El stress y la personalidad — Achim Troch

Dos personas reciben una exigencia semejante. Una apenas se altera; la otra entra en una espiral de tensión. Si el estímulo exterior es parecido, ¿dónde debemos buscar la diferencia?

Ésa es la pregunta que organiza El stress y la personalidad, un libro publicado originalmente por Achim Troch en Alemania en 1979 y traducido al castellano por Editorial Herder en 1982. Su respuesta pertenece claramente a su época: intenta hacer conversar la fisiología del estrés de Hans Selye con el psicoanálisis de Sigmund Freud y la psicología individual de Alfred Adler.

Más de cuatro décadas después, algunas de sus explicaciones han envejecido mucho más que otras. Conceptos como «destino pulsional» o «carácter nervioso» nos llevan directamente al lenguaje de las escuelas de psicología profunda del siglo XX. Sin embargo, la cuestión de fondo continúa extraordinariamente viva: por qué una misma situación puede ser soportable para una persona y convertirse en una carga devastadora para otra.

El stress y la personalidad de Achim Troch, Editorial Herder
Ejemplar de El stress y la personalidad, número 93 de la Biblioteca de Psicología de Editorial Herder, conservado en Librería5.

Cuando el estrés todavía se escribía «stress»

Hasta el título funciona hoy como pequeño documento histórico. Nuestra edición conserva la palabra inglesa stress, todavía sin la adaptación gráfica que acabaría imponiéndose en castellano. En el español actual escribimos normalmente «estrés», pero Herder publicó en 1982 El stress y la personalidad, y así debe conservarse el título cuando describimos esta edición.

El término había recorrido un camino extraordinario. En ingeniería designaba tensión o presión; durante el siglo XX pasó a utilizarse en fisiología y medicina para describir determinadas respuestas del organismo frente a exigencias o agresiones. Hans Selye fue la figura decisiva en esta transformación. A partir de sus investigaciones desde los años treinta desarrolló el llamado síndrome general de adaptación, con sus conocidas fases de alarma, resistencia y agotamiento.

Cuando Troch publicó el original alemán en 1979, hablar de estrés ya significaba moverse entre varios territorios. Existía una dimensión corporal relativamente bien asentada, pero quedaba abierta una pregunta psicológica mucho más difícil: por qué la reacción no depende únicamente de la magnitud objetiva del estímulo.

Una amenaza no llega a una máquina idéntica en todos los casos. Llega a una persona con historia, expectativas, conflictos, hábitos y maneras particulares de interpretar lo que sucede.

Ése es el desplazamiento central del libro. Troch no niega la fisiología. Empieza precisamente por ella. Pero después introduce la personalidad como una variable que transforma la experiencia de la exigencia y que, en determinados casos, puede convertir un problema exterior en un conflicto persistente.

La misma exigencia, dos personas distintas

La contracubierta del ejemplar conservado en Librería5 formula el problema con extraordinaria claridad: el ser humano se enfrenta constantemente a exigencias de distinto tipo y, según sus experiencias, reacciona con mayor o menor estrés. Troch denomina a esas regularidades «patrones personales de stress» y, significativamente, insiste en que no deben entenderse como un destino inevitable.

La idea tiene dos consecuencias. La primera es que el estrés no puede reducirse a elaborar una lista universal de acontecimientos peligrosos. Una situación puede constituir una amenaza grave para una persona y un desafío manejable para otra. La segunda es que, si parte de esa diferencia depende de patrones adquiridos, existe al menos la posibilidad de intervenir sobre ellos.

Troch construye así una obra situada entre explicación y terapia. No quiere limitarse a describir qué ocurre cuando el organismo se activa. Quiere comprender por qué determinados sujetos parecen entrar repetidamente en situaciones en las que la tensión se vuelve perjudicial y qué podría hacerse para interrumpir ese círculo.

La bibliografía cataloga el libro con un subtítulo especialmente revelador: Introducción a la psicología profunda de Sigmund Freud y Alfred Adler. No estamos, por tanto, ante un manual general de relajación ni ante una colección de consejos rápidos. El estrés funciona como problema de entrada para presentar dos grandes sistemas de interpretación de la personalidad.

Del cuerpo de Selye al conflicto psicológico

El recorrido comienza en el cuerpo. La tradición de Selye permitía explicar el estrés como una respuesta adaptativa: ante determinadas exigencias, el organismo moviliza recursos. El sistema nervioso autónomo, el eje hormonal y numerosos procesos corporales participan en esa preparación. El problema aparece cuando la activación resulta excesiva, demasiado prolongada o incapaz de encontrar una resolución adecuada.

Esta parte del libro pertenece a una época fascinada por la posibilidad de encontrar un mecanismo común detrás de situaciones extremadamente distintas. Frío, esfuerzo, enfermedad, conflicto laboral o miedo podían producir respuestas corporales parcialmente semejantes. La palabra «estresor» permitió además distinguir entre aquello que desencadena la exigencia y la respuesta producida por el organismo.

Pero Troch no se conforma con ese nivel. Si dos personas pueden reaccionar de manera diferente ante circunstancias comparables, la fisiología general necesita complementarse con una teoría de la individualidad. Es entonces cuando el libro abandona progresivamente las glándulas, los mecanismos vegetativos y la adaptación corporal para entrar en un territorio mucho más controvertido: la psicología profunda.

El verdadero experimento intelectual del libro consiste en unir dos escalas: el organismo que responde biológicamente y la biografía que da un significado particular a aquello que está ocurriendo.

Freud bajo presión: el «destino pulsional» como estresor

La primera gran herramienta interpretativa procede de Freud. Troch utiliza el psicoanálisis como una teoría del conflicto y pregunta cómo determinados conflictos internos pueden convertirse ellos mismos en fuentes permanentes de tensión. La expresión «destino pulsional», hoy muy marcada por el vocabulario psicoanalítico clásico, resume esa parte de su propuesta.

Desde esta perspectiva histórica, una persona no reacciona únicamente a lo que sucede fuera. También responde desde conflictos que pueden permanecer parcialmente fuera de la conciencia. Una exigencia presente adquiere así una carga adicional porque encuentra algo ya existente en la estructura psicológica del sujeto.

El interés de esta construcción no depende de aceptar literalmente todos los modelos freudianos. De hecho, muchas de aquellas hipótesis sobre fases psicosexuales, pulsiones y etiología de las neurosis no ocupan hoy la posición científica que tuvieron dentro de determinadas escuelas del siglo XX. Pero el problema que Troch intenta resolver sí continúa siendo reconocible: las experiencias previas y los esquemas personales modifican la manera en que una situación presente es percibida y afrontada.

Por eso resulta más interesante leer el libro históricamente que buscar en él un manual médico vigente. Permite observar cómo, a finales de los años setenta, un psicoterapeuta intentaba tender un puente entre la biología del estrés y una teoría psicológica capaz de explicar las diferencias individuales.

Adler y el carácter que fabrica sus propios obstáculos

La segunda gran referencia de Troch es Alfred Adler. Aquí el vocabulario cambia. En lugar del «destino pulsional» freudiano aparece el «carácter nervioso», junto con conceptos como sentimiento de inferioridad, compensación, estilo de vida y sentimiento comunitario.

Para Adler, la persona no podía comprenderse simplemente como un conjunto de impulsos en conflicto. Su psicología individual otorgaba gran importancia a la manera global en que el sujeto orienta su vida, interpreta sus limitaciones y construye estrategias para compensarlas. Troch utiliza esa arquitectura para preguntarse cómo determinados estilos personales pueden generar una relación especialmente rígida o conflictiva con las demandas de la realidad.

La consecuencia es importante porque desplaza nuevamente la causalidad. El estrés deja de ser algo que «nos hacen» exclusivamente las circunstancias. Determinados hábitos de interpretación, expectativas imposibles, estrategias de compensación o maneras rígidas de enfrentarse a los conflictos pueden contribuir a mantenerlo.

Esta idea tiene también un riesgo, que conviene señalar desde una lectura contemporánea: explicar demasiado por la personalidad puede acabar ignorando condiciones objetivamente dañinas. Una jornada insoportable, una organización laboral caótica, pobreza, violencia o inseguridad no desaparecen porque el individuo cambie su manera de interpretarlas. El propio pensamiento posterior sobre el estrés ha insistido cada vez más en la interacción entre persona y ambiente, no en cargar toda la responsabilidad sobre uno solo de los dos lados.

El mérito del problema planteado por Troch está precisamente en obligarnos a mirar en ambas direcciones: qué nos exige el mundo y qué hacemos nosotros, psicológicamente, con esa exigencia.

De «destino» a posibilidad de cambio

La parte final del libro revela que Troch no quería construir una teoría fatalista de la personalidad. La contracubierta insiste expresamente en que los patrones personales de estrés «no deben ser aceptados como si se tratase de un destino inevitable». El análisis tendría poco sentido si únicamente sirviera para explicar por qué alguien está condenado a repetir siempre la misma reacción.

La obra termina por ello en la terapia y la profilaxis. El original alemán dedica un espacio específico al fortalecimiento del yo, al sentimiento comunitario y a la terapia de estrés en grupo, utilizando como ejemplo el trabajo desarrollado en el Berliner Arbeitskreis für Tiefenpsychologie, Gruppendynamik und Gruppentherapie, donde el propio Troch se había formado como psicoterapeuta.

La elección del grupo no es un detalle menor. Introduce una dimensión interpersonal que impide reducir completamente el problema al interior de la mente individual. Una persona puede descubrir sus patrones precisamente al encontrarse con las reacciones de otras personas, comparar interpretaciones, recibir retroalimentación y ensayar maneras diferentes de relacionarse.

La biografía impresa en nuestro ejemplar ayuda a comprender esta orientación. Achim Troch había estudiado economía política, pedagogía y psicología y dirigía entonces el gabinete de orientación de una Gesamtschule alemana. No era únicamente un teórico de gabinete: su trayectoria estaba ligada también al asesoramiento educativo. Años después publicó precisamente un trabajo sobre la experiencia cotidiana de un centro de orientación escolar.

Lo que ha envejecido y lo que sigue vivo

Leer un libro de psicología de 1979 exige distinguir entre la pregunta y las respuestas que una época ofrecía. El conocimiento sobre estrés ha cambiado enormemente, y sería un error presentar hoy como consenso científico todas las explicaciones psicoanalíticas empleadas por Troch. También la teoría fisiológica de Selye, fundamental históricamente, fue sometida a críticas, revisiones y ampliaciones.

Sin embargo, hay una intuición central que resiste mucho mejor el paso del tiempo: la respuesta al estrés depende de algo más que del estímulo exterior. La psicología posterior desarrolló modelos diferentes para estudiar precisamente la valoración cognitiva, los recursos personales y las estrategias de afrontamiento. Richard Lazarus y Susan Folkman terminarían consolidando en los años ochenta una teoría transaccional en la que la relación entre persona y ambiente ocupa el centro del problema.

No es correcto convertir retrospectivamente a Troch en un representante de ese modelo ni afirmar que Freud y Adler condujeran naturalmente hacia él. Son tradiciones distintas. Lo que resulta interesante es observar la persistencia de la misma pregunta atravesando teorías muy diferentes: por qué dos individuos expuestos a una demanda similar pueden valorarla, afrontarla y sufrirla de maneras radicalmente distintas.

Incluso la vieja oposición entre estrés beneficioso y perjudicial continúa siendo reconocible. La psicología actual sigue diferenciando entre formas de activación que pueden acompañar desafíos manejables y respuestas perjudiciales cuando la carga supera los recursos disponibles o se vuelve crónica. El vocabulario ha cambiado; la frontera problemática entre adaptación y desgaste continúa ahí.

Los libros científicos envejecen de una manera peculiar: algunas respuestas caducan mientras las buenas preguntas continúan trabajando mucho después de que haya cambiado el lenguaje utilizado para formularlas.

Nuestro ejemplar: Herder, 1982

El ejemplar conservado en Librería5 pertenece a la Biblioteca de Psicología de Editorial Herder y ocupa el número 93 de la colección. La cubierta utiliza una composición muy propia del diseño editorial de aquellos años: fondo claro, grandes caracteres tipográficos y una estructura geométrica roja que asciende en bloques escalonados. En la contracubierta figura expresamente «Cubierta de A. Tierz».

La página legal permite reconstruir con precisión la relación entre la edición alemana y la española. El original, Stress und Persönlichkeit, fue publicado por Ernst Reinhardt Verlag en Múnich en 1979. Tres años después apareció la versión castellana de Abelardo Martínez de Lapera, con copyright de Editorial Herder, S. A., Barcelona, en 1982.

El volumen lleva ISBN 84-254-1199-8 y depósito legal B. 48.820-1981. La impresión corresponde a Grafesa, en la calle Nápoles 249 de Barcelona. El hecho de que el depósito legal sea de 1981 mientras el copyright editorial sea de 1982 explica probablemente que algunos catálogos comerciales hayan terminado fechando ejemplares indistintamente en uno u otro año; para nuestra descripción conservamos 1982, que es la fecha de copyright de la edición española y la que utilizan los principales registros bibliográficos consultados.

Contracubierta de El stress y la personalidad de Achim Troch
La contracubierta resume la tesis central del libro: los «patrones personales de stress» existen, pero no deben aceptarse como un destino inevitable.

La extensión presenta una pequeña discrepancia en los catálogos secundarios: algunas fichas consignan 178 páginas y otras 180. Como las páginas disponibles de nuestro ejemplar no permiten comprobar directamente la numeración final, preferimos no convertir ninguna de las dos cifras en dato definitivo de esta copia.

Ficha del ejemplar conservado en Librería5

Obra

Título
El stress y la personalidad
Título original
Stress und Persönlichkeit
Autor
Achim Troch
Primera publicación
1979
Lengua original
Alemán
Género
Ensayo de psicología
Tema
Estrés y personalidad
Periodo
Siglo XX

Edición

Editorial
Editorial Herder, S. A.
Colección
Biblioteca de Psicología
Número de colección
93
Lugar
Barcelona
Año
1982
Idioma
Español
Traducción
Abelardo Martínez de Lapera
Declaración de edición
Versión castellana de la obra Stress und Persönlichkeit, publicada por Ernst Reinhardt Verlag, Múnich, 1979
ISBN
84-254-1199-8
Depósito legal
B. 48.820-1981
Encuadernación
Rústica
Impresión
Grafesa, Nápoles 249, Barcelona
Cubierta
A. Tierz

Ejemplar

Estado observable
Ejemplar con señales visibles de uso y envejecimiento superficial en las cubiertas; interior legible.
Peculiaridad bibliográfica
La edición conserva en el título la grafía inglesa «stress», anterior a la forma española actualmente normalizada «estrés».

Fuentes consultadas