Antes de que «natural» se convirtiera en una palabra habitual en envases, anuncios y supermercados, este manual mexicano ya proponía volver la mirada hacia las plantas como reacción frente a una sociedad cada vez más industrializada.
Recetas curativas a base de hierbas y plantas medicinales, firmado por J. Laverin, pertenece a una larga tradición de manuales domésticos que intentaron reunir conocimientos sobre herbolaria y convertirlos en algo utilizable por el lector común. Pero su introducción revela que el proyecto iba un poco más lejos: no presenta las plantas únicamente como ingredientes de remedios, sino como parte de una determinada manera de entender la relación entre salud, naturaleza y modernidad.
Publicado en México por Editores Mexicanos Unidos, nuestro ejemplar corresponde a la segunda edición de diciembre de 1992. Más de tres décadas después puede leerse de dos maneras a la vez: como recetario de medicina tradicional de su tiempo y como documento cultural de una época que comenzaba a unir ecologismo, crítica de la industrialización y recuperación de los llamados remedios naturales.
Un manual nacido del «regreso a la naturaleza»
La primera página de la introducción resulta reveladora. Laverin sostiene que durante los años anteriores la humanidad había comenzado a comprender que debía volver «la mira a la Naturaleza». El argumento une cuestiones que hoy solemos separar: conservar la salud, recuperar formas tradicionales de vida, proteger el mundo vegetal y reaccionar contra los efectos destructivos de una industrialización excesiva.
Los ecologistas aparecen expresamente en el razonamiento. El autor habla de conservación, del aprovechamiento racional de los bienes naturales y del cuidado del reino vegetal antes de presentar la utilización medicinal de las plantas. No estamos, por tanto, ante un recetario que comienza directamente enumerando infusiones. Hay una pequeña filosofía previa: la naturaleza se concibe como un sistema del que el ser humano se ha alejado y al que debería volver para recuperar cierto equilibrio.
Ese discurso resulta muy característico de las últimas décadas del siglo XX. El crecimiento industrial, la contaminación, los movimientos ecologistas y la popularización de distintas formas de naturismo favorecieron un mercado editorial enorme de libros sobre alimentación natural, plantas medicinales, agricultura doméstica, macrobiótica, remedios tradicionales y formas alternativas de bienestar.
Recetas curativas pertenece a ese mundo, pero en México esa corriente moderna se superponía además con una tradición de herbolaria mucho más antigua. El uso medicinal de plantas forma parte de los conocimientos indígenas y populares del país desde siglos antes de la conquista. Uno de los primeros grandes testimonios escritos americanos, el llamado Códice De la Cruz-Badiano de 1552, ya recogía plantas utilizadas con fines medicinales.
La supervivencia de ese conocimiento no quedó limitada a comunidades rurales. Mercados, herbolarios, familias y posteriormente instituciones científicas continuaron registrándolo. México posee una extraordinaria diversidad de especies utilizadas tradicionalmente, y durante el siglo XX esa tradición popular empezó a convivir cada vez más con herbarios, estudios fitoquímicos, farmacología y trabajos académicos de etnobotánica.
Hay además constancia de que un trabajo anterior de J. Laverin circulaba ya en 1979. Bibliografía médica posterior cita un volumen titulado Recetas de hierbas y plantas medicinales, publicado en México por Azor. No tenemos pruebas suficientes para afirmar que sea exactamente la primera versión de nuestro libro, pero sí demuestra que Laverin llevaba al menos desde finales de los setenta asociado editorialmente a este tipo de recetarios.
La edición de 1992 tampoco quedó confinada al mercado doméstico. Años después aparece citada en bibliografía sobre medicina tradicional mexicana y una referencia académica le atribuye 394 páginas. Eso resulta interesante porque muestra cómo un manual popular podía acabar formando parte, aunque fuese como fuente secundaria, del corpus utilizado para estudiar los conocimientos herbolarios y su circulación social.
Las plantas sí tienen química; «tradicional» no significa automáticamente «demostrado»
Leer hoy un título como Recetas curativas a base de hierbas y plantas medicinales obliga a introducir una distinción que en 1992 no siempre aparecía con la misma claridad en los manuales destinados al gran público.
Las plantas no son terapéuticamente interesantes porque sean «naturales» en un sentido casi mágico. Lo son porque producen una enorme diversidad de sustancias químicas. Alcaloides, terpenos, compuestos fenólicos y muchas otras moléculas pueden ejercer efectos biológicos sobre animales y seres humanos. Parte de la farmacología moderna nació precisamente del aislamiento, estudio y transformación de sustancias que primero habían sido conocidas a través de plantas.
Por eso sería tan simplista despreciar toda la herbolaria como aceptar sin comprobación cualquier propiedad tradicional. La historia de uso puede proporcionar pistas extraordinariamente valiosas, pero la investigación moderna pregunta después qué especie concreta se utilizó, qué parte de la planta, qué preparación, en qué dosis, qué principios activos contiene, qué efectos produce y qué riesgos o interacciones presenta.
La regulación europea actual incluso distingue formalmente entre preparados herbales de «uso tradicional» y aquellos cuyo «uso medicinal bien establecido» dispone de datos suficientes de eficacia y seguridad. La diferencia es importante: una práctica puede llevar generaciones utilizándose y seguir necesitando otro tipo de evidencia antes de afirmar que cura una enfermedad determinada.
Algo semejante sucede con la palabra «natural». Una planta medicinal puede poseer principios activos potentes precisamente porque es químicamente activa, y esa misma actividad puede producir efectos adversos o interacciones con medicamentos. Naturaleza y seguridad no son sinónimos automáticos.
Ese matiz no resta valor al libro. Al contrario, permite leerlo mejor. Podemos reconocer que detrás de muchas prácticas tradicionales existe una acumulación de observaciones de enorme interés, mientras distinguimos entre conocimiento histórico, uso popular y eficacia clínica demostrada.
La ciencia contemporánea sigue investigando plantas medicinales precisamente porque ese campo no está cerrado. Instituciones mexicanas mantienen herbarios y programas dedicados a documentar las especies utilizadas por la población, conservar el conocimiento tradicional e investigar sus principios activos. La continuidad entre el viejo remedio doméstico y el laboratorio moderno existe, pero no consiste en aceptar automáticamente todo lo heredado: consiste en estudiarlo.
J. Laverin y una historia bibliográfica con zonas oscuras
El nombre del autor aparece en cubierta como Dr. J. Laverin. Hasta ahí podemos llegar con seguridad. No hemos encontrado una fuente biográfica fiable que permita desarrollar la inicial, identificar la institución que habría concedido ese título de doctor o reconstruir una carrera profesional. Convertirlo sin más en médico, botánico o farmacólogo sería rellenar con imaginación un vacío documental.
En cambio, sí puede reconstruirse parcialmente la circulación de sus libros. La referencia de 1979 a Recetas de hierbas y plantas medicinales demuestra una actividad anterior en el mismo campo, y distintas librerías de viejo conservan ejemplares posteriores de Recetas curativas a base de hierbas y plantas medicinales.
La búsqueda bibliográfica deja además una anomalía curiosa. El ISBN que figura físicamente en nuestro ejemplar, 968-15-0780-0, aparece correctamente asociado al libro de Laverin en algunos catálogos, pero otras bases de datos comerciales lo utilizan para Hierbas mexicanas, de G. Hernández del Toro. Incluso un mismo agregador puede mostrar bajo el mismo número ejemplares de ambos títulos.
No hace falta resolver aquí el origen del error para obtener una conclusión útil: en libros populares reeditados durante años, las bases bibliográficas comerciales pueden mezclar registros. La página legal de la copia que tenemos delante ofrece una identificación mucho más sólida.
Y esa página dice con claridad: Editores Mexicanos Unidos, segunda edición, diciembre de 1992, ISBN 968-15-0780-0, impreso en México.
El ejemplar conservado en Librería5
La cubierta utiliza una fotografía de acebo, con sus frutos rojos rodeados de hojas verdes, sobre la que se compone el título en grandes caracteres blancos y amarillos. La imagen responde perfectamente al lenguaje visual del género: no presenta un laboratorio ni instrumental médico, sino una planta reconocible ocupando prácticamente toda la superficie.
La editorial, Editores Mexicanos Unidos, se especializó durante décadas en libros de gran difusión y precio accesible. Su catálogo combinó literatura clásica con manuales escolares, cocina, hogar, salud, superación personal y otros títulos prácticos destinados a lectores no especializados. Recetas curativas encaja de manera natural en esa tradición editorial.
- Título
- Recetas curativas a base de hierbas y plantas medicinales
- Autor acreditado
- Dr. J. Laverin
- Editorial
- Editores Mexicanos Unidos, S. A.
- Edición
- Segunda edición
- Fecha
- Diciembre de 1992
- ISBN
- 968-15-0780-0
- País de impresión
- México
- Encuadernación
- Rústica
Más que la antigüedad aislada del volumen, interesa lo que conserva. Su introducción pertenece a un momento reconocible en el que palabras como «ecología», «naturaleza» y «salud» empezaban a encontrarse cada vez con mayor frecuencia en la misma página. La solución propuesta era mirar hacia atrás: recuperar saberes vegetales transmitidos durante generaciones y convertirlos de nuevo en herramientas de la vida cotidiana.
Treinta años después, nuestra relación con esas plantas es más compleja. Algunas aplicaciones tradicionales han encontrado explicaciones químicas y evidencias experimentales; otras permanecen como usos históricos; algunas han sido descartadas o necesitan precauciones que los antiguos recetarios no contemplaban.
Por eso este libro resulta más interesante cuando no le pedimos que gane una guerra contra la medicina moderna. Representa otra cosa: la persistencia de una intuición humana antiquísima, la de buscar en el mundo vegetal sustancias capaces de modificar nuestro cuerpo, y el intento de una editorial popular de convertir esa tradición en un gran manual doméstico a comienzos de los años noventa.
La medicina ha cambiado. Las plantas siguen ahí.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad: documentación sobre plantas medicinales y tradición herbolaria mexicana.
- Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias: estudios sobre plantas medicinales y tradición ancestral en México.
- Organización Mundial de la Salud: seguridad, calidad y farmacovigilancia en medicina tradicional y productos herbales.
- Agencia Europea de Medicamentos: monografías y distinción entre uso tradicional y uso medicinal bien establecido.
- National Center for Complementary and Integrative Health: seguridad e interacciones entre hierbas y medicamentos.
- Anales de Otorrinolaringología Mexicana: referencia bibliográfica a una obra de J. Laverin publicada en México en 1979.