Hay libros que intentan seducir al lector desde la contracubierta: una sinopsis, varias frases elogiosas, quizá una fotografía del autor y una ristra de premios. El guardián entre el centeno pertenece a una especie mucho más rara. J. D. Salinger llegó a imponer tales restricciones sobre la presentación de sus obras que Alianza Editorial continúa advirtiendo que, por deseo expreso del escritor, no puede acompañar esta novela con el habitual material promocional, biográfico o crítico.
Eso convierte la cubierta del ejemplar conservado en Librería5 en algo más interesante de lo que aparenta. Manuel Estrada dispuso casi únicamente de letras y espacio para construirla. El título ocupa prácticamente toda la superficie; el nombre de Salinger queda abajo, sin personajes, escenas ni explicaciones. El libro parece negarse a venderse antes de que uno lo abra. Pocas cubiertas podrían resultar más apropiadas para una novela narrada por un muchacho que desconfía compulsivamente de todo aquello que le parece impostado, publicitario o falso.
Pero reducir El guardián entre el centeno a la historia del adolescente rebelde que detesta a los adultos sería quedarse con la caricatura que dejó su propia fama. Bajo la insolencia de Holden Caulfield hay duelo, miedo, deseo de afecto y una desesperada resistencia al cambio. La verdadera pregunta de la novela no es por qué Holden se rebela, sino por qué necesita con tanta urgencia que ciertas cosas no cambien jamás.
Tres días en Nueva York y una voz que no sabe callarse
Holden Caulfield tiene dieciséis años y cuenta la historia retrospectivamente desde un lugar de convalecencia que la novela deja deliberadamente impreciso. Lo que recuerda ocurrió alrededor de Navidad, después de haber sido expulsado de Pencey Prep, otro de los colegios en los que no ha conseguido encajar. En vez de regresar inmediatamente a casa y enfrentarse a sus padres, abandona el internado antes de tiempo y pasa unos días vagando por Nueva York.
Ese argumento mínimo sostiene prácticamente toda la novela. Holden se hospeda en un hotel, frecuenta bares pese a ser menor, intenta telefonear a personas a las que luego no sabe qué decir, conversa con taxistas, conoce a dos monjas, contrata a una prostituta sin ser capaz de mantener relaciones con ella, sale con Sally Hayes, busca a antiguos conocidos y piensa continuamente en Jane Gallagher, a quien nunca llega a encontrarse. Sus movimientos producen la apariencia de una novela de peripecias urbanas, pero casi todas las aventuras terminan igual: Holden quiere establecer contacto con alguien y, cuando lo consigue, hace cuanto puede por estropearlo.
Ahí está una de las virtudes del libro. Salinger no necesita explicar psicológicamente a Holden desde fuera porque permite que se revele hablando. El muchacho juzga a todo el mundo, exagera, contradice sus propias afirmaciones, presume de cosas que inmediatamente desmiente y miente incluso cuando no tiene ninguna necesidad de hacerlo. Sin embargo, esa falta de fiabilidad no aleja al lector. Produce el efecto contrario: cuanto más intenta Holden controlar el relato, más claramente aparecen las cosas que no sabe expresar.
Holden Caulfield: rebelde, mentiroso y herido
La palabra que normalmente se asocia con Holden es «rebeldía». No es incorrecta, pero resulta insuficiente. Su rechazo de colegios, profesores, actores, compañeros, escritores, empresarios y adultos en general forma una defensa extraordinariamente eficaz: si todo el mundo es falso, él nunca tiene que admitir cuánto necesita a los demás. La misantropía de Holden convive continuamente con una necesidad casi desesperada de compañía.
El centro emocional que permite entender esa contradicción es Allie, su hermano menor, muerto de leucemia algunos años antes de los acontecimientos narrados. Holden conserva su recuerdo de una forma que se parece menos a la memoria que a la resistencia. Allie ha quedado detenido para siempre en la infancia; no puede decepcionarlo, envejecer, convertirse en adulto ni abandonarlo voluntariamente. En contraste, los vivos cambian constantemente, y Holden no posee herramientas para aceptar esa transformación.
Jane Gallagher ocupa un lugar parecido. Holden piensa repetidamente en ella, recuerda gestos minúsculos y se inquieta cuando su compañero Stradlater sale con ella, pero nunca llega a telefonearla cuando realmente podría hacerlo. Jane funciona casi mejor como recuerdo preservado que como persona presente. Phoebe, su hermana pequeña, constituye la excepción: es una niña real, inteligente y capaz de enfrentarse a Holden. Precisamente por eso será ella quien termine obligándolo a observar las contradicciones de su propia visión del mundo.
La gran contradicción de Holden: desprecia la falsedad de los demás mientras él mismo miente continuamente. La diferencia es que sus mentiras rara vez buscan dominar a alguien; con frecuencia sirven para aplazar un encuentro, inventarse otra identidad o evitar una verdad que todavía no sabe soportar.
El centeno, el precipicio y el error que da título al libro
El título procede de uno de los momentos decisivos de la novela. Holden escucha a un niño cantar una canción basada en Comin' Thro' the Rye, de Robert Burns, y recuerda mal uno de sus versos. Allí donde la canción habla de que una persona se encuentre con otra entre el centeno, Holden cree haber oído que una persona «atrapa» a otra. El error parece insignificante hasta que Phoebe le pregunta qué querría hacer realmente con su vida.
Entonces Holden imagina un enorme campo de centeno lleno de niños que juegan sin darse cuenta de que al final existe un precipicio. Él sería el único adulto presente y su trabajo consistiría en permanecer junto al borde, agarrando a cualquiera que estuviera a punto de caer. Ése sería su oficio: el catcher, el que atrapa, el guardián entre el centeno.
La belleza de la imagen consiste en que toda una filosofía personal nace de una frase mal escuchada. Holden quiere convertir un encuentro en un rescate. No concibe el crecimiento como tránsito, sino como caída; la inocencia sólo puede conservarse evitando que el niño llegue al otro lado. Su fantasía explica la protección que siente hacia Phoebe, su veneración por Allie y también buena parte de su repugnancia ante la sexualidad adulta. El problema es que nadie puede ocupar eternamente ese puesto junto al precipicio.
Patos, museos, una gorra roja y un carrusel
Salinger llena el recorrido de Holden de objetos y lugares que reaparecen sin necesidad de presentarlos solemnemente como símbolos. El muchacho pregunta una y otra vez qué ocurre con los patos de Central Park cuando el estanque se hiela. La pregunta parece absurda y los taxistas reaccionan como si lo fuera, pero encierra precisamente el problema que lo obsesiona: ¿adónde va algo cuando desaparece temporalmente de su lugar?, ¿puede marcharse y regresar?, ¿cómo se sobrevive al invierno?
El Museo de Historia Natural representa la solución opuesta. Holden recuerda que las vitrinas permanecían idénticas mientras quien regresaba a mirarlas había cambiado. Le atrae un mundo en el que las cosas pueden quedarse exactamente donde estaban. Es la misma imposibilidad que atraviesa su relación con la infancia: conservarla exigiría detener el tiempo.
Incluso la llamativa gorra roja de caza que compra Holden participa de esa tensión. Le sirve para diferenciarse y protegerse a la vez, como una pequeña frontera visible entre él y los demás. Su deseo de singularidad es auténtico, pero también lo aísla. Salinger vuelve una y otra vez sobre ese mecanismo: Holden reclama desesperadamente autenticidad mientras levanta defensas que dificultan cualquier intimidad auténtica.
Por eso el carrusel de las últimas páginas tiene tanta fuerza. Frente al movimiento circular del tiovivo, Holden observa a Phoebe intentando alcanzar aquello que desea y empieza a aceptar una idea que contradice por completo su fantasía del centeno: proteger a un niño no significa impedirle correr todo riesgo. Existe una diferencia entre cuidar y congelar. La novela no convierte de repente a Holden en un adulto reconciliado con el mundo, pero abre una grieta en su necesidad de detenerlo.
Una voz oral extraordinariamente difícil de traducir
Gran parte del efecto de The Catcher in the Rye depende menos de lo que Holden cuenta que de cómo lo cuenta. La novela está construida sobre reiteraciones, muletillas, exageraciones, cambios bruscos de tema, apelaciones al interlocutor y un vocabulario coloquial que en 1951 resultaba particularmente llamativo. Su voz necesita parecer espontánea sin ser descuidada: Salinger escribe con enorme precisión para producir la impresión de un muchacho que simplemente habla.
Eso explica la importancia de la traducción. La primera versión castellana conocida apareció en Buenos Aires en 1961, traducida por Manuel Méndez de Andés como El cazador oculto. En España, Alianza publicó en 1978 la traducción de Carmen Criado con el título que terminaría imponiéndose, El guardián entre el centeno. La propia Criado revisó posteriormente su traducción en 2006, y esa versión revisada es la que contiene el ejemplar conservado en Librería5.
La revisión no fue un simple cambio de cubierta o una corrección tipográfica. Los estudios comparativos de ambas versiones han señalado que la versión revisada reproduce mejor varios rasgos coloquiales y orales del original. Traducir a Holden significa decidir una y otra vez qué edad debe tener su español, cuánto debe sonar a una época concreta y hasta qué punto las muletillas inglesas pueden convertirse en expresiones naturales sin transformar al personaje en un adolescente nacido medio siglo después.
Incluso el título contiene un problema de traducción imposible de resolver por diccionario. Catcher importa porque Holden altera el verso de Burns y convierte mentalmente el verbo en una misión protectora. De ahí que hayan coexistido títulos castellanos tan diferentes como El cazador oculto y El guardián entre el centeno. El título español de Carmen Criado quizá suene extraño, pero esa extrañeza tiene una ventaja: obliga a llegar a la escena de Phoebe para averiguar qué demonios significa.
Una novela que empezó antes de 1951
The Catcher in the Rye apareció en Estados Unidos el 16 de julio de 1951, publicada por Little, Brown and Company, pero Holden Caulfield llevaba mucho tiempo rondando la escritura de Salinger. Algunos materiales de la futura novela habían aparecido ya en relatos de los años cuarenta. I'm Crazy, publicado en 1945, contiene episodios y situaciones que después pasarían al libro, mientras que Slight Rebellion off Madison, escrito anteriormente y publicado por The New Yorker en 1946, presenta otra etapa en la formación del personaje.
La propia página legal de nuestro ejemplar conserva esa genealogía en una línea aparentemente anodina: los derechos de Salinger aparecen fechados en 1945, 1946 y 1951. El dato material del libro acaba señalando hacia la historia de su composición.
Entre aquellos primeros Holden y la novela de 1951 se encuentra además la experiencia bélica de Salinger. El escritor sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en la 4.ª División de Infantería estadounidense, desembarcó en Utah Beach durante el Día D y atravesó algunos de los combates más duros de la campaña europea. Los biógrafos han relacionado esa experiencia con el tono que adquirió posteriormente su escritura. Conviene no convertir por ello a Holden en un simple alter ego ni a la novela en una alegoría de guerra, pero sí recordar que el desprecio del personaje hacia la violencia, la impostura y determinadas versiones de la respetabilidad adulta fue escrito por alguien que había conocido una forma extrema del mundo adulto.
El libro que fue expulsado de las aulas y entró en el canon escolar
La recepción de la novela produjo una de las paradojas más famosas de la literatura estadounidense del siglo XX. Holden acabó convertido en personaje canónico y el libro en lectura habitual de estudiantes, al mismo tiempo que asociaciones de padres, responsables escolares y otros grupos solicitaban su retirada por el lenguaje, las referencias sexuales o su supuesta inadecuación para adolescentes.
La American Library Association sitúa The Catcher in the Rye entre los títulos más frecuentemente cuestionados durante varias décadas. Fue el décimo de su lista de 1990 a 1999 y todavía ocupaba el puesto decimonoveno en la correspondiente a 2000-2009. En 2009 volvió incluso a aparecer entre los diez libros con más impugnaciones registradas aquel año.
La ironía es difícil de mejorar: un libro sobre un muchacho que sospecha de las instituciones terminó convertido en institución; un escritor que intentaba evitar la maquinaria promocional acabó creando uno de los personajes más reconocibles de la narrativa moderna; y una novela acusada repetidamente de no ser apropiada para adolescentes sobrevivió, en gran medida, porque generaciones de adolescentes siguieron reconociendo algo propio en ella.
Nuestro ejemplar: la cuarta edición de 2010
El volumen conservado en Librería5 pertenece a la cuarta edición de Alianza Editorial, fechada en 2010. Alianza sitúa la publicación de este ISBN el 13 de septiembre de aquel año. La fecha coincide, sin que eso convierta el volumen en una edición conmemorativa, con el año de la muerte de Salinger y con la renovación gráfica que estaba experimentando El libro de bolsillo.
La página de créditos identifica a Carmen Criado como traductora y señala que su versión fue revisada en 2006. El diseño de colección se atribuye al Estudio de Manuel Estrada con la colaboración de Roberto Turégano y Lynda Bozarth, mientras que Manuel Estrada firma específicamente el diseño de cubierta. La composición corresponde a Grupo Anaya y la impresión a Novoprint, S. A.
Hay además una peculiaridad minúscula, pero muy útil para identificar esta tirada. En la misma página que anuncia una traducción «revisada en 2006», el copyright de esa traducción revisada aparece fechado en 2007. Reimpresiones posteriores del mismo ISBN corrigieron esa segunda fecha a 2006. Nuestro ejemplar conserva, por tanto, una pequeña inconsistencia de créditos de esta etapa editorial.
La cubierta presenta rozaduras y desgaste superficial visibles, especialmente en sus bordes, sin que ello impida la lectura del diseño. Su austeridad tipográfica adquiere un significado adicional al conocer las conocidas restricciones de Salinger sobre las cubiertas y el material promocional de sus libros: donde otro clásico habría acumulado imágenes, elogios y explicaciones, éste deja prácticamente solas las palabras.
Ficha del ejemplar
Fuentes consultadas
- El ejemplar conservado en Librería5, fuente primaria para cubierta, créditos editoriales, ISBN, depósito legal, responsables de diseño, composición, impresión y peculiaridades de esta copia.
- Biblioteca Nacional de España: registro de la cuarta edición de 2010 — identificación bibliográfica de la edición, depósito legal, dimensiones y serie.
- Alianza Editorial: El guardián entre el centeno — ficha editorial del ISBN, fecha de publicación y restricciones promocionales establecidas por Salinger.
- Portal digital de Historia de la Traducción en España: J. D. Salinger — historia de las primeras traducciones castellanas y catalanas y de la versión de Carmen Criado.
- Alfinge: The Catcher in the Rye y la escritura terapéutica: análisis de dos traducciones al español — estudio académico de las versiones de Carmen Criado de 1978 y 2006.
- Centro Virtual Cervantes: apuntes sobre la retraducción de The Catcher in the Rye — documentación comparada de las versiones españolas e hispanoamericanas.
- Little, Brown and Company / Hachette: The Catcher in the Rye — datos sobre la publicación original estadounidense de 1951.
- The New Yorker: Holden Caulfield at Fifty — gestación de Holden, relatos precedentes y contexto bélico de Salinger.
- The New Yorker: The Vision of the Innocent — recepción crítica contemporánea de la novela en 1951.
- American Library Association: libros más cuestionados de 1990-1999 y de 2000-2009 — historia de las impugnaciones y censura de la novela en Estados Unidos.
- The Guardian: cubiertas de J. D. Salinger — documentación de las restricciones impuestas por el escritor sobre cubiertas, citas y textos promocionales.