La biblioteca del título tiene una peculiaridad: prácticamente no hay libros. Hay quince objetos alquímicos dispersos por el mundo y casi novecientos años de robos, ventas, asesinatos y contrabando para reunirlos.
Paul Tomm recibe uno de los encargos más rutinarios que puede recibir un joven periodista: escribir unas líneas sobre la muerte de un antiguo profesor universitario. El muerto se llama Jaan Pühapäev y, en principio, nada indica que su necrológica vaya a ocupar demasiado espacio.
Entonces Paul intenta averiguar quién era. Y descubre que las preguntas más sencillas carecen de respuestas sencillas. El profesor llevaba una vida extraña, su pasado se resiste a ser reconstruido y alrededor de él aparecen antigüedades robadas, personajes internacionales y una colección perdida cuyos orígenes conducen hasta la corte siciliana del siglo XII.
Una muerte demasiado complicada para una necrológica
El punto de partida es deliberadamente modesto.
Paul trabaja en un pequeño periódico de Nueva Inglaterra y todavía está aprendiendo el oficio. No investiga magnicidios ni redes internacionales. Escribe noticias locales.
La muerte del profesor Jaan Pühapäev parece inicialmente pertenecer a esa escala.
Pero el hombre resulta desconcertante.
Era un académico solitario.
Sus compañeros apenas parecen conocerlo.
Su historia personal contiene enormes huecos.
Su comportamiento había sido lo bastante extraño como para producir anécdotas que nadie sabe interpretar.
Y detrás de la existencia modesta que aparentaba llevar empiezan a asomar objetos de enorme valor y relaciones mucho más peligrosas.
La necrológica comienza a convertirse en investigación.
El muerto tiene demasiados secretos
Paul descubre que Pühapäev no encaja bien en ninguna de las categorías disponibles.
Su vida académica no explica su dinero.
Su carácter no explica sus relaciones.
Su pasado no proporciona una biografía limpia.
Incluso resulta difícil determinar qué edad tenía realmente.
La situación se vuelve todavía más inquietante cuando la muerte empieza a producir otras muertes.
El forense relacionado con el caso fallece atropellado antes de que la investigación pueda cerrarse cómodamente.
La coincidencia es demasiado conveniente.
La novela se rompe en dos
Jon Fasman no cuenta esta investigación de manera continua.
Entre los capítulos protagonizados por Paul aparecen otras historias.
Estamos en otro siglo.
Otro país.
Con otras personas.
Y casi siempre aparece un objeto.
Esas interrupciones forman en realidad la segunda columna vertebral de la novela.
Quince objetos pertenecieron originalmente a una misteriosa colección vinculada al cartógrafo de la corte de Sicilia. Después de un robo, las piezas se dispersaron.
Cada una empieza a viajar por la historia.
La biblioteca que no estaba hecha de libros
La palabra «biblioteca» lleva al lector a imaginar manuscritos, códices, mapas y estanterías.
Fasman juega deliberadamente contra esa expectativa.
La biblioteca del cartógrafo es fundamentalmente una colección de objetos alquímicos.
Entre ellos aparecen recipientes, instrumentos, piezas musicales y artefactos de procedencias muy distintas.
Uno de los primeros se presenta como un alambique de vidrio verde.
Otros incluyen instrumentos musicales orientales, piezas de marfil, objetos asociados a tradiciones lejanas y la célebre Tabla Esmeralda dentro de la cosmología alquímica de la novela.
No interesa únicamente qué son.
Interesa dónde han estado.
Cada objeto tiene una biografía
Fasman los presenta de una forma especialmente atractiva.
Primero parecen piezas de museo.
Material.
Dimensiones.
Procedencia.
Propietario conocido.
Valor.
Después la ficha se abre y se convierte en relato.
Un comerciante compra una pieza.
Alguien la roba.
Un coleccionista muere.
El objeto reaparece a miles de kilómetros.
Pasa una generación.
Cambia de nombre.
Vuelve a desaparecer.
Quince caminos que intentan volver a reunirse
Ese sistema produce una estructura poco habitual para un thriller.
La investigación de Paul avanza hacia delante.
Las historias de los objetos saltan continuamente por el tiempo.
Mientras él intenta comprender qué ocurrió recientemente, el lector va reconstruyendo una red que comenzó casi novecientos años antes.
Por eso la novela posee algo de catálogo, algo de colección de relatos y algo de investigación detectivesca.
Quien espere únicamente persecuciones puede encontrar estas interrupciones lentas.
Quien disfrute de la historia de los objetos puede encontrarlas más interesantes que la propia trama contemporánea.
La división de opiniones acompañó al libro desde su publicación.
El cartógrafo detrás de la ficción
La decisión más inteligente de Fasman consiste en colocar todo ese universo alrededor de una persona que sí existió.
Muhammad al-Idrisi fue uno de los grandes geógrafos del siglo XII.
Nació probablemente en Ceuta hacia 1100, estudió y viajó por distintos territorios del Mediterráneo y terminó vinculado a la corte de Roger II de Sicilia.
Allí recibió un encargo gigantesco: reunir información geográfica suficiente para construir una representación actualizada del mundo conocido.
El resultado culminó alrededor de 1154.
Su obra, asociada hoy con la llamada Tabula Rogeriana, fue uno de los grandes productos de la geografía medieval.
Palermo: el lugar perfecto para inventar una biblioteca secreta
La Sicilia de Roger II resulta casi demasiado adecuada para una novela de misterio histórico.
El reino normando se encontraba en el centro del Mediterráneo y acumulaba tradiciones latinas, griegas y árabes.
La corte de Palermo reunió eruditos procedentes de mundos que en otros lugares aparecían enfrentados.
Roger utilizó administradores griegos y árabes y protegió a especialistas de distintas religiones y procedencias.
Al-Idrisi encaja perfectamente en ese ambiente.
Un musulmán trabajando para un rey cristiano y construyendo un mapa del mundo en una corte normanda de Sicilia.
Historia y ficción: dónde está la frontera
Conviene establecerla con claridad.
Al-Idrisi fue realmente cartógrafo de la corte de Roger II.
Su trabajo geográfico es histórico.
La enorme empresa cartográfica desarrollada en Sicilia es histórica.
La colección de quince objetos alquímicos que Fasman coloca en su biblioteca pertenece a la novela.
También pertenecen a la ficción sus poderes y el destino que el escritor construye para ellos.
La mezcla funciona porque el soporte histórico es suficientemente extraordinario para que la invención pueda esconderse detrás.
El gran secreto no es fabricar oro
Cuando pensamos en alquimia aparece inmediatamente una idea: convertir plomo en oro.
Fasman necesita algo mayor.
En la novela, los objetos proceden de una tradición alquímica interesada en distintas formas de transformación.
La materia puede transformarse.
El cuerpo también.
Y entonces aparece la pregunta inevitable.
¿Puede transformarse la duración de una vida?
La biblioteca empieza a sugerir que algunos de esos conocimientos podrían conducir a algo mucho más valioso que cualquier metal.
La vida eterna.
Un libro lleno de muertos que busca la inmortalidad
Ahí aparece una de las ironías más atractivas de la novela.
Cuanto más se acerca la historia a la posibilidad de prolongar la vida, más cadáveres aparecen alrededor de los objetos.
Quienes quieren poseerlos roban.
Traicionan.
Matan.
Desaparecen.
La alquimia podría, en teoría, vencer a la muerte.
La codicia humana se encarga de volver a introducirla.
Entonces cambia la pregunta sobre Pühapäev
Al principio Paul necesita averiguar quién era el profesor.
La lógica de la biblioteca introduce una pregunta más incómoda.
¿Y si el problema no consiste solamente en saber de dónde procedía?
¿Y si también importa saber desde cuándo?
Fasman utiliza esa sospecha para acercar gradualmente las dos narraciones.
Los objetos históricos dejan de ser digresiones.
Empiezan a apuntar hacia el muerto.
Hannah Rowe
Paul conoce durante la investigación a Hannah Rowe, una profesora de música que vivía cerca de Pühapäev y había mantenido con él una relación difícil de precisar.
Ella se convierte simultáneamente en fuente, sospecha y relación sentimental.
Eso coloca a Paul en una posición complicada.
El periodista necesita creer a las personas para que hablen con él.
El investigador necesita desconfiar de lo que le cuentan.
La novela explota continuamente esa tensión.
¿Quién poseía realmente al profesor?
La muerte de Pühapäev empieza a relacionarse con una red internacional donde aparecen contrabandistas, coleccionistas y personas capaces de moverse entre países con mucha más facilidad que el joven reportero.
Paul entra así en un mundo completamente distinto del pequeño periódico.
Una antigüedad valiosa no es únicamente algo que pueda exhibirse.
Puede ser capital.
Puede ser moneda de cambio.
Puede ser prueba.
Y puede ser peligrosa precisamente porque su procedencia permite reconstruir una historia que alguien quiere ocultar.
Contrabando y procedencia
La palabra clave de esta novela podría no ser alquimia, sino procedencia.
En el mercado de antigüedades, conocer la procedencia significa poder reconstruir quién poseyó un objeto y por qué camino llegó hasta nosotros.
En el contrabando sucede exactamente lo contrario.
Hay que romper esa cadena.
Crear propietarios falsos.
Eliminar documentos.
Cambiar países.
Hacer que un objeto robado vuelva a parecer legítimo.
Fasman convierte esa lógica en mecanismo narrativo.
Cartografiar objetos en vez de países
Ahí aparece finalmente el sentido profundo del título.
Al-Idrisi cartografiaba territorios.
Fasman cartografía desplazamientos.
Cada pieza de la biblioteca dibuja una línea imaginaria sobre el mundo.
Sicilia.
Asia.
Rusia.
Europa.
América.
El conjunto de rutas termina formando una especie de segundo mapa.
No representa montañas, ríos o fronteras.
Representa deseo, dinero, violencia y posesión.
Una novela de 2005: el momento del thriller erudito
The Geographer's Library apareció en 2005, en un momento muy concreto de la literatura comercial.
El éxito mundial de las novelas de conspiraciones históricas había convertido códices, sociedades secretas, antigüedades, símbolos y conocimientos prohibidos en materiales perfectos para el thriller.
Fasman pertenece claramente a esa oleada.
Pero el procedimiento es diferente.
La novela no depende únicamente de un gran acertijo que deba resolverse.
Se interesa también por la lenta acumulación de historias.
Eso explica que la crítica estadounidense la comparara indistintamente con Dan Brown, Donna Tartt, Umberto Eco y John Fowles.
No todas esas comparaciones son compatibles.
Precisamente por eso ayudan a entender qué intentaba hacer Fasman: un thriller comercial con una ambición literaria y estructural algo mayor.
El periodista como detective
Paul Tomm tampoco pertenece al modelo clásico del héroe de aventuras.
No es arqueólogo.
No es policía.
No posee conocimientos secretos.
Es un periodista joven que todavía está aprendiendo a hacer preguntas.
Eso convierte su ignorancia en una herramienta narrativa.
Cuando Paul no sabe qué significa un símbolo, el lector puede descubrirlo con él.
Cuando necesita reconstruir una vida, llama a alguien.
Consulta papeles.
Busca antiguos conocidos.
Contrasta versiones.
El gran misterio internacional crece así a partir de procedimientos pequeños.
Jon Fasman también era periodista
La elección resulta todavía más lógica al conocer al autor.
Jon Fasman nació en Chicago en 1975, creció en Washington y estudió en Brown y Oxford.
Antes y después de escribir esta primera novela trabajó como periodista en distintas ciudades, entre ellas Moscú, y colaboró con medios internacionales.
Su carrera posterior quedó especialmente ligada a The Economist.
En *La biblioteca del cartógrafo* se nota esa formación.
El interés no está sólo en encontrar una respuesta.
Está en descubrir qué fuente permite sostenerla.
La crítica se dividió precisamente por los objetos
La recepción resulta curiosa.
Lo que algunos lectores consideran el gran hallazgo de Fasman es exactamente lo que otros consideran su principal defecto.
Las historias intercaladas interrumpen continuamente la trama contemporánea.
Cuando Paul está acercándose a una pista importante, el libro puede abandonarlo y transportarnos a otro siglo para contar cómo una pieza llegó a manos de un mercader.
Para una lectura puramente de thriller eso reduce la tensión.
Para quien disfrute de procedencias, objetos y microhistorias, ésa puede ser precisamente la mejor parte.
El ejemplar conservado en Librería5
Nuestra copia pertenece a la edición de bolsillo española publicada en 2007.
- Título
- La biblioteca del cartógrafo
- Autor
- Jon Fasman
- Título original
- The Geographer's Library
- Primera publicación
- 2005
- Traducción
- Bettina Blanch Tyroller
- Editorial
- Random House Mondadori
- Sello
- DEBOLS!LLO
- Colección
- Bestseller
- Primera edición en DEBOLS!LLO
- Abril de 2007
- ISBN
- 978-84-8346-305-5
- Depósito legal
- B. 11.499-2007
- Impresión
- Litografía Rosés, S. A., Gavà (Barcelona)
Un detalle importante de la traducción
La traducción española está firmada por Bettina Blanch Tyroller.
La edición mantiene el título como La biblioteca del cartógrafo, aunque el original utiliza Geographer, «geógrafo».
La elección tiene lógica comercial y narrativa.
El gran referente histórico es al-Idrisi, recordado sobre todo por su cartografía, y la cubierta española refuerza precisamente ese imaginario mediante mapas e instrumentos.
«Cartógrafo» comunica inmediatamente una imagen que «geógrafo» quizá no habría producido con tanta fuerza.
¿De qué trata realmente el libro?
Puede resumirse como una novela sobre un secreto alquímico.
Eso sería correcto, pero incompleto.
También es una novela sobre la supervivencia de los objetos.
Los seres humanos aparecen, desean, compran, roban y mueren.
Las piezas continúan.
Pueden atravesar guerras.
Cambiar de continente.
Pasar siglos dentro de una familia.
Ser olvidadas y reaparecer.
La biblioteca que una vez estuvo reunida desaparece como espacio físico, pero permanece distribuida por la historia.
Y alguien quiere volver a juntar sus fragmentos.
La paradoja final de la biblioteca
Un mapa intenta fijar el mundo sobre una superficie.
Una biblioteca intenta fijar el conocimiento en un lugar.
La biblioteca de Fasman hace exactamente lo contrario.
Explota.
Sus piezas se dispersan.
Cada una adquiere una historia independiente.
Novecientos años después, el joven Paul Tomm sólo puede comprender lo que está ocurriendo si consigue reconstruir aquellas trayectorias.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- Penguin Random House: The Geographer's Library, sinopsis y datos del autor.
- National Geographic: Muhammad al-Idrisi y su obra cartográfica.
- Publishers Weekly: reseña de la primera edición de The Geographer's Library.
- Casa del Libro: edición española de DEBOLS!LLO.
- Lecturalia: edición española, traducción y sinopsis.