Una novela llevada a juicio por inmoralidad, una edición barcelonesa de 1999 y una contracubierta que todavía habla de la “perdición” de Emma.
En 1857 un fiscal quiso demostrar que Madame Bovary atentaba contra la moral pública, la religión y las buenas costumbres. Ciento cuarenta y dos años después, la contracubierta del ejemplar que conservamos en Librería5 seguía presentando la historia en términos morales: el deseo de Emma de escapar de la vida que le ha tocado acabaría arrastrándola a la “perdición”. La coincidencia es llamativa porque toca uno de los problemas centrales de la novela: Flaubert cuenta la caída de Emma, pero se niega a decirle al lector, con una voz autoritaria y tranquilizadora, qué debe pensar de ella.
La moral que el fiscal echaba de menos
Madame Bovary apareció primero por entregas en la Revue de Paris a finales de 1856. La revista ya había tenido problemas con las autoridades y realizó cortes en el texto; Flaubert obligó a que se hiciera constar públicamente que la obra había sufrido supresiones. Poco después, el director de la revista, el impresor y el propio escritor acabaron ante la sexta sala del Tribunal Correccional del Sena.
La acusación no se limitaba a decir que Emma cometía adulterio. El problema, según el abogado imperial Ernest Pinard, era que el novelista no levantaba una barrera moral suficientemente visible entre el lector y lo narrado. Le reprochó haber dado brillo al adulterio y haber tratado de manera voluptuosa escenas relacionadas con la confesión, la comunión y la extremaunción. En otras palabras: no bastaba con que Emma se equivocara y sufriera; la novela debía condenarla de una manera inequívoca.
Ahí estaba precisamente la dificultad. Flaubert había construido un narrador capaz de deslizarse dentro de las ilusiones de sus personajes sin colocar a continuación una moraleja. El lector puede sentir durante unas líneas el entusiasmo de Emma y, casi al mismo tiempo, percibir la banalidad de las frases con las que ella imagina el amor, el lujo, el viaje o la felicidad. La distancia entre la voz del narrador y la conciencia del personaje se vuelve deliberadamente inestable.
El proceso judicial convirtió una cuestión de técnica narrativa en una cuestión penal: ¿puede una novela representar el deseo, el adulterio o la irreligión sin interrumpirse para condenarlos expresamente?
El tribunal absolvió a Flaubert el 7 de febrero de 1857, pero no lo felicitó. El fallo consideró censurables algunos pasajes y habló de un realismo vulgar y a menudo chocante; simplemente concluyó que no estaba probado que el autor hubiera escrito con intención licenciosa. La absolución vino, por tanto, acompañada de una reprimenda.
El episodio resultó además una formidable publicidad involuntaria. El libro apareció en volumen con Michel Lévy el 15 de abril de 1857 y tuvo un éxito inmediato. La historia no terminó ahí: el 20 de junio de 1864 la Congregación romana del Índice incluyó Madame Bovary —junto con Salammbô— entre las obras prohibidas. El proceso civil francés había terminado en absolución; la censura eclesiástica llegó siete años más tarde.
Emma no cae solo por amor
Reducir la novela a “una mujer adúltera” es cómodo, pero deja fuera buena parte de su mecanismo. Emma llega al matrimonio con una imaginación ya educada por relatos sentimentales, imágenes religiosas, fantasías aristocráticas y modelos de existencia que la vida provincial no puede satisfacer. Charles la quiere, pero no sabe convertirse en el personaje que ella espera encontrar. Rodolphe y Léon tampoco pueden sostener el mundo imaginario que Emma proyecta sobre ellos.
Por eso el adulterio es solo una parte de la maquinaria. La otra es económica. A medida que Emma intenta fabricar una vida que se parezca a sus expectativas, aparecen vestidos, muebles, regalos, viajes, créditos y pagarés. El comerciante Lheureux entiende muy bien que el deseo puede financiarse durante un tiempo. La deuda crece en paralelo a la ficción que Emma construye sobre sí misma, hasta que las dos estructuras —la sentimental y la económica— se derrumban juntas.
Ese detalle cambia bastante la lectura. Emma no es únicamente una mujer que busca amantes; es alguien que no soporta la distancia entre la vida que posee y la vida que cree que debería poseer. Décadas después, esa forma de insatisfacción acabaría dando nombre a un concepto. El término francés bovarysme, asociado especialmente a Jules de Gaultier, pasó a designar la tendencia a concebirse distinto de lo que uno es y a refugiarse en una existencia imaginada cuando la realidad resulta insuficiente.
El truco de Flaubert: dejar que el cliché piense
Una de las razones por las que Madame Bovary continúa siendo más extraña de lo que parece está en su forma de contar. Flaubert no inventó por sí solo el estilo indirecto libre, pero lo convirtió en una herramienta decisiva. El procedimiento permite introducir pensamientos y expresiones de un personaje dentro de la narración sin anunciarlos siempre con un “pensó que” o “se dijo que”.
El efecto es especialmente poderoso con Emma. Una frase puede sonar romántica porque ella piensa románticamente, pero el narrador no necesita añadir después que esa idea es ingenua. El lector queda durante unos segundos dentro de la ilusión y, al mismo tiempo, puede advertir que está hecha de fórmulas aprendidas. Flaubert deja funcionar el lugar común hasta que se delata solo.
Esto explica también por qué el fiscal de 1857 tenía un problema real, aunque su respuesta fuera pedir una condena. El libro no ofrece una voz moral estable que clasifique cada conducta. La ironía se produce por montaje, contraste y distancia. Pinard quería localizar la sentencia del autor contra Emma; Flaubert había escrito una novela en la que el autor procura desaparecer detrás de la forma.
Una simplificación curiosa de nuestra contracubierta
La contracubierta del ejemplar resume la historia diciendo que Emma está casada con “Carlos Bovary, el médico del pueblo”. Es una simplificación habitual en traducciones, reseñas y adaptaciones, pero el detalle profesional de Charles tiene más importancia de la que parece.
Charles Bovary no es exactamente un docteur en médecine. En la novela es officier de santé, una categoría profesional francesa de formación y atribuciones inferiores a las del doctorado médico. La diferencia ayuda a explicar su posición social y también el desastre de la célebre operación del pie zambo: Flaubert no eligió al azar el rango profesional de Charles.
La distinción es especialmente interesante en Flaubert, hijo de un prestigioso cirujano del Hôtel-Dieu de Ruán. El mundo médico atraviesa la novela en varios niveles: Charles como practicante limitado, Canivet como médico provincial de mayor rango y Larivière como autoridad prestigiosa convocada cuando la situación ya es irreversible. La medicina sirve así para ordenar socialmente a los personajes y para medir la distancia entre competencia real, ambición y apariencia.
El ejemplar de Librería5
La página legal permite identificar con bastante precisión el volumen que tenemos delante. Fue editado en Barcelona por Edicomunicación, S. A., en 1999. La cubierta fue diseñada por Quality Design. El ISBN impreso es 84-7672-955-3 y el depósito legal B-43163-99. La impresión se realizó en Limpergraf, en Barberà del Vallès.
Hay además una pequeña cuestión de nomenclatura editorial. La cubierta lleva simplemente el rótulo “Cultura”; la contracubierta encabeza el volumen con “Obras Inmortales de la Literatura Universal” y muestra el número 55. Los registros bibliográficos consultados identifican el volumen como número 55 de la Colección Cultura. Conviene conservar esta distinción en lugar de convertir automáticamente el encabezado publicitario de la contracubierta en el nombre formal de la colección.
La edición abre con un “Estudio preliminar” cuyo primer apartado se titula “Gustave Flaubert: el hombre y su mundo”. El registro de la Biblioteca Nacional de España para esta edición atribuye la traducción y las notas a Jorge Carrier Vélez y el prólogo y presentación a Francesc Ll. Cardona. Ese mismo registro sitúa la obra en Barcelona, Edicomunicación, 1999; otras fichas bibliográficas del mismo ISBN señalan 316 páginas y la pertenencia al número 55 de la colección.
- Autor
- Gustave Flaubert
- Título
- Madame Bovary
- Título original
- Madame Bovary
- Editorial
- Edicomunicación, S. A.
- Lugar
- Barcelona
- Año
- 1999
- Colección
- Cultura, n.º 55
- Traducción y notas
- Jorge Carrier Vélez
- Prólogo y presentación
- Francesc Ll. Cardona
- Diseño de cubierta
- Quality Design
- ISBN
- 84-7672-955-3
- Depósito legal
- B-43163-99
- Impresión
- Limpergraf, Barberà del Vallès
- Paginación
- 316 páginas según registros bibliográficos de esta edición
Los datos de editorial, año, ISBN, depósito legal, impresor y diseño de cubierta proceden directamente del ejemplar conservado en Librería5. La atribución de traducción, prólogo y paginación se ha contrastado con registros externos de la misma edición.
De procesada a “obra inmortal”
Hay algo casi cómico en la trayectoria material de Madame Bovary. En 1857 el Estado francés discutía ante un tribunal si determinadas páginas podían corromper las costumbres. En 1864 la Iglesia romana prohibía el libro. En 1999, el ejemplar de Librería5 ya podía circular dentro de una colección titulada “Obras Inmortales de la Literatura Universal”, presentado como “edición íntegra” y convertido en un clásico doméstico destinado a ocupar una estantería.
Pero la domesticación editorial no elimina la incomodidad del libro. La propia contracubierta intenta resumir a Emma mediante un vocabulario moral —“moral burguesa”, “perdición”— que recuerda, sin necesidad de que exista una filiación consciente, el viejo problema del proceso: cómo convertir una novela deliberadamente ambigua en una historia con una lección inequívoca.
Flaubert hizo algo más resistente. Emma muere, pero el mundo que la rodea no queda purificado. El comerciante continúa, la estupidez continúa y Homais, el farmacéutico seguro de sí mismo que encarna buena parte de la suficiencia burguesa ridiculizada por la novela, termina prosperando. El libro no cierra con una voz superior que restablezca el orden moral. Cierra demostrando que el orden social puede sobrevivir perfectamente a la catástrofe de la protagonista.
Quizá por eso Madame Bovary sobrevivió tan bien a quienes quisieron convertirla en una advertencia moral. La novela castiga a Emma en los hechos, pero se niega a entregar al lector una interpretación obligatoria de ese castigo.
Fuentes principales utilizadas para contextualizar la obra
- Biblioteca Nacional de España: registros de ediciones de Madame Bovary, incluida la edición de Edicomunicación de 1999 con Jorge Carrier Vélez y Francesc Ll. Cardona.
- France Mémoire: reconstrucción documental del proceso de 1857, los argumentos de la acusación, la defensa y el fallo.
- Centre Gustave Flaubert, Université de Rouen Normandie: estudio de la inclusión de Madame Bovary en el Índice de libros prohibidos en 1864.
- Gallica, Bibliothèque nationale de France: recepción crítica de la novela tras la publicación y el proceso.
- Flaubert 21: cronología de la redacción y publicación de la obra.
- CNRTL / Académie française: definición histórica de bovarysme.