Los inmigrantes — Howard Fast

En 1906 un terremoto destruye San Francisco y mata a los padres de Dan Lavette. Veintitrés años después, otro terremoto, esta vez financiero, amenaza con destruir todo lo que el muchacho ha conseguido levantar desde aquellas ruinas.

Los inmigrantes está construida entre esas dos catástrofes. En medio cabe una versión entera del sueño americano: un hijo de inmigrantes que empieza entre barcos de pesca, crea una empresa naviera, entra en los círculos de los millonarios de San Francisco, diversifica sus negocios y acaba participando en la euforia bursátil de los años veinte.

Howard Fast no utiliza ese ascenso simplemente para contar cómo un pobre se hace rico. Cuanto más alto llega Dan Lavette, más difícil resulta saber si está conquistando la sociedad que lo despreciaba o convirtiéndose en prisionero de ella. Nuestro ejemplar pertenece a la colección Gran Reno y fue publicado en España en 1980, tres años después de que la novela original se convirtiera en uno de los grandes éxitos comerciales de Fast.

Los inmigrantes de Howard Fast, edición Gran Reno
Los inmigrantes, de Howard Fast, en la edición española de Gran Reno publicada en 1980.

De las ruinas de 1906 al imperio de Dan Lavette

Dan Lavette pertenece a la primera generación que ya puede sentirse americana y, al mismo tiempo, lleva encima la condición de extranjero heredada de sus padres. Su mundo inicial es el puerto de San Francisco y el barco de pesca de su padre. La mañana del 18 de abril de 1906, cuando el gran terremoto golpea la ciudad, Dan está fuera de casa preparando el trabajo. Sus padres mueren entre la destrucción y los incendios que siguen al seísmo, mientras él pasa los días posteriores ayudando a transportar personas a través de la bahía.

Fast convierte la catástrofe en el punto cero de la novela. Dan no recibe una herencia ni un mentor secreto que lo introduzca en la riqueza. Empieza dentro de la economía improvisada de una ciudad que necesita reconstruirse. El dinero ganado durante aquellos días, las amistades entre familias inmigrantes y su conocimiento del mar se transforman poco a poco en oportunidades. La pesca conduce al comercio; el comercio, al transporte; y el transporte termina creciendo hasta una empresa capaz de intervenir en negocios que el adolescente de Fisherman's Wharf difícilmente habría podido imaginar.

El procedimiento permite que la historia individual avance casi al mismo ritmo que la reconstrucción de San Francisco. La ciudad devastada vuelve a levantarse y Dan hace exactamente lo mismo. Pero la semejanza contiene ya una diferencia importante: San Francisco necesita recuperar lo que tenía; Dan quiere llegar a un lugar en el que nunca ha estado. Su ambición no consiste únicamente en vivir mejor que sus padres. Quiere entrar en la parte de la ciudad desde la que hombres con apellidos antiguos, bancos y grandes fortunas deciden quién pertenece realmente a la élite.

Fast coloca dos terremotos en los extremos de la historia. El de 1906 destruye edificios y abre el camino de Dan; el de 1929 destruye dinero, crédito y prestigio. Entre ambos se desarrolla toda su ascensión.

Nob Hill: hacerse rico no significa pertenecer

El objetivo simbólico de Dan es Nob Hill. El barrio elevado de San Francisco concentra en la novela aquello que el protagonista todavía no posee incluso cuando empieza a ganar mucho dinero: respetabilidad heredada, apellido, seguridad y la certeza de formar parte de una clase que no necesita demostrar continuamente por qué está allí. Dan puede construir barcos, encontrar oportunidades y asumir riesgos que los banqueros tradicionales no asumirían, pero continúa siendo para muchos el hijo de un pescador.

La relación con Jean Seldon convierte ese conflicto social en vida privada. Jean es hija de una de las grandes familias financieras de San Francisco y el enamoramiento parece ofrecer a Dan la culminación de su ascenso. Casarse con ella no es únicamente conseguir a la mujer que desea; significa cruzar una frontera. Sin embargo, la novela se ocupa después de demostrar que una boda puede proporcionar acceso a una casa sin eliminar las diferencias que existen dentro de ella.

La riqueza de Dan continúa creciendo mientras el matrimonio se deteriora. El éxito empresarial no soluciona la distancia entre ambos, y el mundo de Jean conserva una concepción del estatus donde el dinero adquirido y el dinero heredado no significan exactamente lo mismo. El protagonista empieza a descubrir que la empresa que construye para conquistar su independencia también exige una representación permanente: reuniones, propiedades, inversiones, relaciones sociales y una familia capaz de proyectar hacia fuera la imagen del hombre triunfador.

Ahí aparece uno de los mejores temas de la novela. Dan quiere demostrar que el origen no determina el destino, pero cuanto más intenta escapar de su origen más depende de que los demás reconozcan la nueva identidad que ha fabricado. El muchacho del barco acaba necesitando que Nob Hill confirme que ya no es el muchacho del barco.

May Ling y la otra frontera de San Francisco

La entrada de May Ling altera esa lógica. Es hija de Feng Wo, el contable chino que trabaja para Dan, y su relación con el protagonista surge en un espacio social completamente distinto del que comparte con Jean. Dan encuentra en ella conversación, inteligencia, independencia y una intimidad en la que puede abandonar durante un tiempo la representación del empresario que siempre está construyendo el siguiente negocio.

Por eso la relación entre ambos no funciona únicamente como un triángulo sentimental. Jean representa el mundo cuya aprobación Dan ha perseguido; May Ling le obliga a preguntarse qué desea cuando esa aprobación deja de ser la medida de todas las decisiones. El conflicto adquiere además una dimensión racial evidente. La sociedad estadounidense que permite a un hijo de inmigrantes europeos ascender económicamente conserva límites mucho más duros para la población china y para las relaciones que atraviesan sus fronteras étnicas.

Ese trasfondo no fue inventado por Fast. El Chinatown de San Francisco había sufrido décadas de discriminación y el terremoto de 1906 ofreció incluso a algunos responsables municipales la oportunidad de intentar desplazar permanentemente a la comunidad china de los valiosos terrenos que ocupaba. Tras el seísmo, los chinos fueron el único grupo étnico segregado en los campos de refugiados y tuvieron que defender el derecho a reconstruir su propio barrio.

Dentro de ese contexto, Feng Wo y May Ling representan algo más que una familia secundaria añadida para proporcionar variedad cultural. Amplían la pregunta central del libro: ¿quién puede convertirse en americano y bajo qué condiciones? Dan cree que el trabajo y el dinero deberían bastar para eliminar las fronteras sociales; la existencia de May Ling demuestra que algunas de esas fronteras están construidas con materiales mucho más resistentes.

Cuando The New York Times Book Review reseñó la novela en 1977, Donald Newlove destacó precisamente la historia amorosa entre Dan y May Ling como una de sus mayores virtudes. Fast consigue que la relación tenga fuerza propia dentro de una narración abarrotada de negocios, familias y acontecimientos históricos. El conflicto sentimental deja así de ser un descanso entre episodios económicos y termina convirtiéndose en la prueba más importante de quién es Dan cuando no está intentando conquistar una ciudad.

Barcos, guerra, aviones y la maquinaria del sueño americano

Mientras la vida privada se complica, la empresa crece. Dan y su socio Mark Levy convierten actividades inicialmente modestas en una organización cada vez mayor. El transporte marítimo de mercancías se beneficia de la Primera Guerra Mundial, y la capacidad de Dan para anticipar el final del negocio de los cargueros les permite vender antes de que las condiciones cambien. El capital obtenido alimenta nuevos proyectos y la compañía se diversifica.

Fast disfruta claramente narrando esa expansión. Aparecen grandes almacenes, líneas marítimas de lujo, proyectos hoteleros en Hawái y una temprana aventura en la aviación comercial de la costa occidental. Cada negocio muestra una América que se está haciendo más grande, más rápida y más interconectada. El barco de pesca del comienzo pertenece a un mundo de trabajo familiar; los aviones, cruceros y acciones bursátiles del final pertenecen ya a una economía donde el capital puede moverse mucho más deprisa que las personas.

La transformación de Dan acompaña ese cambio. Al principio conoce directamente el trabajo que produce sus ingresos: pesca, transporta y negocia. Después dirige estructuras cuya escala obliga a delegar y financiar. El dinero deja progresivamente de ser el resultado visible de una actividad y se convierte en una herramienta capaz de producir más dinero mediante crédito, acciones y expectativas.

El paso final llega con la gran fiebre bursátil de los años veinte. Dan y Mark introducen su compañía en el mercado y participan en una economía donde el valor parece crecer casi automáticamente. El mecanismo es seductor precisamente porque reproduce a escala financiera aquello que Dan ha experimentado durante toda su vida: cada apuesta anterior le permitió alcanzar un nivel que parecía imposible. ¿Por qué habría de ser diferente la siguiente?

1929: el segundo terremoto

El crac bursátil rompe esa continuidad. Si el terremoto de 1906 había destruido la ciudad material, la caída de 1929 destruye la red de confianza sobre la que descansa el imperio económico. Acciones, préstamos y créditos pierden de pronto la estabilidad que parecía convertirlos en riqueza. Los bancos sufren retiradas masivas, las empresas quedan atrapadas por sus deudas y las relaciones personales empiezan a reaccionar ante la misma presión.

Fast utiliza la crisis económica para hacer algo más interesante que castigar al protagonista por su ambición. Dan no pierde únicamente dinero. Pierde la estructura mediante la cual había conseguido explicar quién era. Durante décadas había respondido a la inseguridad de sus orígenes construyendo una empresa más grande, comprando otra propiedad o entrando en un nuevo negocio. Cuando esa respuesta deja de existir, aparece una pregunta mucho más difícil: qué parte de Dan Lavette queda después de quitarle el imperio Lavette.

La novela adopta así una forma circular. El hombre que había empezado entre pescadores acaba obligado a mirar nuevamente hacia el mar y hacia el tipo de trabajo del que había partido. Lo que parece una caída social puede funcionar también como liberación respecto a una identidad que se había vuelto demasiado pesada. El fracaso económico no borra el ascenso anterior, pero cambia su significado.

Ésta no es simplemente una novela sobre inmigrantes que prosperan. Fast utiliza el éxito para preguntar qué ocurre cuando el deseo de ser aceptado por la sociedad termina condicionando aquello que una persona ama, conserva o sacrifica.

Por eso los dos desastres funcionan de manera casi inversa. Después de 1906, Dan posee muy poco y tiene prácticamente todo por construir. Después de 1929 ha poseído casi todo y necesita descubrir qué merece conservar. El primer derrumbe inicia su carrera; el segundo obliga a reconsiderarla.

Howard Fast y el regreso a la América de sus padres

El tema de la inmigración tenía una resonancia personal evidente para Howard Fast. Nació en Nueva York en 1914 en una familia de origen inmigrante. Su padre había llegado siendo niño desde Fastov, en el territorio de la actual Ucrania, mientras su madre era de ascendencia lituana y había crecido en Inglaterra. La familia vivió durante años en una pobreza que Fast recordaría posteriormente como una experiencia decisiva.

Su carrera literaria fue, sin embargo, muy distinta de la de un novelista dedicado únicamente a sagas familiares. Había publicado ficción histórica desde muy joven, se convirtió en miembro del Partido Comunista de Estados Unidos durante los años cuarenta, compareció ante el Comité de Actividades Antiamericanas y pasó tres meses en prisión en 1950 por desacato al Congreso. Durante el periodo de la lista negra llegó a publicar por su cuenta Spartacus, que después daría lugar a la célebre película.

Fast abandonó el Partido Comunista en 1957, pero nunca dejó de interesarse por la relación entre la historia estadounidense y personas que habían permanecido fuera de sus centros tradicionales de poder. Cuando publicó The Immigrants en 1977 tenía más de sesenta años y una larguísima carrera detrás. Regresó entonces a uno de los materiales más cercanos a su propia biografía: la creación de Estados Unidos por familias que habían llegado desde otros lugares.

La diferencia fue el éxito comercial. The Immigrants entró en las listas estadounidenses de libros más vendidos y se convirtió en el comienzo de una saga que Fast prolongaría durante veinte años. Después llegaron Second Generation, The Establishment, The Legacy, The Immigrant's Daughter y finalmente An Independent Woman. El archivo de Howard Fast conservado en la Universidad de Pensilvania cifra las ventas conjuntas de las seis novelas en más de diez millones de ejemplares.

La recepción crítica fue menos uniforme que la respuesta del público. Donald Newlove elogió en The New York Times Book Review la capacidad de Fast para mover personajes y acontecimientos sin exhibir constantemente la investigación histórica que sostenía el relato. Stephan Salisbury, desde Saturday Review, vio en cambio una versión demasiado previsible de la mitología estadounidense del ascenso social y consideró que muchos personajes actuaban más de lo que reflexionaban.

Ambas observaciones pueden ser ciertas a la vez. Los inmigrantes no pretende detenerse durante decenas de páginas dentro de cada conciencia. Su fuerza está en el movimiento: personas que trabajan, aman, compran, fracasan, se desplazan, forman familias y atraviesan cuarenta años de cambios históricos. Es una novela de gran maquinaria narrativa, heredera de la saga familiar popular, pero atravesada por preocupaciones que Fast había mantenido durante toda su carrera: clase, origen, prejuicio, dinero y pertenencia.

Gran Reno: nuestra edición de 1980

El ejemplar conservado en Librería5 pertenece a la colección Gran Reno, que en sus propias solapas explicaba su intención de recuperar obras contemporáneas capaces de combinar éxito de público y crítica «sin abandonar lo popular». Los inmigrantes aparece como el número 3 de la serie y la edición insiste expresamente en que contiene la novela completa y no resumida.

La traducción española corresponde a Adolfo Martín y la portada está acreditada a C. Sanroma. La composición exterior intenta resumir visualmente el contenido mediante un montaje muy característico de la narrativa popular de aquellos años: el puerto, barcos, rascacielos, una familia inmigrante, figuras femeninas y referencias gráficas a Chinatown alrededor del enorme título. El ejemplar conserva también en la cubierta desplegada el precio de 275 pesetas.

La página legal fecha esta primera edición en junio de 1980. Ediciones G. P. figura como responsable editorial, Plaza & Janés como distribuidora y Gráficas Guada como impresora. El volumen presenta un desgaste considerable en la cubierta y especialmente en el lomo y las zonas de plegado, coherente con un libro de circulación popular que ha sido manipulado y leído durante décadas.

Título
Los inmigrantes
Autor
Howard Fast
Título original
The Immigrants
Primera publicación original
Houghton Mifflin, Estados Unidos, 1977
Traducción
Adolfo Martín
Editorial
Ediciones G. P.
Distribución
Plaza & Janés, S. A.
Colección
Gran Reno
Número
3
Edición
Primera edición de esta presentación, junio de 1980
Extensión
459 páginas según registros bibliotecarios de ejemplares coincidentes
ISBN
84-01-90903-1
Depósito legal
B. 19.210-1980
Portada
C. Sanroma
Impresión
Gráficas Guada, S. A., Esplugues de Llobregat (Barcelona)
Precio impreso
275 pesetas
Presentación editorial
«Novela completa. Edición no resumida»
Dedicatoria impresa
«A Bette»

La portada de nuestra edición promete una gran saga de inmigrantes y ésa es exactamente la clase de libro que Fast entrega, pero el título admite una lectura más profunda. El inmigrante no es sólo quien llega en un barco. Dan continúa intentando llegar a algún lugar durante toda su vida: primero a América, aunque haya nacido prácticamente dentro de ella; después al dinero, a Nob Hill, a la respetabilidad y a una clase social que siempre parece encontrarse un poco más arriba.

Quizá por eso el círculo formado entre 1906 y 1929 funciona tan bien. El terremoto le arrebata su primera vida y le permite construir otra. El crac financiero destruye la segunda y le obliga a preguntarse si necesita construir una tercera. El sueño americano de Howard Fast no consiste simplemente en llegar a la cima. Consiste en descubrir qué queda de uno mismo después de haber llegado.

Fuentes utilizadas para contextualizar la obra