La cubierta promete una Historia de la Edad Media. El libro que hay dentro es algo más preciso y, bibliográficamente, bastante más interesante: la edición española de L'Italia dei secoli bui, la historia con la que Indro Montanelli y Roberto Gervaso comenzaron en 1965 a recorrer la Italia posterior a Roma.
El cambio de título importa. El original italiano llevaba además un subtítulo que fijaba el horizonte: Il Medio Evo sino al Mille. No pretendía contar toda la Edad Media ni construir una historia universal de Europa. Seguía principalmente el territorio italiano desde el derrumbe del poder imperial occidental hasta las proximidades del año 1000, aunque para comprender ese derrumbe los autores decidieron empezar mucho antes.
Nuestro ejemplar, publicado por Ediciones G.P. en 1968 dentro de la colección Libro Documento, conserva una «Advertencia» especialmente útil porque explica cómo entendían los propios autores ese tránsito. El año 476 aparece como frontera convencional, pero Montanelli y Gervaso se niegan a tratarlo como un interruptor que apaga Roma y enciende de pronto la Edad Media.
Una Historia de la Edad Media que no cuenta toda la Edad Media
La primera sorpresa aparece antes de empezar a leer. El título español es mucho más amplio que el italiano. Historia de la Edad Media suena a síntesis general de un periodo que convencionalmente ocupa cerca de un milenio. L'Italia dei secoli bui. Il Medio Evo sino al Mille delimita un territorio y una cronología muy distintos: Italia y la Alta Edad Media hasta aproximadamente el año 1000.
La diferencia puede parecer menor hasta que se intenta localizar el libro en un catálogo. Un lector que busque una historia general de las Cruzadas, las universidades, las ciudades del siglo XIII o el final medieval no encontrará aquí esa obra. Montanelli y Gervaso se detienen siglos antes. Su atención está puesta en la descomposición del orden romano occidental, los pueblos germánicos, los reinos surgidos sobre el antiguo Imperio, Bizancio, el papado, los lombardos, los francos, Carlomagno y la lenta formación de una Europa reconociblemente medieval.
La «Advertencia» de esta edición lo dice con notable franqueza. El relato va convencionalmente de 476 al año 1000, pero comienza con Constantino y Teodosio porque los autores consideraban que habían despachado demasiado deprisa la decadencia imperial en su anterior Historia de Roma. Sin esa marcha atrás, pensaban, las invasiones parecían una súbita catástrofe exterior imposible de explicar.
El dato también coloca el volumen dentro de una secuencia. Montanelli había publicado anteriormente sus historias de Grecia y Roma. L'Italia dei secoli bui tomó el relevo y acabó convirtiéndose en el arranque de una prolongada Storia d'Italia. Lo que en nuestra cubierta parece una «Historia de la Edad Media» autónoma era, en realidad, un eslabón de un proyecto narrativo mucho mayor.
476: una fecha útil que no explica por sí sola una civilización
La caída del Imperio romano de Occidente suele disponer de una fecha extraordinariamente cómoda: 476, cuando Odoacro depuso a Rómulo Augústulo. Las fechas ayudan a ordenar manuales; los procesos históricos suelen obedecerlas bastante peor. Montanelli y Gervaso entendieron ese problema y lo exponen desde las primeras páginas.
Su observación más llamativa es que la llamada «barbarización» de Italia no comenzó con las grandes irrupciones del siglo V. Según la advertencia, llevaba desarrollándose desde hacía alrededor de dos siglos y, antes de las incursiones de Alarico, parte de ese proceso se había producido de una manera mucho menos dramática de lo que sugería la imagen de una avalancha destructora.
Eso no significa que la violencia, las guerras y la desaparición de estructuras políticas romanas sean una invención. Significa que la historia se vuelve incomprensible cuando se reduce a una sola escena: bárbaros cruzando una frontera y destruyendo Roma. Hubo soldados germánicos dentro del ejército imperial, asentamientos, alianzas, matrimonios, desplazamientos de poder, continuidad de aristocracias y administraciones, conflictos religiosos y nuevas formaciones políticas. Según el territorio y el momento, pesaron de forma diferente la ruptura y la continuidad.
La historiografía actual utiliza con frecuencia el concepto de Antigüedad tardía para estudiar precisamente esa zona de transición. No existe una interpretación única: se discute cuánto hubo de decadencia, cuánto de transformación y qué cambió bruscamente o sobrevivió durante generaciones. Pero el vocabulario moderno ayuda a escapar de la vieja fotografía en blanco y negro en la que Roma desaparece una tarde y a la mañana siguiente comienza el Medioevo.
Resulta por ello curioso volver a un libro de divulgación publicado en 1965. Su título original utiliza sin complejos la expresión «siglos oscuros», pero su explicación inicial ya complica una de las imágenes más persistentes asociadas a esos mismos siglos.
Los «siglos oscuros» y un nombre que ha envejecido más que algunas ideas
Secoli bui era un título eficaz. Evocaba derrumbe, inseguridad, falta de fuentes, invasiones y un mundo que parecía haber perdido la claridad administrativa y cultural de la Roma clásica. También arrastraba una tradición mucho más antigua de interpretar la Edad Media como intervalo sombrío entre la Antigüedad y el Renacimiento.
Ese esquema ya no resulta cómodo para la medievística contemporánea. Hablar de diez siglos como una sola edad de oscuridad aplana diferencias enormes y convierte el Medioevo en un depósito de todos los males que queremos situar fuera de la modernidad. Incluso hoy, «volver a la Edad Media» o «regresar a los siglos oscuros» siguen funcionando en el lenguaje político y periodístico como sinónimos de atraso, violencia u oscurantismo.
El libro de Montanelli y Gervaso pertenece a esa historia de las representaciones del Medioevo, pero no se deja encerrar del todo en ella. Sus autores no pueden evitar términos, juicios y categorías propios de la divulgación histórica de los años sesenta; al mismo tiempo perciben con bastante claridad que el periodo que intentan narrar carece de fronteras limpias.
La «Advertencia» señala otro problema: los acontecimientos italianos no pueden aislarse de los del resto de Europa. Durante estos siglos, seguir únicamente una futura frontera nacional llevaría a errores constantes. Godos, francos, lombardos, bizantinos, papas, emperadores y aristocracias locales actúan en un espacio político que no coincide con los mapas nacionales modernos.
Por eso su historia de Italia necesita abrir continuamente la ventana hacia Constantinopla, Germania, Galia y el Mediterráneo. Esa dificultad explica en parte la longitud del original italiano, que apareció en 1965 con más de quinientas páginas.
De Alarico a Carlomagno: la historia convertida en personajes
Montanelli era periodista antes que historiador académico, y eso se nota en la manera de contar. El relato avanza mediante acontecimientos, escenas y personalidades reconocibles. El lector se encuentra con Alarico y el saqueo de Roma, Atila, Odoacro, los ostrogodos, Galla Placidia, Gregorio Magno, los lombardos, Carlomagno y, hacia el final, los Otónidas.
Rizzoli continúa presentando actualmente la obra a través de esos protagonistas. No es casual. Montanelli y Gervaso necesitaban dar forma narrativa a un periodo en el que las fuentes son desiguales, los poderes se fragmentan y las instituciones cambian de nombre, territorio y naturaleza. Un personaje ofrece continuidad donde el mapa político no la ofrece.
La contracubierta de nuestra edición muestra, sin embargo, que el libro no se limita a reyes y batallas. Enumera la sociedad feudal, la vida en castillos y aldeas, la nobleza guerrera, el nacimiento de una burguesía urbana, la mujer, el sentimiento religioso, los párrocos y monjes, la alimentación, las violencias y las supersticiones. Esa mezcla revela el modelo de divulgación que perseguían: narrar acontecimientos sin abandonar completamente la vida cotidiana.
Hay que leer hoy algunas de esas categorías con distancia. Medio siglo de investigación ha cambiado la manera de entender el feudalismo, las identidades de los pueblos germánicos, la economía postromana, las ciudades y el propio concepto de «invasiones». Pero eso hace más interesante el volumen como objeto histórico. Permite leer simultáneamente la Alta Edad Media y la forma en que un gran periodista europeo de los años sesenta decidió explicársela al público general.
El comienzo de seis libros escritos a cuatro manos
L'Italia dei secoli bui fue el primer volumen de una colaboración muy fértil entre Indro Montanelli y Roberto Gervaso. Entre 1965 y 1970 firmaron juntos seis entregas consecutivas: después de los siglos oscuros llegaron L'Italia dei Comuni, L'Italia dei secoli d'oro, L'Italia della Controriforma, L'Italia del Seicento y L'Italia del Settecento.
La colaboración acabó cubriendo desde la descomposición del Imperio occidental hasta 1789. Gervaso desarrollaría después una extensa carrera propia como periodista, biógrafo y divulgador histórico, mientras Montanelli continuó la historia italiana con otros colaboradores y etapas posteriores.
Esto explica también algo de la naturaleza del libro. No nació como un manual escolar cerrado, sino como el primer tramo de una larga narración nacional. Cada volumen debía funcionar por sí mismo, pero también dejar preparado el escenario para el siguiente. El año 1000, por tanto, es menos una conclusión que un relevo.
En 1966 apareció L'Italia dei Comuni, dedicado al periodo comprendido aproximadamente entre 1000 y 1250. Después vendrían los llamados «siglos de oro», hasta 1492. La división confirma nuevamente que nuestro título español puede engañar: la «Edad Media» completa de Montanelli y Gervaso necesitó varios libros.
De Rizzoli a los bolsillos de Libro Documento
El original italiano fue publicado por Rizzoli en Milán en 1965 bajo el título L'Italia dei secoli bui. Il Medio Evo sino al Mille. Ya en 1966 existía una edición española de Plaza & Janés, de formato mayor y encuadernación en tela. Nuestro ejemplar pertenece a una fase posterior de popularización: Ediciones G.P. lo incorporó en 1968 a Libro Documento.
Los repertorios consultados identifican este volumen como el número 55 de la colección. La serie reunió historia, memorias, ensayo, documentos políticos y biografías en un formato económico reconocible por el emblema de clip que aparece en la esquina superior de la cubierta.
Aquí aparece una precisión que merece conservarse. La página legal no presenta a Plaza & Janés como editorial de nuestro ejemplar. Dice © Ediciones G.P., 1968 y, más abajo, «Difundido por Plaza & Janés, S. A.». Además enumera oficinas de distribución en Barcelona, Buenos Aires, México y Bogotá. El libro permite distinguir así dos funciones que algunas fichas comerciales han terminado fusionando.
La traducción se atribuye a Francisco J. Alcántara; la portada, a R. Cobos. El depósito legal es B. 19.830-1968 y la impresión corresponde a Gráficas Guada, S. R. C., Rosellón 24, Barcelona. No figura ISBN.
El ejemplar conservado en Librería5 mantiene su sobrecubierta ilustrada, aunque muestra desgaste, roces, pliegues y señales de uso. El papel presenta el tostado propio de la edad. Son huellas normales en un volumen de bolsillo de más de medio siglo que, a diferencia de una encuadernación de lujo, nació precisamente para circular y ser leído.
Un libro de 1965 que merece leerse también como documento de 1965
Historia de la Edad Media conserva dos historias superpuestas. Una es la que Montanelli y Gervaso quisieron contar: la larga transformación de Italia entre el mundo romano y el medieval. La otra es la historia de cómo se divulgaba ese periodo a mediados del siglo XX.
La primera sigue teniendo capacidad narrativa. La segunda quizá sea hoy igual de interesante. El uso de «siglos oscuros», la preferencia por personajes fuertes, determinadas categorías sobre los bárbaros o el feudalismo y el tono seguro del divulgador pertenecen a una época intelectual concreta. Frente a ellos podemos colocar las preguntas que la historiografía posterior ha reformulado.
Pero conviene evitar una lectura demasiado fácil en sentido contrario. Ser antiguo no convierte automáticamente un libro en ingenuo. La advertencia inicial de Montanelli y Gervaso contiene una idea bastante seria: las grandes rupturas históricas suelen comenzar antes de la fecha con la que después decidimos nombrarlas. Para comprender 476, ellos retrocedieron hasta Constantino y Teodosio. El gesto sigue siendo útil.
Ficha del ejemplar conservado en Librería5
Fuentes consultadas
- Ejemplar conservado en Librería5 — fuente primaria para título español, título original, autores, traducción, cubierta, copyright, depósito legal, impresor, distribuidor, «Advertencia» y texto de contracubierta.
- BiblioToscana — L'Italia dei secoli bui. Il Medio Evo sino al Mille, utilizada para verificar el título completo, la edición original de Rizzoli de 1965 y su alcance cronológico.
- Rizzoli — L'Italia dei secoli bui, utilizada para contextualizar el contenido, los personajes y la continuidad editorial de la obra.
- Universitat Pompeu Fabra — registro bibliográfico de la edición española de 1966, utilizado para comprobar la existencia de una edición de Plaza & Janés anterior a nuestro ejemplar de 1968.
- Diputación Provincial de Jaén — relación bibliográfica de la colección Libro Documento, utilizada para verificar que Historia de la Edad Media ocupa el número 55.
- Treccani — «Per rischiarare la buia parola medioevo», utilizada para contextualizar el concepto de «siglos oscuros» y su persistencia como estereotipo.
- Oxford Centre for Late Antiquity, utilizado para contextualizar la actual concepción historiográfica de la Antigüedad tardía como periodo de profundas transformaciones entre aproximadamente 250 y 750.
- Oxford Centre for Late Antiquity — The Post-Roman West, utilizado para contrastar la combinación de ruptura y continuidad tras el final político del Imperio romano occidental.
- Feltrinelli — Roberto Gervaso, utilizada para verificar los seis volúmenes de la Storia d'Italia escritos conjuntamente con Montanelli entre 1965 y 1970.