Psicolingüística del discurso — Francisco José Cantero y José de Arriba

Lenguaje · Psicología · Comunicación · Biblioteca Librería5
Cada vez que hablamos seleccionamos, ordenamos y transformamos la realidad. Este libro de 1997 propone utilizar esas huellas lingüísticas para acercarse al mundo mental de quien habla.

Cuando alguien dice «siempre me pasa lo mismo», quizá esté contando algo acerca de su vida, pero también está haciendo otra cosa: ha tomado una serie de experiencias y las ha convertido en una regla. Si afirma que «nadie me escucha», vuelve a transformar acontecimientos concretos en una categoría prácticamente universal. Y cuando dice que otra persona «le obliga» a sentir o actuar de determinada manera, ha construido una relación causal que también forma parte de su interpretación de lo ocurrido.

Psicolingüística del discurso, publicado por Francisco José Cantero Serena y José de Arriba García en 1997, parte de una intuición tan sencilla como ambiciosa: nuestras palabras no contienen solamente información sobre aquello de lo que hablamos. Contienen también rastros de la manera en que hemos organizado mentalmente esa realidad. Un discurso puede ser, por tanto, una pequeña abertura hacia algo mucho mayor: el modelo del mundo de su emisor.

El propósito del libro no consiste en descubrir pensamientos secretos ni en convertir la lingüística en una técnica de adivinación. Los autores quieren analizar las relaciones entre discursos completos y conciencia, observando qué selecciona una persona, qué omite, qué convierte en regla, qué transforma en una realidad estática y qué conexiones establece cuando comunica su experiencia. El resultado es una obra fronteriza entre lingüística, psicología, teoría de la comunicación y análisis del discurso que, casi tres décadas después, conserva ideas muy sugerentes y otras que necesitan ser leídas a la luz de la investigación posterior.

Cubierta de Psicolingüística del discurso de Francisco José Cantero y José de Arriba
Primera edición de Psicolingüística del discurso, publicada por Octaedro en 1997 dentro de la colección Lenguaje y Comunicación.

El discurso no es el mundo: es una representación del mundo

La pregunta fundamental del libro aparece detrás de prácticamente todos sus capítulos: ¿qué relación existe entre aquello que sucede, aquello que una persona cree que sucede y aquello que finalmente dice que sucede? Las tres cosas pueden parecer equivalentes mientras conversamos, pero no lo son. La realidad contiene una cantidad inabarcable de acontecimientos y matices; la conciencia sólo puede atender a una parte de ellos, y el lenguaje vuelve a reducir esa representación cuando llega el momento de convertirla en un discurso comunicable.

Cantero y De Arriba llaman «modelo del mundo» a esa representación subjetiva mediante la cual cada individuo organiza su experiencia. No se trata de imaginar que cada persona vive encerrada en una realidad absolutamente privada. Compartimos cuerpos, sentidos, una cultura, una lengua, convenciones sociales y una enorme cantidad de experiencias semejantes, de modo que nuestros modelos poseen suficientes zonas comunes para que la comunicación sea posible. Sin embargo, ninguna biografía coincide exactamente con otra. La familia, la educación, la experiencia, los grupos sociales, las expectativas y los recuerdos van formando diferencias que terminan influyendo en aquello a lo que prestamos atención y en el significado que atribuimos a lo que nos sucede.

Esta distinción permite comprender una de las ideas más fértiles del volumen: una persona no tiene que estar mintiendo para producir un relato discutible de la realidad. Puede haber seleccionado unos hechos e ignorado otros, puede haber interpretado como permanente algo circunstancial o haber aplicado a una situación nueva una regla aprendida años antes. Desde su propio modelo, aquello puede tener perfecta coherencia. Analizar el discurso significa entonces preguntar no sólo «¿es verdadero lo que afirma?», sino también «¿qué operaciones han sido necesarias para que esto sea formulado así?».

El lenguaje ocupa en esta teoría una posición central porque hace dos trabajos simultáneos. Nos permite construir y organizar representaciones internas de la experiencia y después nos permite exteriorizarlas para actuar sobre otros. Hablar, escribir, leer y escuchar no serían simples operaciones de transporte de información. El lenguaje participa en la formación de la conciencia y después ofrece a los demás una versión necesariamente parcial de ella.

La idea decisiva puede expresarse de forma sencilla: cada discurso es un mapa parcial de un mapa mucho mayor. Lo que decimos representa sólo una parte de nuestra representación del mundo.

Conciencia y comunicación: hablar también significa construirse

La primera parte del libro está dedicada a la formación de la conciencia, la comunicación lingüística y otros aspectos del proceso comunicativo. No es una introducción ornamental. Los autores necesitan explicar antes qué entienden por conciencia para poder sostener después que el discurso ofrece indicios sobre ella. Su aproximación se apoya especialmente en una tradición de raíz vygotskiana: la conciencia individual no aparece ya hecha y aislada dentro de la persona, sino que se desarrolla mediante interacción social, aprendizaje y lenguaje.

Desde esta perspectiva, el niño no recibe simplemente nombres para cosas cuya comprensión estuviera ya completamente formada. El lenguaje le proporciona categorías y relaciones mediante las cuales puede ordenar progresivamente la experiencia. Aprender palabras implica también aprender diferencias, semejanzas, jerarquías y maneras culturalmente compartidas de organizar lo que ocurre. La conciencia individual será única porque ninguna experiencia personal es idéntica a otra, pero al mismo tiempo contendrá una enorme cantidad de material social adquirido mediante relaciones con otras personas.

La comunicación completa el círculo. Aquello que se formó mediante interacción puede modificarse nuevamente mediante interacción. Conversar con alguien significa poner parcialmente en contacto dos modelos del mundo. En ocasiones las zonas comunes bastan y la conversación fluye; otras veces dos personas utilizan aparentemente las mismas palabras mientras las relacionan con experiencias muy diferentes. Parte de los malentendidos no procede entonces de desconocer el vocabulario, sino de suponer que la palabra activa exactamente el mismo contenido en ambos interlocutores.

Esta idea vuelve especialmente interesante el libro para docentes, terapeutas, entrevistadores o periodistas, justamente los perfiles que aparecen mencionados en la contracubierta. Un profesor puede escuchar una afirmación del alumno y responder sólo a su contenido literal, pero también puede preguntarse qué presuposiciones, generalizaciones o ausencias están organizando ese razonamiento. En una entrevista ocurre algo semejante: la respuesta comunica aquello que el entrevistado quiere decir, pero también puede revelar aquello que considera obvio y ni siquiera siente necesidad de explicar.

Hay que evitar, sin embargo, una tentación evidente. Si cada elección lingüística nos proporciona alguna pista, resulta fácil imaginar que podemos reconstruir con precisión toda la personalidad de alguien a partir de unas cuantas frases. El propio concepto de discurso como representación parcial aconseja lo contrario. Una frase aislada puede depender del contexto, de una intención retórica, del cansancio o simplemente de una formulación poco afortunada. El método adquiere interés cuando trabaja con regularidades, relaciones y discursos suficientemente amplios, no cuando transforma una palabra suelta en diagnóstico.

Generalizar, cosificar, eliminar y distorsionar

La segunda parte introduce el mecanismo más reconocible de la obra. Para construir un modelo manejable de una realidad prácticamente infinita, la mente necesita reducirla. Cantero y De Arriba organizan esa reducción alrededor de cuatro procesos que reaparecen después en su análisis lingüístico: generalización, cosificación, eliminación y distorsión.

Generalizar significa extraer una regla de una experiencia o conjunto de experiencias. Es imprescindible para aprender: quien descubre que una superficie extremadamente caliente produce dolor no necesita comprobarlo experimentalmente cada vez. El mismo mecanismo, sin embargo, puede empobrecer el modelo cuando una experiencia limitada se convierte en una ley demasiado amplia. El paso de «dos personas reaccionaron así» a «la gente siempre reacciona así» es pequeño gramaticalmente y enorme conceptualmente.

Cosificar consiste en tratar algo dinámico como si fuera una cosa estable. Procesos, relaciones y acontecimientos reciben nombres que facilitan manejarlos, pero la etiqueta puede ocultar cómo se produjeron. Hablar de «el fracaso», «la inseguridad» o «el conflicto» permite pensar rápidamente sobre realidades complejas, aunque también puede hacernos olvidar que detrás del sustantivo existen conductas concretas, circunstancias y cambios posibles.

Eliminar significa dejar información fuera. Es inevitable: ninguna descripción puede contener todos los aspectos de un acontecimiento. El interés analítico surge al preguntar qué ha desaparecido. «Se decidió cancelar el proyecto» comunica una decisión mientras elimina a quien decidió; «no funciona» elimina posiblemente qué no funciona, para quién, en qué circunstancias y según qué criterio.

Distorsionar significa reorganizar la experiencia mediante relaciones que no están simplemente contenidas en los datos sensibles. Gracias a esta capacidad podemos imaginar, anticipar, crear metáforas y reconstruir el pasado, pero también podemos atribuir causalidades discutibles o convertir una interpretación en un hecho. Decir «me haces sentir inútil» no funciona lingüísticamente igual que describir la conducta concreta del interlocutor y después el sentimiento experimentado.

Lo más interesante es que los cuatro procesos no constituyen una lista de vicios que debamos extirpar. Son parte de la maquinaria con la que hacemos inteligible el mundo. Una conciencia incapaz de generalizar tendría enormes dificultades para aprender; una persona incapaz de eliminar detalles no podría mantener una conversación normal; sin cosificación sería difícil construir conceptos abstractos y sin alguna forma de distorsión tampoco existiría la imaginación. El problema aparece cuando olvidamos que nuestro resultado es un modelo y comenzamos a tratarlo como si fuera la realidad completa.

Esta observación permite utilizar el libro sin caer en una especie de policía gramatical. Encontrar una generalización no significa haber descubierto automáticamente un error. Significa haber encontrado un lugar donde puede ser útil preguntar de dónde procede esa generalización, hasta dónde se aplica y qué casos quedan fuera. La operación lingüística es una pista; su interpretación requiere contexto.

Una gramática para descubrir lo que el hablante da por supuesto

La tercera parte convierte esta concepción en un procedimiento de análisis. Después de mostrar los procesos en funcionamiento mediante distintos casos, los autores desarrollan una «gramática del modelado»: indicadores lingüísticos que permiten localizar en el discurso las operaciones mediante las que el emisor está construyendo su representación. El libro termina aplicando el método de manera sistemática a un discurso escrito.

La importancia de este movimiento está en pasar de intuiciones psicológicas muy generales a formas observables en la lengua. Todos podemos tener la impresión de que alguien está exagerando, ocultando algo o convirtiendo una opinión en una verdad universal. El interés del método consiste en intentar precisar qué elemento lingüístico produce esa impresión. Cuantificadores como «todos», «nadie», «siempre» o «nunca» pueden participar en generalizaciones; ciertas nominalizaciones convierten procesos en entidades; construcciones impersonales pueden hacer desaparecer agentes; comparaciones, metáforas y relaciones causales pueden reorganizar la experiencia.

La utilidad no consiste en disponer de una traducción automática del tipo «ha utilizado esta palabra, luego piensa esto». El discurso permite formular preguntas más precisas. Cuando alguien dice «esto no puede hacerse», podemos preguntar quién o qué establece la imposibilidad. Cuando afirma «todo el mundo sabe que...», podemos preguntarnos quién constituye exactamente ese «todo el mundo». Cuando habla de «la crisis de la educación» podemos descomponer una gran entidad abstracta en actores, prácticas, instituciones y problemas concretos.

Ese procedimiento posee una actualidad evidente fuera de cualquier aplicación terapéutica. Un discurso político está lleno de agentes explícitos y agentes borrados, grupos convertidos en categorías homogéneas y relaciones causales presentadas como inevitables. Lo mismo ocurre en una noticia, una campaña publicitaria, una discusión en redes sociales o una conversación profesional. Aprender a detectar las operaciones no nos dice automáticamente qué interpretación es correcta, pero sí puede impedir que aceptemos sin examen la arquitectura verbal con la que otro ha organizado el problema.

También afecta al receptor. Comprender un discurso nunca consiste simplemente en recibir exactamente aquello que el emisor depositó dentro de las palabras. El receptor aporta experiencias, conocimientos, expectativas e inferencias. Dos lectores pueden reconstruir de manera diferente aquello que el texto deja implícito. El proceso comunicativo aparece entonces como un encuentro entre modelos y no como una transmisión mecánica desde una mente a otra.

Vygotsky, Palo Alto y la PNL: una mezcla que hoy exige matices

Psicolingüística del discurso es también un producto intelectual muy reconocible de su momento. Sus autores construyen una síntesis heterogénea en la que convergen la tradición de Vygotsky y Luria sobre conciencia y lenguaje, la pragmática, la lingüística del texto, la teoría de la comunicación asociada a Palo Alto y elementos tomados de Richard Bandler y John Grinder, creadores de la Programación Neurolingüística.

Una investigación doctoral posterior de la Universidad de Barcelona que desarrolla extensamente el método identifica esas fuentes de manera explícita y señala que, aunque los procesos iniciales de modelado proceden del llamado metamodelo de Bandler y Grinder, el constructo teórico fundamental de Cantero y De Arriba es el cognitivismo de raíz vygotskiana. La conciencia sería un producto social surgido de la interacción comunicativa y, al mismo tiempo, algo que vuelve a manifestarse en esa interacción.

La distinción es importante porque la PNL acumuló durante las décadas posteriores una reputación científica muy problemática. Una revisión sistemática publicada en 2012 sobre sus aplicaciones relacionadas con salud encontró pocos estudios experimentales, muestras pequeñas y riesgos de sesgo altos o inciertos, y concluyó que existía poca evidencia para apoyar esas intervenciones. Esto no prueba ni refuta por sí mismo el método de análisis lingüístico de Cantero y De Arriba, que plantea preguntas diferentes, pero sí impide presentar todas sus fuentes como si actualmente gozaran del mismo respaldo empírico.

Leer bien un libro de 1997 también significa conservar dos ideas simultáneas: podemos aprovechar una herramienta conceptual fértil sin convertir automáticamente todas las teorías de las que procede en ciencia confirmada.

En realidad, esa tensión aumenta el interés histórico de la obra. Durante los años noventa existía una fuerte voluntad de atravesar las fronteras entre lingüística, psicología, educación y comunicación interpersonal. El libro intenta hacerlo con una propuesta práctica y comprensible. Algunas de sus genealogías teóricas han envejecido mejor que otras, pero la pregunta que mantiene unido el proyecto sigue siendo legítima: hasta qué punto las regularidades de nuestro lenguaje permiten estudiar las regularidades de nuestra forma de representar la experiencia.

Un método que siguió utilizándose

El libro no desapareció después de su primera edición. Investigaciones posteriores vinculadas a la Universidad de Barcelona utilizaron el análisis psicolingüístico del discurso para estudiar las creencias de profesores. En esos trabajos se identificaban generalizaciones, cosificaciones, eliminaciones y distorsiones dentro de entrevistas y textos, se buscaban relaciones entre las creencias expresadas y finalmente se elaboraban mapas conceptuales del sistema de pensamiento reconstruido.

Eso resulta especialmente interesante porque muestra una aplicación mucho menos espectacular que la promesa de «leer la mente» y, precisamente por ello, mucho más defendible. Un investigador dispone de un corpus de discursos suficientemente amplio, identifica patrones recurrentes, estudia cómo se relacionan las afirmaciones y formula una reconstrucción explícita y revisable de las creencias del informante. El resultado puede discutirse, compararse con otros datos y confrontarse con el contexto.

La recepción inicial fue favorable. Una reseña publicada en Informació Psicològica presentó la obra como una aportación especialmente relevante para la enseñanza de la lengua y destacó su capacidad para intervenir en comunicación oral y analizar con detalle discursos escritos. Dialnet registra asimismo una reseña de Elena Prado Ibán aparecida en 1997 en la revista Contextos. Y la obra sigue figurando décadas después en bibliografías universitarias relacionadas con lengua, aprendizaje y comunicación.

Su coautor Francisco José Cantero continuó desarrollando una extensa trayectoria en fonética aplicada, entonación, oralidad y didáctica de lenguas. La propia Octaedro lo presenta actualmente como profesor de la Universidad de Barcelona, fundador y director del Laboratorio de Fonética Aplicada e investigador principal del Grupo de Investigación en Entonación y Habla. Visto desde esa trayectoria posterior, este libro aparece como una pieza temprana de un interés mucho más amplio por la lengua entendida no sólo como sistema formal, sino como conducta comunicativa de personas concretas.

El ejemplar conservado en Librería5

Nuestro ejemplar pertenece a la primera edición de Psicolingüística del discurso, fechada expresamente en noviembre de 1997. Fue publicada en Barcelona por Ediciones Octaedro como número 11 de la colección Lenguaje y Comunicación, dirigida por Jenaro Ortega. El ISBN que figura en la página legal es 84-8063-281-X y el depósito legal B. 33.694-1997; la impresión correspondió a Hurope, S.L.

El catálogo actual de Octaedro proporciona además las características generales de la edición: formato de 15 × 22 centímetros, encuadernación rústica y 208 páginas. Algunas bases bibliográficas antiguas contabilizan 204 páginas, una diferencia menor en la forma de describir el volumen que no modifica la identificación del ejemplar. Nuestro índice permite seguir el contenido principal hasta las referencias bibliográficas iniciadas en la página 197 y la bibliografía complementaria desde la 199.

La contracubierta contiene además dos pequeñas biografías que explican bien la colaboración. Francisco José Cantero aparece como doctor en Filología Románica y profesor del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Barcelona, donde dirigía el Laboratorio de Fonética Aplicada. José de Arriba figura como licenciado en Psicología por la Universidad de Salamanca, profesor de enseñanza secundaria y especialista en relaciones humanas dentro del entorno laboral. Lingüística y psicología no están sólo reunidas en el título: también lo están en la procedencia profesional de los autores.

Contracubierta de Psicolingüística del discurso
La contracubierta resume la ambición del libro: utilizar el discurso como vía para aproximarse a la conciencia y al modelo del mundo de su emisor.
Título
Psicolingüística del discurso
Autores
Francisco José Cantero Serena y José de Arriba García
Editorial
Ediciones Octaedro, S.L.
Colección
Lenguaje y Comunicación, n.º 11
Director de colección
Jenaro Ortega
Edición conservada
Primera edición, noviembre de 1997
ISBN
84-8063-281-X
ISBN actual normalizado
978-84-8063-281-2
Depósito legal
B. 33.694-1997
Impresión
Hurope, S.L.
Formato
15 × 22 cm según el catálogo de Octaedro
Encuadernación
Rústica
Extensión
208 páginas según el catálogo actual de Octaedro
Estructura
Tres partes: conciencia y comunicación; modelo subjetivo del mundo; análisis psicolingüístico del discurso

Por qué sigue siendo interesante

El tiempo ha hecho que algunas partes de Psicolingüística del discurso necesiten más cautela de la que quizá reclamaban en 1997, pero también ha vuelto especialmente visible la intuición que justifica todo el volumen. Vivimos rodeados de personas que compiten por definir la realidad mediante el lenguaje. Gobiernos, empresas, medios, anunciantes, activistas y usuarios de redes sociales no se limitan a comunicar acontecimientos: seleccionan qué acontecimientos cuentan, deciden cómo agruparlos, atribuyen causas, eligen agentes y convierten procesos complejos en nombres fácilmente manejables.

La enseñanza más útil del libro no consiste en sospechar que toda frase oculta una patología o una intención secreta. Consiste en perder cierta ingenuidad ante el lenguaje. Una palabra puede ser necesaria y al mismo tiempo esconder diferencias; una categoría puede ayudarnos a pensar y al mismo tiempo encerrarnos; una afirmación puede describir correctamente una parte de la realidad mientras elimina otra.

También obliga a aplicar el método contra nosotros mismos. Cuando decimos que algo ocurre «siempre», que alguien «es» de determinada manera o que no existe «ninguna alternativa», nuestro discurso está haciendo exactamente las mismas operaciones que detectamos fácilmente en los demás. Analizar el lenguaje del otro puede convertirse en una herramienta crítica; analizar el propio impide que esa herramienta se convierta simplemente en otra forma de superioridad.

Casi treinta años después, quizá ésa sea la lectura más valiosa de este extraño cruce entre psicolingüística, psicología y comunicación: las palabras no son ventanas transparentes hacia el mundo ni hacia la mente. Son construcciones. Y saber cómo están construidas no nos entrega la verdad completa, pero nos permite formular mejores preguntas.

Cada vez que contamos el mundo, lo reducimos para poder decirlo.
Comprender un discurso empieza por descubrir qué quedó dentro, qué quedó fuera y cómo se organizó lo demás.

Fuentes consultadas

Ejemplar de Psicolingüística del discurso conservado en Librería5: cubierta, contracubierta, página legal e índice. Fuente primaria para la identificación de esta edición.

Editorial Octaedro — Psicolingüística del discurso: ficha editorial actual, presentación, estructura, formato, extensión y permanencia de la obra en catálogo.

Editorial Octaedro — Francisco José Cantero Serena: trayectoria académica y publicaciones posteriores del coautor.

Lídia Usó Viciedo — Creencias de los profesores de E/LE sobre la enseñanza/aprendizaje de la pronunciación, Universitat de Barcelona: desarrollo posterior del método, fuentes teóricas, modelo subjetivo del mundo y cuatro procesos de modelado.

Sturt y otros — «Neurolinguistic programming: a systematic review of the effects on health outcomes»: revisión sistemática utilizada para contextualizar críticamente el respaldo empírico posterior de la PNL, una de las fuentes parciales del método.

Armando López Valero — reseña de Psicolingüística del discurso: recepción temprana de la obra y valoración de sus posibles aplicaciones educativas y comunicativas.

Dialnet — Francisco José Cantero Serena: comprobación bibliográfica de la obra, primera edición y recepción en revistas académicas.