Una ciudad prohibida en el desierto, protegida del exterior y habitada por una pequeña fraternidad de hombres capaces de transformar la piedra en eternidad. Christian Jacq construye sobre esa premisa Nefer el silencioso, primer volumen de La Piedra de Luz, pero la sorpresa es que el escenario fundamental de la novela no necesitó ser inventado.
Existió realmente en la orilla occidental de Tebas. Hoy lo conocemos como Deir el-Medina y allí vivieron, con sus mujeres e hijos, los artesanos encargados de excavar y decorar las tumbas reales del Valle de los Reyes y del Valle de las Reinas. Los egipcios relacionaron aquella comunidad con la «Place de Vérité», la Plaza o Lugar de la Verdad que Jacq convierte en corazón secreto de su tetralogía.
Y la conexión con la historia va todavía más lejos. Christian Jacq explicó que Néfer, Claire y Paneb, tres figuras centrales de la saga, fueron construidos a partir de personas documentadas en aquella comunidad. De algunos conocemos cargos, familias, conflictos e incluso denuncias judiciales escritas hace más de tres mil años. La novela empieza justamente donde esos documentos dejan de hablar.
La verdadera ciudad secreta detrás de la novela
Jacq presenta la Place de Vérité como un recinto apartado del mundo ordinario. Allí se conservan conocimientos técnicos y espirituales reservados a los hombres encargados de construir las moradas eternas de los faraones. El recurso funciona como escenario de aventura, pero se apoya en una realidad arqueológica excepcional: Deir el-Medina fue una comunidad especializada formada por trabajadores de la necrópolis real.
Canteros, escribas, dibujantes, escultores, pintores y carpinteros vivían allí con sus familias. El grupo de trabajadores se dividía en dos cuadrillas, tradicionalmente llamadas de la derecha y de la izquierda, cada una organizada bajo un capataz y acompañada por escribas y distintos especialistas. La administración real proporcionaba alimentos, combustible, ropa, herramientas y materiales, de manera que aquellos hombres pudieran dedicar su trabajo a los proyectos funerarios del faraón.
La localización era perfecta. El poblado se encontraba en un pequeño valle del desierto, separado de la gran vida urbana de Tebas pero próximo tanto al Valle de los Reyes como al de las Reinas. Los artesanos podían desplazarse a los trabajos reales y al mismo tiempo mantener una comunidad propia, con viviendas familiares y tumbas particulares en las laderas próximas.
La gran paradoja de Nefer el silencioso es que su misteriosa ciudad prohibida corresponde a uno de los lugares que más información nos ha dejado sobre la vida cotidiana en el antiguo Egipto.
Precisamente porque allí vivían escribas junto a una fuerza de trabajo altamente organizada, sobrevivió una cantidad extraordinaria de documentación. Los habitantes anotaron entregas de materiales, jornadas laborales, pleitos, deudas, cartas, oraciones, textos literarios y problemas domésticos. Buena parte se escribió sobre ostraca: fragmentos de cerámica o piedra caliza reutilizados como soportes baratos para escribir.
Deir el-Medina permite así hacer algo que resulta mucho más difícil con la corte faraónica. No sólo sabemos qué rey gobernaba; podemos entrar en las preocupaciones concretas de quienes trabajaban para él.
Un control de asistencia de hace más de tres mil años
Entre los documentos conservados existe uno que podría pertenecer perfectamente a una oficina moderna si no estuviera escrito en hierático sobre piedra caliza. Data del año 40 del reinado de Ramsés II y registra las ausencias de cuarenta trabajadores a lo largo de 280 días.
Los nombres aparecen ordenados y, junto a las fechas, el escriba anotó en tinta roja las razones por las que cada individuo no había acudido al trabajo. Enfermedades y problemas oculares aparecen junto a obligaciones familiares, trabajos para los superiores, construcción de la propia vivienda, fiestas religiosas y otras circunstancias. En algún caso incluso se registra que un hombre había estado bebiendo con un compañero.
Ese documento proporciona una perspectiva magnífica desde la que leer la novela. Ramsés II aparece en la historia monumental como constructor, guerrero y faraón. En Deir el-Medina aparece además como el soberano bajo cuyo reinado un funcionario necesitaba saber qué trabajador había faltado y por qué.
Existen también registros de suministro de agua, acusaciones de robo, procedimientos ante tribunales locales y correspondencia. La comunidad que Jacq transforma en una confraternidad misteriosa poseía en realidad una intensa vida administrativa. Y esa burocracia, que probablemente resultaba tediosa para quienes tuvieron que mantenerla, es hoy uno de nuestros mejores caminos hacia las personas reales.
Néfer: cuando un personaje de novela tiene una estela en un museo
El protagonista lleva una ventaja extraordinaria sobre muchos héroes de novela histórica: detrás de él existe un individuo documentado. Christian Jacq relacionó a Néfer el Silencioso con el capataz Neferhotep, uno de los responsables de los trabajadores de Deir el-Medina durante la etapa final del larguísimo reinado de Ramsés II.
La trayectoria histórica de Neferhotep puede reconstruirse parcialmente. Sucedió a su padre como capataz aproximadamente en el año 38 de Ramsés II y todavía aparece documentado al principio del reinado de Seti II. Después desaparece y Paneb ocupa su puesto. Las fuentes apuntan además a una muerte violenta ocurrida en un período de disturbios.
Eso es muchísimo para un novelista y muy poco para un biógrafo. Sabemos que aquel hombre existió, conocemos su posición profesional y podemos situarlo dentro de la cronología política. Lo que no sabemos es cómo hablaba, qué temía, cómo entendía su trabajo ni qué pensó cuando empezó a asumir responsabilidades dentro de una institución vinculada directamente con el faraón.
Jacq ocupa precisamente ese espacio. Su Néfer es un joven que todavía no ha recibido la llamada que necesita para asumir plenamente su destino. Abandona la seguridad de su entorno, emprende una búsqueda personal y encuentra a Claire y a un joven impetuoso que sueña con entrar en la comunidad. La formación espiritual, el amor y la iniciación profesional se unen así a una trama de asesinato, amenazas y traición.
El procedimiento es muy distinto al de la serie Ramsés. Allí Jacq partía de uno de los hombres más monumentales de la historia de Egipto e imaginaba su interioridad. Aquí parte de personas que apenas ocupan unas líneas en el gran relato político y les devuelve el centro del escenario.
Paneb el Ardiente y el expediente que sobrevivió tres milenios
El caso de Paneb demuestra hasta dónde puede llegar esa relación entre personajes literarios y archivos antiguos. El Paneb histórico llegó a ser capataz de Deir el-Medina y es uno de los individuos más llamativos de cuantos conocemos de la comunidad.
La razón no es un monumento gigantesco. Es una denuncia.
El llamado Papiro Salt 124, conservado en el British Museum, recoge una queja dirigida al visir por un trabajador llamado Amennakht contra Paneb. El documento le atribuye una larga serie de comportamientos irregulares y violentos y ha hecho que su nombre aparezca repetidamente en estudios sobre la justicia, la administración y los conflictos de Deir el-Medina.
Conviene no convertir automáticamente una acusación antigua en una condena indiscutible. Amennakht tenía sus propios intereses en la disputa por el cargo de capataz, y la investigación moderna sigue discutiendo el contexto político y la interpretación de diferentes episodios. Lo verdaderamente fascinante es que dispongamos de suficiente documentación para poder discutir la personalidad y carrera de un trabajador que vivió hace unos tres mil doscientos años.
Jacq no toma simplemente «nombres egipcios» para dar ambiente. Construye parte de la saga alrededor de individuos que dejaron rastros documentales auténticos y después utiliza la libertad del novelista para convertir esos restos en personajes.
Esto modifica además la experiencia del lector. Cuando Paneb aparece dentro de La Piedra de Luz, ya no estamos únicamente ante el joven vigoroso necesario para equilibrar el carácter silencioso de Néfer. Detrás de ese nombre existe otra historia, bastante más turbulenta, escrita por quienes realmente compartieron con él el poblado.
La Piedra de Luz: el gran secreto que pertenece a la ficción
El elemento que proporciona título a toda la saga opera en un registro distinto. Jacq imagina la Piedra de Luz como el instrumento excepcional custodiado por la confraternidad, asociado a la transformación de la materia y a los secretos mediante los que los artistas producen las moradas de eternidad.
No debemos convertir ese objeto novelesco en un descubrimiento de la egiptología. La fuerza histórica de Deir el-Medina reside en algo menos espectacular y, al mismo tiempo, quizá más extraordinario: generaciones de trabajadores especializados capaces de convertir una montaña en arquitectura funeraria y después cubrir sus paredes con textos, relieves e imágenes concebidos para acompañar al faraón más allá de la muerte.
El verdadero conocimiento secreto era técnico. Había que excavar corredores siguiendo una planificación, preparar superficies, trazar composiciones, disponer textos jeroglíficos, fabricar pigmentos, dibujar, corregir, esculpir y pintar. Las tumbas de los propios trabajadores conservan además ejemplos magníficos de lo que aquellos especialistas podían producir cuando trabajaban para sí mismos.
Jacq conocía bien esa dimensión y explicó que para escribir la serie había estudiado las pinturas conservadas tanto en las tumbas del poblado como en el Valle de los Reyes con el objetivo de reconstruir técnicas y procesos de trabajo. El egiptólogo proporciona el material; el novelista le añade el secreto.
Si eliminamos la piedra mágica, todavía queda una auténtica alquimia: hombres capaces de convertir roca desnuda en imágenes destinadas a sobrevivir a su propio mundo.
De Ramsés a quienes construían su tumba
La elección de este escenario resulta especialmente interesante dentro de la trayectoria de Christian Jacq. Después de dedicar cinco novelas a Ramsés II, desplaza el punto de vista hacia una comunidad subordinada directamente al faraón. El soberano continúa presente, pero ya no constituye el centro de todas las escenas.
La Piedra de Luz comienza en los últimos años de Ramsés II y se extiende después por uno de los períodos más complicados de la dinastía XIX. Eso permite a Jacq narrar dos historias simultáneas. Por encima está la sucesión de faraones, con sus crisis políticas y dinásticas; por debajo, la supervivencia cotidiana de una institución que debe seguir excavando tumbas independientemente de quién ocupe el trono.
El contraste es especialmente fértil porque el trabajo de aquellos artesanos estaba relacionado con una pretensión de permanencia absoluta mientras el mundo político que los rodeaba podía ser extraordinariamente inestable. Un faraón moría y llegaba otro. Las familias cambiaban. Los funcionarios ascendían y caían. La misión del poblado, en cambio, debía continuar.
La tetralogía francesa completa apareció además en un período sorprendentemente corto. Néfer le Silencieux llegó en marzo de 2000; La Femme sage, en mayo; Paneb l'Ardent, en septiembre; y La Place de Vérité, en noviembre. Los cuatro volúmenes constituyen así una obra narrativa publicada casi como una gran serie continua a lo largo de un mismo año.
El ejemplar de Biblioteca Christian Jacq
La edición conservada en Librería5 pertenece a la colección Biblioteca Christian Jacq de Planeta-DeAgostini, la misma identidad editorial que encontramos en otros ejemplares del autor dentro de nuestro fondo. El diseño utiliza una combinación de arena, azul y dorado y concede una presencia enorme al apellido del escritor, convertido ya en marca capaz de reunir distintas series dedicadas al antiguo Egipto.
La página legal permite seguir la trayectoria inmediata de la obra. El original, La Pierre de Lumière. Néfer le Silencieux, corresponde a XO Éditions y al año 2000. La traducción de Manuel Serrat Crespo pertenece al mismo año, al igual que el copyright de Editorial Planeta. Esta presentación de Editorial Planeta-DeAgostini figura fechada en 2001.
El volumen lleva ISBN 84-395-8853-4 y depósito legal NA. 3.357-2000. La impresión fue realizada por Rodesa, Rotativas de Estella, en Villatuerta, Navarra, y la distribución correspondió a Logista. Los catálogos bibliográficos describen esta edición con 347 páginas, unos 22 centímetros de altura y encuadernación en cartoné.
Los créditos de la colección identifican a Virgilio Ortega como director editorial, Pilar Mora en la coordinación, Macarena de Eguilior en la realización, Hans Romberg en el diseño de cubierta y Noemí Reyes en la realización gráfica.
- Título
- Nefer el silencioso
- Serie
- La Piedra de Luz, volumen 1
- Autor
- Christian Jacq
- Título original
- La Pierre de Lumière. Néfer le Silencieux
- Editorial
- Editorial Planeta-DeAgostini, S.A.
- Colección
- Biblioteca Christian Jacq
- Edición conservada
- 2001
- Original francés
- XO Éditions, 2000
- Traducción
- Manuel Serrat Crespo, 2000
- ISBN
- 84-395-8853-4
- Depósito legal
- NA. 3.357-2000
- Extensión
- 347 páginas según registros bibliográficos
- Formato
- Aproximadamente 22 cm; cartoné
- Director editorial
- Virgilio Ortega
- Coordinación
- Pilar Mora
- Realización
- Macarena de Eguilior
- Diseño de cubierta
- Hans Romberg
- Realización gráfica
- Noemí Reyes
- Impresión
- Rodesa, Rotativas de Estella, S.A., Villatuerta (Navarra)
- Distribución
- Logista
Cuando los grandes monumentos recuperan nombres propios
La historia del antiguo Egipto puede quedar reducida con demasiada facilidad a faraones, dinastías y monumentos. Deir el-Medina rompe esa perspectiva porque conserva algo mucho más extraño: una comunidad de personas normales excepcionalmente visible a través de sus propios documentos.
Sabemos quién dirigía una cuadrilla. Sabemos quién faltaba al trabajo. Sabemos que alguien esperaba recibir agua, que otro compareció ante un tribunal y que determinados hombres se disputaron un cargo. Siglos después de que desaparecieran sus casas, todavía podemos discutir si una denuncia contra Paneb fue justa o exagerada.
Ése es el terreno donde Nefer el silencioso resulta más interesante. Jacq no intenta simplemente colocar una aventura ficticia delante de las pirámides. Escoge una comunidad que la arqueología ha hecho extraordinariamente humana y convierte sus nombres, oficios y silencios en materia novelesca.
La Piedra de Luz puede ser ficción. La ciudad, los trabajadores y buena parte de los nombres no lo son.
Pero fueron sus trabajadores quienes tuvieron que construir la eternidad.
Fuentes consultadas
Ejemplar de Nefer el silencioso conservado en Librería5: cubierta, contracubierta y página legal.
XO Éditions y sitio oficial de Christian Jacq: publicación original de Néfer le Silencieux, estructura de la tetralogía, argumento e entrevista de Christian Jacq sobre Deir el-Medina y los personajes históricos utilizados en la saga.
The Metropolitan Museum of Art, «An Artisan's Tomb in New Kingdom Egypt»: composición y organización de la comunidad de artesanos de Deir el-Medina.
Institut français d'archéologie orientale, documentación de Deir el-Medina: organización de las cuadrillas, suministro estatal y estructura del poblado.
British Museum, estela EA1516 de Neferhotep: carrera histórica del capataz de Deir el-Medina relacionado por Jacq con Néfer el Silencioso.
British Museum, Papyrus Salt 124, EA10055: denuncia de Amennakht contra el capataz Paneb.
British Museum, ostracón EA5634: registro de asistencia de los trabajadores durante el año 40 de Ramsés II.
Museo Egizio de Turín, Papiro de la Huelga: conflicto de los trabajadores de Deir el-Medina durante el reinado de Ramsés III y primera huelga laboral documentada.
Bibliografía de novela histórica de Bibliotecas Públicas: comprobación de la edición española con ISBN 84-395-8853-4, traducción de Manuel Serrat Crespo, paginación y colección.