Mucho antes de Freud, los seres humanos ya llevaban milenios intentando responder a la misma pregunta: si soñamos con algo extraño durante la noche, ¿significa algo cuando despertamos?
La interpretación de los sueños, de Luz Tambascio, pertenece a una tradición antiquísima. Su propósito no es estudiar las fases del sueño ni explicar qué zonas del cerebro producen las imágenes nocturnas. Parte de otra posibilidad mucho más antigua y seductora: que los sueños formen un lenguaje simbólico y que, si aprendemos sus correspondencias, podamos descifrar aquello que intentan decirnos.
El libro combina una aproximación histórica al interés humano por los sueños con cuestiones de simbología, números y fortuna y añade finalmente un diccionario construido sobre antiguas tradiciones populares. Leído hoy, resulta interesante precisamente porque ocupa la frontera entre cultura, superstición y psicología popular: un descendiente moderno de los manuales con los que egipcios, griegos y generaciones posteriores intentaron imponer orden sobre una de las experiencias más extrañas de la conciencia.
El sueño como mensaje
La idea fundamental de la interpretación tradicional de los sueños es sencilla: aquello que vemos mientras dormimos no sería un ruido mental desordenado, sino una forma de comunicación que necesita ser traducida. Un animal, una caída, el agua, el fuego, una boda, un viaje o una muerte podrían poseer un significado diferente de su apariencia inmediata. De ahí nace la enorme familia de diccionarios oníricos en los que el lector busca la imagen recordada al despertar y encuentra una interpretación asociada.
La contracubierta de nuestro ejemplar sitúa expresamente el libro dentro de esta tradición. Luz Tambascio se propone recorrer la historia del interés humano por el significado de los sueños y prestar atención a su mensaje, a la simbología de los números y al misterio de la fortuna. Como complemento, incorpora un diccionario basado en «viejas tradiciones populares» y en la forma simbólica de la expresión onírica. No estamos, por tanto, ante un tratado académico de psicología del sueño, sino ante una obra de divulgación esotérica que reúne y organiza creencias transmitidas durante generaciones.
La persistencia de semejantes repertorios resulta comprensible. Los sueños parecen estar construidos precisamente para provocar interpretaciones. Mezclan personas conocidas con lugares imposibles, permiten que un muerto vuelva a hablar, transforman una preocupación banal en una persecución y hacen que acontecimientos absurdos resulten completamente normales mientras estamos dentro de ellos. Al despertar, el cerebro consciente recibe una historia cuyo autor parece haber sido otro y busca inmediatamente una explicación.
Más de tres mil años buscando significados
La práctica es mucho más antigua que cualquier psicología moderna. El British Museum conserva el Papiro Chester Beatty III, procedente del Egipto de la dinastía XIX y fechado aproximadamente hacia 1220 antes de nuestra era. Una de sus caras contiene un verdadero manual de interpretación de sueños. El documento demuestra que, hace más de tres mil años, ya existían repertorios escritos destinados a clasificar lo soñado y asociarlo con consecuencias favorables o desfavorables.
La Antigüedad clásica produjo después una de las obras más extraordinarias de esta tradición: la Oneirocritica de Artemidoro de Daldis, compuesta aproximadamente hacia el año 200. Artemidoro no se limitó a repetir una lista heredada. Afirmaba haber viajado por Grecia, Asia Menor e Italia, consultando intérpretes y recogiendo sueños junto con aquello que supuestamente había sucedido después. Su obra constituye hoy el único gran manual de interpretación onírica conservado de la Antigüedad grecorromana.
Resulta curioso que su procedimiento fuese algo más complejo que muchas versiones modernas del diccionario de sueños. Artemidoro consideraba que no bastaba con saber qué objeto aparecía. La identidad del soñador, su posición social, su profesión, su sexo o las circunstancias de su vida podían modificar la interpretación. Soñar con una misma cosa no necesariamente significaba lo mismo para un esclavo, un comerciante, un atleta o un magistrado.
Esto revela algo importante. La interpretación onírica antigua no fue solamente una colección de supersticiones extravagantes. Era también una forma de ordenar la incertidumbre cotidiana. Enfermedades, viajes, matrimonios, negocios, embarazos, guerras y ascensos sociales podían depender de fuerzas que un individuo controlaba muy poco. El sueño ofrecía la esperanza de recibir información antes de que sucediera aquello que se temía o deseaba.
Freud cambió la pregunta
El título del libro de Luz Tambascio produce inevitablemente otra asociación. En 1899 apareció Die Traumdeutung, fechado editorialmente en 1900 y conocido en español precisamente como La interpretación de los sueños. La obra de Sigmund Freud transformó radicalmente la historia cultural del sueño, aunque no eliminó los viejos diccionarios ni la creencia popular en augurios.
La diferencia fundamental está en la pregunta. La oniromancia tradicional intenta descubrir qué anuncia un sueño o qué significado convencional posee una imagen. Freud desplaza la investigación hacia la mente del propio soñador. El sueño sería una formación psíquica que oculta y transforma deseos, recuerdos y conflictos; su significado no se descubriría consultando simplemente una tabla universal, sino relacionando sus imágenes con las asociaciones del individuo.
El cambio es enorme. Si alguien sueña con una casa, el viejo diccionario puede intentar asignarle una significación relativamente estable. El psicoanalista preguntará qué significa esa casa para esa persona concreta, quién vivía allí, qué recuerda de ella y qué asociaciones despierta. Freud conservó la idea de que detrás de la apariencia del sueño existe algo que debe ser interpretado, pero cambió profundamente aquello que se suponía escondido.
Del significado oculto al cerebro que sueña
La ciencia contemporánea ha vuelto a modificar el enfoque. Los investigadores pueden registrar la actividad cerebral durante el sueño, despertar a una persona en diferentes fases y preguntarle qué estaba experimentando, comparar sueños REM y no REM e incluso estudiar determinadas formas de sueño lúcido. Sabemos hoy que soñar no está limitado exclusivamente a la fase REM, aunque durante ella los relatos suelen ser más largos, vívidos y extraños.
Lo que seguimos sin poseer es una explicación definitiva de por qué soñamos. Existen hipótesis relacionadas con memoria, regulación emocional, simulación de situaciones y actividad espontánea de diferentes circuitos cerebrales. Tampoco existe un diccionario científico universal capaz de afirmar que soñar con agua, una serpiente o perder los dientes tenga necesariamente el mismo significado para cualquier ser humano.
Eso no vuelve irrelevante la interpretación personal. Un sueño puede resultar emocionalmente significativo porque incorpora experiencias recientes, temores, recuerdos y personas importantes para quien lo sueña. La diferencia está en separar esa exploración subjetiva de la afirmación de que existe una correspondencia objetiva y predictiva entre una determinada imagen y un acontecimiento futuro.
Visto desde ahí, el libro de Tambascio adquiere un interés adicional. Su mundo no es el del laboratorio de sueño, sino el de una tradición cultural muchísimo más antigua en la que el sueño es una señal. A principios de los años noventa esas dos formas de entenderlo convivían sin demasiados problemas en las librerías: junto a psicología y divulgación científica continuaban vendiéndose manuales que prometían traducir la simbología nocturna.
Los números, la fortuna y el deseo de saber qué vendrá
La contracubierta incorpora dos palabras que ayudan a comprender el género: «números» y «fortuna». La interpretación popular de los sueños nunca estuvo completamente separada de la adivinación. Si un sueño podía advertir sobre un matrimonio, un viaje o un peligro, también podía ser leído como una señal de buena o mala suerte.
De ahí que distintas tradiciones hayan relacionado las imágenes soñadas con números, apuestas o pronósticos. Lo importante para entender el libro no es determinar si semejantes asociaciones poseen fundamento objetivo, sino reconocer el mecanismo cultural que las produce. El sueño parece información recibida sin haberla solicitado. El soñador desconoce su origen. Precisamente por eso resulta tentador pensar que pueda contener algo que él todavía no sabe despierto.
El salto desde «he soñado algo extraño» hasta «quizá ese sueño me está diciendo algo sobre el futuro» es muy pequeño. Durante milenios, innumerables culturas lo dieron con absoluta naturalidad. Los diccionarios populares son la versión impresa y sistematizada de esa intuición.
Un pequeño diccionario dentro de la colección Arcana
La ubicación editorial del volumen resulta coherente con su contenido. Edicomunicación publicó durante años numerosos títulos dedicados al esoterismo, ocultismo, sociedades secretas, tarot y otras tradiciones de carácter heterodoxo. La interpretación de los sueños aparece integrada en **Arcana**, nombre que ya define bastante bien el territorio en el que la editorial quería situarla.
Los registros bibliográficos de la edición de 1992 confirman una primera edición de junio de ese año, 160 páginas, encuadernación rústica y formato aproximado de 20 × 13 centímetros. La propuesta editorial es deliberadamente accesible: no se trata de un gran estudio histórico ni de una monografía especializada, sino de un manual manejable que puede consultarse después de recordar un sueño.
El diseño de cubierta de Alí Garousi refuerza exactamente esa intención. Sobre un fondo azul verdoso aparecen varios rostros con los ojos cerrados, fragmentados y superpuestos, como si distintas imágenes mentales flotaran unas sobre otras durante el sueño. El título, enorme y rojo, ocupa casi toda la mitad superior. La cubierta no intenta parecer clínica ni académica: promete misterio.
- Título
- La interpretación de los sueños
- Autora
- Luz Tambascio
- Editorial
- Edicomunicación, S. A.
- Colección
- Arcana
- Año
- 1992
- Primera edición
- Junio de 1992
- ISBN
- 84-7672-475-6
- ISBN-13
- 978-84-7672-475-0
- Depósito legal
- B-21450-92
- Páginas
- 160
- Formato
- Rústica, aproximadamente 20 × 13 cm
- Diseño de cubierta
- Alí Garousi
- Impresión
- Limpergraf, S. A., Ripollet (Barcelona)
La vida editorial del título continuó después. Edicomunicación volvió a publicarlo en 2006 con otro ISBN, y posteriormente aparecieron nuevas ediciones bajo otros sellos. Más de treinta años después de nuestro ejemplar, todavía se registran reediciones del libro, prueba de que el viejo deseo de abrir un diccionario por la mañana y averiguar qué significaba lo soñado durante la noche conserva lectores.
Lo más extraño de los sueños quizá sea que creemos en ellos mientras ocurren
Cuando una persona despierta de un sueño absurdo puede reconocer en segundos que nada tenía sentido. Quizá estaba hablando con alguien muerto desde hace veinte años mientras viajaba por una casa que simultáneamente era una estación de tren. Sin embargo, mientras soñaba, todo podía haber resultado perfectamente natural. El cerebro consigue construir una realidad temporal y nosotros entramos en ella sin exigir las comprobaciones que exigiríamos despiertos.
Ésa es una de las razones por las que los sueños han producido tantos sistemas de interpretación. Parecen venir de nosotros y, al mismo tiempo, parecen venir de otro sitio. No decidimos conscientemente qué personaje aparecerá, qué escenario surgirá ni cuál será la siguiente escena. Esa mezcla de intimidad y extrañeza permitió primero atribuirlos a dioses y espíritus, después al destino, más tarde al inconsciente y finalmente convertirlos en objeto de la neurociencia.
La interpretación de los sueños de Luz Tambascio pertenece sobre todo a una de las etapas más antiguas de esa historia: la confianza en que detrás de la imagen existe un mensaje que puede traducirse. La ciencia contemporánea no respalda la existencia de un código universal de símbolos oníricos, pero eso no hace menos interesante el fenómeno cultural. Al contrario: demuestra hasta qué punto hemos necesitado siempre encontrar significado incluso en aquello que nuestra propia mente fabrica mientras dormimos.
Quizá por eso seguimos soñando dos veces. Primero durante la noche. Después, al despertar, cuando intentamos averiguar qué demonios quería decir todo aquello.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- British Museum: Papiro Chester Beatty III y antiguo manual egipcio de sueños.
- Oxford Academic: Artemidoro y la Oneirocritica.
- Library of Congress: Freud y The Interpretation of Dreams.
- PubMed: revisión sobre mecanismos neuronales y funciones de los sueños.
- Agapea: registro bibliográfico de la edición de Edicomunicación de 1992.