Hermann Hesse consiguió llevar a Siddharta hasta la mitad de su búsqueda espiritual y entonces tuvo que detenerse. No sabía cómo escribir la iluminación de su personaje porque él mismo todavía no encontraba el camino que debía conducir hasta ella.
Había comenzado la novela a finales de 1919 y terminó su primera parte durante 1920. Después llegó el bloqueo. Hesse atravesó un periodo de crisis, profundizó en sus lecturas orientales y en 1921 llegó a someterse a varias sesiones de psicoterapia con Carl Gustav Jung. No volvió seriamente a Siddharta hasta marzo de 1922. Dos meses después la había terminado.
Esa interrupción dice mucho sobre una novela que rechaza precisamente la posibilidad de recibir la sabiduría ya terminada. Su protagonista escucha a brahmanes, ascetas y al propio Buda; prueba la renuncia, el deseo, el dinero, el amor y la paternidad. Ninguna doctrina puede ahorrarle el recorrido. Tiene que vivirlo.
Hesse tuvo que encontrar el final antes de poder escribirlo
La historia de composición de Siddharta parece una prolongación de su propio argumento. Hesse comenzó a trabajar en el libro a finales de 1919 y avanzó con bastante rapidez durante los primeros meses. Había encontrado a su protagonista y sabía conducirlo desde la casa del brahmán hasta los samanas y el encuentro con Gotama. El problema apareció cuando tuvo que ir más allá de las doctrinas que él mismo había estudiado.
Después de terminar la primera parte en 1920, la escritura se detuvo. Hesse reconocería que había agotado su propia experiencia de búsqueda y no encontraba una forma convincente de representar el desarrollo espiritual que todavía esperaba a Siddharta. La dificultad no era simplemente argumental. Si el personaje debía llegar a una comprensión que trascendiera los caminos ya conocidos, el autor no podía limitarse a inventar una lección y ponerla en boca de un maestro.
El periodo siguiente coincidió con una crisis personal y creativa. En 1921 Hesse mantuvo varias sesiones de psicoterapia con Carl Gustav Jung. Al mismo tiempo continuó sus lecturas y desplazó progresivamente su atención desde la tradición india hacia el pensamiento chino. Poco antes de reanudar la novela escribió que el libro había partido de Brahmán y Buda, pero acabaría en Tao. En marzo de 1922 volvió al manuscrito y lo terminó en mayo. La edición completa apareció en octubre de aquel año.
Siddharta no es Buda
Una de las confusiones más frecuentes nace del propio nombre del protagonista. Siddharta fue también el nombre de Siddhartha Gautama antes de convertirse en el Buda histórico, pero Hesse no cuenta su biografía. En la novela son dos personas distintas y llegan incluso a encontrarse.
El Siddharta de Hesse nace como hijo de un brahmán. Es inteligente, disciplinado y admirado por quienes lo rodean, especialmente por su amigo Govinda. Conoce las fórmulas religiosas, los sacrificios y las meditaciones de su ambiente, pero descubre muy pronto que dominar los conocimientos de sus mayores no elimina su insatisfacción. El problema no es que las enseñanzas sean falsas; es que haberlas recibido no equivale a haber experimentado aquello de lo que hablan.
Por eso abandona su casa con Govinda y se une a los samanas. Los dos jóvenes buscan la verdad en la dirección opuesta: si la vida ordinaria no basta, quizá la solución consista en anular el cuerpo y el deseo. Siddharta aprende a ayunar, soportar el dolor, vaciarse y escapar temporalmente de sí mismo. Sin embargo, cada experiencia termina devolviéndolo al mismo punto. Puede huir del yo durante unas horas, pero siempre regresa.
La aparición de Gotama parece ofrecer finalmente una respuesta. Siddharta reconoce inmediatamente que está ante un hombre distinto de todos los demás. No discute su serenidad ni duda de que haya alcanzado la iluminación. Govinda decide seguirlo. Siddharta, en cambio, hace algo mucho más incómodo: admira al Buda y se marcha.
Su razonamiento contiene una de las ideas centrales de toda la novela. La doctrina de Gotama puede ser perfecta, pero aquello que convirtió a Gotama en Buda no fue escuchar una doctrina perfecta. Fue recorrer su propio camino. Siddharta comprende que, si se convierte en discípulo, puede aprender las palabras del maestro pero no heredar la experiencia que las hizo verdaderas.
De los samanas a Kamala: probar también el mundo
Después de abandonar a Gotama comienza una transformación decisiva. Siddharta había dedicado sus primeros años a escapar de sí mismo y a desconfiar de los sentidos. Ahora empieza a mirar el mundo como si lo encontrara por primera vez. Los colores, el cuerpo, el deseo y las cosas dejan de parecer obstáculos que deban ser eliminados antes de alcanzar una realidad superior.
Ese descubrimiento lo conduce hasta Kamala. Ella no es simplemente un episodio amoroso dentro de una novela espiritual. Representa un aprendizaje que los brahmanes y los ascetas no podían proporcionarle. Siddharta quiere conocer el amor sensual y Kamala le exige, antes de aceptarlo, que aprenda a vivir entre quienes poseen dinero, ropa, negocios y posición social. El antiguo samana entra así en el mundo del comerciante Kamaswami.
Al principio conserva cierta distancia. Sabe pensar, esperar y ayunar, capacidades que considera suficientes para no depender de las urgencias que gobiernan a los demás. El dinero le parece un juego y observa a los hombres de negocios con una mezcla de curiosidad y superioridad. Pero precisamente ahí está el peligro. Lo que empieza como representación acaba convirtiéndose en costumbre.
Siddharta acumula riqueza, juega, bebe, se irrita, desea y teme perder. La vida que antes contemplaba desde fuera termina absorbiéndolo. El asceta que quiso matar sus deseos descubre que también puede quedar atrapado por ellos. Hesse no coloca estas dos etapas como simple oposición entre virtud y pecado. Ambas fracasan por una razón semejante: Siddharta pretende encontrar la totalidad viviendo sólo uno de los extremos.
El cansancio termina siendo tan profundo que abandona aquella existencia. Ha probado la espiritualidad convertida en disciplina y la materia convertida en posesión; ninguna ha conseguido silenciar la antigua insatisfacción. Su búsqueda parece haber fracasado completamente.
El río y el hombre que sabe escuchar
El gran maestro de la última parte de la novela no posee doctrina, templo ni discípulos. Es un río. Siddharta llega hasta él agotado y encuentra nuevamente a Vasudeva, el barquero que lo había ayudado años antes a cruzar sus aguas. Frente a todos los maestros anteriores, Vasudeva tiene una característica extraordinaria: casi nunca intenta enseñar.
Escucha. Y enseña a Siddharta a hacer lo mismo.
El río está en permanente movimiento y, sin embargo, continúa siendo el mismo río. Sus aguas están aquí y un instante después ya no están; proceden de lugares distintos, avanzan hacia otros lugares y forman al mismo tiempo una única corriente. Poco a poco Siddharta descubre en esa experiencia una manera diferente de comprender el tiempo. La vida humana parece dividirse en pasado, presente y futuro porque la contemplamos desde un punto concreto, pero el río sugiere otra posibilidad: todo forma parte de una realidad simultánea.
Esta intuición permite reunir aquello que la búsqueda anterior había separado. El niño y el anciano, el asceta y el comerciante, la virtud y el error no son vidas distintas que deban anularse unas a otras. Son momentos de una misma existencia. Siddharta no alcanza la paz eliminando sus experiencias anteriores, sino comprendiendo que también sus equivocaciones eran necesarias para llegar hasta allí.
Por eso el río puede pronunciar simbólicamente el Om que Siddharta había aprendido mucho antes como fórmula religiosa. La palabra no ha cambiado. Quien ha cambiado es él. Lo que de joven conocía intelectualmente empieza ahora a ser experiencia.
El hijo: cuando la sabiduría deja de servir
Hesse introduce todavía una prueba más, quizá la más dolorosamente humana. Kamala reaparece años después acompañada por el hijo que tuvo de Siddharta. Su muerte deja al muchacho con un padre al que prácticamente no conoce y convierte al hombre que cree haber aprendido a aceptar el mundo en alguien incapaz de aceptar una evidencia sencilla: no puede elegir el camino de otra persona.
Siddharta quiere evitar que su hijo sufra los errores que él mismo cometió. Desea ofrecerle cariño, paciencia y una vida más sabia. El muchacho, sin embargo, detesta aquella existencia junto al río y rechaza al padre. Siddharta descubre entonces desde el otro lado el conflicto con el que había comenzado su propia búsqueda. También él abandonó a un padre que quería conservarlo a su lado.
La repetición es esencial. Después de toda su experiencia espiritual, Siddharta no queda exento de la misma debilidad que había observado en otros. Ama demasiado a su hijo para dejarlo marchar y ese amor produce apego, sufrimiento y resistencia. Sólo cuando reconoce en sí mismo el dolor que provocó años atrás puede comprender de una forma nueva la continuidad entre las personas.
La sabiduría de la novela no convierte, por tanto, al protagonista en un ser invulnerable. Hesse desconfía de una iluminación que eliminara la condición humana. Siddharta continúa sufriendo, pero empieza a dejar de considerar el sufrimiento como una anomalía que debería desaparecer para que la vida fuese perfecta.
Una India escrita por un europeo
El paisaje religioso de Siddharta procede de una relación con Asia que acompañó a Hesse desde la infancia. Su familia estaba profundamente vinculada a India. Sus padres habían participado en actividades misioneras y su abuelo materno, Hermann Gundert, había pasado décadas en el sur del país y se había convertido en un importante estudioso de sus lenguas y culturas. Para el joven Hesse, India existió primero como una presencia familiar hecha de relatos, libros y objetos.
En 1911 emprendió un viaje hacia Asia esperando encontrar de algún modo aquel Oriente imaginado. La experiencia fue decepcionante. El calor, la suciedad, las relaciones coloniales y las sociedades reales que encontró chocaban con la India espiritual construida durante su juventud. Años después reconocería que aquel viaje había sido mucho menos importante para su pensamiento que las lecturas asiáticas que lo acompañaban desde niño.
Eso ayuda a situar correctamente Siddharta. El libro utiliza conceptos procedentes del hinduismo y del budismo, pero no pretende funcionar como exposición fiel de una religión determinada. Conforme avanzó en su composición, Hesse incorporó también ideas relacionadas con Lao-Tsé y el taoísmo. Detrás de todas ellas permanecía además un escritor europeo formado inicialmente dentro del cristianismo y profundamente marcado por la psicología y por la crisis cultural posterior a la Primera Guerra Mundial.
La India de la novela es, por tanto, un espacio espiritual y literario. Hesse la utiliza para apartar a su personaje del mundo europeo contemporáneo y plantear una pregunta que pertenece tanto a Oriente como a Occidente: si las religiones, filosofías y maestros pueden transmitir conocimientos, ¿qué parte de una vida debe aprenderse necesariamente viviéndola?
Reducir Siddharta a «novela budista» oculta precisamente aquello que la hace singular. Siddharta escucha al Buda y continúa; vive como un samana y continúa; prueba la riqueza y continúa. La obra no termina proclamando cuál de esos caminos era correcto, sino mostrando que ninguno podía ser sustituido por otro.
De novela alemana a libro de la contracultura
Siddhartha: Eine indische Dichtung apareció en Berlín en 1922. Hesse tenía entonces cuarenta y cinco años y ya era un escritor conocido, pero la extraordinaria difusión internacional que hoy asociamos con algunas de sus novelas llegaría mucho más tarde. En 1946 recibió el Premio Nobel de Literatura por una obra en la que la búsqueda de autenticidad, espiritualidad y equilibrio aparecía una y otra vez como problema central.
En el mundo anglosajón ocurrió algo peculiar. La novela se publicó en Estados Unidos en 1951 sin provocar inicialmente una conmoción comparable a la que llegaría después. Durante los años sesenta, sin embargo, una generación de lectores comenzó a descubrir masivamente a Hesse. Su desconfianza frente a las convenciones sociales, su defensa del camino individual y su interés por religiones asiáticas encajaron de manera extraordinaria en la contracultura.
Siddharta se convirtió entonces en algo que su autor difícilmente habría podido planificar en 1922: un libro de iniciación para jóvenes occidentales que cuestionaban el materialismo, las instituciones religiosas heredadas y la autoridad de una sociedad que consideraban incapaz de ofrecer respuestas satisfactorias. Hesse, que había escrito una búsqueda íntima surgida en parte de su propia crisis, terminó convertido décadas después en compañero de viaje de una crisis generacional completamente distinta.
Esta recepción tiene también una ironía. La novela que insiste en que nadie puede recibir de otro una sabiduría terminada acabó siendo recomendada durante décadas precisamente como un libro capaz de cambiar vidas. Tal vez su supervivencia se deba a que el texto se resiste a ejercer de manual: no dice al lector qué camino seguir, sino que cuenta lo que sucede cuando alguien intenta seguirlos todos.
Nuestro Siddharta, número 38 de Club Bruguera
El volumen conservado en Librería5 pertenece a Club Bruguera, una colección lanzada por la editorial barcelonesa en 1980 con la intención de reunir cien obras de literatura universal en una biblioteca doméstica de formato compacto. Los títulos aparecían semanalmente y la presentación en tapa dura buscaba precisamente que el conjunto pudiera conservarse como colección estable en los hogares.
Siddharta ocupa el número 38. La portada adopta el diseño uniforme de la serie: fondo gris, recuadro central de tono beige, número superior y tipografía de gran tamaño. Frente a tantas ediciones posteriores que han llenado las cubiertas de Budas, lotos, ríos y paisajes asiáticos, Bruguera optó por una presentación casi completamente tipográfica. El diseño está acreditado a Soulé-Spagnuolo.
La página legal identifica esta copia como «1.ª edición en Club: septiembre, 1980» y acredita la traducción a M.ª Montserrat Martí Brugueras. También indica que esa traducción databa de 1968. El volumen conserva además al comienzo la dedicatoria «A mi esposa Ninón».
Los créditos señalan ISBN 84-02-07444-8, depósito legal B. 26.145-1980 e impresión en los Talleres Gráficos de Editorial Bruguera de Parets del Vallès, Barcelona. Los catálogos bibliotecarios localizados describen esta edición con 175 páginas y aproximadamente 18 × 11 centímetros, medidas coherentes con el formato compacto que caracterizaba a la colección.
- Título
- Siddharta
- Autor
- Hermann Hesse
- Título original
- Siddhartha
- Primera publicación
- S. Fischer Verlag, Berlín, 1922
- Editorial
- Editorial Bruguera, S. A.
- Colección
- Club Bruguera
- Número de colección
- 38
- Edición del ejemplar
- 1.ª edición en Club, septiembre de 1980
- Traducción
- M.ª Montserrat Martí Brugueras
- Fecha indicada para la traducción
- 1968
- Diseño de cubierta
- Soulé-Spagnuolo
- ISBN
- 84-02-07444-8
- Depósito legal
- B. 26.145-1980
- Extensión
- 175 páginas según catálogos bibliotecarios consultados
- Impresión
- Talleres Gráficos de Editorial Bruguera, Parets del Vallès (Barcelona), 1980
- Encuadernación
- Tapa dura
El recorrido completo de Siddharta tiene algo paradójico. Empieza rodeado de maestros y termina junto a un hombre que apenas habla. Aprende oraciones, técnicas de meditación, disciplina ascética, comercio, erotismo y paternidad, pero su comprensión decisiva llega cuando deja de buscar una nueva enseñanza y aprende simplemente a escuchar el río.
Quizá por eso la novela continúa funcionando un siglo después. No promete que exista un atajo hacia la sabiduría. Más bien afirma lo contrario: incluso aquello que finalmente comprendemos puede necesitar primero años de errores, deseos, pérdidas y caminos aparentemente equivocados. Hesse tardó más de dos años en descubrir cómo terminar esa historia. Siddharta necesita una vida entera.
Fuentes utilizadas para contextualizar la obra
- Cambridge University Press — Adrian Hsia, estudio sobre la composición de Siddhartha, la interrupción del manuscrito, Jung y la influencia posterior de Lao-Tsé.
- Hermann-Hesse.de — viaje asiático de 1911, relación familiar de Hesse con India y evolución de su pensamiento oriental.
- Museo Hermann Hesse Montagnola — cronología biográfica de los años de creación y publicación de Siddhartha.
- Encyclopedia.com — personajes, estructura, temas, relación entre Siddharta y Gotama y recepción de la obra en Estados Unidos.
- Nobel Prize — biografía de Hermann Hesse y Premio Nobel de Literatura de 1946.
- El País, 16 de enero de 1980 — lanzamiento de Club Bruguera y características originales de la colección.
- Biblioteca de la Universidad Surcolombiana — registro bibliográfico de la edición de Club Bruguera número 38, 1980.