Maleficio — Stephen King (Richard Bachman)

La novela que ayudó a matar a Richard Bachman: un librero, la Biblioteca del Congreso y un seudónimo que no sobrevivió a Thinner

Portada de Maleficio de Stephen King, publicado originalmente como Thinner bajo el seudónimo Richard Bachman
Portada del ejemplar conservado en Librería5. En 1993 ya no quedaba secreto que proteger: «Stephen King» ocupa casi toda la cubierta y «Richard Bachman» aparece reducido a un paréntesis.

En noviembre de 1984 apareció en Estados Unidos una nueva novela de un escritor llamado Richard Bachman. Pocos meses después, Bachman estaba muerto. No murió de verdad porque nunca había existido: detrás de aquel supuesto novelista se escondía Stephen King. Lo extraordinario es que ThinnerMaleficio en castellano— fue precisamente el libro que hizo insostenible la ficción. Un empleado de una librería de Washington sospechó del estilo, fue a buscar los registros de copyright en la Biblioteca del Congreso y encontró la grieta por la que se derrumbó toda la identidad.

Nuestro ejemplar muestra el resultado de aquella historia casi diez años después. La página legal todavía conserva el copyright de 1984 a nombre de Richard Bachman; la portada, en cambio, proclama STEPHEN KING en caracteres gigantescos. Pocas ediciones explican tan bien con su propio diseño el destino de un seudónimo: el hombre ficticio continúa dentro del libro, pero el escritor real ya se ha apropiado de la cubierta.

Richard Bachman tenía biografía, fotografía y hasta una vida inventada

Richard Bachman no nació simplemente como una firma alternativa colocada bajo un manuscrito.

Stephen King y sus editores fueron construyendo alrededor del nombre una identidad suficientemente verosímil para que los lectores pudieran imaginar a otro escritor. Bachman llegó a ser presentado como un hombre reservado relacionado con una granja de New Hampshire. Cuando hubo que colocar una fotografía de autor en la sobrecubierta de Thinner, tampoco se utilizó una imagen de King.

El rostro elegido pertenecía a Richard Manuel, amigo de Kirby McCauley, agente literario de King. Manuel vivía en Minnesota y trabajaba en la construcción de viviendas energéticamente eficientes. En 1985 contó que incluso conocidos suyos habían visto aquella fotografía y le habían comentado que existía un novelista de New Hampshire sorprendentemente parecido a él.

Era una falsificación editorial peculiar: la cara era real; el escritor no.

Para ocultar a uno de los novelistas más famosos de Estados Unidos no bastó con cambiarle el nombre. Hubo que fabricar otro autor alrededor del nombre.

¿Por qué Stephen King necesitaba a Richard Bachman?

La explicación más práctica era la velocidad.

En los primeros años de la carrera de King existía una fuerte resistencia editorial a publicar demasiadas novelas de un mismo escritor en poco tiempo. El propio King ha explicado después que predominaba la idea de que el público aceptaría aproximadamente un libro por autor y año. Él escribía mucho más deprisa de lo que aquel calendario permitía.

El seudónimo ofrecía una válvula de escape.

Pero había otra cuestión que convirtió el experimento en algo más interesante: King quería saber hasta qué punto sus libros se vendían porque eran buenos y hasta qué punto se vendían porque en la portada ponía Stephen King.

Richard Bachman permitía volver a empezar sin el extraordinario peso comercial adquirido por el autor de Carrie, El resplandor, El misterio de Salem's Lot o La zona muerta.

La lista inicial fue ésta:

  • 1977: Rage.
  • 1979: The Long Walk.
  • 1981: Roadwork.
  • 1982: The Running Man.
  • 1984: Thinner.

Los cuatro primeros habían aparecido originalmente como libros de bolsillo y con una repercusión relativamente modesta. Thinner cambió las condiciones del experimento: fue la primera novela de Bachman publicada inicialmente en tapa dura y recibió una promoción mucho mayor.

El fantasma empezó a hacerse demasiado visible.

El nombre surgió de un libro y de un disco

Hasta el propio nombre del escritor ficticio fue resultado de una solución apresurada.

King ha contado que, cuando necesitó decidir definitivamente el seudónimo, tenía sobre la mesa una novela firmada por Richard Stark —seudónimo utilizado por Donald E. Westlake— y estaba escuchando a Bachman-Turner Overdrive.

De una cosa salió «Richard».

De la otra, «Bachman».

El dato tiene cierta ironía: un seudónimo nació parcialmente inspirado por otro seudónimo. Richard Stark tampoco era una persona distinta de su autor.

Thinner fue demasiado King para continuar ocultándolo

El 9 de abril de 1985, The Washington Post publicó un artículo con una firma particularmente apropiada: Stephen P. Brown, empleado de la librería Dupont Circle Book Annex de Washington y especialista en ciencia ficción y misterio.

Brown había leído las cinco novelas de Bachman.

Cuanto más leía, menos creía que estuviera leyendo a un desconocido.

Thinner terminó de despertar sus sospechas. El ritmo narrativo, determinadas elecciones estilísticas y la sensación general del texto le resultaban demasiado próximas a Stephen King.

La diferencia es que Brown no se limitó a escribir una teoría de aficionado.

Fue a la Biblioteca del Congreso.

Examinó los registros de copyright de las novelas de Bachman y encontró la pieza decisiva: en la documentación correspondiente a Rage aparecía vinculado el nombre real de Stephen King. Otros registros conducían además a Kirby McCauley, su agente.

Brown escribió entonces a King explicando lo que había descubierto.

Y recibió una llamada telefónica del propio novelista.

El seudónimo no fue descubierto por un gran periódico, un crítico literario ni una filtración editorial. Lo resolvió un librero que reconoció una voz y después comprobó una ficha de copyright.

King aceptó hablar. Brown terminó contando la investigación en el Washington Post.

La ficción de Richard Bachman había terminado.

El experimento se rompió justo cuando empezaba a funcionar

Eso es lo que hace especialmente interesante a Maleficio dentro de la bibliografía de King.

Antes de ser descubierto, Bachman ya no era completamente invisible. King recordaría que Thinner había vendido alrededor de 28.000 ejemplares en tapa dura antes de que el secreto se hiciera público: una cifra modesta comparada con las ventas de Stephen King, pero muy considerable para un supuesto autor de trayectoria marginal.

La revelación multiplicó después espectacularmente las ventas y convirtió el libro en un éxito mucho mayor. En abril de 1985, cuando Brown publicó su relato, Thinner figuraba ya entre los libros más vendidos de Estados Unidos.

El experimento quedaba contaminado precisamente en el momento más interesante.

La pregunta de King ¿Puede Richard Bachman convertirse en un escritor de éxito sin beneficiarse del nombre Stephen King?
Lo que ocurrió Cuando Bachman empezaba a conseguir una audiencia propia, los lectores descubrieron quién era y el nombre Stephen King alteró definitivamente el resultado.

King reconocería después que nunca pudo resolver completamente la cuestión de cuánto de su éxito se debía al talento y cuánto a una combinación de oportunidad, publicidad, suerte y reconocimiento de marca.

El siguiente libro de Bachman iba a ser Misery

La muerte del seudónimo cambió también una de las bibliografías más conocidas de Stephen King.

King contó a Stephen Brown que tenía pensado publicar otra novela como Richard Bachman si Thinner continuaba funcionando.

Aquella novela era Misery.

El plan era construir poco a poco una carrera paralela: si Bachman podía vender unas decenas de miles de ejemplares con Thinner, otra novela fuerte podría consolidarlo como autor de éxito independiente.

El descubrimiento hizo imposible aquel camino.

Misery apareció finalmente en 1987 firmada por Stephen King y se convirtió en una de sus novelas más célebres.

La historia contrafactual resulta tentadora: nunca sabremos cuánto habría tardado el público en relacionar Misery con Stephen King si la cubierta hubiese dicho Richard Bachman. Lo que sí sabemos es que King la había pensado como la continuación de aquella segunda carrera.

King decidió que Bachman había muerto de una enfermedad imposible

Una vez destruido el secreto, King no se limitó a admitir el seudónimo.

Continuó la ficción.

Richard Bachman fue declarado muerto en 1985. La causa imaginaria era un «cáncer del seudónimo».

El chiste terminó produciendo consecuencias literarias bastante serias. King explicó años después que la experiencia de crear una identidad de escritor y verla destruida por la revelación pública había alimentado The Dark HalfLa mitad oscura—, novela de 1989 sobre un escritor cuyo seudónimo desarrolla una existencia monstruosamente independiente.

King llegó a describir retrospectivamente a Bachman como una especie de lado oscuro de su propia existencia literaria, muerto cuando la luz pública cayó sobre él.

Es difícil encontrar un caso en que una estrategia editorial haya acabado convertida tan literalmente en materia de ficción.

La portada de nuestro ejemplar cuenta exactamente la historia contraria

La edición conservada en Librería5 apareció en 1993.

Para entonces ya nadie intentaba vender Maleficio fingiendo que Richard Bachman era un escritor autónomo.

La jerarquía gráfica es brutalmente clara.

En lo alto de la portada puede leerse:

STEPHEN KING
(RICHARD BACHMAN)

El nombre que en 1984 había que ocultar ocupa ahora casi media cubierta. El nombre que entonces tenía que parecer auténtico ha quedado reducido a una explicación entre paréntesis.

Sin embargo, dentro del libro sobrevive la capa anterior. La página legal conserva:

© 1984, Richard Bachman.

Después aparecen los derechos españoles de Plaza & Janés y los correspondientes a la presente edición de Ediciones Orbis.

Nuestro ejemplar contiene simultáneamente las dos vidas de la novela: dentro sigue perteneciendo a Richard Bachman; fuera, Stephen King ya ha ganado la portada.

El título castellano también cambia algo importante

El original se llama simplemente Thinner.

La palabra significa «más delgado», pero dentro de la novela es mucho más que un adjetivo. Es la palabra que pronuncia el anciano Taduz Lemke mientras toca el rostro de Billy Halleck.

El título y la maldición son, por tanto, la misma cosa.

Maleficio funciona bien como título de terror en castellano, pero realiza otro movimiento: deja de reproducir la palabra pronunciada y nombra directamente lo que esa palabra provoca.

Thinner El título reproduce el contenido verbal de la maldición.
Maleficio El título explica al lector qué clase de fenómeno está ocurriendo.

Es una diferencia pequeña y significativa. El original tarda en convertir una palabra cotidiana en amenaza. El castellano anuncia desde la cubierta que estamos ante una maldición.

El monstruo es un abogado que ha conseguido que la justicia no funcione

La extraordinaria historia del seudónimo no debería ocultar la novela.

Billy Halleck es un abogado acomodado de Connecticut. Tiene dinero, familia, prestigio profesional y relaciones útiles. También tiene un serio problema de sobrepeso.

Mientras conduce atropella y mata a Susanna Lemke, una anciana romaní.

Pero Halleck conoce a las personas adecuadas.

El juez que interviene en el caso pertenece a su círculo. El jefe de policía también. El sistema legal que debería determinar responsabilidades funciona de una manera extraordinariamente favorable para él y Billy queda prácticamente libre de consecuencias.

Entonces aparece Taduz Lemke, padre de la mujer muerta.

Le toca la cara.

Pronuncia una palabra.

Y Billy empieza a adelgazar.

Al principio parece una buena noticia. Después resulta evidente que el proceso no se detendrá. Puede comer, consultar médicos, someterse a pruebas y aumentar las calorías: el cuerpo continúa perdiendo peso.

Lo que había sido presentado como problema médico —estar demasiado gordo— se convierte en horror cuando la solución continúa funcionando después de haber dejado de ser deseable.

La idea nació cuando Stephen King tuvo que adelgazar

Aquí existe una conexión biográfica especialmente buena porque la ha contado el propio King.

En aquella época pesaba alrededor de 236 libras, unos 107 kilos, y fumaba mucho. Su médico le advirtió de que sus triglicéridos eran elevados y de que estaba entrando en una zona de riesgo cardiovascular. Debía perder peso y reducir el tabaco.

La reacción inicial de King no fue gratitud.

Se enfadó.

Le molestaba que alguien le exigiera modificar hábitos que sentía como propios precisamente para salvarle la vida.

Finalmente adelgazó. Pero cuando el peso empezó realmente a desaparecer percibió algo que le dio la idea de la novela: había estado deseando adelgazar y, sin embargo, descubrió que estaba psicológicamente ligado al propio peso.

Entonces apareció la pregunta:

¿Qué ocurriría si alguien empezara a adelgazar y ya no pudiera parar?

La eficacia de Thinner nace en buena medida de invertir una obsesión muy corriente. No engordar es el problema. Adelgazar lo es.

La báscula, que normalmente ofrece malas noticias cuando la cifra sube, empieza a producir terror precisamente porque cada mañana marca menos.

Pero el verdadero tema no es el peso: es la responsabilidad

La propia presentación oficial de la novela la describe como una alegoría sobre la responsabilidad de los actos y los límites de la complacencia de la clase acomodada estadounidense.

Eso encaja con la estructura de la historia.

Billy no es simplemente una víctima inocente sobre la que cae una desgracia sobrenatural. Antes de ser maldecido ya ha participado en un accidente mortal y se ha beneficiado de una red de relaciones que neutraliza las consecuencias jurídicas.

Cuando empieza a consumirse, su primera preocupación tampoco es asumir la muerte de Susanna Lemke.

Quiere librarse del castigo.

Y eso convierte la novela en una cadena cada vez más desagradable de desplazamientos de culpa. Billy responsabiliza a otros, persigue a quienes le han maldecido y termina recurriendo a Richie Ginelli, un antiguo cliente relacionado con el crimen organizado, para forzar una solución.

La pregunta central de Maleficio no es si Billy merece morir. Es si puede existir justicia cuando todos los personajes convierten la justicia en venganza, influencia o transferencia del castigo a otra persona.

Por eso el libro posee algo muy propio de Bachman: no ofrece una salida moral cómoda.

El mecanismo final lleva la idea de «pasarle la culpa a otro» hasta el extremo

Este apartado revela el mecanismo del tramo final de la novela, aunque no desarrolla todos sus últimos acontecimientos.

Taduz Lemke termina ofreciendo a Billy una manera de librarse del maleficio.

La solución consiste en transferirlo.

Una tarta preparada mediante el ritual puede transportar la maldición a otra persona si ésta la come. Billy sobrevivirá, pero alguien tendrá que ocupar su lugar.

La solución sobrenatural reproduce exactamente el problema moral que había desencadenado la novela.

Desde el comienzo, Billy ha intentado conseguir que las consecuencias de sus actos terminen siempre en otra parte.

Ahora el maleficio le ofrece literalmente esa posibilidad.

La maldición puede transmitirse de cuerpo en cuerpo del mismo modo en que Billy lleva toda la novela intentando transmitir la responsabilidad de persona en persona.

El cierre es uno de los finales más oscuros asociados a Richard Bachman y encaja con la descripción que el propio King hizo de aquellos primeros libros: historias más sombrías y con desenlaces menos consoladores que buena parte de la producción que publicaba bajo su nombre.

Una parte del libro ha envejecido bastante peor que el seudónimo

La utilización del tópico de la «maldición gitana» pertenece a una tradición antiquísima del terror popular, pero su tratamiento en Thinner resulta hoy mucho más visible como estereotipo.

Los personajes romaníes aparecen asociados a lo exótico, lo itinerante, lo mágico y lo amenazador. Buena parte de su función narrativa consiste precisamente en constituir un grupo exterior a la comunidad acomodada de Fairview y poseedor de una forma de justicia sobrenatural.

Esto no invalida el conflicto central —de hecho la novela denuncia inicialmente cómo el poder local trata a una familia exterior a su círculo—, pero sí genera una tensión difícil de ignorar: el libro critica el prejuicio de sus personajes utilizando a la vez varias imágenes tradicionales y caricaturescas sobre los propios romaníes.

Hay incluso un detalle revelador de la falta de rigor con la que fue construida esa alteridad lingüística. King reconocería años después que, al necesitar palabras supuestamente romaníes para determinados diálogos, recurrió a frases tomadas de ediciones extranjeras de sus propios libros. También admitió que los lectores lo habían descubierto y que el recurso había sido perezoso.

Es uno de esos aspectos que una lectura de 2026 percibe de manera bastante distinta a una lectura puramente argumental de 1984.

La película llegó cuando Bachman ya no podía volver a esconderse

En 1996 la novela fue adaptada al cine por Tom Holland, director también de Fright Night y Child's Play.

Robert John Burke interpretó a Billy Halleck y Joe Mantegna a Richie Ginelli. La película se estrenó en Estados Unidos el 25 de octubre de 1996.

Para entonces la paradoja comercial ya se había completado. Una novela creada precisamente para comprobar si podía sobrevivir sin el nombre de Stephen King terminó llegando a las pantallas como Stephen King's Thinner.

El nombre que había que mantener fuera terminó formando parte del reclamo.

Ficha del ejemplar conservado en Librería5

Autor
Stephen King, publicado originalmente como Richard Bachman
Título
Maleficio
Título original
Thinner
Traducción
Lorenzo Cortina
Copyright original
© 1984, Richard Bachman
Derechos para España
© 1993, Plaza & Janés Editores, S. A.
Presente edición
Ediciones Orbis, S. A., 1993
Colección
Stephen King Collection, según los catálogos que registran este ISBN
ISBN
84-402-2069-3
ISBN-13
978-84-402-2069-1
Encuadernación
Tapa dura
Extensión
358 páginas según los registros bibliográficos de esta edición
Altura
Aproximadamente 20-21 cm según los catálogos consultados
Impresión
Italia

Título original, traducción, copyright de Richard Bachman, derechos españoles, responsabilidad de Ediciones Orbis, ISBN y lugar de impresión proceden directamente de la página legal del ejemplar conservado en Librería5. Colección, encuadernación y paginación se han contrastado con registros externos correspondientes al mismo ISBN.

Un libro que sobrevivió a su propio autor ficticio

Richard Bachman no desapareció completamente después de 1985.

Ese mismo año apareció The Bachman Books, que reunió Rage, The Long Walk, Roadwork y The Running Man junto con una explicación de King titulada Why I Was Bachman.

Mucho después, la ficción editorial volvería a ponerse en marcha. The Regulators apareció en 1996 como obra «póstuma» de Bachman y Blaze hizo lo mismo en 2007.

Pero Thinner ocupa un lugar irrepetible.

Es el libro escrito cuando la prueba todavía estaba en marcha y publicado justo antes de que alguien resolviera el experimento.

La edición que conservamos, con Stephen King en letras enormes y Richard Bachman encerrado entre paréntesis, parece casi una lápida bibliográfica.

Bachman fue creado para averiguar si un libro podía venderse sin el nombre Stephen King. Maleficio terminó demostrando otra cosa: que a veces una voz de escritor es más difícil de ocultar que un nombre.