Un mundo sin fin — Ken Follett

La Peste Negra que Ken Follett tardó dieciocho años en encontrar

Portada de Un mundo sin fin de Ken Follett, edición Debolsillo de 2010
Portada del ejemplar de Un mundo sin fin conservado en Librería5, primera edición en este formato de Debolsillo, octubre de 2010.

Ken Follett tardó casi dieciocho años en regresar a Kingsbridge porque no encontraba nada suficientemente grande para competir con la construcción de una catedral. Pensó incluso en abandonar la Edad Media. Hasta que encontró la respuesta: la Peste Negra. Pero tomó una decisión extraña para una novela que gira alrededor de ella: la epidemia no aparece hasta después de más de quinientas páginas. Follett quería que sus personajes tuviesen primero trabajos, amores, enemigos, propiedades y proyectos; solo entonces haría entrar la peste y lo derribaría todo.

La peste tenía que ser tan grande como una catedral

Los pilares de la Tierra apareció en 1989. Follett ha contado que terminó aquella novela completamente exhausto y sin ninguna intención de escribir una continuación.

Había además un problema evidente: al final de la historia los personajes principales eran ancianos o habían muerto. Una secuela convencional no tenía demasiado sentido.

Durante años, sin embargo, los lectores siguieron preguntándole cuándo volvería a aquel mundo. Follett terminó aceptando la idea de regresar a Kingsbridge, pero dos siglos después y con otros personajes.

Le faltaba una cosa.

Un acontecimiento capaz de desempeñar en la nueva novela el papel que había tenido la catedral en la anterior.

En una entrevista de 2007 explicó que llevaba mucho tiempo buscando un tema «tan grande» como aquel. Cuando pensó en la Peste Negra y en el cambio de la medicina medieval, comprendió que por fin lo había encontrado.

La verdadera continuación de la catedral no es otro edificio: es una catástrofe demográfica.

Eso explica la escala de Un mundo sin fin. La acción arranca el 1 de noviembre de 1327 y acompaña durante décadas a los habitantes de Kingsbridge hasta que la epidemia altera no solo sus vidas, sino las relaciones entre campesinos, nobles, comerciantes, Iglesia y médicos.

Follett decidió esconder la Peste Negra durante media novela

La estructura fue deliberada.

Cuando Publishers Weekly le preguntó en 2007 por qué la primera aparición importante de la Peste Negra tardaba más de quinientas páginas, Follett respondió que necesitaba que sus personajes hubieran vivido antes.

Tenían que poseer ambiciones, relaciones, amistades y enemistades suficientemente sólidas para que la epidemia pudiera destruir algo que importase al lector.

La peste no debía actuar como decorado medieval.

Debía funcionar como una bomba narrativa situada en mitad de una novela de más de mil páginas.

Eso permite entender mejor el tamaño del libro. Follett no utiliza cientos de páginas para preparar la llegada de una amenaza desconocida; utiliza esos años para construir la sociedad que después va a someter a una prueba extrema.

Todo empieza con cuatro niños y un crimen en el bosque

Antes de la epidemia, antes de la guerra y antes de los grandes conflictos de Kingsbridge, hay cuatro niños.

La presentación que hace el propio Follett es casi un reparto de funciones:

Gwenda Una niña pobre que ya conoce el robo como forma de supervivencia y cuya vida quedará condicionada por su condición campesina.
Ralph El matón del grupo, físicamente fuerte y cada vez más cómodo con la violencia y el poder.
Merthin Un muchacho con una inteligencia excepcional para comprender estructuras, máquinas y edificios.
Caris La hija de un comerciante que quiere comprender la enfermedad y choca constantemente con los límites impuestos a las mujeres.

El día de Todos los Santos de 1327 los cuatro se internan en el bosque y presencian un enfrentamiento en el que mueren dos hombres.

Uno de los supervivientes es sir Thomas Langley.

Merthin le ayuda a enterrar una carta.

Thomas le hace prometer que no revelará su existencia mientras él siga vivo.

Después entra en el priorato de Kingsbridge y se convierte en monje.

El documento permanecerá bajo tierra durante décadas.

Follett coloca así un secreto político en 1327 y lo obliga a sobrevivir mientras alrededor envejecen los personajes, estalla una guerra y media Europa muere de peste.

El secreto toca uno de los grandes misterios medievales: ¿qué ocurrió realmente con Eduardo II?

La elección de 1327 no es casual.

El rey Eduardo II de Inglaterra había sido depuesto aquel mismo año y, según el relato tradicional, murió —probablemente asesinado— en el castillo de Berkeley el 21 de septiembre de 1327.

La novela comienza apenas seis semanas después.

Sin revelar aquí el contenido exacto de la carta enterrada por Thomas Langley, sí puede decirse que Follett convierte en ficción una duda histórica que existe realmente: la posibilidad de que Eduardo II no hubiera muerto cuando se anunció su muerte.

El centro documental de esa controversia es la llamada Carta de Fieschi, un texto medieval atribuido al clérigo genovés Manuele Fieschi y datado normalmente hacia 1336-1338. Según su relato, Eduardo habría escapado de Berkeley y terminado viviendo en el continente.

La carta es auténticamente medieval; lo discutido es que su historia sea verdadera.

El historiador Ian Mortimer defendió en The English Historical Review que existen razones para considerar posible que el rey sobreviviera al menos hasta 1330. Otros especialistas, entre ellos J. S. Hamilton y Seymour Phillips, han considerado mucho más sólida la explicación tradicional: Eduardo murió en Berkeley en 1327.

La conspiración de Follett, por tanto, no sale completamente de la nada. Toma una controversia historiográfica real y le proporciona aquello de lo que carece la historia: una carta ficticia capaz de resolver el misterio sin ambigüedades.

Mientras la carta espera bajo tierra, Kingsbridge cambia

La novela salta hacia adelante y vuelve a encontrar a los cuatro niños convertidos en adultos.

Merthin se transforma en constructor e ingeniero. Ralph encuentra en la guerra un camino hacia la nobleza. Gwenda intenta obtener algo tan elemental como el control sobre su propia vida. Caris se convierte en comerciante, dirigente y sanadora en un mundo donde prácticamente cada estructura institucional importante está diseñada para limitarla.

Follett vuelve a utilizar la arquitectura, pero ya no necesita construir una catedral desde los cimientos.

Ahora el gran problema de Kingsbridge es también cómo circulan personas, mercancías y dinero.

El puente de la ciudad adquiere así una importancia decisiva. Cuando la vieja estructura se derrumba, la catástrofe no es únicamente arquitectónica: altera comercio, poder municipal y relaciones entre el priorato y los habitantes.

Merthin representa el mismo principio que después encarnará Caris en medicina: mirar un problema, observar por qué falla y proponer una solución aunque contradiga la autoridad tradicional.

Caris está hecha para llevar una idea moderna al interior del siglo XIV

Follett explicó que uno de los temas centrales de Un mundo sin fin era el paso desde una medicina dominada por tradición y autoridad hacia otra que prestase mayor atención a la observación y al registro de resultados.

Caris es la personificación literaria de ese cambio.

No acepta que una práctica sea correcta solamente porque la defienda un médico formado o porque venga respaldada por una tradición antigua. Observa enfermos, compara resultados e intenta descubrir qué conductas parecen reducir el contagio.

Cuando llega la peste, esa actitud entra en conflicto directo con médicos, clérigos y autoridades.

Narrativamente funciona de maravilla.

Históricamente exige un matiz.

La tesis de Follett sobre el «nacimiento de la medicina moderna» durante la Peste Negra es útil como eje dramático, pero simplifica una historia bastante más complicada.

Los médicos medievales no se limitaban a rezar. En 1348 aparecieron rápidamente tratados específicos sobre la peste escritos por médicos universitarios y cirujanos. Algunos combinaban astrología, teoría humoral y explicaciones que hoy sabemos equivocadas con observaciones clínicas, recomendaciones preventivas y conceptos de contagio.

La historiografía actual subraya precisamente esa mezcla.

La epidemia obligó a reconocer fenómenos nuevos y favoreció nuevas prácticas de salud pública, pero la medicina académica continuó siendo profundamente galénica durante mucho tiempo.

Follett acelera esa transformación para convertirla en conflicto entre personajes.

La crítica contemporánea ya detectó esa tensión. The Washington Post elogió el detalle medieval de la novela, pero observó que algunos personajes piensan ocasionalmente con una sensibilidad demasiado moderna. Los Angeles Times fue todavía más explícito al describir a Caris como una figura prácticamente adelantada siglos a su época.

Caris no es una reconstrucción exacta de una médica de 1348. Es el instrumento que Follett utiliza para dramatizar la aparición de una pregunta moderna: ¿y si dejamos de preguntar quién tiene autoridad y empezamos a comprobar qué funciona?

La peste mata personas, pero también cambia el precio del trabajo

La Peste Negra llegó a Inglaterra en 1348.

Las cifras exactas continúan siendo objeto de debate, pero los estudios demográficos actuales consideran plausible que la población inglesa quedara reducida aproximadamente a la mitad durante las grandes oleadas de mediados del siglo XIV.

Las consecuencias económicas fueron inmediatas.

Había tierras que cultivar y talleres que mantener, pero muchos de los trabajadores habían muerto.

Los supervivientes descubrieron que su trabajo valía más.

La Corona respondió con una intervención extraordinariamente reveladora. La Ordenanza de Trabajadores de 1349 y el posterior Statute of Labourers de 1351 intentaron impedir que los trabajadores aprovecharan la escasez para exigir mejores salarios y abandonar a un empleador en busca de otro.

El texto legal de 1351 pretendía fijar salarios según niveles anteriores a la epidemia y restringir la movilidad laboral.

Era una ley contra una realidad económica nueva.

Después de matar a una parte enorme de la población, la peste había dado a muchos supervivientes algo que antes apenas poseían: capacidad de negociación.

Esta transformación está incorporada directamente en la trama de Follett. Los conflictos de Gwenda y Wulfric con propietarios y señores no son solamente melodrama personal: pertenecen a un momento en que la desaparición de trabajadores empezó a erosionar relaciones sociales que parecían inamovibles.

La gran catástrofe está en mitad del libro porque también divide la historia europea

La estructura de Un mundo sin fin reproduce, en miniatura, el cambio histórico.

Antes de la peste, Kingsbridge funciona mediante un equilibrio reconocible:

  • la Iglesia controla hospitales, tierras y buena parte del conocimiento escrito;
  • los señores dominan jurídicamente a muchos campesinos;
  • los comerciantes necesitan negociar constantemente con el priorato;
  • las mujeres encuentran barreras legales y religiosas para ejercer autoridad;
  • la tradición tiene un peso enorme frente a la innovación técnica.

Después de la peste, el sistema continúa existiendo, pero la relación entre sus piezas cambia.

No porque la Europa medieval despierte de repente convertida en moderna, sino porque una sociedad que pierde en meses a una proporción enorme de sus habitantes ya no puede comportarse exactamente como antes.

La catástrofe crea vacantes, herencias, tierras sin cultivar, salarios en disputa, conventos sin personal, comerciantes muertos y familias enteras borradas.

Follett explota narrativamente cada uno de esos huecos.

El título inglés contiene algo que desaparece al traducirlo literalmente

World Without End suena en inglés de una manera ligeramente distinta a Un mundo sin fin.

La expresión aparece en la forma tradicional inglesa del Gloria Patri:

As it was in the beginning, is now, and ever shall be, world without end. Amen.

La fórmula latina correspondiente termina con in saecula saeculorum.

En español la reconocemos mucho mejor como «por los siglos de los siglos».

Por eso World Without End no evoca solamente un mundo que literalmente «no termina». Tiene también un eco litúrgico inmediato, especialmente adecuado para una novela donde monasterio, catedral, oración y poder eclesiástico están presentes desde la primera página.

La traducción Un mundo sin fin es comprensible y poderosa como título, pero pierde parte de esa resonancia religiosa del original inglés.

Una novela enorme traducida por un nombre que en realidad era un grupo

La página legal del ejemplar de Librería5 contiene otro dato que puede pasar inadvertido:

© 2007, ANUVELA, por la traducción

Anuvela no era el apellido de un traductor.

Era un colectivo de traducción literaria nacido en Barcelona en 2001.

Sus miembros desarrollaron un sistema para repartir obras extensas entre varios traductores y después someter el conjunto a coordinación, revisión y unificación estilística. El grupo explicaba que firmaba los trabajos colectivos bajo el nombre común ANUVELA, independientemente de qué integrantes hubieran participado en un proyecto concreto.

La magnitud de Un mundo sin fin permite entender perfectamente por qué las editoriales recurrieron a ese sistema: estamos ante una novela de más de mil páginas publicada prácticamente de forma simultánea en numerosos mercados.

La primera edición española de Plaza & Janés apareció en 2007 y acreditó ya la traducción a Anuvela. La edición Debolsillo de 2010 conservó esa misma versión.

Detrás de una novela sobre una ciudad construida por muchas manos hay, en español, una traducción que también fue concebida como trabajo colectivo.

Nuestro ejemplar: una edición de 2010 que no es la primera española

La página legal del volumen conservado en Librería5 es clara:

«Primera edición en este formato: octubre 2010».

La precisión «en este formato» importa.

Un mundo sin fin había sido publicado en castellano por Plaza & Janés en 2007, el mismo año que el original inglés. Debolsillo recuperó después la traducción de Anuvela y la presentó en una edición compacta de tapa dura.

Las principales capas editoriales del ejemplar son:

  • 2007: copyright de Ken Follett para World Without End.
  • 2007: Random House Mondadori publica la edición española.
  • 2007: Anuvela firma la traducción.
  • Octubre de 2010: primera edición en este formato de Debolsillo.
Contraportada de Un mundo sin fin de Ken Follett, edición Debolsillo de 2010
Contraportada de la edición de 2010. El volumen presenta la novela como continuación de Los pilares de la Tierra y sitúa la Peste Negra en el centro de la historia.

El precio impreso es de 12,95 euros.

La sobrecubierta fue diseñada dentro de Random House Mondadori y figura el nombre de Ferran López. En las solapas se promocionan otros títulos contemporáneos del catálogo de bolsillo, desde Isabel Allende y Laura Esquivel hasta Gabriel García Márquez, John le Carré, Julia Navarro, Diane Setterfield y Javier Sierra.

Una pequeña discrepancia de páginas incluso con un ISBN moderno

El ISBN de nuestro ejemplar es inequívoco: 978-84-9908-679-8.

Sin embargo, las fichas externas no coinciden completamente en la paginación.

Casa del Libro, Agapea y varias librerías registran 1.184 páginas. Otros catálogos de ejemplares usados describen volúmenes de 1.178 páginas.

La diferencia probablemente deriva de criterios distintos de recuento o de registros bibliográficos heredados, pero sin una imagen del último folio numerado de nuestro volumen no merece la pena convertir una cifra externa en dato físico seguro.

Una vez más, el ISBN identifica la edición mejor que una cifra de páginas repetida automáticamente entre catálogos.

Ficha del ejemplar conservado en Librería5

Autor
Ken Follett
Título
Un mundo sin fin
Título original
World Without End
Primera publicación original
2007
Traducción
Anuvela
Primera edición española
Plaza & Janés / Random House Mondadori, 2007
Editorial del ejemplar
Debolsillo / Random House Mondadori
Edición
Primera edición en este formato
Fecha
Octubre de 2010
ISBN
978-84-9908-679-8
ISBN-10
84-9908-679-9
Depósito legal
B-34113-2010
Fotocomposición
Lozano Paisano, S. L., L'Hospitalet
Impresión
Liberdúplex, S. L. U., Sant Llorenç d'Hortons (Barcelona)
Diseño
Random House Mondadori / Ferran López
Encuadernación
Tapa dura; los catálogos describen el ejemplar también con sobrecubierta
Dimensiones externas
Aproximadamente 19,7 × 13,4 cm según catalogación comercial
Paginación
1.184 páginas en la mayor parte de los registros; algunos catálogos de ejemplares usados indican 1.178
Precio impreso
12,95 €

Título original, fecha de esta edición, copyrights, traducción, ISBN, depósito legal, fotocomposición e imprenta constan directamente en la página legal del ejemplar conservado en Librería5. Precio, cubierta y responsables gráficos proceden del propio volumen. Paginación y dimensiones se han contrastado con registros externos y se conserva la discrepancia encontrada.

La crítica vio exactamente la virtud y el defecto del método Follett

World Without End llegó al número uno de la lista de best sellers de The New York Times.

Pero la recepción crítica resulta más interesante que una simple cifra de ventas.

The Washington Post, en una reseña firmada por Diana Gabaldon, destacó el enorme trabajo de detalle histórico y comparó la construcción de la novela con la solidez del puente de Merthin. Al mismo tiempo criticó cierta tendencia a presentar los conflictos medievales mediante personajes demasiado claramente divididos entre buenos y malos, además de introducir ocasionalmente una sensibilidad moderna.

Los Angeles Times fue todavía menos indulgente con la verosimilitud histórica de algunas soluciones de Caris, pero reconoció la capacidad de Follett para mantener el impulso narrativo durante más de mil páginas.

Ésa probablemente sea la tensión central de la novela.

Follett no intenta reconstruir una Edad Media que piense siempre exactamente como pensaba una persona de 1348. Construye personajes comprensibles para el lector contemporáneo y los hace chocar contra instituciones medievales reales.

La novela es más fiable cuando explica cómo funcionan un puente, un priorato, una feria, una ley laboral o una epidemia que cuando pretende que algunos de sus protagonistas tengan exactamente la mentalidad de una persona del siglo XIV.

Una novela sobre lo que queda cuando muere media ciudad

El mayor acierto de Un mundo sin fin no consiste simplemente en incluir la Peste Negra dentro de una aventura medieval.

Consiste en esperar.

Primero conocemos quién ama a quién, quién posee la tierra, quién controla el puente, quién aspira a convertirse en noble, quién quiere ejercer la medicina y quién depende de otro para poder trabajar.

Después llega la peste.

Y cada muerte altera algo más que una familia.

Desaparece un trabajador y cambia el salario. Muere un propietario y cambia una herencia. Muere un monje y cambia el poder dentro del priorato. Muere un médico y queda libre un espacio para otro tipo de conocimiento. Muere un comerciante y cambia el equilibrio político de la ciudad.

Por eso Follett necesitaba centenares de páginas antes de introducir la catástrofe.

La Peste Negra solo podía destruir Kingsbridge después de que Kingsbridge hubiese llegado a parecernos un lugar que funcionaba.

En Los pilares de la Tierra, una sociedad medieval construía una catedral. En Un mundo sin fin, Follett hace lo contrario: construye una sociedad entera para poder mostrar qué sucede cuando una epidemia arranca de ella una persona de cada dos.