El último emperador, título original The Last Emperor, es un drama histórico y biográfico dirigido por Bernardo Bertolucci y protagonizado por John Lone, Joan Chen y Peter O’Toole.
La película recorre la extraordinaria vida de Puyi, el último emperador de China: desde su entrada en la Ciudad Prohibida siendo todavía un niño hasta su conversión, muchas décadas después, en un ciudadano corriente de la República Popular China.
Entre esos dos extremos, Puyi presencia la caída de la dinastía Qing, el nacimiento de la República de China, su expulsión de la Ciudad Prohibida, la ocupación japonesa de Manchuria, la Segunda Guerra Mundial, el cautiverio soviético y su reeducación en una prisión para criminales de guerra.
Bertolucci construye una gran producción histórica, pero sitúa en su centro a un hombre educado para considerarse divino que nunca llega a controlar realmente su propia vida. Puyi ocupa el trono, pero permanece prisionero de palacios, cortesanos, gobiernos, ejércitos y sistemas políticos que deciden continuamente por él.
Ficha técnica
Título: El último emperador
Título original: The Last Emperor
Dirección: Bernardo Bertolucci
Guion: Mark Peploe y Bernardo Bertolucci
Producción: Jeremy Thomas
Productora principal: Recorded Picture Company
Distribución cinematográfica: Columbia Pictures
Año: 1987
Países: China, Italia, Reino Unido y Francia
Idioma principal: Inglés
Género: Drama histórico, biografía y cine épico
Fotografía: Vittorio Storaro
Montaje: Gabriella Cristiani
Diseño de producción: Ferdinando Scarfiotti
Vestuario: James Acheson
Dirección artística: Maria Teresa Barbasso, Gianni Giovagnoni y Gianni Silvestri
Música: Ryuichi Sakamoto, David Byrne y Cong Su
Duración cinematográfica: 163 minutos aproximadamente
Versión televisiva ampliada: 218 minutos aproximadamente
Reparto principal
- John Lone como Puyi adulto.
- Joan Chen como Wanrong, emperatriz de China.
- Peter O’Toole como Reginald Johnston.
- Richard Vuu como Puyi a los tres años.
- Tijger Tsou como Puyi durante la infancia.
- Wu Tao como Puyi durante la adolescencia.
- Ying Ruocheng como el gobernador de la prisión.
- Victor Wong como Chen Pao Shen.
- Dennis Dun como Big Li.
- Wu Jun Mei como Wenxiu.
- Ryuichi Sakamoto como Masahiko Amakasu.
- Maggie Han como Eastern Jewel.
- Ric Young como el interrogador.
- Cary-Hiroyuki Tagawa como Chang.
- Lisa Lu como la emperatriz viuda Cixi.
Nueve premios Óscar
El último emperador fue nominada en nueve categorías de los premios Óscar de 1988 y ganó las nueve. Fue una de las victorias más completas de la historia de estos galardones.
- Mejor película — Jeremy Thomas.
- Mejor dirección — Bernardo Bertolucci.
- Mejor guion adaptado — Mark Peploe y Bernardo Bertolucci.
- Mejor fotografía — Vittorio Storaro.
- Mejor montaje — Gabriella Cristiani.
- Mejor dirección artística — Ferdinando Scarfiotti, Bruno Cesari y Osvaldo Desideri.
- Mejor diseño de vestuario — James Acheson.
- Mejor sonido — Bill Rowe e Ivan Sharrock.
- Mejor banda sonora original — Ryuichi Sakamoto, David Byrne y Cong Su.
Sinopsis
La película comienza en 1950. Puyi llega a China como prisionero de guerra después de haber permanecido bajo custodia soviética. Convencido de que será ejecutado, intenta suicidarse en los lavabos de la estación.
Mientras los guardias tratan de salvarlo, la narración retrocede hasta 1908. El pequeño Puyi es separado de su madre y conducido a la Ciudad Prohibida, donde es proclamado emperador de la dinastía Qing.
Miles de sirvientes, funcionarios y eunucos se inclinan ante él. El niño recibe un poder ceremonial casi ilimitado dentro del recinto, pero no puede atravesar sus puertas ni regresar con su familia.
En 1912 se proclama la República y Puyi abdica. A pesar de haber perdido el poder político, continúa viviendo como emperador dentro de la Ciudad Prohibida, aislado de la transformación que se está produciendo en el resto del país.
Durante su adolescencia recibe la educación de Reginald Johnston, tutor escocés que le enseña inglés y le muestra elementos de la cultura occidental. Johnston se convierte en una de las pocas personas que habla con él sin aceptar completamente el ritual imperial.
Puyi se casa con Wanrong y toma también como segunda esposa a Wenxiu. Los jóvenes intentan introducir costumbres modernas dentro de una corte dominada por los eunucos, la tradición y las intrigas.
En 1924, las tropas de Feng Yuxiang lo expulsan de la Ciudad Prohibida. Puyi descubre entonces que su condición imperial no le proporciona un lugar estable en la nueva China.
Instalado en Tianjin, adopta una vida occidentalizada mientras busca la posibilidad de recuperar algún día el trono. Japón aprovecha esa ambición y lo convierte primero en jefe y después en emperador de Manchukuo, el Estado creado en la Manchuria ocupada.
Puyi acepta el título creyendo que podrá gobernar y restaurar la dinastía. En realidad, las autoridades militares japonesas controlan todas las decisiones importantes y utilizan su figura para proporcionar una apariencia de legitimidad a la ocupación.
La vida personal del emperador también se derrumba. Wenxiu lo abandona y Wanrong cae progresivamente en la adicción, el aislamiento y la enfermedad. La corte de Manchukuo reproduce el esplendor exterior del imperio, pero carece de verdadera soberanía.
Tras la derrota japonesa en 1945, Puyi intenta huir y es capturado por las fuerzas soviéticas. Posteriormente es entregado a la República Popular China e internado en un centro de reeducación para criminales de guerra.
Allí debe aprender a realizar por sí mismo las tareas más sencillas, reconstruir su participación en Manchukuo y admitir que su pasividad tuvo consecuencias para otras personas.
Liberado después de varios años, deja de ser emperador, prisionero o símbolo político. Trabaja como jardinero y vive como un ciudadano más en una China completamente distinta de la que había conocido durante su infancia.
Un emperador sin poder
La gran paradoja de Puyi es que recibe el tratamiento de un dios cuando todavía es incapaz de comprender qué significa gobernar. Todos obedecen sus caprichos, pero otras personas deciden dónde vive, qué debe aprender, con quién se casa y qué papel político representará.
La Ciudad Prohibida funciona simultáneamente como palacio y cárcel. El niño puede dar órdenes a cientos de sirvientes, pero no puede cruzar la puerta para seguir a su madre.
Esa contradicción continúa durante toda su vida. Japón lo proclama emperador de Manchukuo, pero sus ministros responden ante los ocupantes. La dignidad imperial sobrevive como escenografía cuando el poder real ya se encuentra en otras manos.
Bertolucci no presenta a Puyi únicamente como víctima. Su educación explica su dependencia y su incapacidad para comprender a los demás, pero no elimina su responsabilidad por haber colaborado con el régimen japonés.
Historia individual e historia de China
La vida de Puyi permite recorrer algunas de las grandes transformaciones políticas de China durante el siglo XX: el final de la monarquía, la república, la época de los señores de la guerra, la expansión japonesa, la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento de la República Popular.
El personaje no dirige esos procesos. Casi siempre llega tarde a ellos y trata de conservar una identidad que ya ha perdido su función histórica.
La película cuenta la historia desde espacios cerrados. Puyi observa la revolución desde detrás de los muros, la ocupación desde un palacio y la victoria comunista desde una prisión. El mundo exterior aparece como una fuerza que termina atravesando todas las puertas.
La Ciudad Prohibida
La producción obtuvo una autorización excepcional para rodar en la Ciudad Prohibida de Pekín. Sus patios, salones, escalinatas y puertas no funcionan como un simple decorado, sino como parte esencial del relato.
La inmensidad de los espacios subraya la pequeñez del niño colocado en el centro de la ceremonia. Las grandes concentraciones de figurantes expresan el peso de una institución milenaria construida alrededor de una persona que apenas comprende lo que sucede.
Cuando Puyi regresa al recinto al final de su vida, la antigua residencia imperial se ha convertido en un museo. El lugar permanece, pero el sistema de significados que lo rodeaba ha desaparecido.
Reginald Johnston
El tutor escocés interpretado por Peter O’Toole introduce a Puyi en la cultura occidental y le ofrece una visión del mundo exterior.
Johnston comprende que su alumno necesita educación y autonomía, aunque también participa en la fascinación europea por la corte imperial. Su relación con Puyi combina afecto, paternalismo y conciencia de estar presenciando el final de una época.
El tutor no consigue liberar al emperador de su posición, pero le permite imaginar por primera vez una identidad distinta de la que los cortesanos han construido para él.
Wanrong
Joan Chen interpreta a la emperatriz Wanrong como una mujer atrapada dentro de una institución que tampoco le permite decidir sobre su propia vida.
La aparente modernidad de la pareja en Tianjin no elimina la falta de libertad. En Manchukuo, Wanrong queda cada vez más aislada mientras Puyi se concentra en la fantasía de recuperar su poder.
Su deterioro muestra el coste humano de una corte dedicada a conservar las apariencias. La emperatriz posee título, vestidos y sirvientes, pero carece de capacidad real para protegerse.
La reeducación
En la prisión, Puyi debe abandonar la representación imperial y reconocer que no sabe vestirse, atarse los zapatos ni cuidar de sí mismo sin ayuda.
El gobernador no acepta que se presente únicamente como instrumento de los japoneses. Le exige comprender que la ausencia de decisión también puede convertirse en una forma de colaboración.
Esta parte de la película puede leerse como proceso de humanización, pero también como representación del poder del nuevo Estado para reconstruir la identidad del prisionero.
Puyi pasa de ser educado para considerarse superior a todos los demás a aprender que su vida debe ser evaluada según las consecuencias de sus actos.
La fotografía de Vittorio Storaro
Vittorio Storaro utiliza el color para diferenciar las etapas de la vida de Puyi. Los tonos cálidos y dorados dominan la infancia imperial; otras fases introducen verdes, azules y sombras cada vez más frías.
La composición alterna el espectáculo monumental con el aislamiento. Puyi puede aparecer rodeado por miles de personas y continuar siendo el personaje más solo de la imagen.
El trabajo de cámara evita que la reconstrucción histórica se convierta en una colección inmóvil de decorados. Los desplazamientos por patios, corredores y salones transmiten la sensación de una maquinaria ceremonial en funcionamiento.
La música
La banda sonora fue compuesta por Ryuichi Sakamoto, David Byrne y Cong Su. Los tres obtuvieron conjuntamente el Óscar a la mejor música original.
La partitura combina recursos orquestales occidentales con instrumentos, timbres y estructuras vinculados con la tradición musical china.
La música acompaña el esplendor visual, pero introduce también melancolía. Incluso las ceremonias más grandiosas parecen anunciar la desaparición del mundo que celebran.
Las dos versiones
El montaje cinematográfico dura aproximadamente 163 minutos y fue la versión estrenada en salas y premiada con nueve Óscar.
Existe además una versión de 218 minutos preparada originalmente para su emisión televisiva en cuatro episodios. Durante años fue comercializada incorrectamente como «montaje del director».
Bernardo Bertolucci aclaró que consideraba definitiva la versión cinematográfica. La edición aquí catalogada, con una duración declarada de 163 minutos, corresponde por tanto al montaje principal de la película.
Análisis
El último emperador combina dos escalas aparentemente opuestas. Es una superproducción llena de palacios, ejércitos, ceremonias y transformaciones históricas, pero también el estudio íntimo de una persona incapaz de construir una identidad independiente.
Puyi no pierde únicamente un trono. Pierde sucesivamente todas las definiciones que otros habían creado para él: Hijo del Cielo, emperador sin imperio, soberano de Manchukuo, prisionero de guerra y criminal rehabilitado.
La película pregunta qué queda de una persona cuando desaparecen los símbolos que organizaban su existencia. La respuesta final es humilde: queda un ciudadano que trabaja, recuerda y visita como turista el lugar donde fue tratado como una divinidad.
El relato también estudia la responsabilidad de quienes aceptan representar un poder que no controlan. Puyi puede alegar que fue utilizado, pero su colaboración proporcionó legitimidad simbólica a la ocupación japonesa.
Bertolucci evita una condena completamente simple. El protagonista fue manipulado desde la infancia y careció de una educación emocional normal, pero también tomó decisiones motivadas por la ambición de recuperar el trono.
John Lone sostiene esa contradicción mediante una interpretación contenida. Su Puyi adulto conserva los modales de quien fue educado para no mostrar vulnerabilidad, incluso cuando comprende que su poder siempre fue una representación.
El resultado es una epopeya sobre la caída de un sistema político y, al mismo tiempo, sobre la lenta aparición de un individuo debajo de todos sus títulos.
Valoración
El último emperador es una de las grandes producciones históricas del cine europeo de los años ochenta.
Su espectacularidad visual está sostenida por la fotografía de Vittorio Storaro, el diseño de Ferdinando Scarfiotti, el vestuario de James Acheson y una utilización excepcional de la Ciudad Prohibida.
John Lone ofrece una interpretación compleja de Puyi, mientras Joan Chen aporta una dimensión trágica a Wanrong y Peter O’Toole representa con elegancia la relación entre el emperador y el mundo occidental.
La película simplifica algunos acontecimientos y contempla la historia china desde la sensibilidad de un director europeo. No obstante, posee la inteligencia de presentar a Puyi como figura contradictoria, no como héroe ni como simple monstruo.
Su duración exige atención, pero permite contemplar una vida entera atravesada por algunos de los mayores cambios políticos del siglo XX.
Resulta especialmente recomendable para aficionados al cine histórico, las biografías políticas, la historia de China, la fotografía cinematográfica y las grandes producciones de Bernardo Bertolucci.
Datos de esta edición
Colección: Cine europeo
Número de colección: 1
Publicación: El País
Edición: Diario El País, S. L.
Licencia: Cameo Media, S. L.
Año de esta edición: 2005
Soporte: DVD vídeo
Imagen: Color
Idiomas de audio: Inglés y castellano
Duración indicada: 163 minutos aproximadamente
Versión incluida: Montaje cinematográfico
Año de la película: 1987
Nacionalidades indicadas: China, Italia, Reino Unido y Francia
Calificación: Para todos los públicos
Número de expediente: 84.360
Depósito legal: M-33157-2005
Modalidad: Edición de quiosco asociada al diario El País
Observaciones: La duración impresa coincide con el metraje cinematográfico. Algunas ediciones europeas en sistema PAL presentan una duración efectiva cercana a 156 minutos debido a la aceleración de reproducción; conviene medir el disco para determinar si los 163 minutos corresponden al metraje real o a la duración cinematográfica de referencia.
Contenidos adicionales
La información aportada no permite identificar documentales, entrevistas, audiocomentarios, tráileres ni otros contenidos adicionales. Conviene comprobar el menú del DVD antes de catalogar la edición como carente de extras.
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