El jugador — Fiódor Dostoievski

Dostoievski escribió una novela sobre un hombre incapaz de resistirse al riesgo después de haber realizado él mismo una apuesta extraordinaria: había firmado un contrato que podía costarle nueve años de derechos sobre su propia obra si no entregaba un libro antes de una fecha determinada.

En octubre de 1866 apenas le quedaba un mes y todavía estaba ocupado con Crimen y castigo. Contrató entonces a una joven taquígrafa, Anna Grigórievna Snítkina, y durante veintiséis días trabajaron contra reloj en una historia ambientada alrededor de una ruleta. Consiguieron terminarla, el editor intentó eludir la entrega y Dostoievski acabó depositando el manuscrito en una comisaría para demostrar legalmente que había cumplido el plazo.

Aquella carrera desesperada produjo El jugador. También produjo algo que ningún contrato había previsto: pocos días después Dostoievski pidió matrimonio a Anna. Nuestro ejemplar pertenece a la colección Millenium. Las 100 joyas del milenio, publicada por El Mundo en 1999, y conserva incluso una pequeña rareza bibliográfica: toda su contracubierta repite 1867, aunque la novela apareció realmente en 1866.

El jugador de Fiódor Dostoievski, edición Millenium de El Mundo
Edición de El jugador publicada por Unidad Editorial en 1999 dentro de Millenium. Las 100 joyas del milenio.

Un contrato que convirtió la escritura en una apuesta

En 1865 Dostoievski atravesaba una situación económica desesperada. Habían muerto su primera esposa y su hermano Mijaíl, había asumido nuevas obligaciones familiares, sus proyectos editoriales habían producido pérdidas y los acreedores se acumulaban. En esas circunstancias firmó un contrato con el editor Fiódor Stellovski por el que, además de cederle determinados derechos sobre sus obras anteriores, se comprometía a entregar una novela nueva antes del 1 de noviembre de 1866. La cláusula decisiva era brutal: si incumplía, Stellovski podría publicar durante nueve años nuevas obras de Dostoievski sin remunerarlo.

El escritor conocía perfectamente el peligro y, sin embargo, dejó pasar los meses. Tenía una razón importante: durante 1866 estaba escribiendo y publicando por entregas Crimen y castigo. Cuando comenzó octubre, el plazo contractual estaba a punto de vencer y la obra prometida a Stellovski apenas existía. Sus amigos le aconsejaron utilizar un procedimiento todavía relativamente novedoso en Rusia, la taquigrafía, y así llegó a su casa Anna Grigórievna Snítkina, una joven de veinte años formada precisamente en esa técnica.

El trabajo comenzó el 4 de octubre. Dostoievski preparaba material, dictaba durante horas y Anna se llevaba sus notas para pasarlas después a limpio. La dictación terminó a finales de mes y el texto quedó listo justo antes del límite. Todavía faltaba una última dificultad: Stellovski se había ausentado y no podía recibir formalmente el manuscrito. Siguiendo consejo legal, Dostoievski lo depositó en una comisaría y obtuvo un recibo que demostraba que había cumplido su obligación dentro de plazo.

Dostoievski escribió una novela sobre el riesgo porque acababa de convertir su propia carrera literaria en una apuesta: terminar un libro a tiempo o perder durante nueve años el control económico sobre lo que escribiera.

La relación profesional tampoco terminó con el manuscrito. El 8 de noviembre, apenas unos días después de la entrega, Dostoievski pidió matrimonio a Anna. Se casaron el 15 de febrero de 1867 y ella acabaría desempeñando un papel decisivo en la organización económica y editorial de la obra del escritor. El contrato que amenazaba con arruinarlo terminó proporcionando indirectamente a Dostoievski la colaboradora que contribuiría a estabilizar los años más importantes de su carrera.

La ruleta que Dostoievski conocía demasiado bien

La premura explica cómo se escribió El jugador, pero no explica de dónde salió su extraordinaria familiaridad con el casino. Dostoievski había conocido personalmente la ruleta de los balnearios alemanes desde 1863 y durante años alternó pequeñas victorias con pérdidas mucho mayores. Como muchos jugadores convencidos de poder domesticar el azar, creyó encontrar sistemas que le permitirían conservar el control: ganar una cantidad determinada, mantener la disciplina, saber detenerse y convertir la probabilidad en una fuente relativamente segura de dinero. La experiencia real desmentía repetidamente esa confianza, pero cada nueva partida parecía restablecerla.

Ese mecanismo psicológico pasa directamente a la novela. Alexéi Ivánovich no aparece simplemente como un hombre que desea enriquecerse. La ruleta empieza a organizar su atención, sus expectativas y la percepción que tiene de sí mismo. Cada giro contiene la posibilidad de anular lo ocurrido anteriormente, de transformar una derrota en triunfo y de demostrar que él no pertenece a la masa de jugadores incapaces de controlarse. Precisamente por eso resulta tan difícil abandonar la mesa: la siguiente jugada no parece una repetición de las anteriores, sino la oportunidad de demostrar que esta vez todo será distinto.

Estudios modernos sobre la representación del juego en Dostoievski han señalado la precisión con la que la novela anticipa rasgos conocidos de la conducta adictiva: excitación ante la posibilidad de apostar, ilusión de control, persecución de las pérdidas y progresiva subordinación de otros intereses a la actividad del juego. La fuerza del relato procede en buena medida de que Dostoievski no observa esos mecanismos desde fuera. Había conocido personalmente el razonamiento aparentemente impecable que permite a alguien volver a apostar después de haber prometido que la jugada anterior sería la última.

Dinero, deseo y humillación en Roulettenburg

La ruleta es el centro visible de la novela, pero el dinero ya domina la historia antes de que Alexéi se convierta plenamente en jugador. El protagonista trabaja como preceptor para la familia de un general ruso endeudado que vive pendiente de una herencia. A su alrededor aparecen acreedores, aspirantes matrimoniales, aristócratas venidos a menos y personajes cuya posición social depende de quién posee dinero, quién espera recibirlo y quién puede prestarlo. La llegada de Antonida Vasílievna, la anciana cuya muerte todos están esperando, altera de manera casi cómica esa arquitectura de expectativas cuando demuestra estar perfectamente viva y decide acercarse ella misma a la ruleta.

En ese mundo, amor y dinero son difíciles de separar. Alexéi está obsesionado con Polina Alexándrovna y acepta humillaciones, desafíos y encargos que convierten su relación con ella en otra forma de apuesta. La trama posee elementos de la propia relación turbulenta de Dostoievski con Apollinaria Súslova, pero sería demasiado simple identificar personajes y personas como equivalentes exactos. La experiencia biográfica proporciona materiales emocionales; la novela los reorganiza hasta convertirlos en un sistema más amplio de dependencia, orgullo y deseo.

Resulta significativo que el primer título pensado por Dostoievski fuera Roulettenburg. Con ese nombre, la ciudad entera parecía definida por la mesa de juego y no sólo Alexéi. Stellovski prefirió finalmente Igrok, «El jugador», y el cambio concentra la mirada sobre el protagonista, pero la novela conserva algo de aquella primera intención. Casi todos los personajes están apostando de alguna manera: unos al rojo o al negro, otros a una herencia, a un matrimonio, a una deuda o a la posibilidad de que otra persona actúe como esperan.

La ciudad ficticia permite además reunir rusos, franceses, ingleses, alemanes y otros europeos en un mismo espacio. Dostoievski utiliza esas diferencias para desplegar estereotipos nacionales muy propios de su pensamiento de la época, contraponiendo frecuentemente la pasión y el extremismo rusos con la prudencia calculadora que atribuye a determinados personajes occidentales. Ese aspecto ha envejecido de manera distinta que la descripción psicológica del juego, pero forma parte esencial de la manera en que la novela transforma el casino en una pequeña sociedad europea.

Una biografía que ya parecía literatura

Cuando escribió El jugador, Dostoievski llevaba acumulada una biografía que explica en parte su obsesión literaria por los individuos colocados en situaciones extremas. En 1849 había sido arrestado por su participación en el círculo de Petrashevski y condenado a muerte. Los presos fueron llevados al lugar de ejecución y preparados para el fusilamiento sin saber que el zar había conmutado previamente la sentencia. Sólo en el último momento se les comunicó que vivirían. Dostoievski pasó después cuatro años de trabajos forzados en Siberia y un nuevo periodo de servicio militar.

La experiencia reaparecería de distintas formas en su obra porque había colocado al escritor ante una situación límite muy concreta: creer durante unos minutos que el tiempo disponible para toda una vida se había reducido a segundos. Años más tarde, el juego ofrecería otra relación deformada con el tiempo. Frente a la ruleta, el futuro vuelve a comprimirse en un instante, pero ahora es el propio jugador quien solicita esa incertidumbre y arriesga voluntariamente algo que posee esperando recibir mucho más.

Todo ello confluyó en un momento creativo excepcional. En 1866 Dostoievski escribió *El jugador* mientras completaba también *Crimen y castigo*. Las dos obras son muy diferentes, pero ambas están habitadas por personajes que intentan demostrar que pueden atravesar una frontera sin quedar sometidos a las consecuencias. Raskólnikov pone a prueba una teoría moral; Alexéi prueba una y otra vez la posibilidad de dominar la casualidad. En ambos casos, la conciencia humana resulta menos obediente de lo que sus protagonistas habían calculado.

1867: la fecha de nuestra contracubierta que no encaja

La edición de Millenium introduce una pequeña rareza bibliográfica. El fondo negro de la contracubierta está recorrido por cifras que evocan cantidades de dinero y, en un verde mucho más visible, aparece repetidamente el año 1867. La elección parece afirmar que ésa es la fecha de El jugador, pero las fuentes bibliográficas más sólidas sitúan la publicación original en 1866.

Contracubierta de El jugador con la fecha 1867 repetida
La contracubierta utiliza 1867 como motivo gráfico, aunque la primera publicación documentada de El jugador corresponde a 1866.

La primera publicación apareció en San Petersburgo dentro del tercer volumen de las obras de Dostoievski editadas por el propio Stellovski. El manuscrito había sido terminado y entregado en octubre y noviembre de 1866, de modo que tampoco existe aquí la habitual confusión entre fecha de escritura y fecha de publicación. La Bibliothèque nationale de France identifica igualmente la obra como de 1866.

El año 1867 sí fue muy importante en la biografía vinculada al libro: en febrero Dostoievski se casó con Anna Snítkina y pocos meses después ambos abandonaron Rusia para iniciar una larga estancia europea durante la que el escritor continuaría sufriendo graves episodios relacionados con la ruleta. Sin embargo, no hemos encontrado documentación que indique que los diseñadores de Millenium eligieran 1867 por esa razón. Lo más prudente es registrar el detalle como una anomalía de esta edición, sin construir retrospectivamente una explicación que la editorial no proporciona.

Nuestro ejemplar de Millenium

El ejemplar conservado en Librería5 fue publicado en 1999 por Unidad Editorial dentro de Millenium. Las 100 joyas del milenio, colección de clásicos distribuida conjuntamente con el diario El Mundo. La cubierta mantiene la identidad visual de la serie: cartoné ilustrado, una gran caja blanca para autor y título, el sello circular de «las 100 joyas del milenio» y una ilustración central realizada en este caso por Javier Vellés. La escena representa una mesa de ruleta con varias figuras alrededor, convirtiendo el juego en la imagen inmediata del volumen.

La traducción está acreditada a Victoriano Imbert y había sido cedida por Ediciones B para esta edición mediante el acuerdo de Bibliotex con Unidad Editorial. El prólogo pertenece al escritor Jesús Ferrero. ZAC diseño gráfico figura como responsable de la cubierta y los interiores, mientras Printer Industria Gráfica se ocupó de la impresión y encuadernación.

La propia colección ofrece así una última capa a la historia editorial. Una novela escrita en veintiséis días para escapar de un contrato abusivo acabó convertida, ciento treinta y tres años después, en uno de los clásicos seleccionados para una colección popular distribuida masivamente con un periódico. Ya no estaba sometida a la urgencia de Stellovski, pero seguía entrando en el mundo mediante una fórmula editorial muy distinta de la librería tradicional.

Título
El jugador
Autor
Fiódor Dostoievski
Título original
Igrok
Primera publicación
San Petersburgo, 1866
Traducción
Victoriano Imbert
Prólogo
Jesús Ferrero
Editorial de nuestro ejemplar
Unidad Editorial, S. A. / El Mundo
Licencia editorial
Bibliotex, S. L.
Colección
Millenium. Las 100 joyas del milenio
Año
1999
ISBN
84-8130-131-0
Depósito legal
B. 22.233-1999
Diseño de cubierta e interiores
ZAC diseño gráfico
Ilustración
Javier Vellés
Impresión y encuadernación
Printer Industria Gráfica, S. A.
Distribución
De venta conjunta e inseparable con El Mundo
Encuadernación
Cartoné ilustrado
Peculiaridad
La contracubierta repite 1867 pese a que la primera publicación documentada de la novela es de 1866

Quizá ninguna obra de Dostoievski tenga una historia de composición tan perfectamente ajustada a su argumento. Un hombre convencido de que todavía puede ganar vuelve una vez más a la mesa porque la próxima jugada podría cambiarlo todo; al mismo tiempo, su autor escribe frenéticamente porque una sola fecha puede decidir el destino económico de los nueve años siguientes de su carrera.

Dostoievski consiguió entregar el manuscrito, conservó sus derechos y conoció durante aquella carrera a la mujer que terminaría convirtiéndose en su esposa, administradora y colaboradora. Por una vez, el autor de El jugador hizo una apuesta desesperada y ganó.

Fuentes utilizadas para contextualizar la obra