Un manuscrito medieval, nueve caballeros bajo el Templo de Salomón, una bibliotecaria asesinada en París y una hermandad que afirma haber sobrevivido durante siglos. Pero en La serpiente roja hasta el nombre del autor forma parte, de algún modo, del juego.
París, abril de 2006. Madeleine Tibaux, responsable de manuscritos antiguos de la Biblioteca Nacional de Francia, aparece asesinada después de haber descubierto un extraño legajo. Antes de morir había transmitido parte de la información al periodista Pierre Blanchard. Entre los documentos aparece un símbolo inquietante: una serpiente dibujada en rojo.
La investigación de Blanchard y de la historiadora Margaret Towers los arrastra hacia una historia mucho más antigua: Bernardo de Claraval, los primeros caballeros del Temple, el supuesto legado de la Casa de David, el Arca de la Alianza y una organización clandestina que habría sobrevivido a la destrucción oficial de los templarios. Peter Harris mezcla hechos históricos con documentos dudosos, falsificaciones modernas y leyendas neotemplarias hasta hacer difícil distinguir dónde termina el archivo y dónde empieza la conspiración.
Una investigación que empieza con un cadáver y termina atravesando siglos
La estructura de la novela responde al modelo del gran thriller histórico de conspiraciones: un crimen contemporáneo sirve para abrir una puerta hacia acontecimientos que parecían definitivamente enterrados. Madeleine Tibaux no muere por casualidad. Su trabajo en la Biblioteca Nacional de Francia la había puesto frente a un legajo capaz de alterar la interpretación de una historia que comienza mucho antes que ella.
Pierre Blanchard entra inicialmente en el asunto como periodista. Le atrae una buena exclusiva y posee esa mezcla de ambición y curiosidad que permite lanzarlo hacia una investigación que cualquier persona prudente abandonaría. Margaret Towers ocupa casi la posición contraria. Como historiadora se muestra mucho más desconfiada ante las genealogías imposibles, las sociedades milenarias y las supuestas revelaciones templarias que aparecen constantemente en libros y revistas.
La tensión entre ambos proporciona al lector dos maneras de enfrentarse al misterio. Blanchard quiere averiguar qué hay detrás del documento porque sospecha que puede contener una historia extraordinaria. Towers quiere desmontarlo porque conoce demasiado bien la facilidad con la que una leyenda reciente puede adquirir apariencia medieval después de repetirse durante unos cuantos años.
Ese contraste resulta especialmente útil porque la propia novela está construida sobre materiales de naturaleza muy diferente. Hay personajes y acontecimientos plenamente históricos; hay tradiciones posteriores cuya autenticidad es muy discutida; y hay, naturalmente, elementos creados por el novelista para conectar todos ellos.
1114: antes de que el Temple fuese el Temple
La novela retrocede hasta Troyes en 1114 y coloca un inquietante manuscrito en manos de Bernardo de Claraval. La fecha es deliberadamente sugestiva porque se encuentra justo antes del nacimiento histórico de la Orden del Temple.
Los primeros templarios aparecen en las fuentes alrededor de 1119 o 1120, reunidos en torno a Hugues de Payns. Su misión declarada consistía en proteger a los peregrinos cristianos que viajaban por Tierra Santa. Balduino II de Jerusalén les permitió instalarse en dependencias situadas junto al lugar identificado por los cruzados con el antiguo Templo de Salomón; de ahí procedió el nombre por el que acabarían siendo conocidos.
La tradición medieval habla de un núcleo inicial de nueve caballeros. Eso proporciona al novelista una imagen casi irresistible: nueve hombres viviendo durante años junto a uno de los lugares más cargados de historia religiosa del mundo. ¿Qué hacían realmente allí?
La respuesta histórica es mucho menos espectacular que la legendaria. Las fuentes los relacionan con la protección de peregrinos y con la formación de una nueva comunidad religiosa y militar. La idea de que pasaron esos años excavando secretamente bajo el recinto del antiguo templo en busca de reliquias, tesoros o documentos pertenece a reconstrucciones posteriores y a la ficción.
Peter Harris convierte precisamente ese vacío en posibilidad narrativa. Si aquellos hombres estuvieron instalados junto al Monte del Templo, si eran pocos y si los primeros años de la orden están peor documentados que su expansión posterior, el novelista puede introducir bajo la piedra aquello que necesita para explicar los acontecimientos de nueve siglos después.
Bernardo de Claraval: historia real, cronología desplazada
Bernardo de Claraval sí fue fundamental para el desarrollo del Temple, pero no exactamente del modo que algunas versiones populares han simplificado. Su apoyo contribuyó de forma decisiva a legitimar la nueva figura del monje-guerrero y estuvo relacionado con el proceso que culminó en el Concilio de Troyes de 1129, donde se proporcionó una regla a la orden y se reforzó su reconocimiento eclesiástico.
Por eso la elección de Troyes y Bernardo funciona tan bien como prólogo de una conspiración templaria. Harris toma una relación histórica auténtica y desplaza hacia 1114 un acontecimiento secreto ficticio. La cronología conocida queda intacta en la superficie, mientras debajo de ella se supone que ha comenzado otra historia que sólo conocerán unos pocos.
Éste es uno de los mecanismos más eficaces del thriller histórico: no negar necesariamente lo que sabemos, sino afirmar que detrás de los hechos documentados ocurrió además otra cosa.
El Temple murió; la leyenda empezó a vivir
La historia documentada de la orden tiene un final reconocible. A comienzos del siglo XIV, Felipe IV de Francia impulsó la persecución de los templarios. El papa Clemente V acabó suprimiendo la orden en 1312 y Jacques de Molay, su último gran maestre, murió en París en 1314.
Pero la desaparición institucional dejó una pregunta enormemente fértil para la imaginación posterior: ¿desaparecieron realmente todos?
A partir de ahí proliferaron relatos sobre supervivientes, tesoros escondidos, conocimientos secretos, vínculos con la masonería, descendencias ocultas y órdenes que habrían continuado clandestinamente durante siglos. Muchos documentos empleados para demostrar esas continuidades aparecieron centenares de años después de los hechos que pretendían describir.
La novela utiliza ese material de forma muy consciente. Su organización secreta, Oficus o Hermandad de la Serpiente, representa una especie de Temple subterráneo que habría sobrevivido tras la destrucción pública de la orden. La narración enlaza la muerte de Felipe IV y Clemente V, la figura de Jacques de Molay, el final de la monarquía francesa y acontecimientos revolucionarios dentro de una cadena de venganzas transmitida durante generaciones.
La idea histórica de una única organización templaria funcionando clandestinamente y sin ruptura desde el siglo XIV hasta la época contemporánea no está demostrada. Pero precisamente por eso se convirtió en uno de los grandes mitos modernos del Temple.
Larmenius y un documento demasiado perfecto
Uno de los nombres que aparecen alrededor de esa supuesta continuidad es Larmenius. La llamada Carta de Larmenius pretende haber sido escrita en 1324 y afirma que Jacques de Molay transmitió secretamente el maestrazgo templario a Jean-Marc Larmenius antes de morir.
El problema es que el documento sólo apareció públicamente muchos siglos después. Su lenguaje, su transmisión y la inexistencia de pruebas contemporáneas han llevado a numerosos historiadores a considerarlo una falsificación moderna destinada a proporcionar una genealogía antigua a organizaciones neotemplarias posteriores.
Para una novela es un material magnífico. Una falsificación histórica posee algo que un documento completamente inventado no tiene: ha existido físicamente, ha sido leído, discutido, defendido y utilizado por personas reales. El novelista sólo necesita preguntar qué sucedería si detrás de aquella falsificación hubiese escondida una pequeña parte de verdad.
La auténtica Serpiente Roja de la Biblioteca Nacional de Francia
La ficción posee además un eco documental especialmente curioso. En 1967 fue depositado en la Biblioteca Nacional de Francia un pequeño texto titulado Le Serpent rouge, atribuido a Pierre Feugère, Louis Saint-Maxent y Gaston de Koker. El catálogo de la propia BnF conserva todavía su ficha.
El documento pertenece al universo de Rennes-le-Château, genealogías secretas y símbolos asociados posteriormente a la leyenda del Priorato de Sion. Ese mismo año aparecieron también los famosos Dossiers secrets d'Henri Lobineau.
Durante décadas esos papeles fueron presentados por determinados autores como si documentaran una sociedad secreta antiquísima. Sin embargo, la propia Biblioteca Nacional francesa identifica hoy a Pierre Plantard como inventor del Prieuré de Sion en 1956 y como responsable, junto con Philippe de Chérisey, de parte de aquellos documentos.
El dato cambia completamente la perspectiva. El archivo existe. El papel existe. La fecha de depósito existe. Lo que no se sigue de ello es que la sociedad medieval descrita por ese material hubiese existido realmente.
Harris utiliza precisamente ese tipo de incertidumbre. El asesinato de una especialista en manuscritos de la Biblioteca Nacional francesa no se limita a proporcionar un escenario prestigioso. Coloca el misterio en uno de los lugares donde una falsificación puede adquirir la apariencia más poderosa de autenticidad: un archivo real.
La Casa de David y el Arca de la Alianza
La investigación de Pierre Blanchard y Margaret Towers termina ampliándose desde los templarios hacia dos de las grandes imágenes de la tradición bíblica: la Casa de David y el Arca de la Alianza.
Para la novela, la serpiente roja identifica una organización encargada de proteger un linaje relacionado con la antigua realeza de Israel. Esa idea permite conectar genealogía, religión y poder político: si una determinada descendencia hubiese logrado sobrevivir secretamente durante milenios, su existencia podría adquirir consecuencias religiosas y simbólicas extraordinarias.
La búsqueda del Arca cumple una función semejante. Pocas reliquias ofrecen una combinación tan potente de texto bíblico, desaparición histórica y posibilidades legendarias. Sabemos qué papel desempeña dentro de la tradición bíblica; no sabemos qué ocurrió materialmente con ella después de determinados momentos de la historia antigua.
Esa ausencia de respuesta convierte el Arca en un objeto perfecto para el thriller. No hace falta demostrar que fue ocultada por templarios. Basta con que su destino histórico permanezca suficientemente abierto para que la ficción pueda construir una ruta posible.
Una novela que sabe que los templarios estaban de moda
La serpiente roja apareció en enero de 2008, dentro de un momento editorial en el que templarios, sociedades secretas, evangelios ocultos y linajes sagrados se habían convertido en una verdadera industria narrativa.
Lo interesante es que el propio libro lo reconoce. Pierre Blanchard entiende inmediatamente el atractivo comercial de cualquier historia relacionada con templarios. Margaret Towers, en cambio, se muestra cansada de la cantidad de pseudohistoria, leyendas y teorías fantásticas que han terminado adhiriéndose a la orden medieval.
Harris consigue así introducir dentro de la novela una pequeña crítica al género al que la propia novela pertenece. La historiadora actúa como control de calidad: obliga a diferenciar un documento medieval de una recreación moderna y recuerda constantemente que una historia atractiva no se vuelve verdadera sólo porque encaje bien.
Esa tensión es probablemente más interesante que intentar decidir si el libro «cree» o no en todas sus conspiraciones. Como thriller necesita que algunas resulten ciertas dentro de su mundo narrativo; como novela escrita por un historiador, también disfruta mostrando lo fácil que es fabricar continuidad donde el archivo sólo ofrece fragmentos.
Peter Harris tampoco era exactamente quien parecía
Y aquí aparece la curiosidad que transforma la lectura desde la propia portada. El libro está firmado por Peter Harris, presentado durante años editorialmente como un autor estadounidense nacido en California, formado en arqueología y sociología en UCLA y vinculado a la investigación de archivos vaticanos.
Pero Peter Harris es el seudónimo literario del historiador español José Calvo Poyato, nacido en Cabra, Córdoba, en 1951. La Biblioteca Nacional de España vincula ambas identidades y diversos estudios académicos han analizado ya el artificio autorial.
Calvo Poyato es doctor en Historia Moderna y ha dedicado buena parte de su investigación al final de la Casa de Austria, la llegada de los Borbones y el siglo XVIII español. Paralelamente desarrolló una amplia producción de novela histórica.
La identidad de Harris permitió crear una línea narrativa algo distinta: thrillers internacionales, sociedades secretas, códigos, archivos y conspiraciones históricas. El enigma Vivaldi, La conspiración del templo, El círculo Octogonus y La serpiente roja pertenecen a ese universo.
El ejemplar conservado en Librería5
Nuestro ejemplar posee además una peculiaridad bibliográfica. La página legal dice expresamente «Primera edición: enero, 2008» y la cubierta incorpora un destacado rótulo «INÉDITO». La novela apareció, por tanto, directamente en esta edición de DEBOLS!LLO antes de que Plaza & Janés publicara posteriormente una versión en cartoné.
La edición pertenece a la línea Best Seller y los catálogos bibliográficos la sitúan también dentro de la Biblioteca Peter Harris. La portada utiliza una fotografía nocturna de Notre-Dame y del Sena, un motivo especialmente apropiado para una historia cuya investigación contemporánea comienza en París.
- Título
- La serpiente roja
- Autor acreditado
- Peter Harris
- Autor real
- José Calvo Poyato, bajo seudónimo
- Editorial
- DEBOLS!LLO / Random House Mondadori
- Colección
- Best Seller / Biblioteca Peter Harris
- Edición
- Primera edición, enero de 2008
- ISBN
- 978-84-8346-527-1
- Depósito legal
- B. 51.068-2007
- Diseño de portada
- Departamento de Diseño de Random House Mondadori / Yolanda Artola
- Fotografía de portada
- Notre-Dame y río Sena, Jerry Driendl / Taxi / Getty Images
- Fotocomposición
- Zero pre impresión, S. L.
- Impresión
- Litografía Rosés, S. A., Gavà (Barcelona)
Cuando termina la historia y empieza la leyenda
Los templarios existieron. Bernardo de Claraval existió. Jacques de Molay murió en la hoguera. Felipe IV persiguió a la orden. Clemente V la suprimió.
Después aparece otra historia.
Una carta afirma que el maestrazgo continuó clandestinamente. Un documento depositado siglos después habla de linajes secretos. Una sociedad creada en el siglo XX asegura proceder de la Edad Media. Un novelista recoge esos fragmentos y pregunta qué pasaría si algunos de ellos hubieran ocultado realmente algo.
Eso es, en buena medida, La serpiente roja: no una demostración de que la gran conspiración templaria existiera, sino una novela construida sobre la extraordinaria facilidad con la que los silencios de la historia producen leyendas.
Y quizá el detalle más apropiado sea que el propio Peter Harris resulte formar parte de ese juego. Abrimos un libro atribuido a un arqueólogo estadounidense llamado Peter Harris y terminamos descubriendo detrás de él a un historiador cordobés llamado José Calvo Poyato.
En una novela de documentos secretos, hasta la firma de la portada tenía otra historia detrás.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- Biblioteca Nacional de España: registro de Peter Harris y relación con José Calvo Poyato.
- Estudio académico sobre la novela templaria contemporánea y La serpiente roja.
- Bibliothèque nationale de France: registro de Le Serpent rouge, 1967.
- Bibliothèque nationale de France: registro histórico del Prieuré de Sion.
- European Templar Route: Concilio de Troyes, Hugues de Payns y Bernardo de Claraval.
- Registro bibliográfico de la edición DEBOLS!LLO de 2008.