En la cubierta aparece un historiador llamado Frantz Keller. Al abrir el libro descubrimos que la obra procede, supuestamente, de un original inglés titulado History of Slavery y que ha sido traducida al español por un tal Javier Tomeu. Todo parece bastante normal hasta que la bibliografía sobre Javier Tomeo resuelve el pequeño misterio: Frantz Keller era uno de sus pseudónimos y Historia de la esclavitud figura entre las primeras obras del futuro autor de Amado monstruo. El escritor había conseguido aparecer dos veces en su propio libro: como autor extranjero y como traductor español.
La rareza editorial sería suficiente para hacer interesante el ejemplar, pero el índice descubre algo todavía mayor. En un modesto volumen publicado por Ferma en 1962, Tomeo intentó recorrer la esclavitud desde China, India, Egipto, Israel, Grecia y Roma hasta el tráfico atlántico, Estados Unidos, la entonces denominada «trata de blancas» y la supervivencia contemporánea de la institución. El último tramo incluye títulos tan inequívocamente actuales como «La esclavitud en la actualidad», «Mercado de esclavos en el Yemen» y «Venta de esclavos en la India de hoy».
Esa fecha importa. En 1962 la esclavitud no era todavía para las Naciones Unidas un problema definitivamente trasladado a los libros de historia: aquel mismo año el Consejo Económico y Social y la Asamblea General volvían a discutir la aplicación de la Convención suplementaria de 1956 contra la esclavitud y las prácticas similares. Leído desde esa circunstancia, el pequeño libro de Frantz Keller deja de parecer únicamente una historia universal comprimida. Es también un documento sobre un momento en que pasado y presente seguían tocándose de una manera incómoda.
Frantz Keller traduce a Frantz Keller
La página de créditos produce una primera impresión perfectamente verosímil. «Título original: History of Slavery», puede leerse en grandes mayúsculas. Debajo aparece «Traducción de Javier Tomeu». La grafía merece conservarse exactamente porque no es una reconstrucción posterior: nuestro ejemplar imprime Tomeu, con u final. Más abajo figuran Editorial Ferma, el año 1962, el depósito legal y los restantes datos de producción. Nada advierte al lector de que aquel traductor se parecía demasiado al verdadero autor.
Los estudios dedicados a Javier Tomeo permiten reconstruir la operación. La bibliografía publicada por la Institución Fernando el Católico registra Historia de la esclavitud como obra de 1962 firmada con el pseudónimo Frantz Keller, y una investigación académica de la Universidad de Málaga identifica asimismo el volumen como una de sus primeras publicaciones, señalando expresamente la anomalía del crédito «traducida por Javier Tomeu». La bibliografía especializada, por tanto, no trata el libro como la versión española de una monografía inglesa escrita por otro Keller, sino como una obra del propio Tomeo.
Las búsquedas realizadas alrededor del supuesto título History of Slavery tampoco han permitido localizar una edición inglesa independiente atribuida a Frantz Keller que explique el crédito. La ausencia de un registro no permite demostrar por sí sola que jamás existiera ningún texto previo utilizado por Tomeo, pero la lectura más razonable es que nos encontramos ante una forma de pseudo-traducción: el escritor español se fabrica una identidad extranjera y después se atribuye, con el apellido ligeramente alterado, la traducción de aquella identidad.
La explicación del propio Tomeo sobre aquellos años hace innecesario imaginar una conspiración bibliográfica demasiado sofisticada. Recordaba que escribía literatura popular para ganar algún dinero mientras estudiaba Derecho y posteriormente Criminología, que le pagaban cantidades muy pequeñas y que los autores utilizaban nombres extranjeros porque el público los compraba mejor. El pseudónimo no era una extravagancia personal, sino una herramienta comercial de un mercado en el que un nombre anglosajón o centroeuropeo podía proporcionar a una obra popular una apariencia de importación y autoridad.
El contexto editorial refuerza esa lectura. Ferma fue una editorial barcelonesa de producción popular, fundada por Juan Fernández Mateu y muy activa en novelas de quiosco, cuadernos de aventuras, historietas, publicaciones románticas, westerns y espionaje. Historia de la esclavitud no nace, por tanto, como una monografía universitaria destinada a especialistas, sino dentro de una industria acostumbrada a producir lectura económica, rápida y atractiva para un público amplio. La propia contracubierta de nuestro ejemplar, dedicada por completo a anunciar un libro sobre venenos, crímenes y muertes, sitúa perfectamente el volumen dentro de ese ecosistema.
Una historia universal comprimida en un libro de bolsillo
Sin disponer del texto íntegro digitalizado, el índice es la mejor puerta para comprender el proyecto intelectual de la obra. Y el proyecto resulta extraordinariamente ambicioso. Tomeo comienza por «La esclavitud en la antigüedad» y, en pocas páginas, pasa por China, India y Egipto antes de detenerse en esclavos privados, sublevaciones egipcias y un «faraón visionario». Después aparecen Israel, los imperios del Asia occidental, medas, persas, Grecia y Roma. En apenas unas decenas de páginas el lector ha atravesado ya una parte enorme del mundo antiguo.
La secuencia continúa por las revueltas, los mercados y castigos de esclavos y entra después en la Edad Media. El libro incorpora esclavos cristianos, galeotes y la esclavitud «entre los turcos» antes de alcanzar la Edad Moderna y África. A partir de ahí el centro geográfico comienza a desplazarse hacia el Atlántico: aparecen las antiguas civilizaciones americanas, el descubrimiento de América, los filibusteros, Estados Unidos, la trata y los cargamentos de africanos.
La estructura responde a una forma clásica de divulgación universal: una larga cronología que avanza civilización tras civilización como si una misma institución pudiera seguirse desde la Antigüedad hasta el presente mediante un único hilo. Esa fórmula posee una virtud evidente, porque hace visible que la apropiación coercitiva de seres humanos no fue una particularidad exclusiva de una región ni de un siglo. Pero también contiene una limitación que hoy resulta imposible ignorar: bajo la palabra «esclavitud» terminan aproximándose sistemas jurídicos, económicos y sociales muy distintos.
La esclavitud de propiedad del mundo atlántico, las formas antiguas de cautiverio, determinadas servidumbres medievales, el trabajo forzoso, la explotación sexual o la trata de personas pueden compartir mecanismos de dominación sin ser instituciones intercambiables. Resulta significativo que la propia Convención suplementaria de Naciones Unidas de 1956 distinguiera entre esclavitud, trata de esclavos e «instituciones y prácticas similares a la esclavitud». El vocabulario internacional estaba aprendiendo precisamente a separar fenómenos que una historia universal de divulgación tendía a reunir.
Esta distancia metodológica no vuelve inútil el libro. Lo convierte en un doble documento. Por un lado, cuenta una historia de la esclavitud tal como un lector popular podía recibirla en la España de comienzos de los sesenta; por otro, permite observar cómo ha cambiado nuestra manera de organizar ese pasado. Una historia contemporánea dedicaría mucho más espacio a las diferencias entre sistemas, a las economías que los sostuvieron, a las voces de las personas esclavizadas y a las transformaciones producidas después de la abolición. Tomeo, en cambio, trabaja con la velocidad panorámica del pequeño manual universal.
Del mundo antiguo al Atlántico: cuando el libro cambia de escala
La primera mitad del índice está dominada por pueblos, imperios e instituciones. El lector pasa de Egipto a Israel, de Media a Persia, de Grecia a Roma y después a la Edad Media. A medida que el libro se aproxima a la modernidad, sin embargo, el problema adquiere otra escala. La expansión europea, África y América introducen una red comercial transcontinental capaz de transportar millones de seres humanos y de integrar la esclavitud en economías coloniales de enorme extensión.
El índice deja ver ese desplazamiento sin necesidad de conocer cada uno de los argumentos internos. «Los negros africanos» aparece inmediatamente antes de «Contratos de esclavitud»; luego llegan las antiguas civilizaciones americanas, el «Descubrimiento de América» y los filibusteros. Después, ya en la segunda página del sumario, el foco se concentra en «La esclavitud en los Estados Unidos de América», «La esclavitud al principio del siglo XIX», «Esclavos africanos» y «Cargamento de negros».
La terminología debe leerse históricamente y no reproducirse hoy como vocabulario neutral. Conservar en un catálogo las expresiones exactas impresas en 1962 tiene valor documental, precisamente porque permite advertir hasta qué punto ha cambiado el lenguaje utilizado para referirse a las personas africanas y afrodescendientes. El índice no solo registra los asuntos tratados por el libro; registra también la lengua disponible para hablar de ellos en una determinada cultura editorial.
El volumen parece orientarse después hacia la abolición y hacia las formas de explotación que continúan una vez desaparecida jurídicamente la esclavitud tradicional. Ese desplazamiento resulta importante porque evita que la narración concluya simplemente con el siglo XIX y una victoria moral definitiva. La abolición legal no equivale a la desaparición instantánea de las relaciones de dependencia, ni la prohibición del comercio humano elimina automáticamente las condiciones económicas y sociales que lo hacen posible.
Vista desde la historia de las ideas, esta progresión tiene algo de transición entre dos formas de contar la esclavitud. La primera es la vieja historia de civilizaciones: quién poseía esclavos, qué trato recibían y cuándo se rebelaban. La segunda, mucho más próxima al siglo XX, empieza a preguntarse por convenios internacionales, campañas de represión, tráfico clandestino y supervivencias contemporáneas. El propio índice deja ver cómo un tema aparentemente antiguo se transforma poco a poco en un problema de derechos humanos.
1962: el año en que el presente alcanza al libro
La fecha de publicación proporciona al último tercio de Historia de la esclavitud una intensidad que medio siglo después puede pasar inadvertida. En septiembre de 1956 se había aprobado en Ginebra la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas, que entró en vigor en abril de 1957. No era un documento ceremonial destinado a cerrar definitivamente una cuestión histórica, sino un instrumento creado precisamente porque continuaban existiendo prácticas que los acuerdos anteriores no habían conseguido eliminar.
En julio de 1962, el mismo año impreso en nuestro ejemplar, el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas adoptó una resolución específica sobre la aplicación de aquella Convención. El asunto volvió a la Asamblea General en diciembre. El informe del Tercer Comité señalaba la preocupación por la persistencia de la esclavitud en pleno siglo XX y por el reducido número de Estados que habían ratificado o aceptado todavía las convenciones internacionales aplicables.
Ese contexto transforma el título «La esclavitud en la actualidad», situado en la página 149. No es una conclusión añadida para producir exotismo después de recorrer la Antigüedad, sino la entrada del presente dentro del relato histórico. Lo mismo ocurre con «Mercado de esclavos en el Yemen». Un testimonio oficial posterior presentado ante Naciones Unidas sitúa la abolición formal de la esclavitud en Yemen mediante decreto presidencial precisamente en 1962. Libro y acontecimiento pertenecen, por tanto, al mismo momento histórico.
Conviene mantener una cautela importante. No disponemos aquí del texto completo del capítulo de Tomeo y no podemos determinar qué fuentes utilizó, qué cifras manejó ni hasta qué punto sus descripciones de Yemen o de la India siguen siendo defendibles. El valor del hallazgo está en otro lugar: el índice demuestra sin ambigüedad que el autor quería terminar su recorrido en el presente y que el presente de 1962 ofrecía motivos reales para hacerlo.
Esto distingue el libro de una simple historia retrospectiva. La esclavitud aparece como una institución capaz de cambiar de forma, ocultarse, sobrevivir a prohibiciones y exigir nuevas categorías jurídicas. El lector de Ferma podía comenzar con faraones y romanos y terminar leyendo sobre resoluciones, campañas internacionales y mercados humanos que todavía pertenecían a su propio tiempo.
La «trata de blancas» y una palabra que estaba dejando de servir
Uno de los bloques más extensos del último tramo está dedicado a aquello que el índice denomina «trata de blancas». Tomeo reserva epígrafes separados a la propia trata, a los tratantes, al caso español, a las campañas y primeros congresos convocados para combatirla y a las medidas adoptadas para su represión. El espacio concedido demuestra que no se trataba para el autor de una curiosidad secundaria, sino de una continuación importante de su relato sobre el comercio y explotación de seres humanos.
La expresión resulta hoy extraña porque mezcla una terminología racializada con fenómenos de explotación sexual y prostitución coercitiva que no deben confundirse sin más con la esclavitud de propiedad. Sin embargo, el término tenía detrás una historia jurídica concreta. En 1904 se firmó en París un International Agreement for the Suppression of the “White Slave Traffic”, seguido por otra convención en 1910. «Trata de blancas» fue, por tanto, durante décadas una traducción perfectamente reconocible del vocabulario oficial utilizado por gobiernos y organizaciones internacionales.
Cuando apareció el libro de Frantz Keller ese lenguaje ya estaba siendo sustituido. Naciones Unidas había aprobado en 1949 y abierto a la firma en 1950 la Convention for the Suppression of the Traffic in Persons and of the Exploitation of the Prostitution of Others. El cambio desde «white slave traffic» hacia «traffic in persons» no era simplemente estilístico: ampliaba el sujeto y permitía abandonar una categoría que sugería que la singularidad del problema residía en que las mujeres traficadas fueran blancas.
El índice de 1962 se encuentra así a caballo entre dos vocabularios. Conserva la expresión heredada de las campañas internacionales de principios del siglo XX, pero aparece cuando el lenguaje jurídico ya estaba desplazándose hacia conceptos más generales. Este tipo de detalle es precisamente uno de los valores de conservar libros de divulgación que en apariencia han quedado científicamente anticuados. Un manual viejo documenta también las palabras con las que una sociedad organizaba sus problemas.
La lectura actual exige, por supuesto, separar categorías. La trata de personas puede desembocar en formas de esclavitud o servidumbre, pero no toda trata es jurídicamente esclavitud ni toda esclavitud histórica funciona como trata sexual. La obra de Tomeo pertenece a una etapa en que esas fronteras estaban siendo reformuladas. Su terminología envejecida no debe adoptarse, pero sí puede estudiarse.
De millones de personas a cuatro nombres propios
Después de una obra construida casi enteramente mediante civilizaciones, instituciones y formas de comercio, el final del índice introduce un cambio de escala. Tras «Venta de esclavos en la India de hoy» aparece «Esclavos famosos» y, a continuación, cuatro pequeños capítulos biográficos: «El negro Zamora», «El conde de Santa Elena», «David Commeno» y «Pierre Joseph Dumont».
No sería prudente identificar por aproximación todos esos nombres sin disponer de mejores fuentes. El índice conserva exactamente cómo fueron impresos y esa es la información que puede documentar Librería5. Uno de ellos, en cambio, puede establecerse con seguridad. Pierre-Joseph Dumont dejó una narración de su larguísimo cautiverio norteafricano que circuló en el siglo XIX con títulos como Histoire de l'esclavage en Afrique (pendant trente-quatre ans). Una versión inglesa, Narrative of Thirty-four Years' Slavery and Travels in Africa, apareció ya en 1819.
La presencia de Dumont muestra otra fuente tradicional de la historia popular de la esclavitud: el relato de cautiverio. Frente a las grandes cifras del tráfico atlántico o a las abstracciones jurídicas, una vida individual proporciona nombres, viajes, castigos, amos, lugares y episodios que el lector puede seguir narrativamente. La divulgación histórica de Ferma encontraba allí un material perfectamente adaptado a su propio lenguaje editorial.
Hay algo significativo en que el libro termine precisamente de esa manera. Durante la mayor parte del recorrido, los esclavos aparecen inevitablemente convertidos en conjuntos: «los esclavos egipcios», «los galeotes», «esclavos africanos». En las últimas páginas, cuatro individuos recuperan nombre propio. No podemos afirmar sin leer el texto qué intención daba Tomeo a esa estructura, pero el efecto del índice es claro: después de casi doscientas páginas de sistemas de dominación, la historia acaba reduciéndose otra vez a personas.
Tomeo antes de Tomeo y nuestro ejemplar de 1962
Javier Tomeo tenía alrededor de treinta años cuando apareció Historia de la esclavitud. Se había formado en Derecho y Criminología y todavía no era el novelista que posteriormente sería traducido, representado en teatros europeos y reconocido por un universo literario inconfundible. Su primera novela considerada ya plenamente perteneciente a esa trayectoria, El cazador, aparecería en 1967. Antes estaban estas zonas menos nobles de una carrera literaria: textos populares, encargos, pseudónimos y trabajos divulgativos destinados a proporcionar ingresos.
Sería demasiado fácil considerar todo aquello una simple prehistoria prescindible. La crítica posterior ha advertido una posible continuidad entre sus estudios criminológicos, estos primeros trabajos sobre esclavitud y brujería y la extraordinaria cantidad de seres dominados, marginales, deformes, incomunicados o sometidos a relaciones asimétricas que poblarán su narrativa madura. No significa que el Tomeo de Amado monstruo esté ya escondido íntegramente en estas páginas, pero la elección de los asuntos resulta menos accidental cuando se contempla desde el conjunto de su obra.
El ejemplar conservado en Librería5 permite documentar además una pequeña corrección bibliográfica. Algunas listas digitales transmiten «Barcelona: Forma» como pie editorial de este título. Nuestra copia dice claramente Editorial Ferma, dato que coincide con la bibliografía académica de la Institución Fernando el Católico. La página acredita asimismo la portada a Escofet, registra el depósito legal B. 1560-1962 y el número de registro 289-62, y muestra el nombre de Cartongraf, S. A., de Barcelona, en el pie de producción.
La cubierta ilustrada conserva una estética muy distinta de la sobriedad de un tratado universitario: el título aparece en grandes caracteres rojos junto a varias figuras encadenadas y sometidas. El desgaste de bordes y esquinas, los roces y el envejecimiento del papel recuerdan además que estamos ante un volumen popular de más de seis décadas de existencia. En las partes examinadas no aparecen dedicatorias, firmas, exlibris o anotaciones que permitan reconstruir una procedencia particular.
El índice completo es uno de los elementos más útiles de este ejemplar porque permite hacer buscable una estructura que resulta difícil de recuperar en muchas referencias digitales. Se conserva a continuación la terminología de la edición de 1962, incluso allí donde hoy resulta anticuada u ofensiva, precisamente para documentar el volumen con fidelidad.
Índice completo de la edición de 1962
- La esclavitud en la antigüedad — p. 7
- La esclavitud en China — p. 10
- La esclavitud en la India — p. 14
- La esclavitud en Egipto — p. 19
- Los esclavos privados — p. 24
- Sublevaciones de los esclavos egipcios — p. 26
- El faraón visionario — p. 29
- La esclavitud en el pueblo de Israel — p. 31
- La esclavitud en los antiguos imperios del Asia occidental — p. 35
- La esclavitud entre medas y persas — p. 38
- El reino de Media — p. 38
- La esclavitud en Grecia — p. 41
- La esclavitud en Roma — p. 45
- Revueltas de esclavos — p. 47
- Mercado de esclavos — p. 51
- Castigos que recibían los esclavos — p. 54
- La esclavitud en la Edad Media — p. 55
- Esclavos cristianos — p. 59
- Los galeotes — p. 62
- La esclavitud entre los turcos — p. 64
- La esclavitud en la Edad Moderna — p. 68
- Los negros africanos — p. 72
- Contratos de esclavitud — p. 75
- La esclavitud en las antiguas civilizaciones americanas — p. 78
- Descubrimiento de América — p. 80
- Los filibusteros — p. 83
- La esclavitud en los Estados Unidos de América — p. 88
- La esclavitud al principio del siglo XIX — p. 91
- Esclavos africanos — p. 95
- Cargamento de negros — p. 100
- La trata de blancas — p. 105
- Los tratantes en blancas — p. 122
- La trata de blancas en España — p. 125
- Campaña contra la trata de blancas y primeros congresos celebrados para combatirla — p. 132
- Algunas medidas adoptadas para la represión — p. 138
- La esclavitud en la actualidad — p. 149
- Mercado de esclavos en el Yemen — p. 151
- Venta de esclavos en la India de hoy — p. 155
- Esclavos famosos — p. 157
- El negro Zamora — p. 171
- El conde de Santa Elena — p. 177
- David Commeno — p. 183
- Pierre Joseph Dumont — p. 189
Transcripción del índice del ejemplar conservado en Librería5. Se mantiene el vocabulario original de 1962 con finalidad documental.
- Título
- Historia de la esclavitud
- Autor en cubierta
- Frantz Keller
- Autor identificado
- Javier Tomeo; Frantz Keller era uno de sus pseudónimos
- Título original indicado
- History of Slavery
- Traducción indicada
- Javier Tomeu, tal como figura impreso en el ejemplar
- Editorial
- Editorial Ferma
- Año
- 1962
- Portada
- Escofet
- Depósito legal
- B. 1560-1962
- N.º de registro
- 289-62
- Pie de producción
- Cartongraf, S. A., Barcelona
- Formato
- Volumen en rústica ilustrada, de formato reducido
- Extensión observable
- 192 páginas
- Estado observable
- Cubiertas con desgaste, roces y pequeñas pérdidas en bordes y esquinas; papel interior envejecido
La página de créditos que fingía separar autor y traductor termina siendo, probablemente, el mejor emblema de esta etapa de Tomeo. Un joven escritor todavía desconocido necesitaba convertirse en extranjero para vender; inventó a Frantz Keller, colocó bajo su nombre una historia universal de la esclavitud y dejó a Javier «Tomeu» la tarea de traducirlo. Décadas después, cuando el nombre de Javier Tomeo ya no necesitaba ningún disfraz, aquella maniobra comercial adquirió un significado inesperado.
Pero la curiosidad no debería ocultar el libro. En 1962 Tomeo eligió contar una historia de dominadores y dominados que empezaba con los grandes imperios de la Antigüedad y se negaba a terminar en ellos. Acababa en su propio presente, cuando Naciones Unidas seguía preguntándose cómo eliminar unas instituciones que el mundo moderno llevaba décadas declarando abolidas. Antes de escribir sus famosos monstruos, Javier Tomeo ya estaba mirando hacia los vencidos.
Fuentes consultadas
- El ejemplar conservado en Librería5, utilizado como fuente primaria para cubierta, créditos, editorial, año, pseudónimo impreso, supuesto título original, traducción indicada, depósito legal, número de registro, índice completo, publicidad de contracubierta y estado material.
- Institución Fernando el Católico — La obra narrativa de Javier Tomeo (1932-2013): nuevos acercamientos críticos, utilizada para identificar a Frantz Keller como pseudónimo de Javier Tomeo, comprobar la bibliografía del libro y contextualizar su relación con los temas posteriores de dominación y marginalidad.
- Universidad de Málaga — investigación doctoral sobre Javier Tomeo, utilizada para la etapa de literatura popular, la identificación de Historia de la esclavitud y la peculiar atribución impresa a «Javier Tomeu» como traductor.
- El País — entrevista con Javier Tomeo, para su recuerdo de los pseudónimos extranjeros, los trabajos populares y las cantidades que recibía por ellos mientras estudiaba.
- Institut d'Estudis Catalans — estudio histórico sobre la edición popular y la novela gráfica, utilizado para situar a Editorial Ferma en el mercado español de publicaciones populares de los años cincuenta y sesenta.
- Naciones Unidas — Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud de 1956, para el contexto jurídico internacional inmediatamente anterior a la publicación del libro.
- Naciones Unidas — resolución E/RES/890(XXXIV), 1962, para documentar que la aplicación de la Convención contra la esclavitud seguía siendo objeto de actuación internacional el mismo año de esta edición.
- Naciones Unidas — Acuerdo internacional de 1904 para la represión del «White Slave Traffic», para contextualizar históricamente la expresión «trata de blancas» empleada en el índice.
- Naciones Unidas — Convención de 1950 para la represión de la trata de personas y la explotación de la prostitución ajena, para documentar el cambio de terminología internacional.
- Google Books — Pierre-Joseph Dumont, Histoire de l'esclavage en Afrique (pendant trente-quatre ans), utilizado para identificar al personaje que cierra el índice y su relato histórico de cautiverio.