qué está intentando hacer alguien al decir esto?
Ficha del ejemplar conservado en Librería5
- Autor
- Domingo Caballero Muñoz
- Título
- Análisis de algunos actos de habla
- Editorial
- Ediciones Akal, S. A.
- Colección
- Guías y Monografías
- Serie
- Monografía nº 20, según catalogación externa
- Año
- 1992
- ISBN
- 84-7600-991-7
- ISBN-13
- 978-84-7600-991-8
- Depósito legal
- M. 3.453-1992
- Impresión
- Anzos, S. A., Fuenlabrada (Madrid)
- Extensión
- 135 páginas según catalogación externa
- Formato
- 17 × 24 cm según catalogación externa
- Características
- Rústica; ilustrado con fotografías y dibujos según catalogación externa
Editorial, año, ISBN, depósito legal e imprenta constan directamente en la página de créditos del ejemplar conservado en Librería5. La extensión, formato y numeración como Monografía nº 20 se han contrastado con catálogos de librería antigua. La página examinada no indica número de edición ni acredita el diseño de la cubierta, por lo que no se atribuyen.
Un manual sobre algo que hacemos sin darnos cuenta
La portada presenta a un hombre hablando desde un atril. Podría parecer la ilustración genérica de cualquier manual sobre comunicación.
Después de entrar en el problema, la escena cambia.
Ese hombre no está simplemente produciendo frases.
Puede estar afirmando. Prometiendo. Acusando. Ordenando. Convenciendo. Amenazando. Felicitando. Autorizando. Pidiendo perdón. Intentando que alguien haga algo que todavía no ha hecho.
Y quien lo escucha no interpreta solamente palabras. Calcula quién habla, qué relación existe entre ambos, qué ocurrió antes, qué puede ocurrir después y qué intención hace razonable aquella frase.
En 1992 Akal convirtió ese problema en una monografía para estudiantes.
Treinta años después, Análisis de algunos actos de habla todavía aparece en bibliografías docentes de Lengua. No es difícil entender por qué: mientras sigamos haciendo cosas unos con otros mediante palabras, el objeto de este pequeño manual seguirá ocurriendo fuera del libro.
- El ejemplar conservado en Librería5: portada, contraportada y página de créditos de la edición de Akal de 1992.
- Dialnet: producción académica y trayectoria de Domingo Caballero Muñoz.
- Domingo Caballero, «Gramática, gramáticas y gramáticos», Comunicación, Lenguaje y Educación, 1991.
- Universidad de Oviedo: Domingo Caballero Muñoz, «El lenguaje como medio de manipulación», 1986.
- BOE: nombramiento de Domingo Caballero Muñoz como profesor titular de Universidad en Psicología Social.
- Oxford Academic: J. L. Austin, How to Do Things with Words, conferencias William James de 1955.
- ERIC: John R. Searle, Speech Acts: An Essay in the Philosophy of Language, 1969.
- Cambridge University Press: John R. Searle, «A Classification of Illocutionary Acts», 1976.
- Presentación contemporánea de la colección Guías y Monografías de Akal, 1989.
- Librería Berceo: descripción bibliográfica de Análisis de algunos actos de habla, 135 páginas y formato 17 × 24 cm.