Rabindranath Tagore comienza sus recuerdos con una advertencia inesperada: no deberíamos leerlos como una autobiografía. La memoria, viene a decir, no trabaja como un notario que levanta acta de cuanto sucedió. Se parece mucho más a un pintor: selecciona, exagera, borra, desplaza al fondo lo que una vez pareció importantísimo y trae al primer plano una imagen minúscula que, por alguna razón, se negó a desaparecer.
Ésa es la clave de Recuerdos. Tagore no pretende explicar toda su vida ni justificar retrospectivamente al hombre célebre en que se convirtió. Regresa a la casa de su infancia, a los criados que limitaban sus movimientos, a los profesores, a las primeras lecturas, al padre distante que poco a poco se convierte en maestro, a los Himalayas, a los primeros versos, a Inglaterra, a la música y a la muerte. No reconstruye tanto lo sucedido como la forma que esas experiencias adquirieron muchos años después dentro de él.
El ejemplar conservado en Librería5 añade además una historia española extraordinariamente interesante. Esta edición de Plaza & Janés recupera la traducción póstuma de Zenobia Camprubí, preparada por Francisco Garfias, y después de los cuarenta y cuatro capítulos de las memorias incorpora un texto que no pertenece a My Reminiscences: Anochecer de julio, una de las primeras traducciones de Tagore publicadas por la propia Zenobia.
La memoria no es la historia
El título bengalí de la obra es Jibansmriti, publicada en 1912. La versión inglesa clásica apareció cinco años después como My Reminiscences. Desde las primeras páginas Tagore se aparta conscientemente del modelo autobiográfico convencional. Los recuerdos no son para él pruebas documentales de la vida, sino imágenes reconstruidas por una conciencia posterior. Importa menos demostrar que cada detalle ocurrió exactamente de determinado modo que descubrir por qué, entre millones de experiencias olvidadas, una tarde, un sonido, un árbol o una frase permanecieron.
Esta concepción explica el carácter fragmentario del libro. No encontramos una cronología exhaustiva, balances de carrera ni una explicación completa de las decisiones del futuro premio Nobel. El propio Tagore considera que semejante expectativa haría parecer sus recuerdos defectuosos e incompletos. Lo que ofrece es otra cosa: material literario formado por escenas que el tiempo ha separado de la corriente ordinaria de los acontecimientos.
La paradoja de Recuerdos: es uno de los grandes textos autobiográficos de Tagore precisamente porque su autor advierte que no pretende escribir una autobiografía. Su verdadero asunto es la transformación de la experiencia en memoria.
Eso permite además que el Tagore célebre no aplaste al niño que fue. El Nobel de Literatura de 1913, el educador de Santiniketan y el escritor internacional todavía no existen en buena parte de estas páginas. El lector contempla cómo se forma una sensibilidad antes de saber plenamente qué llegará a ser.
Un niño mirando el mundo desde dentro
La infancia de Tagore aparece marcada por una oposición continua entre el interior y el exterior. Los niños de la extensa casa familiar viven en buena medida bajo la autoridad de los criados y lejos del mundo de los adultos. Uno de ellos llega a dibujar alrededor del pequeño Rabindranath un círculo de tiza que no debe atravesar. Para un niño familiarizado con el Ramayana, semejante frontera podía adquirir una realidad mucho más poderosa que una simple orden doméstica.
Desde esas restricciones observa estanques, árboles, terrazas, vendedores callejeros, tejados y rincones de la propiedad que adquieren proporciones casi míticas. La pobreza material de algunos espacios no limita su capacidad de fascinación. Un pequeño jardín con unos pocos árboles basta para convertirse en paraíso porque la imaginación del niño completa todo aquello que físicamente falta.
Tagore vuelve varias veces sobre una intuición semejante: la abundancia puede entumecer la imaginación mientras la escasez obliga a intensificarla. El niño rodeado de infinitos juguetes no necesariamente posee un mundo mayor. En cambio, una semilla plantada, una sombra bajo un árbol o un lugar al que se prohíbe entrar pueden contener posibilidades inagotables.
La escuela tampoco aparece idealizada. Recuerda castigos, aprendizaje mecánico y la distancia entre la curiosidad espontánea y la instrucción impuesta. Una de las primeras profecías que recuerda haber recibido de un profesor llega acompañada de una bofetada: entonces lloraba por poder ir a la escuela; más adelante lloraría por escapar de ella. El humor del adulto no elimina la crítica que atraviesa esos recuerdos educativos.
Sin embargo, en ese mismo periodo se forma el escritor. Una rima infantil, el Ramayana, los relatos que circulaban entre criados y familiares, el ritmo de las palabras oídas antes incluso de comprender plenamente su significado aparecen como experiencias más decisivas que muchas lecciones formales. Antes que una teoría de la literatura existe el placer físico del sonido.
El padre, los Himalayas y otra manera de aprender
La figura de su padre, Debendranath Tagore, se encuentra inicialmente envuelta por la distancia. Sus ausencias prolongadas y la solemnidad que acompañaba sus regresos convertían su presencia en un acontecimiento para toda la casa. Esa relación cambia durante el viaje que ambos realizan cuando Rabindranath todavía es un muchacho.
El desplazamiento fuera de Calcuta significa libertad física, pero también una educación completamente distinta. Su padre le confía pequeñas cantidades de dinero y le exige llevar las cuentas, le encarga el cuidado de su reloj, le hace copiar textos, estudia con él sánscrito y astronomía y permite que recorra solo los alrededores. La confianza sustituye en buena medida a la vigilancia.
Tagore recuerda especialmente que su padre no quería una aceptación simplemente pasiva de lo correcto. Prefería que sus hijos llegaran interiormente a la verdad, incluso corriendo el riesgo de desviarse durante la búsqueda, antes que imponer desde fuera una obediencia vacía. Con una palabra habría podido detener muchas iniciativas del joven Rabindranath, pero frecuentemente escogía esperar.
La imagen adquiere una importancia especial vista desde el futuro. En 1901 Tagore fundaría en Santiniketan una escuela experimental que buscaba reconciliar aprendizaje, naturaleza, libertad e intercambio entre tradiciones. Recuerdos permite contemplar algunas raíces biográficas de ese rechazo a la enseñanza entendida exclusivamente como disciplina.
Los Himalayas dejan también imágenes de enorme intensidad: las montañas nocturnas, el padre levantándose antes del amanecer para sus devociones, los paseos, la lectura de las estrellas y la impresión de que el niño acaba de ingresar en un universo mucho mayor que la casa que hasta entonces había constituido casi todo su horizonte.
Cómo se fabrica un poeta
La segunda mitad del libro va desplazándose lentamente desde la infancia hacia la construcción de una identidad literaria. Aparecen los compañeros de letras, las primeras publicaciones, el seudónimo Bhanu Singha, el patriotismo, la revista Bharati, los viajes y la dificultad de descubrir una voz que no sea simple imitación de aquello que se admira.
El procedimiento de Tagore resulta especialmente atractivo porque no reescribe sus comienzos para hacerlos parecer inevitables. Conserva equivocaciones, entusiasmos exagerados y obras que el escritor maduro ya no considera excelentes. Algunas le importan no porque hayan sobrevivido como grandes resultados literarios, sino porque representaron un paso interior decisivo.
Así ocurre con las Canciones de anochecer. Tagore reconoce retrospectivamente sus imperfecciones, pero considera aquel periodo uno de los más memorables de su carrera porque fue cuando empezó a escribir con verdadera libertad, sin sentirse encadenado a una forma preestablecida. La conquista importante no era todavía la perfección: era empezar a decir exactamente aquello que quería decir.
Su encuentro con la música europea muestra otro aspecto de esa formación. Tagore no intenta reducir las músicas india y europea a una jerarquía. Le parecen capaces de penetrar por puertas distintas de la sensibilidad. De la tradición europea le atraen especialmente el movimiento, la variedad y una cierta representación musical de la vida cambiante.
Ese contacto desemboca en experimentos como Valmiki Pratibha, un drama musical en el que utilizó principalmente modos indios, pero también materiales de procedencia europea e incluso una melodía irlandesa. No aspiraba a fabricar una ópera occidental en Bengala. Buscaba liberar las formas musicales que conocía y ponerlas al servicio del movimiento dramático.
El recorrido de Recuerdos es, en ese sentido, una historia de emancipaciones sucesivas: salir de la casa, salir de la escuela, escapar de las formas aprendidas, atravesar fronteras culturales y, finalmente, encontrar una manera de escribir que ya no necesite pedir permiso.
Cuando aparece la muerte
Hacia el final del libro el tono cambia. En «Aflicciones», Tagore recuerda primero la muerte de su madre, experimentada todavía desde la peculiar elasticidad emocional de la infancia. El verdadero desconcierto llega más adelante, cuando una pérdida adulta destruye la aparente continuidad del mundo.
Lo que le sorprende no es solamente la ausencia. Es la contradicción entre una persona que desaparece y un universo que continúa comportándose como si nada hubiera sucedido: árboles, tierra, agua, sol, luna y estrellas permanecen. Algo que parecía tan real como cualquiera de esas cosas puede dejar repentinamente de estar.
De esa herida surge una meditación que evita tanto el sentimentalismo como una respuesta doctrinal sencilla. Tagore descubre poco a poco que la presencia de la muerte modifica la perspectiva desde la que mira la vida. La existencia pierde parte de su aparente solidez, pero precisamente por eso el mundo adquiere una belleza más intensa.
El final del libro resulta coherente con su comienzo. Tagore ha explicado desde el principio que sólo quiere mostrar determinadas imágenes. Cuando llega a un momento de la vida en que la relación con otros hombres, los conflictos, las pérdidas y las decisiones forman una trama demasiado compleja, detiene el relato. No intenta fingir que puede convertir todo lo vivido en una serie de estampas transparentes.
Las memorias terminan antes que la vida porque termina el tipo de memoria que podía contarse de esa manera.
De Bengala al español: Surendranath, Zenobia y Garfias
La historia de la traducción introduce otra capa en el libro. Jibansmriti apareció en bengalí en 1912. La versión inglesa de 1917, My Reminiscences, fue realizada por Surendranath Tagore, sobrino del escritor. En su propio prefacio explica que contó con el permiso y consejo de Rabindranath para realizar una traducción libre: determinadas referencias fueron explicadas con mayor amplitud para el lector extranjero y algunas alusiones imposibles de trasladar con naturalidad fueron omitidas.
Por tanto, la versión inglesa ya era una interpretación destinada a transportar recuerdos bengalíes hacia otro mundo cultural. La estructura de cuarenta y cuatro capítulos de nuestro Recuerdos coincide con aquella versión inglesa, lo que la convierte en el principal término de comparación para la traducción española, aunque la página legal de nuestro ejemplar no declara expresamente cuál fue el texto de partida utilizado por Zenobia.
Zenobia Camprubí había comenzado a traducir a Tagore muchos años antes. Su labor fue decisiva para que el escritor bengalí llegara tempranamente a España e Hispanoamérica. Durante años sus traducciones quedaron además oscurecidas parcialmente por la enorme fama de Juan Ramón Jiménez, pese a que la investigación posterior ha devuelto a Zenobia un protagonismo mucho más preciso como traductora.
Recuerdos pertenece a la parte póstuma de esa historia. Zenobia murió en 1956 y Plaza & Janés publicó esta traducción en 1961, preparada por Francisco Garfias. Por eso la página legal de nuestro ejemplar de 1979 conserva el copyright de Plaza & Janés de 1961.
Francisco Garfias tenía una relación intelectual especialmente adecuada con el proyecto. Fue investigador y editor de Juan Ramón Jiménez y estudió detenidamente la relación entre Juan Ramón, Zenobia y Tagore. En esta edición figura como «Preparador de la obra» y el volumen comienza con su estudio «Rabindranath Tagore en español».
La edición de 1979 y un añadido con historia propia
Nuestra copia declara «Primera edición: Abril, 1979», aunque no se trata de la primera aparición española de esta traducción. Plaza & Janés había publicado ya Recuerdos en 1961. La expresión debe entenderse, por tanto, dentro de la historia de esta presentación editorial concreta, perteneciente a la colección Varia y en formato de bolsillo.
Hay una peculiaridad terminológica en la página legal: se imprime como «Título original» la palabra RECOLLECTIONS. Sin embargo, el original bengalí es Jibansmriti y la conocida versión inglesa de Macmillan se titula My Reminiscences. Conservamos el dato porque caracteriza esta edición, pero no lo utilizamos como título original canónico de la obra.
Más interesante todavía es el final. Después de los cuarenta y cuatro capítulos de las memorias, el índice incorpora en la página 289 Anochecer de julio. El texto no forma parte de los cuarenta y cuatro capítulos de My Reminiscences. Su presencia tiene una razón histórica particularmente sugerente: Anochecer de julio fue publicado por Zenobia en La Lectura en marzo de 1914 y pertenece a los comienzos mismos de su actividad como traductora de Tagore.
De esta manera, la edición no termina simplemente con las memorias del bengalí. Termina regresando al principio de la historia española de Tagore y Zenobia.
Índice completo de esta edición
Se conserva la grafía del ejemplar, incluida la forma «Valmiki Pratidha» impresa en el índice.
Rabindranath Tagore en español — p. 7
Recuerdos — p. 19
- Estudio íntimo — p. 23
- Comienza la enseñanza — p. 27
- Dentro y fuera — p. 31
- La servocracia — p. 43
- La Escuela Normal — p. 49
- Versificación — p. 53
- Estudio vario — p. 57
- Mi primera salida — p. 63
- Ejerciendo la poesía — p. 67
- Srikantha Babu — p. 71
- Termina nuestro curso bengalí — p. 75
- El profesor — p. 79
- Mi padre — p. 87
- Un viaje con mi padre — p. 95
- En los Himalayas — p. 107
- Mi regreso — p. 115
- Estudios en casa — p. 125
- Lo que me rodeaba en casa — p. 131
- Compañeros literarios — p. 139
- Publicando — p. 147
- Bhanu Singha — p. 151
- Patriotismo — p. 155
- El «Bharati» — p. 163
- Ahmedabad — p. 169
- Inglaterra — p. 173
- Loken Palit — p. 189
- «El corazón partido» — p. 193
- Música europea — p. 201
- Valmiki Pratidha — p. 205
- «Canciones de anochecer» — p. 213
- Un ensayo sobre la música — p. 217
- La ribera — p. 223
- Más sobre las «canciones de anochecer» — p. 227
- «Canciones de mañana» — p. 231
- Rajendrahal Mitra — p. 243
- Karwar — p. 247
- «La venganza de la Naturaleza» — p. 251
- «Cuadros y cantos» — p. 255
- Un período intermedio — p. 259
- Bankim Chandra — p. 263
- El casco del barco — p. 269
- Aflicciones — p. 273
- Las lluvias y el otoño — p. 279
- «Sostenidos y bemoles» — p. 283
Ficha del ejemplar
Fuentes consultadas
- El ejemplar conservado en Librería5, fuente primaria para cubierta y contracubierta, título, créditos, traductora, preparador, fecha de esta edición, ISBN, depósito legal, imprenta, precio e índice completo.
- Project Gutenberg: My Reminiscences — edición inglesa de 1917 utilizada para comprobar el título inglés, la traducción de Surendranath Tagore, el planteamiento de las «imágenes de la memoria» y la correspondencia de los 44 capítulos.
- Nobel Prize: Rabindranath Tagore — datos biográficos, Nobel de Literatura de 1913 y contexto general de su obra.
- Portal digital de Historia de la Traducción en España: Zenobia Camprubí — historia de la actividad traductora de Zenobia y publicación póstuma de Recuerdos en Plaza & Janés en 1961.
- Fundación Casa Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez: labor traductora de Zenobia — cronología de las traducciones de Tagore, incluida Anochecer de julio en 1914 y Recuerdos en 1961.
- Junta de Andalucía: Francisco Garfias López — trayectoria de Garfias como investigador, editor y especialista en Juan Ramón Jiménez y Tagore.
- Uniliber: edición de Recuerdos de 1961 — comprobación de la anterior edición de Plaza & Janés preparada por Francisco Garfias.
- Uniliber: edición de Recuerdos de 1979 — contraste del ISBN, formato, colección Varia, año y características bibliográficas de esta edición.