La muerte de Ivan Ilich / El diablo / El padre Sergio — León Tolstói

Un juez descubre demasiado tarde que la vida respetable que construyó quizá no merecía ser vivida. Un propietario rural intenta convertirse en esposo ejemplar mientras un deseo antiguo lo arrastra hacia la destrucción. Un aristócrata renuncia al mundo para hacerse santo y termina descubriendo que incluso la santidad puede alimentar el orgullo.

En 1969, la Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV reunió bajo una misma cubierta La muerte de Ivan Ilich, El diablo y El padre Sergio. No forman una trilogía concebida por León Tolstói, pero leídas consecutivamente parecen variaciones de una misma pregunta: ¿qué queda de un hombre cuando se rompe la imagen correcta que había construido de sí mismo?

Nuestro ejemplar es el libro RTV número 34, publicado conjuntamente por Salvat y Alianza Editorial, con prólogo de Guillermo Díaz-Plaja. La página de créditos lo presenta como «edición íntegra especialmente autorizada», y el índice distribuye las tres narraciones en apenas 188 páginas. Es un pequeño volumen popular que contiene algunas de las preguntas más incómodas del Tolstói posterior a su gran crisis espiritual.

Cubierta del libro RTV 34 con tres relatos de León Tolstói
Libro RTV número 34 de la Biblioteca Básica Salvat, publicado en 1969.

Tres relatos del Tolstói que ya no confiaba en las apariencias

Cuando Tolstói escribió estas obras ya era el autor mundialmente célebre de Guerra y paz y Anna Karénina, pero también era un hombre que había comenzado a desconfiar de buena parte de aquello que había dado sentido a su propia existencia. Durante la segunda mitad de la década de 1870 atravesó una profunda crisis sobre la muerte, la fe y el significado de la vida. Había alcanzado prestigio literario, posición social, familia y riqueza, y aun así empezó a preguntarse qué valor podía conservar todo aquello si la muerte acababa convirtiéndolo en nada.

Su respuesta no consistió simplemente en volver a la religión ortodoxa de su infancia. Tolstói desarrolló una interpretación cristiana propia, muy crítica con las instituciones eclesiásticas, la propiedad, la violencia y las convenciones sociales. La literatura que escribió después de esa transformación cambió también. Los grandes escenarios históricos cedieron muchas veces el paso a narraciones más breves donde un individuo aparentemente normal descubre que la moral aceptada por su entorno puede ser una forma de engaño.

Las tres obras que Salvat reunió en este volumen pertenecen a ese territorio. La muerte de Ivan Ilich apareció en 1886; El diablo fue escrito principalmente en 1889; y El padre Sergio ocupó a Tolstói durante los años siguientes. Las dos últimas no fueron publicadas hasta 1911, después de la muerte del escritor. La colección española no las ordena exactamente según su cronología de redacción, pero el resultado posee una coherencia notable: sociedad, deseo y religión aparecen como tres lugares distintos donde el ser humano puede fabricar una mentira sobre sí mismo.

Iván Ilich vive como se supone que debe vivir. Evgueni Irtenev desea como se supone que no debe desear. Sergio renuncia a todo como se supone que sólo puede hacerlo un santo. En los tres casos, Tolstói desconfía de la explicación más cómoda.

La muerte de Ivan Ilich: cuando una vida correcta deja de parecerlo

La muerte de Ivan Ilich comienza casi de la manera más cruel posible: Iván ya ha muerto. Sus compañeros conocen la noticia mientras están ocupados en asuntos profesionales y, antes de que el lector sepa quién era el difunto, ya puede observar cómo algunos calculan qué ascenso o traslado podría producir aquella vacante. La muerte que para un hombre ha significado la desaparición completa de su mundo entra en la vida de los demás como una noticia administrativa.

Tolstói retrocede entonces para reconstruir la existencia de Iván. No estamos ante un monstruo ni ante un gran pecador. Es un funcionario judicial inteligente, sociable y competente que hace aproximadamente aquello que su ambiente espera de él. Progresa profesionalmente, contrae un matrimonio adecuado, aprende a mantener cierta distancia de los problemas domésticos y dedica atención a su posición social y a la decoración de su casa. Precisamente ahí está la trampa: su vida no parece especialmente mala. Parece correcta.

La enfermedad destruye poco a poco esa seguridad. El dolor obliga a Iván a formular una pregunta que antes había conseguido evitar: si está muriendo, ¿ha vivido realmente como debía? Los médicos lo examinan, discuten diagnósticos y reproducen frente a él una frialdad profesional que se parece inquietantemente a la que el propio Iván había practicado como magistrado. Su familia también necesita que mantenga la ficción de una enfermedad curable porque aceptar la muerte significaría reconocer una realidad que desordena completamente la vida cotidiana.

La gran excepción es Guerásim, el criado campesino. No necesita inventar falsas esperanzas y puede acompañar físicamente al moribundo porque acepta con naturalidad algo que la sociedad educada intenta esconder: todos acabarán pasando por aquello. Esa diferencia ha permitido que la novela siga apareciendo en estudios contemporáneos de medicina y cuidados paliativos. Tolstói no escribió un manual para médicos, pero comprendió con una precisión extraordinaria que uno de los mayores sufrimientos del enfermo puede ser quedar rodeado de personas incapaces de hablar sinceramente de su muerte.

Lo que comienza como descripción de una enfermedad termina así en juicio sobre una existencia. Iván no descubre que cometiera un crimen oculto, sino algo quizá más inquietante: que puede haberse equivocado obedeciendo exactamente a las normas que todos consideraban razonables. La enfermedad convierte en sospechoso el éxito social.

El diablo: el deseo que Tolstói conocía demasiado bien

El diablo desplaza el conflicto desde la muerte hacia la sexualidad. Evgueni Irtenev hereda una propiedad endeudada y decide administrarla con responsabilidad. Antes de casarse mantiene relaciones con Stepánida, una campesina cuyo marido pasa temporadas fuera. Cuando aparece Liza, Evgueni rompe aquella relación, forma una familia y parece haber ordenado definitivamente su vida. El problema es que el deseo no acepta el mismo calendario moral que sus decisiones.

La reaparición de Stepánida convierte lo que parecía un episodio cerrado en obsesión. Evgueni empieza a experimentar su propio deseo como una fuerza ajena, casi como si otra voluntad hubiese penetrado en él. De ahí procede el título. El «diablo» no necesita presentarse con cuernos ni intervenir sobrenaturalmente: puede ser la imposibilidad de conseguir que el cuerpo obedezca a la identidad respetable que el personaje pretende mantener.

En este relato la relación con la biografía de Tolstói es especialmente incómoda. Los estudiosos han señalado que la historia recoge parte de su propia experiencia juvenil y de su atracción por una campesina llamada Aksinia Bazykina. No significa que Evgueni sea simplemente Tolstói con otro nombre: la narración también incorporó otros materiales y casos conocidos por el escritor. Pero la violencia psicológica con que describe la lucha entre deseo, matrimonio, culpa y autocontrol no nació únicamente de una especulación abstracta.

La historia permaneció inédita durante la vida de Tolstói y apareció póstumamente en 1911. El escritor volvió sobre ella incluso veinte años después de su primera redacción y preparó una variante del desenlace. Esa existencia de dos finales es significativa porque ambos conducen hacia una destrucción distinta y, sin embargo, conservan la misma idea central: Evgueni no consigue integrar lo que desea con la imagen de hombre honorable que necesita conservar.

El lector se encuentra así con uno de los Tolstói menos tranquilizadores. No basta con casarse, trabajar y querer actuar correctamente. La voluntad puede saber perfectamente qué considera bueno y aun así descubrir que una parte de sí misma no está dispuesta a obedecer.

El padre Sergio: cuando hasta la santidad puede convertirse en vanidad

Stepán Kasatski parece comenzar justo donde Evgueni fracasa: renunciando. Es un aristócrata brillante, oficial del ejército y hombre destinado a una gran carrera. Poco antes de casarse descubre que su prometida había sido amante del zar Nicolás I. La humillación destruye su proyecto de vida y Kasatski abandona el ejército para ingresar en un monasterio.

Sería fácil presentar aquello como una conversión perfecta, pero Tolstói introduce inmediatamente una sospecha. Kasatski posee una fe sincera, aunque mezclada con la misma ambición que antes orientaba su carrera mundana. Si no puede ser el mejor oficial, puede convertirse en el monje más disciplinado; si renuncia al prestigio social, corre el riesgo de sentirse superior precisamente por haber renunciado a él. El orgullo sobrevive cambiando de uniforme.

La lucha se hace visible en la célebre escena de la tentación. Convertido ya en ermitaño, Sergio recibe la visita de una mujer que pretende seducirlo y, para dominarse, llega a mutilarse un dedo. El gesto extremo aumenta todavía más su fama de santidad. Con el paso del tiempo, enfermos y peregrinos empiezan a buscarlo y Sergio descubre que la reputación religiosa puede resultar tan seductora como la posición social que había abandonado.

Ahí reside una de las intuiciones más duras del relato: una persona puede hacer externamente todo lo que parece virtuoso y seguir trabajando secretamente para su propio ego. El asceta puede disfrutar de ser conocido como asceta; el humilde puede sentirse orgulloso de su humildad; incluso una renuncia auténtica puede terminar transformada en espectáculo.

La caída posterior de Sergio destruye esa identidad y lo obliga a buscar una forma de vida mucho menos visible. Tolstói contrapone finalmente la espectacularidad del santo famoso a personas que cumplen pequeños deberes sin imaginar que estén realizando nada extraordinario. La verdadera renuncia quizá sólo comienza cuando ya no queda nadie delante de quien representar el papel del hombre que ha renunciado.

Aunque El diablo y El padre Sergio se publicaron después de la muerte de Tolstói, no son obras marginales en sus preocupaciones. Ambas llevan al extremo conflictos que ocupaban directamente al escritor: sexualidad, voluntad, orgullo y dificultad de vivir según unas convicciones morales que él mismo se imponía con enorme rigor.

El libro RTV 34 y una biblioteca que quería entrar en todas las casas

En 1969 estas tres historias llegaron juntas a un público español muy distinto del que había conocido sus primeras ediciones rusas. La Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV había nacido como un proyecto de difusión masiva de la lectura. La propia página de créditos de nuestro ejemplar explica que el Ministerio de Información y Turismo convocó un concurso entre editores privados y que la propuesta conjunta de Salvat y Alianza Editorial resultó elegida. Radio Nacional de España y Televisión Española prestaron apoyo a la colección, de donde procede la denominación «Libros RTV».

El propósito no era reunir sólo grandes novelas. Los cien títulos mezclaron literatura clásica y contemporánea con historia, ciencias, arte, cine, gastronomía y otras materias de divulgación. Tolstói aparece en el número 34, entre Visado para el futuro de Luis Miravitlles y las tragedias Áyax, Antígona y Edipo Rey de Sófocles. Esa convivencia explica bastante bien qué significaba entonces «biblioteca básica»: ofrecer al lector doméstico una muestra manejable de muchos campos del conocimiento y de la cultura.

Nuestro volumen conserva perfectamente aquella identidad gráfica. La cubierta no intenta vender a Tolstói mediante un retrato del escritor, un moribundo, un demonio o un monasterio. Utiliza el sistema visual de toda la serie: fondo claro, formas geométricas, un gran bloque rojizo, el número de entrega y los títulos alineados como parte de una colección reconocible. El protagonista material es casi tanto la Biblioteca Básica Salvat como el propio autor.

El índice confirma el esfuerzo de condensación. Tras el prólogo de Guillermo Díaz-Plaja, que comienza en la página 7, La muerte de Ivan Ilich empieza en la 15; El diablo, en la 83; y El padre Sergio, en la 137. En menos de doscientas páginas quedaban reunidos tres textos procedentes de momentos diferentes de la última etapa de Tolstói.

Una edición de 1969 que no debe confundirse con las Salvat posteriores

El ejemplar de Librería5 lleva © 1969 de Salvat Editores y Alianza Editorial, depósito legal M. 26.219-1969 e impresión de Altamira Rotopress, S. A., en Madrid. La página legal añade en grandes caracteres «Edición íntegra especialmente autorizada para Biblioteca Básica Salvat». Los registros bibliográficos coincidentes atribuyen al volumen unas 188 páginas y formato de aproximadamente 19 centímetros.

Hay que tener cuidado al buscarlo porque Salvat reutilizó muy pronto exactamente la misma combinación de tres títulos. La Biblioteca Nacional registra ediciones de 1970 y 1971 en las que aparece José Laín Entralgo como traductor del ruso y Arturo Uslar-Pietri como prologuista. Esas ediciones pertenecen ya a otra numeración de la Biblioteca Básica Salvat y aparecen como volumen 23, no como libro RTV 34.

La diferencia es especialmente importante para catalogar nuestro ejemplar. Aquí el prólogo está atribuido inequívocamente a Guillermo Díaz-Plaja, pero las páginas observadas no identifican al traductor. No sería correcto completar el hueco utilizando el nombre de Laín Entralgo sólo porque una edición posterior de Salvat utilice su traducción. Cuando un libro ha tenido varias vidas editoriales casi idénticas, la ausencia de un dato también forma parte de la descripción correcta.

Cubierta de La muerte de Ivan Ilich, El diablo y El padre Sergio
La cubierta mantiene el diseño normalizado de los Libros RTV y señala claramente el número 34 de la colección.
Títulos
La muerte de Ivan Ilich, El diablo y El padre Sergio
Autor
León Tolstói
Editoriales
Salvat Editores, S. A. y Alianza Editorial, S. A.
Colección
Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV
Número
34
Año
1969
Prólogo
Guillermo Díaz-Plaja
Extensión
188 páginas según los registros bibliográficos coincidentes
Depósito legal
M. 26.219-1969
Impresión
Altamira Rotopress, S. A., Padre Damián, 19, Madrid
Edición
«Edición íntegra especialmente autorizada para Biblioteca Básica Salvat»
Índice
Prólogo, p. 7; La muerte de Ivan Ilich, p. 15; El diablo, p. 83; El padre Sergio, p. 137
Traductor
No indicado en las páginas de nuestro ejemplar utilizadas para la catalogación
ISBN
No figura en las páginas observadas del ejemplar
Peculiaridad bibliográfica
No debe confundirse con las posteriores ediciones Salvat de las mismas tres obras, que cambiaron de prólogo, acreditaron traducción y ocuparon otra posición en la colección.

La edición de 1969 produjo sin proponérselo una lectura especialmente eficaz del último Tolstói. El magistrado, el propietario y el monje pertenecen a mundos diferentes, pero cada uno intenta convertirse en aquello que considera correcto. Iván alcanza respetabilidad; Evgueni, matrimonio y estabilidad; Sergio, renuncia y prestigio espiritual. Tolstói espera hasta que esas identidades parecen consolidadas y después empieza a desmontarlas.

Quizá por eso los tres textos caben tan bien bajo una misma cubierta. No hablan solamente de muerte, deseo o religión. Hablan del peligro de confundir una vida bien representada con una vida verdadera. En un librito popular de 1969, pensado para circular por miles de hogares españoles, Salvat terminó reuniendo tres maneras distintas de formular la misma sospecha.

Fuentes utilizadas para contextualizar la obra