Técnicas de lectura rápida — Diana Darley Fink, John T. Tate y Michael D. Rose

Lo más curioso de un libro titulado Técnicas de lectura rápida aparece antes de comenzar el primer capítulo: sus propios autores advierten que aumentar la velocidad no sirve de gran cosa si, al hacerlo, dejamos de comprender lo que estamos leyendo.

Diana Darley Fink, John T. Tate Jr. y Michael D. Rose publicaron el original en Estados Unidos en 1982 con un título bastante más revelador: Speedreading: The How-To Book for Every Busy Manager, Executive, and Professional. Nació como una herramienta para profesionales desbordados por la información y terminó en España dentro de la Biblioteca Deusto de Desarrollo Personal.

Nuestro ejemplar pertenece a una impresión de 1992. Treinta y cuatro años después, una gran revisión de la investigación psicológica sobre lectura rápida llegaría a una conclusión que dialoga sorprendentemente bien con el prefacio del libro: podemos aprender a leer mejor y a seleccionar información más deprisa, pero velocidad y comprensión no pueden separarse sin coste.

Cubierta de Técnicas de lectura rápida, Ediciones Deusto
Edición de 1992 conservada en Librería5, dentro de la Biblioteca Deusto de Desarrollo Personal.

Un libro pensado originalmente para ejecutivos sin tiempo

La edición española oculta una parte importante de la personalidad original del libro. En 1982, John Wiley & Sons lo publicó como Speedreading: The How-To Book for Every Busy Manager, Executive, and Professional. El subtítulo identificaba de forma explícita a su lector ideal: alguien cuya actividad profesional le obligaba a enfrentarse con informes, memorias, prensa, correspondencia, manuales y documentos en cantidades mayores de las que podía procesar cómodamente.

La traducción española eliminó aquel destinatario del título y dejó una fórmula mucho más general, Técnicas de lectura rápida, pero el espíritu del original permanece en el prefacio. Leer requiere tiempo y el tiempo es tratado como un recurso que debe administrarse. El propósito del curso consiste en obtener más rendimiento de las horas dedicadas a la lectura, pero los autores introducen enseguida una limitación fundamental: hacerlo deprisa no tiene sentido si la velocidad destruye la comprensión.

La elección de Ediciones Deusto resulta especialmente coherente con ese origen. La editorial había nacido en Bilbao en 1960 precisamente para proporcionar materiales de formación a los directivos de las empresas españolas. Economía, gestión, organización y mejora de capacidades profesionales habían formado parte de su identidad desde el principio. Cuando esta obra entra en su catálogo, el manual estadounidense destinado al ejecutivo ocupado encuentra prácticamente el contexto editorial español para el que parecía diseñado.

Nuestra edición pertenece además a una etapa de transformación de la propia empresa. Grupo Planeta había adquirido Deusto en 1989 y el ejemplar que conservamos lleva depósito legal de 1992. Para entonces el libro ya había circulado anteriormente en España: existen registros de una edición de Deusto de 1988 con el mismo ISBN, de manera que nuestra copia no debe considerarse la primera edición española aunque no declare ningún número de edición.

El método no consiste solamente en mover los ojos más deprisa

La estructura del libro muestra una concepción de la lectura bastante más amplia de lo que podría sugerir su título. El primer capítulo pregunta por qué debemos leer deprisa y obliga al lector a valorar su situación inicial. Después se examinan los buenos y malos hábitos de lectura y sólo entonces llega el capítulo dedicado específicamente a adquirir mayor velocidad. La segunda mitad del libro trabaja comprensión, concentración y memoria antes de reunir finalmente todas las técnicas aprendidas.

Ese orden importa porque los autores entienden la lectura eficaz como un equilibrio entre varias capacidades. En el capítulo de comprensión aparecen procedimientos para inspeccionar previamente un texto, determinar la finalidad con que se lee y adaptar el método al tipo de información. No se supone que una novela, un documento técnico y un texto destinado simplemente a localizar un dato deban abordarse exactamente a la misma velocidad.

La concentración recibe igualmente un tratamiento propio. El lector debe prepararse antes de comenzar, reducir las distracciones externas y reconocer también las internas. La memoria ocupa después casi treinta páginas: memoria a corto y largo plazo, formas de recuerdo y sistemas de revisión. La lectura rápida termina convirtiéndose así en un pequeño programa de gestión de la atención y del aprendizaje.

El carácter de curso práctico aparece incluso al final. Uno de los apéndices enseña a calcular las palabras leídas por minuto y otro proporciona un gráfico para registrar el progreso. El lector no debe limitarse a creer que mejora: tiene que medir una velocidad inicial, practicar, volver a medirla y comprobar hasta qué punto la mejora sigue acompañada de comprensión.

La mejor defensa que el libro hace de sí mismo está paradójicamente en aquello que limita su promesa: no propone leerlo todo a máxima velocidad, sino aprender cuándo conviene acelerar, cuándo inspeccionar y cuándo es necesario detenerse.

El viejo sueño de leer muchísimo más deprisa

Cuando Fink, Tate y Rose publicaron el libro, la lectura rápida llevaba décadas convertida en una industria. Uno de sus momentos fundamentales había llegado en 1959 con Evelyn Wood y su programa Reading Dynamics, que popularizó la idea de que determinados ejercicios podían elevar espectacularmente el número de palabras procesadas por minuto. Desde entonces aparecieron cursos, manuales y posteriormente programas informáticos y aplicaciones que prometían liberarnos de unos hábitos lectores supuestamente demasiado lentos.

La fuerza del mensaje resulta fácil de entender. La cantidad de información que una persona educada debía manejar estaba creciendo mucho antes de Internet. Ejecutivos, abogados, estudiantes, técnicos y funcionarios podían encontrarse ya en los años setenta y ochenta con más documentos de los que era razonable leer detenidamente. El problema formulado en el prefacio de nuestro ejemplar era real: el volumen de lectura aumenta con mucha mayor facilidad que el tiempo disponible para realizarla.

La dificultad consiste en determinar qué significa exactamente «leer más rápido». Podemos hojear un documento para descubrir su estructura, recorrer una página buscando un nombre o una cifra, saltar información conocida o acelerar en pasajes sencillos. Todas esas estrategias permiten atravesar una cantidad mayor de texto en menos tiempo. Pero son diferentes de la afirmación mucho más extraordinaria de que alguien puede multiplicar varias veces su velocidad de lectura y continuar extrayendo exactamente la misma cantidad de significado.

Técnicas de lectura rápida se encuentra en un punto relativamente moderado dentro de esa tradición. Conserva ejercicios destinados a aumentar la velocidad y combatir determinados hábitos, pero insiste continuamente en la comprensión y adapta la técnica a las necesidades de cada lectura. Esa prudencia hace que algunas partes hayan envejecido mejor que las promesas más espectaculares asociadas históricamente al movimiento de lectura veloz.

Lo que sabemos hoy sobre velocidad y comprensión

En 2016, Keith Rayner, Elizabeth R. Schotter, Michael E. J. Masson, Mary C. Potter y Rebecca Treiman publicaron una extensa revisión de la investigación científica acumulada sobre lectura rápida. El resultado puso límites importantes a las grandes promesas comerciales: no existe buena evidencia de un procedimiento sencillo que permita duplicar o triplicar de forma general la velocidad de lectura y conservar al mismo tiempo una comprensión equivalente a la obtenida mediante una lectura normal.

La razón no consiste únicamente en que nuestros ojos se muevan despacio. Leer implica reconocer palabras, establecer relaciones sintácticas, recuperar conocimientos anteriores, construir significado y realizar inferencias. Una parte de ese procesamiento necesita tiempo. Podemos presentar las palabras más rápidamente o entrenarnos para evitar determinadas regresiones visuales, pero eso no elimina automáticamente el trabajo lingüístico y cognitivo necesario para entenderlas.

La investigación sí reconoce algo bastante más útil: existen distintas velocidades apropiadas para distintos objetivos. El skimming permite recorrer un texto dos, tres o incluso cuatro veces más deprisa cuando buscamos una idea general o una información específica, aunque la comprensión detallada disminuya. Los lectores experimentados también pueden ser más rápidos porque conocen mejor el vocabulario, dominan el tema o identifican con mayor eficacia la estructura de aquello que leen.

Por eso la conclusión moderna no consiste en recomendar que todos leamos despacio. Consiste en rechazar la existencia de una técnica milagrosa que permita conservarlo todo mientras multiplicamos indefinidamente la velocidad. La lectura eficaz es flexible: unas veces interesa estudiar, otras inspeccionar, otras buscar y otras simplemente avanzar con rapidez suficiente para decidir si un texto merece una lectura más profunda.

Treinta y cuatro años después de nuestro ejemplar, la investigación terminó formulando una versión más precisa de una advertencia que ya estaba en su prefacio: la velocidad sólo es una mejora cuando continúa sirviendo al propósito de la lectura.

De la productividad empresarial al desarrollo personal

La edición de Deusto modifica también el marco cultural del original. El libro estadounidense se presentaba a managers, ejecutivos y profesionales; la cubierta española elimina esos destinatarios y lo integra en la Biblioteca Deusto de Desarrollo Personal. La contracubierta explica que la colección pretende ayudar al lector a conocerse mejor, desarrollar sus capacidades intelectuales, relacionarse satisfactoriamente y alcanzar éxito personal y profesional.

Los campos elegidos por la editorial —autoformación, organización personal, comunicación, relaciones personales y relaciones profesionales— describen una concepción bastante amplia de aquello que durante los años noventa empezaba a denominarse desarrollo personal. Saber leer mejor no pertenece sólo a la educación escolar: se convierte en una habilidad mediante la cual el individuo administra su tiempo, mejora su aprendizaje y aumenta su capacidad profesional.

Esta mezcla de productividad y autodesarrollo es una de las características más interesantes del ejemplar. El lector ya no compra únicamente un libro sobre el movimiento de los ojos. Compra una herramienta para reorganizar un comportamiento cotidiano. Hay que diagnosticar hábitos, establecer objetivos, practicar técnicas, registrar progresos y convertir finalmente esas técnicas en componentes permanentes de la conducta.

En ese sentido, el libro pertenece a la misma familia cultural que muchos manuales de organización del tiempo, memoria, comunicación o toma de decisiones. Todos parten de la idea de que capacidades aparentemente espontáneas pueden descomponerse, observarse y entrenarse mediante procedimientos concretos. La Biblioteca Deusto convierte esa idea en una colección completa.

Contracubierta de Técnicas de lectura rápida
La Biblioteca Deusto de Desarrollo Personal situaba la lectura rápida junto a la autoformación, la organización y las habilidades personales y profesionales.

Nuestro ejemplar de 1992

El volumen conservado en Librería5 corresponde a una impresión de 1992 de Ediciones Deusto. La página legal señala la sede editorial en Alameda de Recalde, 27, Bilbao, y proporciona dos ISBN: 84-234-0742-X para este título y 84-234-1012-9 para la obra completa de la colección. El depósito legal es B-31.077-1992 y la impresión fue realizada por Cayfosa en Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona; la distribución correspondió a Marco Ibérica Distribución de Ediciones.

Estos datos permiten distinguir nuestra copia de otras impresiones que circulan con el mismo ISBN. Existen ejemplares y digitalizaciones con depósitos legales y talleres de impresión diferentes, algo perfectamente normal en un libro reimpreso durante varios años. Para Librería5 interesa precisamente conservar la identidad de esta copia y no sustituir sus datos por los de otro ejemplar aparentemente idéntico.

Los catálogos bibliográficos atribuyen la obra a Diana Darley Fink, John T. Tate Jr. y Michael D. Rose y registran 207 páginas. La cubierta, sin embargo, prescinde de los nombres de los autores y convierte el título en el elemento dominante. Visualmente aparece un libro abierto cuyas páginas se despliegan sobre un fondo azul, acompañado de varios volúmenes apilados: una representación sencilla de la promesa de atravesar los libros con mayor rapidez.

Título
Técnicas de lectura rápida
Autores
Diana Darley Fink, John T. Tate Jr. y Michael D. Rose
Título original
Speedreading: The How-To Book for Every Busy Manager, Executive, and Professional
Primera publicación
John Wiley & Sons, 1982
Editorial
Ediciones Deusto, S. A.
Colección
Biblioteca Deusto de Desarrollo Personal
Ejemplar de Librería5
Impresión de 1992
Páginas
207
ISBN
84-234-0742-X
ISBN de la obra completa
84-234-1012-9
Depósito legal
B-31.077-1992
Impresión
Cayfosa, Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona)
Distribución
Marco Ibérica Distribución de Ediciones, S. A.
Encuadernación
Rústica ilustrada

El índice termina después de haber pasado por velocidad, comprensión, concentración y memoria. Esa secuencia quizá explique mejor el libro que la gran palabra «rápida» de la cubierta. Los autores no prometen simplemente atravesar páginas a toda velocidad, sino cambiar la forma en que el lector decide qué merece atención, cuánto tiempo debe dedicarle y qué necesita recordar después.

Más de cuatro décadas después de la aparición del original, la ciencia ha puesto límites claros a algunas aspiraciones históricas de la lectura rápida. Pero el problema del que partía el libro sólo se ha vuelto más urgente: tenemos una cantidad prácticamente ilimitada de cosas que podríamos leer y seguimos disponiendo de veinticuatro horas al día. Quizá la habilidad decisiva no sea leerlo todo más deprisa, sino saber qué merece ser leído despacio.

Fuentes utilizadas para contextualizar la obra