El Maquiavelo de 1945 ya no gobierna desde un palacio: puede ser la propia muchedumbre
Eduardo Caballero Calderón salió a buscar al príncipe de Maquiavelo en el siglo XX y llegó a una conclusión bastante más inquietante: el nuevo príncipe podía no ser un hombre. Las solapas de esta edición resumen su hallazgo en la «muchedumbre», personificada en un Estado gigantesco y deshumanizado. El ensayo había aparecido por primera vez en 1945, el mismo año en que terminó una guerra mundial que había demostrado hasta qué punto una sociedad técnicamente avanzada podía seguir obedeciendo a pasiones muy antiguas.
El príncipe ya no necesita corona
El título no es una alusión decorativa. El nuevo príncipe dialoga deliberadamente con el tratado que Nicolás Maquiavelo escribió en el siglo XVI sobre la adquisición, conservación y ejercicio del poder.
Pero Caballero Calderón no intenta actualizar un manual para gobernantes ni escribir una versión latinoamericana de los consejos al soberano.
Su pregunta es otra: ¿qué ha ocurrido con las pasiones políticas desde Maquiavelo?
La respuesta que desarrolla es pesimista. La técnica cambia. Las instituciones cambian. Los Estados se vuelven más complejos. Las sociedades construyen ferrocarriles, fábricas, universidades y burocracias. Pero debajo de toda esa maquinaria continúan actuando ambición, miedo, resentimiento, vanidad, codicia y deseo de poder.
Un estudio posterior de su obra ensayística resume precisamente esa idea: Caballero Calderón trata de recuperar el tono de Maquiavelo para pensar las «malas pasiones» de gobernantes y gobernados, partiendo de la convicción de que civilización y progreso material pueden modificar sus formas sin eliminar los impulsos humanos que las alimentan.
Una distinción decisiva: cultura no es civilización
Una de las claves del ensayo está en separar dos palabras que solemos utilizar como si fueran equivalentes.
Para Caballero Calderón, la civilización pertenece sobre todo al mundo material: mejora las condiciones de vida, desarrolla la economía, perfecciona las técnicas y hace más cómodo el entorno humano.
La cultura, en cambio, pertenece al trabajo interior del hombre: implica formación, rectificación, experiencia, esfuerzo y desarrollo del espíritu.
La diferencia importa porque permite formular una posibilidad incómoda:
una sociedad puede ser extraordinariamente civilizada y seguir siendo moralmente bárbara.
Caballero Calderón insiste en que los avances técnicos no prueban por sí mismos un avance equivalente del ser humano. Una investigación filosófica posterior sobre su pensamiento utiliza precisamente El nuevo príncipe para reconstruir esta oposición entre progreso material y crecimiento cultural.
Leído desde el año de su primera publicación, 1945, el problema adquiere un peso evidente. La Segunda Guerra Mundial había mostrado que la industria, la ciencia, la administración burocrática y la capacidad técnica podían coexistir con formas extremas de violencia política.
El ensayo no necesita sostener que la técnica sea culpable. Su objeción es más elemental: la técnica no nos salva de nosotros mismos.
La muchedumbre entra en el lugar del soberano
La solapa del ejemplar de Librería5 ofrece una formulación especialmente rotunda de la tesis editorial con la que se presentó esta reedición:
el nuevo príncipe aparece en la muchedumbre, personificada en un Estado gigantesco y deshumanizado.
Ahí se produce el salto respecto de Maquiavelo.
El poder moderno ya no depende necesariamente de un individuo excepcional instalado en la cima. Puede surgir de organizaciones enormes, de aparatos administrativos, de la presión colectiva y de una cultura de masas capaz de determinar lo que el individuo considera normal, deseable o inevitable.
Una enciclopedia académica danesa resume el libro precisamente como una confrontación entre el príncipe maquiavélico y la cultura de masas moderna, que limita las posibilidades de desarrollo del individuo; subraya además el escepticismo de Caballero Calderón ante la idea de que la ciencia y la técnica resuelvan por sí mismas ese problema.
Por eso la frase final de la solapa resulta más importante que muchas explicaciones teóricas:
«Para ser hombre [...] hay que tener el valor de resistir».
El centro moral del libro no está tanto en enseñar al nuevo príncipe a gobernar como en preguntarse qué debe hacer una persona cuando el príncipe se ha vuelto demasiado grande para verlo entero.
Un libro de 1969 que en realidad venía de 1945
La página legal del ejemplar conservado en Librería5 imprime un copyright de 1969, y esta edición madrileña pertenece efectivamente a ese año.
Pero El nuevo príncipe era mucho más antiguo.
La primera edición apareció en Bogotá, Editorial Kelly, en 1945, con 201 páginas. Incluso fue reseñada poco después en la revista académica norteamericana The Americas.
La edición que tenemos delante es una reedición realizada veinticuatro años después por Ediciones de la Revista de Occidente, con 199 páginas y dentro de la colección Cimas de América. Los catálogos bibliográficos españoles confirman esos datos.
- 1945: primera edición de El nuevo príncipe, Editorial Kelly, Bogotá.
- 1963: el ensayo aparece integrado en las Obras de Caballero Calderón.
- 1967: Revista de Occidente proyecta la colección Cimas de América.
- 1969: el propio Caballero Calderón recupera El nuevo príncipe para la colección que dirige.
Eso produce una lectura interesante. El libro nació bajo la sombra inmediata de la Segunda Guerra Mundial y reapareció cuando el escenario político era muy distinto: Guerra Fría, sociedad de masas, televisión, bloques ideológicos y Estados capaces de penetrar en la vida cotidiana con medios inimaginables en tiempos de Maquiavelo.
La pregunta seguía siendo la misma: cuánto cambia realmente el hombre cuando cambia todo lo que lo rodea.
Cimas de América: Caballero Calderón no era solo el autor
La edición de 1969 tiene otra peculiaridad: Eduardo Caballero Calderón dirigía la propia colección en la que decidió recuperar su ensayo.
Las solapas explican la intención de Cimas de América: acercar al lector español una literatura hispanoamericana que había crecido enormemente y que, según la editorial, todavía no recibía en España una atención equivalente a su importancia.
La colección pretendía mezclar autores recientes y clásicos y no limitarse a la novela o el cuento: también debía incorporar historia y ensayo.
Un estudio de 2021 sobre la actividad editorial de Caballero Calderón confirma que Cimas de América fue concebida por Revista de Occidente en 1967 y que su dirección constituyó el último gran trabajo editorial del colombiano. El proyecto sirvió para reunir en España a autores como Eduardo Mallea, Juan Carlos Onetti, Arturo Uslar Pietri, Germán Arciniegas, Mariano Picón Salas, Aurelio Miró Quesada y Enrique Anderson Imbert.
Nuestro ejemplar conserva en una de sus solapas la lista de los primeros títulos publicados:
- Eduardo Mallea, Todo verdor perecerá;
- Jaime Torres Bodet, Tres inventores de realidad;
- Arturo Uslar Pietri, 14 cuentos venezolanos;
- Germán Arciniegas, El Caballero de El Dorado;
- Enrique Anderson-Imbert, Métodos de crítica literaria;
- Eduardo Caballero Calderón, El nuevo príncipe.
No estamos, por tanto, ante una reedición aislada. El libro formaba parte de un intento deliberado por construir desde Madrid un escaparate de literatura y pensamiento latinoamericanos.
Y Julio Cortázar confundió al director de la colección
La historia de Cimas de América contiene además un episodio magnífico.
En abril de 1967, Julio Cortázar escribió desde París a su editor Francisco Porrúa contándole que Revista de Occidente preparaba una nueva colección de 25 volúmenes, con una tirada prevista de 5.000 ejemplares por título y un precio de 100 pesetas en España.
La información procedía de la correspondencia de Cortázar y fue reconstruida posteriormente por Ricardo Bada.
El detalle divertido es que Cortázar había mezclado dos escritores.
Escribió que la colección había sido confiada a un colombiano llamado:
«Eduardo Caballero Bonald».
El problema es que Eduardo Caballero Bonald no existía. El colombiano era Eduardo Caballero Calderón; el escritor español era José Manuel Caballero Bonald.
La dirección postal colombiana que Cortázar proporciona en la propia carta permite despejar la confusión. Pero un mes después volvió a escribir a Porrúa y volvió a llamarlo «Eduardo Caballero Bonald».
Es una pequeña escena lateral, pero deja ver hasta qué punto Cimas de América estaba intentando entrar en las redes literarias del momento: la colección llegó hasta la correspondencia de Cortázar mientras todavía se estaba formando.
Caballero Calderón conocía el poder desde bastante cerca
El nuevo príncipe tampoco fue escrito por un autor completamente apartado de la vida pública.
Caballero Calderón había estudiado Derecho, trabajado en organismos públicos y en el Ministerio de Relaciones Exteriores, ejercido funciones diplomáticas y desarrollado simultáneamente una larga carrera periodística. Durante los años previos a la publicación del ensayo había vivido, entre otros lugares, en Lima y Buenos Aires antes de regresar a Bogotá.
Su relación con política, periodismo y edición terminó siendo constante. Eso ayuda a explicar que su aproximación a Maquiavelo no tenga el tono de un comentario puramente académico.
Lo que le interesa es el comportamiento real del hombre cuando aparecen poder, miedo, propaganda, ambición y presión colectiva.
La propia solapa de esta edición define El nuevo príncipe como una meditación sobre:
«la política y las malas pasiones que la rodean».
Ese subtítulo —Ensayo sobre las malas pasiones— es probablemente la mejor advertencia sobre lo que vamos a encontrar. El libro no pretende descubrir una nueva arquitectura institucional perfecta. Intenta explicar por qué ninguna arquitectura basta cuando quienes la habitan siguen llevando dentro los mismos impulsos.
La edición conservada en Librería5
El ejemplar de Librería5 corresponde a la edición madrileña de 1969 publicada por Editorial Revista de Occidente dentro de Cimas de América.
Su página legal permite fijar directamente:
- Autor
- Eduardo Caballero Calderón
- Título
- El nuevo príncipe
- Subtítulo
- Ensayo sobre las malas pasiones
- Editorial
- Editorial Revista de Occidente, S. A.
- Colección
- Cimas de América
- Lugar
- Madrid
- Edición del ejemplar
- 1969
- Copyright
- © Eduardo Caballero Calderón, 1969
- Primera publicación de la obra
- Editorial Kelly, Bogotá, 1945
- Depósito legal
- M. 6.609 / 1969
- Impresión
- Ediciones Castilla, S. A.
- Dirección de imprenta
- Maestro Alonso, 23, Madrid
- Extensión
- 199 páginas según catalogación bibliográfica
Copyright, editorial, dirección, depósito legal e imprenta constan directamente en nuestro ejemplar. La primera edición bogotana de 1945 y la extensión de la edición de Revista de Occidente se han contrastado con catálogos y documentación bibliográfica externa.
Una portada que parece haber entendido el problema
La cubierta del ejemplar resulta especialmente eficaz vista después de leer las solapas.
No aparece un rey, un dictador ni un político reconocible.
Aparece una sucesión de cabezas prácticamente iguales.
No hemos localizado un crédito que permita atribuir con seguridad el diseño ni sería prudente afirmar qué quiso decir exactamente su autor. Pero la relación visual con la tesis editorial es inevitable: el libro sale a buscar un nuevo príncipe y la cubierta responde con una multitud de rostros.
La imagen además anticipa el problema más incómodo que plantea Caballero Calderón. La amenaza para la individualidad no siempre llega desde un hombre excepcional que exige obediencia. Puede proceder precisamente de la desaparición de las diferencias, de la presión para fundirse con los demás y de un poder que parece no pertenecer a nadie porque está distribuido por todas partes.
¿Ha envejecido el nuevo príncipe?
Algunas categorías del ensayo pertenecen claramente a la cultura política del siglo XX y deben leerse dentro de ella. Su oposición tajante entre cultura y civilización, su desconfianza hacia las masas y determinadas concepciones de la historia responden a un mundo intelectual concreto.
Pero la pregunta que sostiene el libro resulta difícil de archivar.
¿El progreso técnico produce necesariamente progreso humano?
¿Una sociedad con más información forma individuos más libres?
¿El poder se vuelve menos peligroso cuando deja de tener un único rostro?
¿Qué ocurre cuando una persona puede hacer prácticamente todo lo que hace la multitud pero ya no se atreve a hacer nada contra ella?
Caballero Calderón publicó su respuesta en 1945 y decidió devolverla a las librerías en 1969.
- El ejemplar conservado en Librería5: portada, página legal y solapas de la edición de Revista de Occidente de 1969.
- Juan David Murillo Sandoval, estudio sobre Eduardo Caballero Calderón, su actividad editorial en España y la colección Cimas de América, Revista Chilena de Literatura, 2021.
- Estudio académico Eduardo Caballero Calderón: panorámica de su obra ensayística, para la interpretación de El nuevo príncipe y la distinción entre cultura y civilización.
- The Americas, registro de la reseña contemporánea de la primera edición de Editorial Kelly, Bogotá, 1945.
- Ricardo Bada, «Colombia en las cartas de Cortázar», El Espectador, para la correspondencia de 1967 sobre Cimas de América.
- Catálogos bibliográficos españoles para la descripción material de la edición madrileña de 1969.