Roma estuvo a punto de romperse en el año 63 a. C. Salustio convirtió aquella crisis en literatura.
Un aristócrata endeudado y derrotado en las urnas reúne a un grupo de descontentos. En Etruria comienza a formarse un ejército. En Roma circulan rumores de asesinatos e incendios. El cónsul Cicerón denuncia públicamente al conspirador. Algunos de sus aliados son descubiertos con documentos comprometedores. El Senado discute si debe ejecutarlos sin juicio. Julio César pide que no se les mate; Catón exige la pena máxima. Poco después, Catilina muere combatiendo al frente de sus hombres.
Todo esto ocurrió realmente. Y unas dos décadas después Cayo Salustio Crispo, político, partidario de César e historiador, convirtió el episodio en una de las narraciones políticas más poderosas de la literatura latina: Conjuración de Catilina.
Roma, 63 a. C.: una República que empieza a crujir
Lucio Sergio Catilina no era un revolucionario surgido de los márgenes de Roma. Pertenecía a la antigua gens Sergia, una familia patricia de larga tradición. Había recorrido cargos públicos y aspiraba al consulado, la magistratura suprema de la República. Pero sus intentos de alcanzar el cargo fracasaron.
A su alrededor existía una sociedad profundamente tensionada. Roma acababa de atravesar décadas de guerras civiles, proscripciones y violencia política. Las reformas de Sila habían dejado heridas abiertas. Había aristócratas arruinados, veteranos descontentos, propietarios endeudados y hombres ambiciosos que veían bloqueado su acceso al poder.
Salustio presenta a Catilina como el hombre capaz de reunir todos esos resentimientos.
La conspiración adquirió una dimensión militar cuando Cayo Manlio, antiguo centurión de Sila, reunió fuerzas armadas en Etruria. Mientras tanto, en Roma, Catilina seguía participando en la vida política.
El otro gran protagonista era el cónsul Marco Tulio Cicerón.
«Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?»
«¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?» La apertura de la primera Catilinaria de Cicerón se convirtió en una de las frases más famosas de la Antigüedad. Catilina estaba sentado allí, en el mismo Senado en el que el cónsul lo acusaba públicamente de conspirar contra la República.
Poco después abandonó Roma y se reunió con las fuerzas de Manlio.
Los hombres de la conspiración
Uno de los atractivos de la obra es que sus protagonistas no son personajes inventados. Son algunos de los nombres centrales del último siglo de la República.
Unas cartas, una emboscada y cinco condenados
La conspiración comenzó a derrumbarse por un episodio que parece escrito para una novela.
Los conjurados de Roma intentaron implicar a representantes de los alóbroges, un pueblo galo que había enviado una delegación a Roma. Los enviados acabaron colaborando con las autoridades y obtuvieron de los conspiradores documentos que podían utilizarse como prueba.
Las cartas fueron interceptadas y entregadas a Cicerón. Ya no se trataba simplemente de rumores o acusaciones políticas: el cónsul podía mostrar pruebas ante el Senado.
Léntulo y otros dirigentes de la conspiración fueron detenidos.
Entonces surgió una cuestión mucho más incómoda: ¿qué debía hacer la República con ellos?
César contra Catón: ¿puede el Estado saltarse sus límites para salvarse?
El debate senatorial sobre los prisioneros es uno de los grandes capítulos de Conjuración de Catilina.
Julio César rechazó la ejecución. Catón defendió la pena de muerte. Salustio reproduce y contrapone extensamente ambos discursos y, después, compara incluso el carácter de los dos hombres.
La cuestión era enorme. Los detenidos eran ciudadanos romanos. Pero también estaban acusados de participar en una conspiración destinada a destruir el orden político.
Finalmente prevaleció la posición de Catón. El 5 de diciembre del 63 a. C., Léntulo Sura, Cetego y otros conspiradores fueron ejecutados en Roma.
La famosa frase atribuida a Cicerón después de las ejecuciones fue extraordinariamente breve:
«Vixerunt.» — «Han vivido.»
Era una forma romana de decir que estaban muertos.
Catilina todavía tenía un ejército
La ejecución de los conspiradores de Roma no acabó inmediatamente con la rebelión. Catilina permanecía en Etruria con sus tropas.
Ya sin posibilidades razonables de victoria ni de huida, terminó enfrentándose al ejército consular cerca de Pistoria, la actual Pistoia. Allí murió en combate a comienzos del año 62 a. C.
Y aquí sucede algo literariamente extraordinario.
Salustio lleva páginas describiéndolo como un hombre corrupto, peligroso y capaz de arrastrar a Roma hacia la catástrofe. Pero cuando llega la batalla final no lo ridiculiza. Catilina combate entre los primeros, anima a sus hombres, se lanza allí donde el peligro es mayor y finalmente aparece muerto lejos de la posición que había ocupado al comienzo de la batalla.
El enemigo de la República recibe así una muerte casi heroica.
Ese Catilina contradictorio es mucho más interesante que un simple villano.
¿Quién fue realmente Catilina?
Aquí surge una dificultad histórica fascinante: casi todo lo que sabemos de la conspiración procede de sus enemigos o de autores posteriores.
Cicerón tenía un interés político evidente en demostrar la magnitud de la amenaza que había derrotado. Su prestigio dependía en buena medida de haber «salvado la República». Salustio tampoco escribe una crónica judicial desapasionada: utiliza el episodio para construir una interpretación moral y política de la decadencia romana.
La existencia de la conspiración y de la insurrección armada no depende únicamente de una invención ciceroniana. Pero separar al Catilina histórico del Catilina construido por sus adversarios sigue siendo uno de los problemas más interesantes del episodio.
Y Salustio contribuyó decisivamente a fijar su imagen para los dos milenios siguientes.
Para Salustio, el verdadero protagonista es Roma
Conjuración de Catilina no es simplemente la historia de un hombre que intenta tomar el poder.
Salustio comienza mucho más lejos. Reflexiona sobre la ambición, la gloria, la virtud y la naturaleza humana. Después explica cómo, según su interpretación, Roma se transformó cuando dejó de tener grandes enemigos exteriores.
La destrucción de Cartago en 146 a. C. adquiere en su relato un valor casi simbólico. Una vez desaparecido el gran enemigo que obligaba a Roma a mantenerse unida, comenzaron a crecer la avaricia, la ambición y las luchas internas.
Catilina sería así menos una causa que un síntoma.
La República produce al conspirador porque ella misma está enferma.
Leído desde esa perspectiva, el libro habla de algo mucho mayor que los acontecimientos del 63 a. C.: intenta explicar cómo una sociedad políticamente victoriosa puede empezar a destruirse desde dentro.
Salustio sabía de lo que hablaba
Cayo Salustio Crispo nació hacia el 86 a. C. y murió hacia el 35 a. C. Su biografía está lejos de la imagen del historiador encerrado en una biblioteca.
Fue tribuno de la plebe, participó en la política turbulenta de los últimos años de la República, fue expulsado del Senado y posteriormente recuperó su posición gracias al entorno de Julio César. Después de las campañas cesarianas llegó a gobernar la nueva provincia de Africa Nova.
Cuando escribió sobre la corrupción política, la ambición y la violencia de las élites romanas, no describía un mundo distante. Había formado parte de él.
Tras retirarse de la vida pública se dedicó a la historiografía. Además de la Conjuración de Catilina, se conserva su Guerra de Jugurta y fragmentos de sus Historias.
Su estilo se caracteriza por la concentración, las frases abruptas, los contrastes morales y una deliberada apariencia arcaizante. No pretende simplemente informar. Construye personajes y episodios para obligar al lector a interpretar políticamente lo sucedido.
Y ahora, el ejemplar: un Gredos hecho para entrar en el latín
El libro conservado en Librería5 pertenece a otra historia, separada de Catilina por veinte siglos: la historia de cómo se enseñaron y leyeron los clásicos en España.
Se trata de un volumen de la Colección Gredos Bilingüe, preparado por el filólogo Manuel C. Díaz y Díaz.
La cubierta explica con precisión su contenido:
Texto latino con traducción yuxtalineal, versión literaria y vocabulario histórico.
Eso significa que no ofrece simplemente el latín en una página y una traducción española en otra.
La traducción yuxtalineal intenta seguir muy de cerca la construcción original para ayudar al estudiante a reconocer la estructura latina. Junto a ella aparece una versión literaria destinada a proporcionar una lectura española más natural.
Son dos traducciones con dos propósitos diferentes: una sirve para desmontar el original; la otra, para leerlo.
El volumen incluye además un vocabulario histórico, que los registros bibliográficos sitúan en las páginas 161-178.
Ficha del ejemplar
- Autor
- Cayo Salustio Crispo
- Título
- Conjuración de Catilina
- Edición y traducción
- Manuel C. Díaz y Díaz
- Editorial
- Editorial Gredos, S. A.
- Colección
- Gredos Bilingüe
- Edición
- Tercera edición revisada
- Ejemplar
- Sexta reimpresión, noviembre de 1987
- ISBN
- 84-249-3421-0
- Depósito legal
- M. 35000-1987
- Extensión
- 178 páginas, 19 cm, según catalogación bibliográfica
- Encuadernación
- Rústica
- Impresión
- Gráficas Cóndor, S. A., Madrid
Los datos de edición, reimpresión, ISBN, depósito legal e impresión se leen directamente en el ejemplar. La extensión de 178 páginas y el formato de 19 cm se han contrastado con registros bibliográficos externos.
Un libro que Gredos siguió imprimiendo durante años
La página legal ofrece un pequeño documento de historia editorial. La tercera edición revisada apareció en diciembre de 1974 y continuó reimprimiéndose durante los años siguientes:
- 1974: tercera edición revisada.
- 1979: primera reimpresión.
- 1980: segunda reimpresión.
- 1982: tercera reimpresión.
- 1983: cuarta reimpresión.
- 1985: quinta reimpresión.
- 1987: sexta reimpresión, correspondiente a este ejemplar.
No conocemos el número de copias de cada tirada, por lo que no puede deducirse la cantidad de ejemplares que circularon. Sí puede observarse, en cambio, la persistencia de la edición: Gredos continuó volviendo a las prensas con ella durante más de una década.
Manuel C. Díaz y Díaz
El nombre que aparece bajo el título merece detenerse un momento.
Manuel Cecilio Díaz y Díaz (1924-2008) fue uno de los grandes filólogos latinos españoles del siglo XX. Fue profesor en Valencia, Salamanca y Santiago de Compostela y desarrolló una importante labor en el estudio del latín medieval, la paleografía, la codicología y la transmisión de textos.
Su trabajo en este volumen no consiste únicamente en traducir. La propia cubierta le atribuye el texto latino, la traducción yuxtalineal, la versión literaria y el vocabulario histórico.
Gredos publicó además otra Conjuración de Catilina preparada por Díaz y Díaz dentro de la colección Textos clásicos anotados. No debe confundirse con este ejemplar: el volumen conservado aquí pertenece inequívocamente a Gredos Bilingüe y lleva el ISBN 84-249-3421-0.
El ejemplar conservado en Librería5
Las fotografías muestran un volumen usado y envejecido. La cubierta presenta oscurecimiento, suciedad superficial, desgaste en bordes y varias marcas o pliegues. El lateral del lomo acusa también el uso.
El papel interior muestra el tono amarillento propio del paso del tiempo.
De Catilina al estudiante de latín
Hay algo curioso en tener físicamente este libro entre las manos.
En el año 63 a. C., hombres reales discutieron en Roma si la República estaba siendo atacada desde dentro y si, para salvarla, podían ejecutar a ciudadanos romanos. Catilina huyó, sus aliados fueron detenidos, César y Catón discutieron su destino y Cicerón tomó una decisión que le perseguiría políticamente durante años.
Dos décadas más tarde, Salustio transformó aquella crisis en historia y literatura.
Más de dos mil años después, un estudiante podía abrir esta edición de Gredos y encontrarse frente al mismo texto latino, ayudado palabra a palabra por la traducción yuxtalineal de Manuel C. Díaz y Díaz.
Ese es probablemente el verdadero interés de este ejemplar de 1987: no solo conserva Conjuración de Catilina. Conserva también una cadena de lectores que comienza en la Roma republicana y llega hasta una colección española concebida para que el latín siguiera pudiendo leerse, no simplemente traducirse.
- Dialnet: registro bibliográfico de Conjuración de Catilina, Editorial Gredos.
- Universidad de Granada: bibliografía de Filología Clásica.
- Portal Digital de Historia de la Traducción en España: traducciones yuxtalineales y colecciones de clásicos.
- Biblioteca Nacional de España: Manuel C. Díaz y Díaz.
Los datos relativos al estado físico del libro, la cubierta, la página legal, el ISBN, el depósito legal y la secuencia de reimpresiones proceden directamente del ejemplar fotografiado.