Alejandro Magno murió en Babilonia en 323 a. C. Sabemos que su cadáver acabó en Egipto y que durante siglos pudo visitarse su tumba en Alejandría. Después desapareció. Quinientos años más tarde, unos mercaderes venecianos salieron de esa misma ciudad llevando consigo un cadáver que creían perteneciente a san Marcos.
Steve Berry encontró en esos dos hechos separados por siglos una de esas grietas históricas de las que puede salir una novela entera. La traición veneciana juega con una posibilidad tan improbable como irresistible para un thriller: ¿y si las reliquias trasladadas desde Alejandría a Venecia no fueran exactamente las que los venecianos creían?
La pregunta arrastra a Cotton Malone desde Copenhague hasta Venecia y Asia Central, pero la tumba perdida es sólo una parte del problema. Al otro lado de la investigación aparece Irina Zovastina, dirigente de una nueva potencia surgida de las antiguas repúblicas soviéticas, admiradora obsesiva de Alejandro y poseedora de un arsenal biológico capaz de convertir la arqueología en una cuestión de supervivencia contemporánea.
El cadáver más buscado de la Antigüedad
La historia real proporciona a Berry un comienzo difícil de mejorar. Alejandro III de Macedonia murió en Babilonia en el año 323 a. C., cuando todavía era un hombre joven y acababa de construir un imperio que se extendía desde Grecia y Egipto hasta Asia Central y la India. Las fuentes antiguas describen una enfermedad que se prolongó durante varios días, pero la causa exacta de su muerte continúa siendo discutida. Malaria, fiebre tifoidea, otras enfermedades infecciosas e incluso envenenamiento han formado parte de las hipótesis propuestas a lo largo del tiempo.
El destino posterior del cadáver fue casi tan extraordinario como la vida del conquistador. Cuando el cortejo funerario se dirigía hacia Macedonia, Ptolomeo se apoderó del cuerpo y lo llevó a Egipto. Alejandro fue enterrado primero en Menfis y después trasladado a Alejandría, donde su sepultura adquirió una enorme importancia política y simbólica. Sabemos por autores antiguos que personajes como Julio César o Augusto visitaron el mausoleo. En algún momento de la Antigüedad tardía, sin embargo, se perdió su rastro.
Eso convierte la tumba de Alejandro en un objeto perfecto para Steve Berry. El escritor ha construido buena parte de su carrera alrededor de reliquias, tesoros, bibliotecas y documentos cuya existencia histórica deja suficientes preguntas abiertas para introducir una segunda historia. No necesita inventar que Alejandro desapareció: lo que inventa es una respuesta a ese misterio.
Berry reconocería después que precisamente eso le fascinaba del personaje. Alejandro había conquistado un mundo enorme en apenas unos años, había mezclado deliberadamente elementos griegos y persas y había terminado convirtiéndose en una figura cuya interpretación oscila todavía entre el genio político y militar y el conquistador brutal obsesionado con su propia gloria. Su imperio se desintegró después de su muerte, pero su cadáver continuó acumulando poder simbólico.
Cotton Malone, librero con un pasado demasiado útil
La traición veneciana es la tercera aventura de Cotton Malone. La contradicción profesional del personaje resume muy bien la fórmula de la serie: Malone fue agente del Departamento de Justicia estadounidense, pero ha abandonado esa vida y mantiene una librería de libros antiguos en Copenhague. En teoría se ha retirado. En la práctica, su experiencia anterior y sus amistades hacen que la tranquilidad del comercio librero dure bastante poco.
Esta vez el regreso a la acción comienza con un incendio. Malone se encuentra en un museo danés cuando un fuego devastador amenaza con consumir el edificio. Pronto descubre que no se trata de un accidente aislado. Otros lugares de Europa han ardido en circunstancias extrañas y los incendios forman parte de una operación destinada a eliminar pruebas y esconder una búsqueda mucho mayor.
La conexión llega a través de Cassiopeia Vitt, uno de los personajes recurrentes de la serie y aquí mucho más que una simple acompañante del protagonista. Berry construye una investigación coral en la que también participan Henrik Thorvaldsen y Stephanie Nelle. El resultado se parece menos a la pesquisa solitaria de un detective que a una carrera internacional en la que distintas personas conocen fragmentos diferentes del problema y nadie tiene tiempo suficiente para reunirlos con calma.
Ese movimiento constante es esencial para el tipo de thriller que practica Berry. Copenhague, Ámsterdam, Venecia y Asia Central no son simples nombres exóticos añadidos al recorrido. Cada desplazamiento modifica el tipo de misterio. En Dinamarca domina la investigación de los incendios; en Venecia, las reliquias y la historia; en Asia Central, la arqueología queda absorbida por la geopolítica y la amenaza militar.
Irina Zovastina quiere terminar lo que Alejandro empezó
La antagonista, Irina Zovastina, transforma la obsesión arqueológica en una ambición política. Berry imagina que varias antiguas repúblicas soviéticas se han unido formando una Federación Centroasiática y coloca a Zovastina al frente del nuevo Estado. Es una creación ficticia, pero aprovecha una región real cuya posición entre Rusia, Europa, China, India y Oriente Próximo le concede una enorme importancia estratégica.
Zovastina admira a Alejandro Magno hasta el extremo de convertirlo en modelo personal. No le interesa únicamente encontrar su tumba. Quiere continuar el impulso del conquistador y construir un poder capaz de imponerse sobre las naciones que la rodean. Berry consigue así que el pasado no funcione como simple decoración: Alejandro es simultáneamente la figura histórica investigada por los protagonistas y la idea política que impulsa a su adversaria.
El escritor buscó incluso en la cultura de Asia Central una forma de caracterizarla. En una entrevista publicada cuando apareció la novela explicó que había utilizado el buzkashi, el violento juego ecuestre practicado en distintos territorios centroasiáticos, para mostrar la brutalidad de Zovastina. El episodio sirve además para introducir al lector en un espacio que rara vez ocupaba entonces el centro de los thrillers occidentales.
La ambición de la dirigente tampoco depende sólo de ejércitos convencionales. La Federación ha desarrollado armas biológicas y Zovastina contempla la posibilidad de utilizarlas para eliminar poblaciones enteras. Eso introduce la gran paradoja del argumento: mientras unos personajes buscan en la tumba de un hombre muerto hace más de dos milenios una posible forma de curación, otros pretenden utilizar la biología para matar a una escala igualmente extraordinaria.
La arqueología deja entonces de ser una búsqueda del pasado. Encontrar antes que Zovastina aquello que Alejandro pudo llevarse a la tumba se convierte en una carrera para decidir quién controlará el futuro.
Venecia y el cadáver equivocado
El vínculo veneciano nace de otro episodio histórico real. Según la tradición conservada por la propia Basílica de San Marcos, dos mercaderes venecianos, Buono da Malamocco y Rustico da Torcello, consiguieron sacar de Alejandría en el año 828 las reliquias atribuidas al evangelista. El relato tradicional incluye incluso el famoso recurso de ocultarlas bajo carne de cerdo para impedir que los funcionarios musulmanes inspeccionaran cuidadosamente la carga.
Las reliquias llegaron a Venecia y san Marcos terminó convirtiéndose en patrono de la ciudad. Su león alado pasó a formar parte inseparable de la identidad política de la Serenísima y se construyó para sus restos uno de los templos más famosos de Europa. Hasta ahí llega la historia y la tradición veneciana. Berry introduce entonces la duda novelesca.
Alejandro también había sido enterrado en Alejandría y, siglos después, su cadáver había desaparecido. ¿Qué ocurriría si en medio de las destrucciones, traslados, olvidos y cambios religiosos de la ciudad antigua alguien hubiese confundido unos restos con otros? La hipótesis de que las reliquias de San Marcos pudieran ocultar realmente el cuerpo de Alejandro ha circulado como especulación histórica, pero no existe una demostración que permita tratarla como un hecho. Precisamente por eso resulta tan eficaz dentro de un thriller.
Berry no necesita demostrarla. Necesita que sea lo bastante imaginable para obligar a Cotton Malone a entrar en San Marcos preguntándose qué puede esconderse detrás de dos milenios de veneración, traslados y leyendas. Venecia deja así de ser mero escenario pintoresco y se convierte en uno de los grandes mecanismos del argumento.
De las reliquias al fuego y las armas biológicas
La novela acumula deliberadamente elementos que pertenecen a épocas muy distintas. Junto a Alejandro y las reliquias cristianas aparecen incendios de potencia anormal, sociedades clandestinas, empresarios, servicios de inteligencia y programas de armas biológicas. La conexión entre todo ello es menos extravagante de lo que parece si se comprende el método de Berry: parte de enigmas históricos auténticos y los prolonga mediante una cadena de posibilidades ficticias.
El fuego desempeña un papel especialmente eficaz porque introduce otra tecnología rodeada durante siglos de secreto: el llamado fuego griego, el arma incendiaria asociada al Imperio bizantino cuya composición exacta continúa siendo discutida. Berry puede así conectar la desaparición de pruebas contemporáneas con la fascinación por tecnologías antiguas que conocemos de forma incompleta. Los incendios iniciales no sólo crean espectáculo; anuncian desde las primeras páginas que el conocimiento perdido puede seguir siendo peligroso.
La amenaza biológica funciona de manera parecida. El núcleo científico que relaciona a Alejandro con una sustancia capaz de curar enfermedades pertenece a la ficción. El propio Berry lo explicó con claridad después de publicar el libro: la misteriosa preparación medicinal es creación suya, aunque utilizó conocimientos biológicos reales como punto de apoyo para construirla.
La distinción importa porque La traición veneciana juega constantemente a acercarse a la frontera entre información histórica y especulación. El lector pasa de un dato documentado a una posibilidad, y de esa posibilidad a una invención completa, casi sin abandonar el mismo tono narrativo. Ése es uno de los placeres y también uno de los riesgos de este tipo de thriller: después de unas cuantas páginas, conviene recordar que no todo lo que suena plausible pretende ser verdadero.
Steve Berry y la maquinaria del thriller histórico
Steve Berry llegó relativamente tarde a la publicación después de años de ejercicio profesional como abogado y de una larga insistencia con la escritura. Antes de crear a Cotton Malone ya había utilizado grandes incógnitas históricas en novelas como La habitación de ámbar, La profecía Romanov o El tercer secreto. Con Malone encontró una estructura especialmente adecuada para recorrer esos enigmas: un antiguo agente que conoce los mecanismos del poder pero que, como librero, posee además una relación natural con documentos, colecciones y objetos antiguos.
Berry ha explicado que la documentación de una novela puede ocuparle alrededor de dieciocho meses y llevarlo a consultar entre cien y doscientas fuentes. Pero nunca ha pretendido que el resultado sea historiografía. Su método consiste precisamente en conservar algunas piezas, modificar otras e inventar las que necesita para que la maquinaria narrativa funcione. Por eso acostumbra a cerrar sus libros con una nota donde explica qué parte corresponde a la historia y dónde ha manipulado la realidad.
La traición veneciana muestra muy bien esa técnica porque contiene un núcleo histórico extremadamente atractivo: la muerte de Alejandro, el viaje de su cadáver, la desaparición de su sepultura y el traslado medieval de las reliquias de san Marcos. A partir de ahí, Berry construye la Federación Centroasiática, la conspiración contemporánea, la amenaza biológica y la sustancia curativa. El interés nace precisamente del roce entre las dos capas.
La crítica señaló también los límites de la fórmula. Publishers Weekly cuestionó algunos mecanismos argumentales y consideró previsibles ciertos recursos, mientras Kirkus Reviews fue especialmente duro con la construcción de los personajes y el exceso de la trama. Sin embargo, ambas lecturas reconocían implícitamente aquello que el libro ofrece sin complejos: movimiento continuo, escenarios espectaculares, conspiración internacional y una investigación histórica convertida en carrera contra el tiempo.
Berry no quiere que el lector cierre el volumen pensando que ha leído una biografía de Alejandro. Quiere que lo cierre con ganas de averiguar por su cuenta qué sabemos realmente sobre su tumba. En ese sentido, la ficción funciona como una máquina de producir curiosidad histórica.
Nuestro ejemplar: Booket, 2010
El ejemplar conservado en Librería5 pertenece a la edición de bolsillo publicada por Editorial Planeta dentro de Booket en septiembre de 2010. El volumen había aparecido en España un año antes, en 2009, en una edición de Planeta; nuestra copia representa por tanto su paso al formato de bolsillo.
La página legal conserva el título original, The Venetian Betrayal, y registra el copyright de Steve Berry de 2007. La traducción está acreditada conjuntamente a M.ª José Díez, Diego Friera e Isabel Clúa Ginés, con copyright de 2009. Los mapas son obra de David Lindroth y la ilustración de cubierta se acredita a Michael Trevillion / Trevillion Images y Bridgeman Art Library. La fotografía del autor pertenece a Amy Berry.
La portada concentra visualmente el aspecto veneciano del libro. Una verja de hierro, una farola, una silueta armada y una arquitectura apenas visible construyen una Venecia nocturna y conspirativa, mientras una moneda o medallón sustituye gráficamente una de las letras del título. Es una cubierta más interesada en el misterio histórico que en la amenaza biológica, y por ello representa bastante bien la mezcla que sostiene la novela.
La edición lleva ISBN 978-84-08-09494-4 y depósito legal B. 25.108-2010. Fue compuesta por Pacmer, S. A., e impresa y encuadernada por Litografía Rosés, S. A. Los catálogos correspondientes exactamente a este ISBN registran 592 páginas y formato de bolsillo.
- Título
- La traición veneciana
- Título original
- The Venetian Betrayal
- Autor
- Steve Berry
- Serie
- Cotton Malone, libro 3
- Primera publicación
- Ballantine Books, Estados Unidos, 2007
- Primera edición española
- Editorial Planeta, 2009
- Edición del ejemplar
- Primera edición en Colección Booket, septiembre de 2010
- Editorial
- Editorial Planeta
- Traducción
- M.ª José Díez, Diego Friera e Isabel Clúa Ginés
- Mapas
- David Lindroth
- Ilustración de cubierta
- Michael Trevillion / Trevillion Images y Bridgeman Art Library
- Fotografía del autor
- Amy Berry
- ISBN
- 978-84-08-09494-4
- Depósito legal
- B. 25.108-2010
- Páginas
- 592
- Formato
- Edición de bolsillo
- Impresión y encuadernación
- Litografía Rosés, S. A.
En la cubierta puede leerse: «Hay quien mataría por conocer el secreto del poder de Alejandro Magno». La frase es deliberadamente ambigua, porque el secreto que persiguen los personajes no consiste simplemente en conocer cómo conquistó medio mundo. Lo que buscan está ligado a su cadáver, y precisamente nadie sabe dónde se encuentra.
Ahí reside el mejor mecanismo de La traición veneciana. Berry toma uno de los mayores desaparecidos de la historia, coloca su rastro junto a unas reliquias que salieron siglos después de la misma ciudad y hace que dos mil años de arqueología desembocen en una carrera contemporánea por controlar la vida y la muerte. No hace falta creer su solución para disfrutar de la pregunta.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- Steve Berry — página oficial de The Venetian Betrayal, argumento y posición dentro de la serie Cotton Malone.
- Steve Berry — cronología oficial de las novelas de Cotton Malone.
- Bookreporter — entrevista de 2007 con Steve Berry sobre Alejandro Magno, Asia Central y su método de investigación.
- Basílica de San Marcos de Venecia — historia de la traslación de las reliquias desde Alejandría en 828.
- Penguin Random House — edición original y descripción editorial de la novela.
- Publishers Weekly — reseña contemporánea de la primera edición estadounidense.
- Kirkus Reviews — reseña contemporánea y valoración crítica.
- Casa del Libro — datos bibliográficos de la edición Booket de 2010 correspondiente al ISBN de nuestro ejemplar.