La romana — Alberto Moravia

Una prostituta romana cuenta su propia historia mientras, casi al fondo de la escena, el fascismo convierte las relaciones entre deseo, dinero y poder en algo bastante más peligroso.

Cuando Alberto Moravia publicó La romana en 1947 tomó una decisión poco habitual en su obra anterior: dejó que una joven de extracción popular hablara por sí misma. Adriana no aparece observada desde fuera por un narrador culto. Es ella quien recuerda, juzga y trata de comprender cómo pasó del deseo bastante sencillo de casarse y tener una casa a una vida que nunca había imaginado.

Ese cambio de voz fue suficientemente importante para que la crítica italiana haya situado aquí el comienzo de una nueva etapa de Moravia. Nuestro ejemplar pertenece a la colección Libros Reno de Ediciones G.P. y está fechado inequívocamente en 1974.

La romana de Alberto Moravia, Ediciones G.P., 1974
Página de título del ejemplar conservado en Librería5.

Adriana cuenta su propia caída

Adriana pertenece a una familia humilde y vive con una madre que contempla la belleza de su hija, ante todo, como una posible salida económica. La joven comienza posando desnuda para pintores. Ella, sin embargo, imagina para sí un destino bastante convencional: matrimonio, hijos y una casa.

El primer golpe serio contra ese proyecto llega a través de Gino, el hombre con quien espera casarse. A partir de ahí la relación entre amor, sexo y dinero empieza a desordenarse. Adriana termina entrando en la prostitución, pero Moravia evita construirla como simple víctima pasiva o como figura moralizante.

La paradoja central consiste precisamente en que algunos de los personajes socialmente respetables que la rodean resultan moralmente mucho más turbios que ella.

Adriana ocupa una posición social despreciada, pero conserva una capacidad de afecto y una claridad moral que Moravia niega repetidamente a personajes más educados, poderosos o respetables.

Una mujer popular hablando en primera persona

La romana tiene un lugar particular dentro de la obra de Moravia. Treccani señala que con esta novela utiliza por primera vez a una mujer de extracción popular como protagonista y recurre a la narración en primera persona para organizar todo el relato desde su conciencia.

La diferencia no es solamente técnica. Moravia había construido buena parte de su primera obra alrededor de la burguesía y de su incapacidad moral. Adriana permite observar ese mismo mundo desde abajo.

Sus clientes, amantes y conocidos pertenecen a posiciones sociales muy distintas. Al pasar de uno a otro, el cuerpo de Adriana se convierte involuntariamente en un lugar donde se cruzan dinero, deseo, violencia, política y poder.

El fascismo que casi no necesita nombrarse

La novela transcurre en la Roma de Mussolini. Sin embargo, Adriana no es una militante y tampoco posee una formación política que permita a Moravia convertirla en portavoz de un discurso antifascista.

El régimen aparece de una manera más incómoda: forma parte de la vida cotidiana. Uno de los hombres decisivos en la historia es Astarita, funcionario de la policía política; otro es Mino, un joven relacionado con la oposición antifascista.

El resultado es que la política no ocupa siempre el primer plano, pero modifica las posibilidades de los personajes. La autoridad puede utilizar información, miedo y dependencia personal; la resistencia política, por su parte, tampoco convierte automáticamente a nadie en héroe.

El traductor William Weaver resumió bien esta característica al señalar que el fascismo puede mencionarse relativamente poco y, sin embargo, sentirse en la atmósfera completa de la novela.

Un nombre tomado de la propia familia de Moravia

Existe una pequeña curiosidad que conviene manejar con cuidado. La protagonista se llama Adriana, exactamente como Adriana Pincherle, hermana mayor de Alberto Moravia y posteriormente pintora reconocida.

Treccani menciona expresamente esa coincidencia al estudiar los nombres elegidos por el escritor para sus personajes.

Que Moravia utilizara el nombre de su hermana no significa que Adriana Pincherle fuese el modelo biográfico de la prostituta de la novela. Lo documentado es la elección del nombre; convertir esa coincidencia en identificación entre persona y personaje sería ir más allá de las fuentes.

De Adriana a Gina Lollobrigida

El éxito de la novela tuvo pronto una consecuencia cinematográfica. En 1954 La romana llegó al cine dirigida por Luigi Zampa, con Gina Lollobrigida en el papel de Adriana.

La adaptación resulta especialmente interesante por quienes participaron en el guion: Alberto Moravia trabajó junto a Zampa, Giorgio Bassani y Ennio Flaiano. No se trató, por tanto, simplemente de que un productor comprara una novela de éxito y la transformara sin intervención del autor.

La propia interpretación de Lollobrigida se convirtió en uno de los elementos centrales de la recepción de la película y terminó fijando visualmente a Adriana para una parte considerable del público.

El ejemplar de Librería5

La página legal de nuestra copia permite identificar la edición con bastante detalle. El copyright español y el depósito legal corresponden a 1974.

Título
La romana
Autor
Alberto Moravia
Título original
La romana
Traducción
Francisco J. Alcántara
Portada
J. Palet
Editorial
Ediciones G.P.
Colección
Libros Reno
Año
1974
ISBN
84-01-43021-6
Depósito legal
B. 27.926-1974
Distribución
Plaza & Janés, S. A.
Impresión
Gráficas Guada, S. A.

1974 o 1975: cuando el ejemplar resuelve el catálogo

Algunos catálogos de libros usados atribuyen al mismo ISBN ejemplares fechados en 1975 y ofrecen incluso pequeñas diferencias en la paginación. Otros identifican correctamente una edición de 1974.

En nuestro caso la incertidumbre puede resolverse sin recurrir a ninguna reconstrucción: la propia página legal imprime © Ediciones G.P., 1974 y un depósito legal terminado igualmente en 1974.

Es uno de esos casos modestos pero útiles en los que conservar y examinar el objeto físico resulta más fiable que copiar una ficha bibliográfica de Internet.

Una novela sobre la inocencia en un mundo poco inocente

Treccani sitúa a Adriana entre los personajes socialmente débiles sobre los que Moravia estudió repetidamente el ataque contra la inocencia. Eso explica por qué La romana sigue siendo algo más que una novela sobre prostitución.

Adriana comete errores, desea dinero, acepta compromisos y no posee una superioridad intelectual sobre quienes la rodean. Su diferencia es otra: continúa intentando establecer vínculos humanos dentro de un mundo donde casi todos convierten esos vínculos en relaciones de intercambio, dominación o conveniencia.

Ahí reside probablemente una de las razones de la larga vida del libro: la mujer que la sociedad considera moralmente caída termina sirviendo a Moravia para juzgar la moral de la sociedad que la rodea.

Fuentes principales utilizadas para contextualizar la obra