En 1963 Morris West imaginó algo que entonces parecía improbable: un sacerdote de Europa oriental, perseguido durante años por un régimen comunista, terminaba sentado en el trono de san Pedro.
Su nombre es Kiril Lakota. Ha sobrevivido a diecisiete años de campos soviéticos y conoce el poder desde el peor lugar posible: el del hombre al que pueden encarcelar, interrogar y despojar de casi todo. Poco después de recuperar la libertad llega a Roma, entra en el colegio cardenalicio y acaba convertido en Kiril I.
Quince años después de publicarse Las sandalias del pescador, el cónclave real elegiría al polaco Karol Wojtyła como Juan Pablo II. La coincidencia hizo famosa la supuesta capacidad profética de Morris West, pero la novela tiene bastante más interés que aquella predicción. Su verdadera pregunta es qué puede hacer un papa cuando toda la autoridad simbólica de su cargo choca contra el hambre, la guerra, la burocracia, la duda y el sufrimiento concreto de las personas.
Un papa que llega al Vaticano desde el Gulag
La elección de Kiril Pavlovich Lakota proporciona a West una inversión muy eficaz de la habitual novela sobre el poder. Su protagonista no ha pasado la vida preparándose para mandar. Es un eclesiástico ucraniano que acaba de recuperar la libertad después de diecisiete años de prisión soviética y que llega a Roma marcado por una experiencia en la que la dignidad humana ha tenido que existir sin cargos, ceremonias ni protección institucional.
Cuando muere el pontífice y el cónclave termina elevándolo al papado, Lakota se encuentra súbitamente en el extremo contrario. El hombre que prácticamente no poseía poder pasa a ocupar uno de los cargos de mayor autoridad moral del planeta. Esa contradicción permite a West examinar desde dentro todo lo que rodea al papa: el protocolo, la Curia, las expectativas de millones de católicos, las presiones políticas y la dificultad de distinguir entre aquello que exige la institución y aquello que reclama la propia conciencia.
Kiril tampoco llega vacío a ese mundo. Conoce personalmente a Kamenev, dirigente de la Unión Soviética y hombre ligado a sus años de cautiverio. La Guerra Fría deja así de ser para él una confrontación abstracta entre bloques. Uno de los hombres que decide el destino de millones pertenece también a su memoria más íntima. West puede reunir en una misma conversación al prisionero y al poder que lo encarceló, pero ahora el antiguo preso habla desde Roma y el antiguo perseguidor necesita su mediación.
El nuevo pontífice descubre entonces que ser papa no significa haber dejado atrás la impotencia. Puede hablar al mundo entero y, sin embargo, no ordenar a los gobiernos que cesen una guerra, alimentar a una población o renuncien a sus intereses. La autoridad religiosa y el poder político se cruzan constantemente sin llegar a ser lo mismo.
Las sandalias del pescador: Pedro detrás del papa
El título de la novela contiene ya una interpretación del papado. El pescador es Pedro, el apóstol al que la tradición cristiana vincula con el origen del ministerio petrino. Todavía hoy el llamado Anillo del Pescador representa al apóstol con sus redes y forma parte de los símbolos asociados al pontífice. Morris West sustituye el anillo por unas sandalias y consigue una imagen todavía más material: alguien tiene que ponerse en los pies el lugar que antes ocuparon otros.
Las sandalias sugieren además algo que la pompa pontificia puede hacer olvidar. Antes de convertirse en institución universal, la historia comienza con pescadores de Galilea. Kiril está rodeado de ceremonias, palacios y siglos de derecho y tradición, pero la legitimidad espiritual de todo ese aparato depende, según la lógica de la novela, de que conserve alguna relación con aquella sencillez originaria.
Por eso West se interesa tanto por el contraste entre persona y oficio. El papa tiene un nombre nuevo, vestiduras distintas, habitaciones reservadas y un protocolo capaz de separar físicamente al individuo del resto del mundo. Pero debajo continúa existiendo Kiril Lakota, un hombre que ha pasado años entre presos, que conoce el miedo y que no puede refugiarse cómodamente en la idea de que cada problema humano corresponde a otro departamento de la Iglesia.
La tensión aparece también en el texto reproducido en la contracubierta de nuestro ejemplar, donde el pontífice reconoce que la Iglesia no encuentra su verdadero campo de batalla en la política, las finanzas o la expansión material, sino en el espíritu individual. West no elimina la dimensión política del papado; toda la novela demuestra que eso sería imposible. Lo que cuestiona es que la Iglesia pueda convertir la eficacia política en medida suficiente de su misión.
Una crisis mundial escrita desde el miedo nuclear de los sesenta
La novela fue escrita cuando la Guerra Fría podía convertirse literalmente en guerra mundial. La Unión Soviética, Estados Unidos y China no aparecen como decoración histórica, sino como actores de un sistema donde una crisis alimentaria puede desencadenar movimientos militares y donde cada movimiento militar puede ser interpretado por la potencia rival como preparación para algo mucho mayor.
West introduce una China amenazada por el hambre y la transforma en el centro de una crisis internacional. El recurso tenía un trasfondo real inmediato. Entre 1959 y 1961 China había sufrido una hambruna gigantesca ligada principalmente a las políticas del Gran Salto Adelante, precisamente durante los años en que West estaba concibiendo la novela. El lector de 1963 no necesitaba imaginar un mundo hipotético completamente separado de las noticias: las fronteras entre ficción y actualidad eran incómodamente estrechas.
Kiril queda atrapado en medio porque su relación con Kamenev permite algo que los canales diplomáticos normales tienen más dificultades para conseguir. La antigua experiencia de persecución no impide que ambos hombres se conozcan. Incluso la hostilidad puede haber producido una forma amarga de intimidad: cada uno sabe hasta dónde puede llegar el otro y qué clase de convicciones no está dispuesto a abandonar.
Ese encuentro entre cristianismo y comunismo evita reducirse a una discusión académica sobre ideologías. West enfrenta a personas que tienen detrás estados, iglesias y ejércitos, pero que continúan siendo responsables de decisiones concretas. La cuestión moral es precisamente si un dirigente puede esconderse completamente dentro de la institución que representa o si llega un momento en que debe responder como individuo.
Ahí se entiende también la importancia del hambre dentro de la novela. La guerra nuclear amenaza con una catástrofe futura; el hambre ya está matando. Kiril debe pensar simultáneamente en ambas escalas y preguntarse qué significa predicar caridad desde una institución que posee una enorme riqueza material mientras millones de personas necesitan ayuda inmediata.
Una Iglesia que ya estaba discutiendo consigo misma
The Shoes of the Fisherman apareció en plena celebración del Concilio Vaticano II. Juan XXIII lo había inaugurado el 11 de octubre de 1962, y mientras West llevaba su novela a las librerías miles de obispos estaban discutiendo en Roma cómo debía relacionarse la Iglesia con el mundo moderno. Esa coincidencia proporciona al libro una energía que sería difícil reproducir deliberadamente después.
El conflicto no consiste simplemente en dividir a los personajes entre progresistas y conservadores. West se interesa por una institución que necesita conservar una tradición y al mismo tiempo decidir qué parte de sus formas históricas pertenece realmente a la fe y qué parte puede transformarse. Kiril comprende muy pronto que ser responsable de la continuidad de la Iglesia también significa enfrentarse con aquello que dentro de ella se ha vuelto rutinario.
La figura de Jean Télémond lleva esa discusión al terreno intelectual. Es un jesuita, científico y teólogo cuyas ideas suscitan sospechas doctrinales. Para Kiril, el problema es especialmente doloroso porque puede admirar personalmente a un hombre y, como pontífice, encontrarse obligado a participar en el examen de sus enseñanzas. La autoridad deja entonces de ser cómoda incluso cuando quien la ejerce cree actuar correctamente.
La nota del autor de nuestro ejemplar da una pequeña pista sobre la densidad cultural con que West quiso construir el libro. Agradece a Penguin Books la autorización para reproducir fragmentos de tres traducciones de Eurípides realizadas por Philip Vellacott y menciona también un pasaje procedente de una tesis sobre Miguel de Unamuno. La novela se permite insertar esas referencias dentro de una trama de cónclaves, espionaje, diplomacia y relaciones personales porque su materia última no es el funcionamiento técnico del Vaticano, sino la conciencia.
Los personajes laicos cumplen una función semejante. George Faber, su esposa Ruth y Chiara llevan el conflicto desde las grandes instituciones hasta el matrimonio, el deseo, la fidelidad y la soledad. La crisis privada no aparece desconectada del drama pontificio: West insiste en que las decisiones morales más pequeñas y las grandes declaraciones de una Iglesia nacen, en último término, del mismo tipo de criatura humana.
La extraña profecía de un papa venido del Este
La historia posterior convirtió inevitablemente a Kiril Lakota en algo más que un personaje de ficción. Cuando West publicó la novela en 1963, los papas llevaban siglos procediendo de Italia y colocar en Roma a un ucraniano formado bajo el comunismo parecía una decisión deliberadamente audaz. En octubre de 1978 el cónclave eligió al arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyła, que tomó el nombre de Juan Pablo II.
Las semejanzas son suficientemente llamativas sin necesidad de exagerarlas. Kiril y Wojtyła son eslavos, proceden de sociedades dominadas por regímenes comunistas y conocen personalmente la presión ejercida por esos estados contra la religión. Ambos introducen además en Roma una experiencia histórica distinta de la del episcopado occidental. Pero Kiril no es Juan Pablo II anticipado en cada detalle y la novela no funciona como una profecía literal.
Existe una coincidencia anterior todavía más extraordinaria. En enero de 1963, el metropolitano greco-católico ucraniano Josyf Slipyj recuperó la libertad tras dieciocho años de cárceles y campos soviéticos y llegó a Roma para participar en el Vaticano II. La semejanza con el personaje de West —un jerarca ucraniano que emerge de largos años de prisión soviética y llega al Vaticano— parece casi demasiado exacta.
Sin embargo, la cronología obliga a ser prudentes. La novela había sido escrita esencialmente entre marzo de 1961 y agosto de 1962, antes de que Slipyj fuese liberado. La investigación histórica ha señalado además otra posible referencia: Hryhorii Lakota, obispo greco-católico ucraniano arrestado por los soviéticos y muerto en el Gulag en 1950. El apellido del protagonista difícilmente pasa inadvertido.
Lo interesante no es decidir que West poseía capacidades adivinatorias, sino observar hasta qué punto había identificado fuerzas históricas reales antes de que se hicieran visibles para el gran público. Sabía que detrás del Telón de Acero existía una Iglesia perseguida; sabía que Roma no podía seguir contemplando indefinidamente el mundo desde una perspectiva exclusivamente italiana; y entendió que el enfrentamiento entre cristianismo, comunismo y modernidad podía terminar entrando personalmente en el papado.
El día en que la ficción y el Vaticano coincidieron
El azar reservó a la novela una escena editorial difícil de mejorar. The Shoes of the Fisherman apareció el 3 de junio de 1963. Ese mismo día murió Juan XXIII. Los primeros lectores estadounidenses podían abrir una novela que comenzaba alrededor de la sucesión de un pontífice mientras los periódicos anunciaban que la Iglesia real acababa de quedarse sin papa.
El momento contribuyó a una recepción extraordinaria. La novela ascendió a las listas de ventas y llegó al número uno de ficción de The New York Times, posición que mantuvo durante catorce semanas. Meses después de aparecer seguía ocupando los primeros puestos. Morris West consiguió algo poco habitual: convertir una historia cargada de discusiones religiosas y políticas en una novela popular de masas.
La crítica fue bastante menos unánime. Algunos reseñistas apreciaron la ambición de West, la personalidad de Kiril y la mezcla de problemas contemporáneos; otros consideraron que había demasiadas tramas y demasiadas ideas compitiendo por el mismo espacio. The New Yorker fue especialmente severo. Thomas Merton tampoco quedó impresionado y anotó privadamente que encontraba superficial la imagen de renovación eclesial ofrecida por West.
Estas objeciones ayudan a comprender mejor el libro que una canonización literaria retrospectiva. West no escribe una novela mínima, contenida y psicológicamente concentrada. Construye una gran maquinaria narrativa en la que caben un cónclave, la Guerra Fría, una hambruna, teología, relaciones matrimoniales, herejía, periodismo y diplomacia. Su virtud y su defecto nacen del mismo lugar: quiere que todo el mundo contemporáneo llegue hasta la mesa del papa.
La historia pasó al cine en 1968 bajo la dirección de Michael Anderson, con Anthony Quinn como Kiril, Laurence Olivier como Kamenev y John Gielgud como el pontífice anterior. La adaptación consolidó visualmente la imagen del papa eslavo y convirtió la historia en uno de los títulos religiosos más reconocibles del cine de aquella década.
Morris West y su obsesión con la conciencia
Morris West podía escribir sobre Roma con una familiaridad poco habitual entre los novelistas de éxito internacional. Había entrado de adolescente en la formación de los Hermanos Cristianos y vivió durante años muy cerca del mundo católico. Después abandonó aquella vida religiosa, formó una familia y desarrolló una carrera literaria en la que nunca dejó de regresar a cuestiones relacionadas con fe, autoridad, culpa y conciencia.
Su estancia europea profundizó todavía más ese conocimiento. Vivió en Italia, conoció de cerca ambientes eclesiásticos y trabajó como corresponsal escribiendo sobre las finanzas del Vaticano para el Daily Mail. Esa combinación entre formación católica y mirada periodística explica que sus novelas puedan moverse con facilidad desde un despacho curial hasta una cuestión de política internacional sin presentar la Iglesia únicamente desde fuera.
Antes de Las sandalias del pescador ya había alcanzado un gran reconocimiento con El abogado del diablo, donde otro sacerdote se enfrenta a una investigación vaticana que termina convirtiéndose en examen de su propia conciencia. West volvería repetidamente al papado y al Vaticano; con el tiempo, The Shoes of the Fisherman sería considerada la primera pieza de una trilogía vaticana continuada por The Clowns of God y Lazarus.
Lo que une esas obras no es simplemente el atractivo de los secretos del Vaticano. A West le interesa colocar a una persona dentro de una institución enorme y comprobar qué ocurre cuando la obligación institucional entra en conflicto con aquello que esa misma persona considera moralmente necesario. El papa es un personaje perfecto para ese experimento porque pocas personas pueden poseer tanta autoridad y sentirse, al mismo tiempo, tan solas al decidir.
Nuestro ejemplar de Editorial Pomaire
El ejemplar conservado en Librería5 pertenece a la temprana difusión en castellano de una novela que Editorial Pomaire había publicado ya en 1963. La portada interior identifica a Valentina Gómez de Muñoz como traductora y remite directamente a la edición original de William Morrow and Company, Nueva York. El diseño de la cubierta corresponde a Enrich.
La fecha material de nuestra copia requiere una pequeña precisión. Los créditos conservan © 1963 tanto para Morris West como para Editorial Pomaire, pero el depósito legal es B. 5.217-1971 y la impresión aparece realizada por Publicaciones Reunidas, S. A., en Barcelona. Todo ello permite identificarla como una impresión de 1971 de aquella edición castellana anterior sin necesidad de convertir las numerosas reimpresiones de Pomaire en el centro de la historia.
La misma página enumera otras obras de Morris West publicadas por Pomaire: Hijos del sol, Hija del silencio, El abogado del diablo, El embajador, La segunda victoria, La concubina, El caso Orgagna, La torre de Babel y El hereje. Para los lectores hispanohablantes de aquellos años, Pomaire estaba construyendo prácticamente una biblioteca del autor australiano.
Nuestro ejemplar conserva además claramente las huellas de esa vida material. La cubierta está muy rozada, presenta deterioros y pequeñas roturas, y en la parte posterior aparecen anotaciones manuscritas. La ilustración frontal, con el pontífice vestido de rojo detrás de varias líneas de alambre de espino, condensa de manera muy eficaz el pasado de Kiril: incluso después de convertirse en papa, el antiguo prisionero sigue llevando consigo la memoria del cautiverio.
- Título
- Las sandalias del pescador
- Autor
- Morris West
- Título original
- The Shoes of the Fisherman
- Primera publicación original
- William Morrow and Company, Nueva York, 1963
- Traducción
- Valentina Gómez de Muñoz
- Editorial
- Editorial Pomaire, S. A.
- Copyright
- © Morris West, 1963; © Editorial Pomaire, 1963
- Datos de nuestra impresión
- Barcelona, 1971
- Depósito legal
- B. 5.217-1971
- Diseño de cubierta
- Enrich
- Impresión
- Publicaciones Reunidas, S. A., Barcelona
- ISBN
- No figura en las páginas observadas del ejemplar
- Características del ejemplar
- Cubierta ilustrada con desgaste, pequeños deterioros y anotaciones manuscritas en la parte posterior
La fama de Las sandalias del pescador ha quedado inevitablemente asociada a la elección posterior de Juan Pablo II. Es una coincidencia magnífica, pero detenerse allí reduce demasiado la novela. West no estaba tratando simplemente de adivinar de qué país procedería un futuro papa. Estaba preguntándose qué clase de hombre tendría que ocupar el papado en un mundo donde una decisión política podía provocar hambre, una rivalidad internacional podía terminar en guerra nuclear y una institución milenaria debía decidir cuánto de sí misma estaba dispuesta a cambiar.
Por eso Kiril continúa siendo interesante aunque conozcamos ya el resultado de aquel cónclave real de 1978. Después de diecisiete años sin poder decidir casi nada sobre su propia vida, recibe una autoridad gigantesca y descubre que la pregunta esencial sigue siendo la misma que tenía cuando era prisionero: qué puede hacer un hombre, aquí y ahora, con la libertad y la responsabilidad que todavía conserva.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- Australian Dictionary of Biography — biografía de Morris West, experiencia vinculada al Vaticano, publicación de la novela y coincidencia con la muerte de Juan XXIII.
- Google Books — registro de la edición original de William Morrow de 1963 y presentación de Kiril Lakota.
- Kirkus Reviews, 1963 — reseña contemporánea y descripción de las primeras decisiones del nuevo pontífice.
- Vaticano — convocatoria y fecha de apertura del Concilio Vaticano II.
- Vaticano — significado del Anillo del Pescador y relación del símbolo pontificio con san Pedro.
- Oxford Academic — contexto histórico de la gran hambruna china de 1959-1961.
- Religions — liberación de Josyf Slipyj en 1963 después de dieciocho años en el Gulag y llegada a Roma para el Vaticano II.
- Serhii Plokhii — cronología de redacción de la novela y relación del nombre Kiril Lakota con el obispo Hryhorii Lakota.
- American Film Institute — adaptación cinematográfica de 1968 y reparto principal.