Una guía de viaje suele decirnos cómo llegar, qué debemos ver y cuánto tiempo necesitaremos para verlo. Guía del País de Jesús quería hacer algo diferente. Sus autores partían de la idea de que el peregrino cristiano podía recorrer Nazaret, Galilea, Jerusalén o Belén y regresar decepcionado si solo había recibido datos históricos, arqueológicos o turísticos. El viajero, sostenían, no iba a conocer simplemente otro país: quería encontrarse con el significado que los lugares bíblicos conservaban para su fe.
Antonio Salas y Andrés Manrique intentaron por eso superponer varios territorios sobre uno mismo. Estaba el país real, con sus caminos, ciudades, montañas y restos arqueológicos; estaba el país antiguo que podían reconstruir la historia y la geografía; y estaba finalmente el territorio narrativo de la Biblia, donde un lugar adquiría importancia porque allí se situaba una predicación, un viaje, una escena evangélica o el recuerdo de un personaje del Antiguo Testamento. La guía pretendía que esas tres capas pudieran recorrerse juntas.
El ejemplar conservado en Librería5 descubre además hasta qué punto la obra fue concebida para ser utilizada durante una peregrinación. Junto al volumen principal se conserva el pequeño suplemento original Cantos para un viaje al País de Jesús, publicado por la misma Escuela Bíblica y en el mismo año, 1983. En cierto modo, la guía venía con su propia banda sonora: primero se explicaba el lugar; después el grupo podía cantarlo.
Una guía que no quería ser neutral
El «Prólogo a la cuarta edición» formula con bastante franqueza la diferencia entre este libro y una guía turística convencional. Los autores celebran que cada vez más cristianos viajen a Tierra Santa para afianzar su fe, pero reconocen que algunos regresan decepcionados. A su juicio, el problema aparece cuando la explicación del lugar queda desconectada de aquello que el creyente ha ido a buscar. Una iglesia, una colina, un lago o unas ruinas pueden describirse arqueológicamente con absoluta precisión y, aun así, no responder a la pregunta religiosa del peregrino.
La solución propuesta por Salas y Manrique no consiste en abandonar la historia. El prólogo insiste precisamente en que la sencillez de la guía no debe confundirse con falta de seriedad. Lo que intenta es colocar el conocimiento histórico y geográfico al servicio de una lectura teológica. El territorio se convierte así en una forma de comentario bíblico: aquello que el lector conoce mediante textos y relatos puede ser situado sobre caminos, distancias, paisajes y ciudades concretas.
La elección del título es reveladora. No se llama simplemente Guía de Israel, Guía de Palestina o Viaje a Tierra Santa. Es el «País de Jesús», una geografía definida por una biografía y por un conjunto de textos. En esa operación hay ya una declaración de intenciones. La frontera importante no es administrativa, sino narrativa: pertenecen al mapa todos aquellos lugares capaces de ayudar a comprender la historia bíblica.
Una reseña publicada a mediados de los años ochenta describía el efecto con bastante claridad. La lectura introducía al lector en un recorrido imaginario por los lugares donde actuó Jesús y por otros relacionados con personajes del Antiguo Testamento. La guía podía acompañar al peregrino real, pero también permitía realizar el itinerario desde casa a quien no dispusiera del dinero o del tiempo necesarios para viajar.
Cuando la geografía se convierte en comentario de la Biblia
La idea que sostiene el libro pertenece a una larga tradición cristiana: leer los textos bíblicos no solo mediante palabras, sino también mediante lugares. La distancia entre Nazaret y Jerusalén, la forma del lago de Galilea, el relieve de Judea o la posición de una ciudad respecto a otra pueden modificar la manera en que imaginamos un episodio conocido. La geografía introduce límites físicos allí donde la lectura puede tender a producir escenarios abstractos.
Pero una guía de esta clase realiza también el movimiento inverso. El paisaje contemporáneo es constantemente empujado hacia el pasado. Una carretera moderna puede llevar a un santuario que recuerda un acontecimiento evangélico; una ciudad actual contiene estratos de muchas épocas; un lugar venerado por peregrinos durante siglos puede mezclar arqueología, tradición, reconstrucciones posteriores y memoria religiosa. El viajero debe aprender, por tanto, a distinguir varias clases de verdad que conviven en un mismo punto del mapa.
Ese problema resulta especialmente interesante al releer una guía de 1983. La arqueología bíblica ha seguido investigando, determinadas interpretaciones se han revisado y el propio territorio se ha transformado física y políticamente. No tendría sentido utilizar hoy cada afirmación del volumen como si se tratara de la última actualización científica. Su valor reside en observar cómo una Escuela Bíblica española de comienzos de los ochenta intentaba proporcionar al creyente un lenguaje para enfrentarse a esa mezcla de historia, tradición y fe.
La guía puede leerse así como una tecnología anterior a la pantalla. Actualmente un viajero puede consultar en segundos fotografías aéreas, reconstrucciones arqueológicas, mapas interactivos, traducciones, vídeos de cada santuario y artículos sobre cualquier controversia histórica. El peregrino que llevaba este volumen dependía de unas pocas centenas de páginas, mapas y fotografías cuidadosamente seleccionadas. El libro tenía que ser simultáneamente orientación geográfica, introducción histórica, comentario bíblico y compañero de viaje.
Por eso resulta tan importante la expresión utilizada en el prólogo: «conectar» con el mensaje de los lugares. El territorio no debía contemplarse pasivamente. Cada parada era una ocasión para relacionar aquello que estaba delante de los ojos con aquello que había sido leído antes. La guía no buscaba únicamente responder «qué ocurrió aquí», sino «qué significa para quien ha venido hasta aquí».
Viajar sin viajar
Hay otra dimensión que hoy puede resultar menos evidente. Durante los años setenta y ochenta, un viaje a Tierra Santa estaba al alcance de muchas menos personas que en la era de los vuelos baratos y la información turística digital. La propia recepción contemporánea de la obra subrayó que podía utilizarse también como sustituto imaginario del viaje. Quien no pudiera desplazarse encontraba en las páginas una secuencia de lugares, fotografías y explicaciones que permitía reconstruir mentalmente el recorrido.
Eso convierte el volumen en una especie de viaje guiado de papel. La diferencia con un atlas o una enciclopedia consiste en que el lector no recibe simplemente información separada sobre lugares. Se le propone un itinerario intelectual. Cada espacio conduce a otro porque ambos pertenecen a una misma historia, y el lector termina recorriendo el país mediante una sucesión de asociaciones bíblicas.
Esta capacidad de sustituir parcialmente el viaje explica también por qué la obra conoció tantas ediciones. La primera apareció en 1976; siguieron una segunda en 1979, una tercera en 1981 y la cuarta que conservamos, fechada en 1983. Los propios autores interpretan esa continuidad en el prólogo como una prueba de aceptación entre los creyentes hispanohablantes que visitaban Tierra Santa.
- 1.ª edición: 1976
- 2.ª edición: 1979
- 3.ª edición: 1981
- 4.ª edición: 1983 — ejemplar conservado en Librería5
La recepción no terminó allí. Durante los años siguientes continuaron circulando versiones de la obra y en 1989 apareció una Nueva guía del País de Jesús, firmada ya únicamente por Antonio Salas y notablemente ampliada. Los registros bibliográficos describen aquel nuevo libro con alrededor de 343 páginas, frente a las 223 de la guía anterior. La transformación muestra que el proyecto siguió vivo bastante tiempo después de su primera aparición.
El pequeño cancionero que explica todo el conjunto
Si solo conserváramos la guía, podríamos imaginarla como un libro que el viajero consulta por la noche en el hotel o antes de subir al autobús. El pequeño cuadernillo encontrado junto a nuestro ejemplar cambia esa imagen. Su título es inequívoco: Cantos para un viaje al País de Jesús. No habla de canciones sobre Tierra Santa ni de música religiosa en general; habla de cantos para un viaje.
La coincidencia material es completa: mismo entorno editorial, misma Escuela Bíblica y mismo año. Además, existen otros ejemplares de esta edición catalogados expresamente como libro acompañado del cuadernillo, de modo que no estamos ante una adición casual realizada por un antiguo propietario. El suplemento pertenecía al conjunto concebido para la peregrinación.
No hemos examinado el repertorio interior completo y, por ello, no es necesario adjudicarle canciones concretas. Basta con observar su función. Cantar transforma el grupo de turistas en comunidad ritual. La visita deja de consistir únicamente en mirar y escuchar una explicación: determinados lugares pueden ser acompañados por una acción compartida. El cancionero convierte la geografía en experiencia colectiva.
Visto desde cuatro décadas de distancia, este detalle es probablemente lo más evocador del ejemplar. Podemos imaginar la guía abierta sobre las rodillas durante el trayecto, las páginas señalando la siguiente parada y, en algún momento, el pequeño folleto pasando de mano en mano. Son objetos modestos, impresos para ser usados, pero precisamente por eso conservan algo que una ficha bibliográfica suele perder: la forma concreta en que un libro podía intervenir en un viaje.
Antonio Salas, Andrés Manrique y la Escuela Bíblica
La naturaleza de la obra se comprende mejor al situarla en la Escuela Bíblica de los Agustinos. La institución comenzó a funcionar en Madrid en 1969 y quedó bajo responsabilidad de la Provincia Agustiniana Matritense en 1974. La historia publicada por la propia Orden presenta a Antonio Salas como su director y una de las personas fundamentales en el desarrollo de la Escuela. Desde allí se impulsaron actividades docentes y una producción editorial orientada a acercar los estudios bíblicos a un público más amplio.
Salas aparece en los catálogos de la Biblioteca Nacional como autor de una extensa producción relacionada con Biblia, evangelios, catequesis y cristología. Esa especialización explica el tono de la guía. No escribe como un periodista de viajes que incorpora algunas referencias religiosas, sino como un biblista que utiliza la geografía para enseñar a leer los textos de otra manera.
Andrés Manrique pertenecía al mismo mundo intelectual agustiniano. Poco después de la primera edición de la guía publicó junto con Salas Evangelio y comunidad: raíces bíblicas de la consagración a Dios en San Agustín, dentro de la Biblioteca Escuela Bíblica. La colaboración entre ambos se inserta, por tanto, en una actividad académica y divulgativa mucho más amplia.
Nuestro ejemplar conserva además una pequeña huella de la historia física de aquella institución. La cuarta edición da como sede de la Escuela Bíblica «Fermín Caballero, 53, Madrid-34». La historia de la Escuela señala que en 1982 se instaló en el Colegio Valdeluz, y ese colegio continúa teniendo hoy exactamente la dirección Fermín Caballero, 53. La edición de 1983 pertenece así a los primeros años de aquella nueva sede.
Es un detalle pequeño, pero ayuda a devolver materialidad al libro. La dirección impresa al pie de la página no es simplemente un dato postal: identifica el edificio desde el que una institución recién instalada continuaba publicando materiales para enseñar Biblia y acompañar peregrinos.
El ejemplar conservado en Librería5
Nuestra copia corresponde inequívocamente a la cuarta edición, fechada en 1983. La página legal imprime el ISBN 84-85775-09-0 y el depósito legal M. 30.211-1983. La editorial figura como Biblia y Fe, vinculada a la Escuela Bíblica, y se acredita la impresión a Artes Gráficas Manuel C. Martínez, en Madrid. Los registros bibliográficos describen el volumen como una guía en rústica de aproximadamente 19 centímetros y 223 páginas, acompañada de fotografías y láminas en color.
La cubierta muestra a un pastor con su rebaño en un paisaje pedregoso. La elección resulta coherente con el proyecto del libro: en lugar de monumentos espectaculares o grandes vistas panorámicas se ofrece una escena que pretende conectar el paisaje contemporáneo con el imaginario bíblico. El título ocupa la zona inferior y los nombres de Antonio Salas y Andrés Manrique aparecen arriba con la indicación O.S.A., correspondiente a la Orden de San Agustín.
El elemento que hace especialmente completo nuestro ejemplar es la conservación conjunta de Cantos para un viaje al País de Jesús. Otros ejemplares de 1983 aparecen catalogados comercialmente como el libro acompañado por ese mismo cuadernillo, lo que permite identificarlo como suplemento editorial y no como simple papel añadido posteriormente.
- Título
- Guía del País de Jesús
- Autores
- Antonio Salas, O.S.A., y Andrés Manrique, O.S.A.
- Editorial
- Biblia y Fe / Escuela Bíblica
- Lugar
- Madrid
- Edición
- 4.ª edición
- Año
- 1983
- Ediciones anteriores
- 1976, 1979 y 1981
- ISBN
- 84-85775-09-0
- Depósito legal
- M. 30.211-1983
- Extensión bibliográfica
- 223 páginas más material gráfico, según los registros consultados
- Formato
- Rústica ilustrada, aproximadamente 19 cm
- Impresión
- Artes Gráficas Manuel C. Martínez, Madrid
- Sede editorial impresa
- Escuela Bíblica, Fermín Caballero, 53, Madrid-34
- Suplemento conservado
- Cantos para un viaje al País de Jesús, Biblia y Fe / Escuela Bíblica, 1983
Hoy resulta posible atravesar virtualmente Jerusalén desde un ordenador, consultar una excavación arqueológica en el teléfono y comparar en segundos interpretaciones contradictorias sobre cualquier lugar bíblico. En 1983 la experiencia podía caber en dos pequeños objetos: una guía y un cancionero.
Uno decía al viajero dónde estaba y por qué aquel lugar importaba. El otro le decía qué podía cantar cuando llegara. Entre ambos aparece una forma de viajar que ya pertenece a otra época: llevar el país dentro del libro antes de poner los pies sobre él.
Fuentes consultadas
- El ejemplar conservado en Librería5, utilizado como fuente primaria para autores, cuarta edición, cronología de ediciones, año, ISBN, depósito legal, editorial, imprenta, dirección de la Escuela Bíblica, prólogo y existencia del suplemento.
- Biblioteca Nacional de España — Antonio Salas, utilizada para contrastar la trayectoria bibliográfica del autor y las distintas ediciones registradas de Guía del país de Jesús.
- Orden de San Agustín — Historia de la Escuela Bíblica, para contextualizar la institución, la dirección de Antonio Salas y el traslado al Colegio Valdeluz.
- Colegio Valdeluz, para comprobar que Fermín Caballero, 53 continúa siendo la dirección del centro agustiniano en el que se instaló la Escuela Bíblica.
- Reseña de Guía del País de Jesús en Santa Eugènia, utilizada para conocer una descripción contemporánea de la finalidad y experiencia de lectura de la obra.
- Uniliber — Guía del País de Jesús y Cantos para un viaje al País de Jesús, utilizada para confirmar que el cuadernillo aparece asociado comercial y bibliográficamente a ejemplares de la edición de 1983.
- Biblioteca del Institutum Patristicum Augustinianum — registro de Nueva Guía del País de Jesús, para documentar la edición ampliada de Antonio Salas publicada en 1989.