Ramsés. El hijo de la luz (Planeta)— Christian Jacq

Novela histórica · Historia editorial · Biblioteca Librería5
Tres años después de nuestra otra edición de la misma novela, Ramsés seguía siendo el protagonista, pero Christian Jacq ya se había convertido en una marca editorial por derecho propio.

Dos ejemplares de una misma novela pueden contar historias diferentes antes incluso de abrirlos. Librería5 conserva ya una edición de 1998 de Ramsés. El hijo de la luz dentro de la colección El Egipto de los faraones. Ahora aparece esta segunda copia, publicada por Planeta-DeAgostini en 2001 dentro de una colección llamada, sencillamente, Biblioteca Christian Jacq.

El texto es el mismo, la traducción de Mauricio Wacquez sigue siendo la misma y Ramsés continúa teniendo catorce años al comenzar la aventura. Lo que ha cambiado es el objeto editorial. En 1998 la cubierta presentaba Egipto como protagonista: fondo negro, una pieza arqueológica y el nombre de la colección. En 2001, el enorme rótulo «Christian Jacq» domina la parte superior de la tapa. El escritor ya no necesita cobijarse bajo una colección temática: él mismo se ha convertido en la colección.

Ese cambio aparentemente pequeño resume una historia extraordinaria. La pentalogía sobre Ramsés había nacido en Francia en 1995, concebida casi como un regreso moderno al gran folletín. Pocos años después había vendido millones de ejemplares y convertido a un egiptólogo francés en uno de los grandes nombres internacionales de la novela histórica popular. Este volumen pertenece a ese segundo momento: no al descubrimiento de Jacq, sino a su consagración.

Cubierta de Ramsés. El hijo de la luz en la Biblioteca Christian Jacq
La edición de 2001 cambia por completo la jerarquía visual: «Biblioteca Christian Jacq» convierte al propio autor en la marca que reúne el catálogo.

El mismo Ramsés, pero ya no el mismo libro

Desde el punto de vista textual, este ejemplar pertenece a la misma genealogía que la edición de 1998 ya conservada en Librería5. El original francés, Ramsès. Le fils de la lumière, fue publicado por Robert Laffont en 1995; Mauricio Wacquez realizó la traducción española en 1996 y Editorial Planeta la incorporó a su catálogo antes de las sucesivas reediciones de Planeta-DeAgostini. La página legal de esta copia permite seguir casi como una estratigrafía esas distintas capas: copyright francés de 1995, traducción de 1996, Planeta en 1998 y, finalmente, esta nueva presentación de 2001.

La diferencia no es únicamente estética. Cada colección propone una manera distinta de entender el mismo texto. El Egipto de los faraones colocaba la novela dentro de un universo temático: Egipto era el hilo conductor y Christian Jacq uno de los autores capaces de poblarlo. Biblioteca Christian Jacq invierte la relación. Ahora es el escritor quien sirve de eje y bajo su nombre pueden convivir sagas novelescas, recreaciones históricas y obras de divulgación egiptológica.

Ejemplar de 1998 Colección El Egipto de los faraones. ISBN 84-395-6969-6. La cubierta utiliza una pieza arqueológica identificada por la propia edición como representación del joven Ramsés II conservada en el Louvre.
Ejemplar de 2001 Colección Biblioteca Christian Jacq. ISBN 84-395-8854-2. Nueva identidad en azul, arena y oro, con el nombre del autor convertido en el elemento gráfico dominante.

Para una biblioteca que sólo pretendiera conservar el texto, tener ambas copias podría parecer redundante. Para Librería5 ocurre exactamente lo contrario. Las dos permiten observar cómo cambia la vida editorial de una obra cuando su autor pasa de ser un novelista exitoso a convertirse en una marca capaz de sostener una colección entera.

Cuando Ramsés se convirtió en un folletín mundial

La ficha oficial de Christian Jacq sitúa Le fils de la lumière en 1995 como primer volumen de una serie de cinco. El proyecto no fue improvisado. Jacq llevaba décadas fascinado por Ramsés II y, según explicaría posteriormente, había pensado inicialmente en escribir una biografía del faraón. Finalmente decidió que la escala del personaje exigía otra cosa.

La historia de cómo se publicó la serie explica muy bien su arquitectura. En un amplio perfil dedicado al escritor, Le Monde reconstruyó el acuerdo entre Jacq y el editor Bernard Fixot: cinco novelas consecutivas y la ambición explícita de recuperar algo del antiguo folletín del siglo XIX. Jacq escribió los cinco volúmenes en alrededor de dos años y abandonó conscientemente la idea de una biografía académica. Para él, Ramsés era ya en vida un personaje construido mediante monumentos, propaganda, religión y memoria; podía ser tratado también como héroe épico.

Esa decisión explica por qué El hijo de la luz funciona de una manera muy distinta a una biografía. Una biografía sabe que el joven Ramsés terminará convertido en faraón y debe explicar cómo ocurrió. Una novela necesita además conseguir que el lector tema que quizá no ocurra. Por eso Jacq construye pruebas, enemigos, conspiraciones, decisiones amorosas y amistades capaces de llenar de incertidumbre un desenlace que históricamente conocemos desde la primera página.

El gran truco de la saga consiste en transformar un destino conocido en una aventura incierta. Sabemos quién será Ramsés II; la novela intenta hacernos olvidar durante unas horas que el final ya está escrito en los templos.

La fórmula funcionó a una escala enorme. Le Monde cifraba en 2009 las ventas acumuladas de la serie Ramsès en unos once millones de ejemplares en todo el mundo. Años más tarde, Livres Hebdo situaba en decenas de millones el conjunto de las grandes sagas posteriores de Jacq. En ese contexto, que Planeta-DeAgostini lanzara una Biblioteca Christian Jacq resulta mucho menos extraño: el nombre del escritor había adquirido una capacidad de reconocimiento comparable a la de sus personajes.

El adolescente histórico y el hermano que la novela necesitaba

La entrada anterior de Librería5 ya señalaba que no conviene leer a Chénar como si fuera un personaje históricamente documentado. Esta segunda edición permite profundizar en el problema porque detrás de ese hermano rival existe una historia historiográfica interesante.

Durante parte del siglo XX circuló la posibilidad de que Ramsés hubiera tenido un hermano mayor apartado de la sucesión. Una de las piezas que alimentó esa reconstrucción era una figura posteriormente modificada en los relieves militares de Seti I en Karnak. La investigación epigráfica terminó identificando al personaje no como un príncipe caído en desgracia, sino como un militar llamado Mehy. Un estudio publicado en 2024 sobre la cronología de Seti I resume cómo ese descubrimiento debilitó tanto algunas teorías sobre la sucesión como las viejas reconstrucciones de una corregencia formal entre padre e hijo.

Lo que sí está mucho mejor asentado es la posición privilegiada del joven Ramsés como príncipe heredero durante el reinado de Seti. Las inscripciones contemporáneas le atribuyen títulos de heredero y responsabilidades militares. Lo que no podemos reconstruir con la precisión de una novela son las conversaciones privadas, las pruebas personales, las rivalidades domésticas o los pensamientos mediante los que aquel príncipe aprendió a entender el poder.

Ahí entra Jacq. Chénar es eficaz precisamente porque resuelve un problema literario. Ramsés necesita un contrario que convierta su educación en combate, alguien que encarne una manera alternativa de utilizar la inteligencia, la ambición y el poder. Frente al protagonista destinado a aprender rectitud y responsabilidad, Chénar permite dramatizar aquello que podría suceder si esas mismas capacidades estuvieran subordinadas únicamente al interés personal.

La diferencia entre ambos niveles es fundamental. Que un personaje funcione extraordinariamente bien dentro de la novela no lo convierte en una conclusión arqueológica. Y, a la inversa, que no podamos demostrar históricamente a Chénar no disminuye su eficacia como antagonista. Historia y novela responden a preguntas distintas.

De muchacho a coloso: construir literariamente al hombre que construyó su propia imagen

Ramsés II ofrece a un novelista un material casi excesivo. Reinó durante unos 66 años y dejó una presencia monumental extraordinaria. Templos, estatuas, relieves e inscripciones multiplicaron su nombre y su imagen hasta convertirlo en uno de los faraones más reconocibles incluso para quien apenas conozca la historia egipcia.

El British Museum conserva uno de los ejemplos más célebres: el gigantesco busto procedente del Ramesseum, resto de una estatua colosal que presentaba al faraón en una juventud idealizada y que ayudó a alimentar la fascinación occidental posterior por Ramsés. Es la clase de monumento que convierte a un hombre histórico en una presencia casi mítica.

Jacq realiza la operación contraria. En lugar de comenzar con el coloso, comienza con el muchacho. Reduce primero la escala para poder reconstruirla narrativamente. La pregunta ya no es «¿qué hizo Ramsés el Grande?», sino «¿qué clase de joven tendría que haber sido para llegar a convertirse en ese hombre?».

No tenemos acceso arqueológico a esa interioridad. Las inscripciones hablan desde las necesidades del poder faraónico; los monumentos preservan imágenes oficiales; incluso los acontecimientos militares están mediados por la representación regia. La novela aprovecha precisamente esa distancia entre el documento y la persona. Allí donde el historiador debe declarar un silencio, el novelista puede imaginar.

Éste es probablemente el modo más fértil de leer a Jacq: los monumentos proporcionan la estructura y la ficción ocupa los espacios que los monumentos no podían conservar.

Mauricio Wacquez: la otra voz de este Ramsés

Esta edición conserva un nombre que merece mucha más atención de la que suele recibir en la página de créditos: Mauricio Wacquez. Para el lector español, el Ramsés de Jacq habla a través de una traducción fechada en 1996. Wacquez no era simplemente un profesional especializado en producir versiones comerciales de novelas francesas, sino un escritor chileno con una trayectoria literaria propia y una importante experiencia editorial.

La Biblioteca Nacional de Chile documenta su extensa actividad como traductor del francés: por sus manos pasaron textos de Flaubert, Stendhal, Mérimée, Cocteau, Apollinaire, Michel Leiris, Marcel Schwob y muchos otros autores. También trabajó como editor y asesor literario en España, además de desarrollar una narrativa propia deliberadamente muy alejada de la literatura de masas.

Hay además una circunstancia cronológica que convierte nuestro ejemplar de 2001 en un objeto ligeramente distinto. Wacquez murió el 14 de septiembre de 2000, a los sesenta años, después de haber pasado buena parte de su vida adulta entre Francia y España. La edición de Biblioteca Christian Jacq apareció, por tanto, después de su muerte y siguió haciendo circular aquella traducción realizada cinco años antes.

No hay en el volumen ninguna indicación de homenaje y no debemos convertir una coincidencia cronológica en una intención editorial que no está documentada. Pero para la historia material del ejemplar sí es significativo: cuando este libro llegó a los lectores en 2001, la voz española que seguía dando forma a los diálogos y a la narración de Jacq pertenecía ya a un escritor fallecido.

Biblioteca Christian Jacq: cuando un escritor se convierte en una estantería

La transformación visual de esta edición responde a la nueva lógica de la colección. El fondo arena recuerda el color de la piedra, el azul crea una banda institucional y los dorados conservan una asociación inmediata con el imaginario faraónico, pero la pieza esencial es tipográfica: CHRISTIAN JACQ ocupa más espacio en la cubierta que casi cualquier otro elemento.

Las colecciones de la época que han llegado al mercado de segunda mano muestran la amplitud del proyecto. Bajo la misma identidad gráfica se reunieron los cinco volúmenes de Ramsés, la trilogía de El juez de Egipto, la tetralogía de La piedra de luz y títulos como El Egipto de los grandes faraones, Las egipcias, Nefertiti y Akenatón, El valle de los Reyes, El egiptólogo o Las máximas de Ptahhotep.

Las fuentes comerciales actuales no coinciden completamente al reconstruir el número final de volúmenes: algunas colecciones supervivientes se presentan con veintisiete y otras con veintinueve. Sin un folleto editorial completo dentro de nuestro ejemplar, Librería5 no fija aquí una cifra cerrada. Lo importante es el alcance del concepto. Ya no se comercializaba una única saga, sino todo un universo de lectura asociado a una persona.

La colección mezclaba además géneros. El mismo lector podía pasar de una novela histórica a una obra de divulgación sobre religión, sociedad o pensamiento egipcios sin abandonar la marca Jacq. Desde un punto de vista editorial resulta fascinante: el conocimiento especializado del autor y su producción novelesca dejaron de presentarse como actividades separadas y terminaron integradas dentro de un mismo catálogo personal.

Contracubierta de Ramsés. El hijo de la luz de la Biblioteca Christian Jacq
La contracubierta mantiene el tono uniforme de la colección y presenta la novela como primera entrega de la pentalogía dedicada a Ramsés.

El ejemplar de 2001 conservado en Librería5

Nuestro volumen pertenece a esa Biblioteca Christian Jacq de Planeta-DeAgostini. La página legal identifica a Virgilio Ortega como director editorial, Pilar Mora en la coordinación, Macarena de Eguilior en la realización, Hans Romberg en el diseño de cubierta y Noemí Reyes en la realización gráfica.

La cronología editorial es particularmente clara. Robert Laffont conserva el copyright original de 1995; la traducción de Mauricio Wacquez aparece fechada en 1996; Editorial Planeta figura con copyright de 1998 y Planeta-DeAgostini identifica esta presentación como edición de 2001. El depósito legal, B. 48.546-2000, pertenece al año inmediatamente anterior, algo perfectamente compatible con la preparación material de una edición que aparece editorialmente fechada en 2001.

La impresión se atribuye a Cayfosa-Quebecor, en Santa Perpètua de Mogoda, y la distribución a Logista desde Alcobendas. Los registros del comercio librero describen esta edición con aproximadamente 327 páginas, unos 22 por 13 centímetros y encuadernación en cartoné. Algunos repertorios contabilizan 328 páginas, una pequeña discrepancia bibliográfica que no afecta a la identificación del ISBN y que no merece forzar una exactitud falsa mientras no comprobemos físicamente la última página numerada de nuestro ejemplar.

Título
Ramsés. El hijo de la luz
Autor
Christian Jacq
Título original
Ramsès. Le fils de la lumière
Editorial
Editorial Planeta-DeAgostini, S.A.
Colección
Biblioteca Christian Jacq
Edición conservada
2001
Original francés
Éditions Robert Laffont, 1995
Traducción
Mauricio Wacquez, © 1996
Copyright de Planeta
Editorial Planeta, S.A., 1998
ISBN
84-395-8854-2
Depósito legal
B. 48.546-2000
Formato
Cartoné; aproximadamente 22 × 13 cm según registros bibliográficos y libreros
Extensión
327 páginas en varios registros; otros catálogos consignan 328
Director editorial
Virgilio Ortega
Coordinación
Pilar Mora
Realización
Macarena de Eguilior
Diseño de cubierta
Hans Romberg
Realización gráfica
Noemí Reyes
Impresión
Cayfosa-Quebecor, Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona)
Distribución
Logista, Alcobendas (Madrid)

Por qué conservar dos ediciones de la misma novela

Si Librería5 fuera únicamente una lista de títulos leídos, bastaría con una sola ficha para El hijo de la luz. Pero un catálogo de ejemplares físicos puede mostrar algo que una bibliografía abstracta pierde: los libros cambian aunque sus palabras permanezcan prácticamente iguales.

La edición de 1998 nos cuenta cómo Planeta-DeAgostini insertó la novela dentro de una colección dedicada a Egipto. La de 2001 nos enseña lo que sucedió cuando Christian Jacq había acumulado suficiente éxito, suficiente producción y suficiente reconocimiento para que la editorial reorganizara todo ese material alrededor de su apellido. Entre una cubierta y otra han pasado sólo tres años, pero editorialmente existe una distancia enorme.

También ha cambiado el contexto humano. La traducción sigue siendo la de Mauricio Wacquez, aunque el traductor había muerto ya cuando esta edición llegó a las librerías. La saga, por su parte, había dejado de ser simplemente una apuesta ambiciosa de cinco novelas para convertirse en uno de los grandes fenómenos comerciales de la carrera de Jacq.

Y el joven Ramsés continúa en la primera página exactamente donde estaba: todavía no es el hombre de Abu Simbel ni el faraón de los colosos. Todavía tiene que aprender.

El texto permanece.
Lo que cambia es la vida que las editoriales construyen alrededor de él.

Fuentes consultadas

Ejemplar de Ramsés. El hijo de la luz conservado en Librería5, edición Planeta-DeAgostini de 2001: cubierta, contracubierta y página legal.

Ejemplar de 1998 de Ramsés. El hijo de la luz conservado también en Librería5: utilizado para comparar la colección, identidad gráfica, ISBN y presentación material de ambas ediciones.

Christian Jacq — Le Fils de la lumière: ficha oficial de la obra, fecha original, posición dentro de la pentalogía y características de la primera edición francesa.

Le Monde — «Christian Jacq, la saga du petit scribe»: génesis de la pentalogía, concepción del proyecto como gran folletín y dimensión internacional de sus ventas.

Livres Hebdo — «Les chiffres pharaoniques de Monsieur Jacq»: evolución comercial de las grandes sagas egipcias de Christian Jacq.

José Lull y Diana Navarro-López — estudio sobre el reinado de Seti I: debate historiográfico sobre Ramsés como príncipe heredero, la antigua hipótesis de corregencia y la identificación de Mehy.

British Museum — estatua colosal de Ramsés II: contexto histórico del faraón, duración de su reinado y construcción monumental de su imagen.

Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile — Mauricio Wacquez como traductor y editor: trayectoria profesional del traductor y autores franceses trasladados por él al español.

Memoria Chilena — Mauricio Wacquez (1939-2000): biografía y fecha de fallecimiento del traductor.

Uniliber — edición de 2001 de Ramsés. El hijo de la luz: contraste de colección, formato, extensión y datos materiales de la edición con ISBN 84-395-8854-2.