Juego de venganzas — Tara Pammi

Jia Shetty cumple veintiséis años y nadie de su familia se acuerda. No hay cena, regalos ni felicitaciones. A las nueve de la noche está vestida de limpiadora, entrando clandestinamente en el ático de Manhattan de Apollo Galanis, el multimillonario griego que está a punto de casarse con su hermana.

Lleva un mes trabajando en el hotel para conseguirlo. Ha estudiado los planos, aprendido los turnos de seguridad y averiguado qué ascensor conduce a la zona privada. Jia es arquitecta y ha utilizado todo lo que sabe para entrar en la casa del enemigo. Sólo que, una vez dentro, encuentra comida, vino, un sillón extraordinariamente cómodo y una vista de Manhattan difícil de abandonar. Cuando Apollo vuelve de un viaje de negocios, la descubre profundamente dormida en su salón.

Jia no ha entrado para seducirlo. Ha ido a negociar. Su hermana Rina no quiere aquel matrimonio y Apollo no parece dispuesto a renunciar al último movimiento de una venganza que lleva casi veinte años preparando. Así que Jia le presenta una alternativa que convierte la guerra entre ambas familias en algo mucho más personal: «Cásate conmigo y habrás ganado».

Cubierta de Juego de venganzas de Tara Pammi, colección Bianca de Harlequin
La edición española de Contractually Wed apareció como Juego de venganzas, Bianca n.º 3179.

Una propuesta matrimonial que empieza como desafío

El matrimonio de conveniencia es uno de los mecanismos más resistentes de la novela romántica porque permite colocar a dos personas dentro de una intimidad que todavía no se han ganado. En Juego de venganzas, Tara Pammi introduce además una variación especialmente eficaz: el acuerdo ya existía antes de que comenzara la verdadera historia de amor.

Apollo iba a casarse con Rina, la hermana mayor de Jia. No la había elegido por pasión. El matrimonio formaba parte de una operación calculada para hacerse finalmente con el control de la empresa de los Shetty. Después de tres años, las acciones de Rina pasarían a sus manos y Apollo culminaría así la derrota del hombre al que responsabiliza de haber destruido a su padre.

Jia podría intentar convencerlo de que perdone a su hermana. Podría pedirle compasión o amenazarlo. En lugar de eso, entiende perfectamente la lógica del adversario y decide entrar en ella. Si Apollo necesita casarse con una Shetty para ganar su guerra, ella le ofrece otra Shetty.

Pero sustituir una hermana por otra cambia toda la operación. Rina encajaba en los planes de Apollo porque parecía dócil, elegante y capaz de aceptar una vida ordenada según las condiciones establecidas. Jia no posee ninguna de esas cualidades. Tiene tatuajes, una lengua demasiado rápida, una tendencia a desafiarlo y una capacidad extraordinaria para aparecer justamente donde él no desea verla.

Jia no espera a que Apollo la escoja. Entra en la negociación sin haber sido invitada, modifica unilateralmente las condiciones y se convierte ella misma en la contraoferta.

Entrar en la casa del enemigo

El comienzo de la novela está construido para que Jia haga prácticamente todo aquello que no debería hacer. Se hace pasar por empleada, estudia el funcionamiento del hotel, consigue acceso al ático privado de Apollo y termina instalada en uno de sus sillones comiendo tranquilamente aquello que encuentra en la cocina. Su misión es seria, pero Tara Pammi evita presentarla como una heroína solemne. Jia puede estar aterrorizada y, al mismo tiempo, quedarse dormida en casa del hombre al que acaba de burlar.

Apollo responde también de una manera poco majestuosa para un multimillonario acostumbrado al control. Cuando descubre quién ocupa su sillón, la enfurecida autoridad del magnate se mezcla enseguida con algo mucho menos disciplinado. Jia tiene una capacidad casi física para desordenarlo. Ella convierte al hombre capaz de dirigir empresas y planear una venganza durante décadas en alguien que reacciona impulsivamente, se irrita, se divierte contra su voluntad y descubre que presta demasiada atención a una mujer a la que asegura no soportar.

Ahí empieza a funcionar la enemistad. No necesitamos esperar cien páginas para detectar la atracción, pero tampoco hace falta transformar a los personajes inmediatamente en amantes comprensivos. Lo divertido está precisamente en contemplar cómo cada uno interpreta la reacción que provoca el otro como una molestia que debería eliminar, cuando resulta evidente que esa molestia es ya una forma de interés.

Jia lleva además semanas intentando sabotear discretamente el compromiso de su hermana. Ha provocado errores, desviado encuentros y hecho cuanto estaba en su mano para que Apollo llegue a la conclusión de que casarse con los Shetty es una idea insoportable. Nada ha funcionado. Entrar en su casa es la escalada final.

Y cuando tampoco eso basta, llega la propuesta.

Dos arquitectos y una vieja historia de diseños robados

La arquitectura parecía al principio una característica profesional de los protagonistas. En realidad es una de las mejores piezas de la historia.

Apollo Galanis ha construido su fortuna como arquitecto y empresario. La novela explica que su padre también diseñaba y que Jay Shetty, padre de Jia, se apropió de sus proyectos y los comercializó como propios. La traición llevó al hombre a regresar a Grecia arruinado y derrotado. Apollo convirtió aquel desastre familiar en el centro de su vida: ganar dinero, entrar en la empresa de los Shetty y destruir aquello que Jay había construido se convirtió en una deuda contraída con el pasado.

Pero Jia es también arquitecta. Al comienzo recuerda uno de sus grandes éxitos profesionales: los bocetos para la ampliación de la biblioteca privada de un multimillonario fueron aceptados y el proyecto recibió elogios por su carácter innovador y sostenible. Sin embargo, aquel reconocimiento tampoco apareció bajo su propio nombre.

La coincidencia produce una grieta extraordinaria dentro de la lógica de Apollo. El hombre que lleva años vengando a un arquitecto cuyo trabajo fue apropiado por un Shetty termina frente a una arquitecta Shetty que conoce personalmente lo que significa trabajar sin recibir plenamente el reconocimiento correspondiente.

No son equivalencias exactas y Jia no necesita convertirse en una víctima idéntica al padre de Apollo para que el paralelismo funcione. Basta con reconocer que ambos personajes han crecido dentro de una historia donde talento, autoría, familia y propiedad están extrañamente mezclados.

La venganza empieza a complicarse cuando el apellido deja de bastar. Apollo puede odiar a «los Shetty» mientras los contempla como una unidad. Jia lo obliga a mirar a una persona concreta.

El ático dice algo que Apollo todavía no sabe decir

Jia entra en casa del enemigo y encuentra algo inesperado: le gusta lo que ha construido.

El ático combina cristal, madera, metal industrial y vegetación sobre una gran vista de Manhattan. Ella lo observa con los ojos de una arquitecta y reconoce inteligencia y sensibilidad en las decisiones del diseñador. El espacio no parece pertenecer al monstruo unidimensional que necesitaría imaginar para que todo fuera fácil.

La arquitectura funciona entonces como una primera forma de conocimiento íntimo. Rina puede conocer al futuro marido mediante cenas y compromisos familiares; Jia lo conoce mirando las líneas de un edificio. Comprende algo del hombre a través de aquello que crea cuando no está intentando vengarse de nadie.

Y Apollo descubre una sorpresa equivalente. La hermana que consideraba caótica no ha conseguido entrar en su espacio privado por casualidad. Ha entendido el edificio, estudiado su funcionamiento y encontrado la debilidad de un sistema que él consideraba prácticamente inexpugnable. Jia lo desafía precisamente en el terreno donde él se considera excepcional.

Eso transforma la atracción en algo más interesante que la contemplación física. Hay reconocimiento profesional, aunque ninguno esté todavía dispuesto a llamarlo así. Ambos saben crear espacios. Ambos saben leerlos. Ambos son conscientes de que el otro posee una inteligencia que dificulta el desprecio.

Rina era perfecta para el plan; Jia es perfecta para destruirlo

Apollo había aceptado a Rina precisamente porque no esperaba que modificara su vida. Es hermosa, educada, socialmente impecable y parece dispuesta a ocupar la posición que requiere el acuerdo. Él no cree en el amor y no está buscando una compañera capaz de poner en cuestión sus decisiones. Busca orden.

Jia representa todo lo contrario. No sólo discute: interviene. No sólo desaprueba sus planes: intenta sabotearlos. No sólo sospecha que su hermana sufrirá dentro del matrimonio: se introduce personalmente en la negociación para sustituirla.

La paradoja romántica resulta deliciosa. La mujer que Apollo habría escogido racionalmente es precisamente aquella por la que no siente la perturbación que intenta evitar. La mujer que jamás habría considerado adecuada es aquella cuya presencia destruye la tranquilidad sobre la que había imaginado construir su futuro.

Pammi subraya incluso visualmente el contraste entre las dos hermanas. Rina representa una belleza perfectamente compuesta. Jia aparece con gafas, cabello difícil de domesticar, tatuajes, ropa poco convencional y una sonrisa imperfecta. Apollo se esfuerza por interpretar esas diferencias como defectos respecto al modelo de esposa que considera conveniente.

El problema es que sigue mirándola.

El verdadero atractivo de esa dinámica no consiste en que Jia tenga que transformarse para resultar digna del multimillonario. Funciona justamente en la dirección contraria: Apollo tendrá que revisar el modelo de mujer que creía desear porque la persona que despierta su interés no cabe dentro de él.

El contrato puede ordenar las acciones, no el deseo

Un matrimonio de conveniencia convierte una relación afectiva en una negociación. Ésa es precisamente su utilidad narrativa. Cuando dos personajes se casan por amor, los sentimientos justifican el contrato. Cuando lo hacen por otros motivos, el contrato existe primero y obliga a preguntarse qué sentimientos pueden sobrevivir dentro de él.

Apollo conoce perfectamente aquello que quiere obtener: control empresarial y culminación de su venganza. Jia conoce también aquello que quiere salvar: la libertad de su hermana y, en último término, a su familia.

Los dos creen poder definir el precio.

Pero Jia no es una acción empresarial transferible. Apollo tampoco es exclusivamente el enemigo que su historia familiar permite imaginar. Cuanto mayor sea la proximidad exigida por el acuerdo, más difícil será conservar intactas esas abstracciones.

Ese es el punto exacto donde el contrato empieza a trabajar contra quienes lo redactan. Puede establecer quién se casa con quién y por qué. Puede distribuir propiedades, acciones y obligaciones. Lo único que no puede determinar es qué significado adquirirán los gestos cuando dejen de hacerse exclusivamente por obligación.

Por eso el beso que anuncia la contracubierta no es importante sólo porque introduzca deseo. Amenaza el principio sobre el que ambos creen haber construido la operación. Si existe atracción, ya no pueden calcular con la misma comodidad dónde termina el negocio y dónde empieza algo para lo que ninguno había preparado cláusulas.

¿Quién está pagando realmente las deudas de los padres?

La venganza de Apollo resulta comprensible precisamente porque se origina en una injusticia. Su padre fue destruido, él fue testigo de las consecuencias y dedicó buena parte de su vida a conseguir una posición desde la que Jay Shetty no pudiera volver a ignorarlo.

Pero la novela introduce una pregunta que lentamente empieza a volverse más incómoda: ¿quién está recibiendo realmente el castigo?

Rina debe casarse con un hombre que no desea porque posee las acciones que Apollo necesita. Jia se ofrece a sustituirla porque ha pasado buena parte de su vida protegiendo a su hermana. Ninguna de las dos robó aquellos diseños.

La reparación dirigida contra Jay empieza así a utilizar a sus hijas como moneda. Apollo puede considerar que está atacando al culpable mediante aquello que más le importa, pero cuanto más conoce a Jia, más difícil resulta mantener la distancia moral necesaria para que esa explicación continúe siendo cómoda.

Jia tampoco llega libre de ataduras. El comienzo deja claro que está acostumbrada a resolver problemas familiares, sacrificar reconocimiento y medir sus decisiones por el daño que puede evitar a otros. Que nadie recuerde siquiera su cumpleaños no es un adorno casual. La novela introduce desde la primera página a una mujer que recibe poco y, aun así, sigue preguntándose qué puede entregar.

Su propuesta de matrimonio es extraordinariamente valiente. También resulta reveladora de una costumbre peligrosa: cuando la familia necesita algo, Jia se coloca a sí misma en la mesa de negociación.

El romance adquiere entonces una segunda dirección. Apollo necesita aprender que vengarse de un padre no le concede derechos ilimitados sobre sus hijas. Jia necesita descubrir que proteger a quienes quiere no debería exigir desaparecer dentro de sus necesidades.

De Contractually Wed a Juego de venganzas

El título original, Contractually Wed, coloca el matrimonio en primer plano. Es una denominación muy directa: casados mediante contrato. La edición española eligió Juego de venganzas, una transformación que cambia bastante la expectativa.

El nuevo título sacrifica la información inmediata sobre el matrimonio de conveniencia y destaca aquello que da personalidad a esta historia concreta: la revancha que organiza la vida de Apollo. Resulta además apropiado hablar de un «juego», porque desde el principio los protagonistas están haciendo movimientos sobre un tablero que ya existía antes de ellos.

Apollo prepara el matrimonio con Rina.

Jia sabotea los encuentros.

Apollo mantiene el compromiso.

Jia entra en su casa.

Y finalmente realiza el movimiento que nadie esperaba: se coloca en la casilla que ocupaba su hermana.

Pero el plural implícito en las venganzas termina siendo todavía más sugerente. Apollo no es el único personaje que tiene cuentas pendientes con la familia Shetty. Jia vive dentro de esa familia y también conoce sus desigualdades, silencios y apropiaciones. Puede proteger a los suyos sin que eso signifique considerar justo todo lo que han hecho.

El ejemplar conservado en Librería5

Nuestra edición apareció el 6 de agosto de 2025 dentro de la colección Bianca con el número 3179. La traducción corresponde a Celina González Serrano y el volumen tiene 160 páginas. La cubierta mantiene el diseño inmediatamente reconocible de la línea, con la pareja ocupando prácticamente todo el espacio y el nombre de Tara Pammi por encima del título.

La edición española llegó menos de un año después de la aparición de Contractually Wed en inglés. La obra original fue publicada por Harlequin Presents el 26 de noviembre de 2024 y circuló también dentro de recopilaciones de Mills & Boon. Más tarde, la traducción española tuvo además versión en audiolibro.

Título
Juego de venganzas
Autora
Tara Pammi
Título original
Contractually Wed
Traducción
Celina González Serrano
Editorial
Harlequin Ibérica / HarperCollins Ibérica
Colección
Bianca
Número
3179
Fecha
6 de agosto de 2025
Copyright original
2024 Tara Pammi
ISBN
979-13-7000-528-3
Depósito legal
M-13899-2025
Páginas
160
Impresión
Black Print, España
Precio impreso
4,90 €
Papel
Certificación FSC C159065

Cuando el enemigo deja de ser un apellido

La gran dificultad de cualquier venganza familiar consiste en mantener a las personas reducidas a su apellido. Mientras Apollo piensa en «los Shetty», la operación puede parecer sencilla. Hay una deuda antigua, un culpable y una familia que debe pagar.

Jia destruye esa comodidad desde el momento en que aparece dormida en su sillón.

Es irritante, divertida, competente, imprudente, protectora y demasiado parecida a él en algunas cosas que ninguno desea admitir. Entiende los edificios que él diseña. Sabe lo que significa que el talento de un arquitecto termine beneficiando a otro nombre. Ha aprendido también a sobrevivir alrededor de un padre cuya historia personal ocupa demasiado espacio en la vida de sus hijos.

Y ése es el auténtico peligro del matrimonio que propone. No que Apollo pueda enamorarse de una Shetty, sino que, al hacerlo, tenga que aceptar que llevaba años intentando vengarse de una idea mucho más sencilla que las personas reales que la componían.

Jia entra en el ático dispuesta a venderse al enemigo para salvar a su hermana. Apollo cree que aceptar significaría haber ganado. Juego de venganzas empieza justamente donde ambas certezas empiezan a resultar sospechosas.

Fuentes consultadas

Ejemplar de Juego de venganzas conservado en Librería5: cubierta, contracubierta, página legal y comienzo del capítulo primero.

Tara Pammi — Contractually Wed: ficha oficial de la autora, fecha de publicación original, clasificación del romance y argumento editorial.

Galatea — Contractually Wed, capítulo primero: texto público utilizado para contrastar la apertura de la novela, las profesiones de Jia y Apollo y el origen de la venganza familiar.

Harlequin — Harlequin Presents December 2024 Box Set 2 of 2: circulación original de la novela y presentación editorial de la relación entre Apollo y Jia.

Tara Pammi — Harlequin Presents: ubicación de la novela dentro de la producción romántica de la autora y categorías recurrentes de sus historias.

Harlequin Ibérica — catálogo de agosto de 2025: comprobación de la edición española en rústica dentro de las novedades de Bianca.

Fnac — Juego de venganzas: traducción de Celina González Serrano, fecha, ISBN, paginación, dimensiones y clasificación temática de la edición española.

Apple Books — Contractually Wed: edición digital original, descripción editorial, paginación y fecha de publicación.

Nextory — Juego de venganzas: posterior edición española en audiolibro, duración y datos editoriales.