El médico de Lhasa — T. Lobsang Rampa

Sale de Lhasa para estudiar medicina, aprende a pilotar aviones, asegura ver enfermedades en el aura, participa en misiones de guerra, relata una civilización antigravitatoria desaparecida, soporta campos japoneses y termina escapando gracias al caos provocado por la bomba de Hiroshima.

El médico de Lhasa es difícil de resumir porque T. Lobsang Rampa parece empeñado en introducir varias vidas dentro de un solo libro. Lo que comienza como la continuación de El tercer ojo se transforma sucesivamente en relato de formación, aventura aeronáutica, memorias médicas, tratado de clarividencia, cosmogonía fantástica y narración de guerra.

Y todo ello fue presentado por el autor como absolutamente verdadero. Ahí reside la segunda vida del libro: sabemos que el supuesto lama tibetano era Cyril Henry Hoskin, un inglés de Devon que nunca había vivido en el Tíbet. Nuestro ejemplar añade incluso un prólogo especial para España en el que Rampa afronta la acusación directamente y, lejos de retroceder, insiste en la veracidad de cuanto escribió.

El médico de Lhasa de T. Lobsang Rampa, Destinolibro 13
Ejemplar de El médico de Lhasa conservado en Librería5, Destinolibro nº 13.

La continuación de El tercer ojo

Doctor from Lhasa apareció originalmente en 1959, tres años después del enorme éxito de The Third Eye. El nuevo libro retoma al mismo personaje exactamente cuando abandona el mundo que había dado fama al primero.

Rampa sostiene que sus superiores tibetanos han decidido que ha aprendido cuanto podía aprender en su país. Su siguiente misión exige entrar en contacto con la ciencia occidental y estudiar medicina y cirugía en Chungking.

La despedida contiene una de las imágenes más eficaces del libro. Al alejarse de Lhasa contempla por última vez una cometa sobre los tejados dorados del Potala. La cometa permanece unida a tierra por un hilo; él siente que se aleja de la misma manera, unido todavía a su país por el recuerdo.

El título del primer capítulo resume perfectamente la situación: «Hacia lo desconocido».

Cuando el lama descubre el mundo moderno

El choque cultural permite a Rampa construir algunas de las escenas más entretenidas de la primera mitad.

La tecnología moderna aparece contemplada desde la mirada de alguien que, según el relato, procede de un Tíbet casi aislado. Motores, electricidad, hospitales y máquinas producen una mezcla de fascinación y desconfianza.

Ese procedimiento tiene una ventaja narrativa: permite volver extraordinario aquello que para un lector occidental de 1959 ya resultaba cotidiano.

Un automóvil puede parecer una criatura monstruosa. Un campo magnético se convierte en algo visible. Y un avión termina siendo casi una revelación.

La medicina según Rampa

En Chungking el protagonista comienza su formación médica.

El libro describe disecciones, cadáveres, estudios anatómicos y la vida en un centro de enseñanza. El tono puede pasar en unas líneas de la observación humorística a la descripción macabra.

Pero Rampa no tarda en fusionar la medicina occidental con sus supuestas capacidades tibetanas.

Afirma que puede ver el aura que rodea a las personas y que los cambios en sus colores permitirían conocer el estado de salud antes incluso de que una enfermedad se manifestara plenamente.

Dentro de la narración, sus profesores descubren además que puede observar campos magnéticos y eléctricos que normalmente serían invisibles.

Rampa imagina así una medicina híbrida: anatomía, cirugía y electricidad occidentales combinadas con clarividencia, aura y facultades psíquicas tibetanas.

Llega incluso a plantear la futura creación de una máquina que permita ver el aura y diagnosticar enfermedades a través de ella.

Las afirmaciones de Rampa sobre el diagnóstico mediante auras pertenecen a su sistema esotérico y carecen de reconocimiento científico o médico. Forman parte del contenido del libro, no de una técnica sanitaria válida.

Entonces aparece un avión

El capítulo dedicado al vuelo cambia otra vez el género del libro.

Rampa describe su fascinación por las primeras aeronaves que contempla. Aquel aparato ruidoso que cae del cielo como una criatura monstruosa termina despertando una obsesión inmediata.

Quiere volar.

Y según su relato, lo consigue con extraordinaria rapidez.

Después de sus primeras experiencias acaba aprendiendo formalmente y reúne dos oficios aparentemente muy distantes: médico y piloto.

La conexión resulta importante porque más adelante permitirá convertir el avión en una ambulancia improvisada para acceder a heridos aislados por la guerra.

Volando con el cuerpo y sin él

Ni siquiera la aviación queda fuera de la metafísica de Rampa.

Cuando descubre el placer de planear con el motor parado lo compara inmediatamente con el viaje astral.

Para él existe una continuidad natural entre ambas experiencias.

El avión permite que el cuerpo físico se eleve. El viaje astral permitiría que una parte espiritual abandonase temporalmente ese mismo cuerpo y recorriera grandes distancias unida a él por el llamado «cordón de plata».

Rampa insiste en que esa capacidad no sería excepcional: todos los humanos podrían desarrollarla.

De nuevo encontramos la fórmula que dominará su obra: una experiencia tecnológica moderna se utiliza como analogía para hacer plausible una afirmación paranormal.

La muerte no sería la muerte

El capítulo El otro lado de la muerte introduce otro de los grandes temas rampianos.

El protagonista relata experiencias relacionadas con la muerte de su maestro, el lama Mingyar Dondup, y sostiene que la conciencia continúa existiendo después de abandonar el cuerpo.

Su visión del más allá es peculiarmente optimista.

No habría una condenación eterna ni un infierno irreversible. La muerte sería, en esencia, una transición hacia otra forma de existencia y cada individuo tendría nuevas oportunidades para continuar su evolución.

La doctrina mezcla ideas de reencarnación, evolución espiritual y espiritismo occidental mucho más que una presentación rigurosa del budismo tibetano.

Clarividencia con instrucciones incluidas

Rampa dedica después un capítulo completo a la clarividencia.

Habla del aura, de la percepción a distancia y del uso de cristales como herramientas para concentrar la atención.

El libro deja entonces de ser simplemente autobiografía y adopta durante varias páginas un tono casi instructivo.

Eso será una constante en su producción posterior: una aventura personal sirve de excusa para insertar un pequeño manual esotérico.

El médico se convierte en piloto de guerra

La situación política china empieza mientras tanto a empeorar.

El avance japonés transforma hospitales y ciudades. Rampa describe bombardeos, refugiados, heridos y una medicina cada vez más precaria.

Su doble condición de médico y piloto adquiere entonces utilidad narrativa.

En «Vuelo de misericordia» participa en operaciones destinadas a atender heridos en lugares difíciles de alcanzar. Hay vuelos sobre posiciones enemigas, aviones abatidos y cirugía realizada con recursos mínimos.

La obra deja atrás la aventura espiritual tranquila y entra plenamente en la guerra.

Y de repente, una civilización de gigantes

Cuando el lector cree haber entendido qué clase de libro tiene entre las manos llega el capítulo «Cuando el mundo era muy joven».

Es probablemente la parte más extraordinaria de toda la obra.

Rampa afirma conocer una historia remotísima de la Tierra conservada en antiguos registros tibetanos.

Según esa narración, nuestro planeta habría sido muy diferente: estaría más cerca del Sol, giraría de otra manera y tendría cerca otro mundo semejante.

Sobre la Tierra viviría además una raza de seres gigantescos y extraordinariamente inteligentes que habría enseñado conocimientos avanzados a los humanos.

Esos seres poseerían vehículos metálicos capaces de atravesar el cielo.

Hasta aquí estamos ya en terreno de ciencia ficción.

Rampa continúa.

La Luna habría nacido de una catástrofe

Los seres superiores terminan enfrentándose entre ellos y desencadenan una catástrofe planetaria.

Otro planeta se aproxima a la Tierra.

Hay terremotos, gigantescas mareas, alteraciones orbitales y continentes destruidos. Según el relato, la catástrofe habría cambiado incluso el movimiento aparente del Sol.

Y aparece una de las afirmaciones más espectaculares del libro: la Luna sería una consecuencia de aquella colisión cósmica.

El Tíbet, por su parte, habría sido anteriormente una región mucho más baja y habría terminado elevado miles de metros por las convulsiones geológicas.

En unas pocas páginas Rampa combina el Diluvio universal, civilizaciones perdidas, gigantes, naves voladoras, catástrofes planetarias, el origen de la Luna y el nacimiento geológico del Tíbet.

El autor no lo presenta como ficción.

Afirma que ese conocimiento procedería de inscripciones y archivos secretos conservados durante milenios.

Antigravedad antes de la historia

La humanidad vuelve a desarrollarse después de la catástrofe.

Según Rampa, una civilización posterior habría alcanzado nuevamente un nivel científico extraordinario.

Sus vehículos se moverían por el aire sin alas y podrían permanecer inmóviles gracias al dominio de la antigravedad. Grandes bloques de piedra serían desplazados mediante pequeños dispositivos.

Después sucede lo inevitable en la cosmología de Rampa: el conocimiento se utiliza para fabricar armas.

Las sociedades se enfrentan, desarrollan armas cada vez más destructivas y vuelven a provocar otra catástrofe global.

Un pequeño grupo de sacerdotes decide entonces conservar el conocimiento grabándolo sobre placas metálicas y escondiéndolo en lugares seguros.

Uno de esos depósitos estaría, naturalmente, en el Tíbet.

Esta parte del libro anticipa muchos elementos que décadas después resultarían familiares en la cultura de los «antiguos astronautas» y de las civilizaciones tecnológicas desaparecidas.

Del Tibet fantástico a la guerra real

El contraste resulta brutal.

Después de explicar la destrucción de civilizaciones prehistóricas mediante armas avanzadas, Rampa vuelve a la guerra del siglo XX.

Es capturado por soldados japoneses.

Desde ese momento una parte considerable del libro se convierte en relato de cautiverio.

Interrogatorios, palizas, hambre, trabajos forzados, fusilamientos y torturas ocupan numerosas páginas.

Rampa presenta su disciplina tibetana y su capacidad de control mental como aquello que le permite resistir.

La violencia del libro resulta extrema

Estas páginas son muy distintas de la imagen amable que suele asociarse con cierta literatura espiritual.

Hay cuerpos mutilados, civiles muertos por bombardeos, amputaciones, ejecuciones y torturas descritas con gran crudeza.

También aparece una hostilidad prácticamente absoluta hacia los japoneses.

Eso exige una lectura crítica. El libro adopta el punto de vista de un supuesto superviviente de guerra y utiliza generalizaciones étnicas y nacionales que no deben convertirse en descripción histórica objetiva.

Y existe además un problema todavía mayor: sabemos que Cyril Hoskin no vivió personalmente la biografía que atribuye a Lobsang Rampa.

Cómo respirar en un campo de prisioneros

Incluso después de cientos de páginas de aventuras Rampa encuentra espacio para interrumpir la acción y enseñar técnicas respiratorias.

El capítulo décimo está dedicado expresamente a ello.

Explica ejercicios de control de la respiración que, según él, permitirían dominar mejor el cuerpo y soportar el dolor.

La afirmación llega muy lejos.

Rampa sostiene que durante el cautiverio combinaba respiración e hipnosis para poder realizar operaciones e incluso amputaciones cuando no había anestésicos disponibles.

Esta afirmación no constituye consejo médico y no debe reproducirse como procedimiento sanitario. Las técnicas de respiración e hipnosis no sustituyen la anestesia necesaria para una intervención quirúrgica.

Como documento literario, sin embargo, la escena resume perfectamente la lógica del personaje: cualquier situación extrema termina demostrando la utilidad práctica de los conocimientos secretos del Tíbet.

El último capítulo se llama «La bomba»

El desenlace resulta casi imposible de superar.

Rampa afirma haber terminado prisionero en Japón, en una instalación situada cerca de Hiroshima.

Después de nuevas torturas es condenado aparentemente a muerte. Los soldados disparan, pero descubre después que las municiones han sido preparadas para herirlo sin matarlo: pretenden continuar interrogándolo.

Enferma gravemente.

Y entonces llega el 6 de agosto de 1945.

Hiroshima como mecanismo de fuga

El protagonista oye aviones.

La tierra tiembla.

Los guardias entran en pánico.

Rampa identifica posteriormente el fenómeno como la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima.

Dentro del relato, la destrucción de la ciudad produce paradójicamente su oportunidad de escapar.

Los guardianes abandonan sus puestos y el prisionero, enfermo y casi incapaz de mantenerse en pie, consigue salir.

Se cubre con prendas japonesas, avanza hasta la costa y encuentra una pequeña embarcación.

Corta la amarra y se deja llevar mar adentro.

No tiene agua.

No tiene alimentos, salvo restos de pescado podrido.

No sabe dónde acabará.

Y ahí termina el libro.

El hombre que comenzó la historia despidiéndose de Lhasa bajo una cometa termina flotando solo en el mar de Japón mientras detrás de él acaba de entrar en la historia la era atómica.

El prólogo español: Rampa contra todos

Nuestro ejemplar contiene un elemento especialmente interesante: un prólogo escrito expresamente para la edición española.

Rampa comienza explicando que sus libros se han publicado en numerosos países pero que, según él, ningún editor ni periódico le había permitido hasta entonces exponer adecuadamente su versión de la controversia sobre su identidad.

Acusa a la prensa británica de haber organizado un ataque contra su persona y de haberlo convertido en blanco de una campaña.

Después agradece al editor español de El médico de Lhasa que le permita defenderse.

Y no adopta ninguna posición conciliadora.

Insiste en que cuanto ha escrito es verdad y afirma poseer realmente las capacidades paranormales descritas en sus libros.

Ese prólogo convierte la edición española en un documento directo de la reacción de Rampa después de que su historia hubiera sido públicamente cuestionada.

La historia detrás del supuesto lama

La controversia había empezado después del éxito de El tercer ojo.

Investigadores y especialistas en el Tíbet observaron numerosos problemas en el relato.

Finalmente una investigación privada identificó al autor como Cyril Henry Hoskin, nacido en Plympton, Devon, en 1910.

Hoskin no había vivido en el Tíbet.

La revelación parecía suficiente para terminar con Lobsang Rampa.

No ocurrió.

Hoskin sostuvo que su cuerpo era efectivamente inglés, pero que el espíritu del verdadero lama tibetano T. Lobsang Rampa había pasado a ocuparlo.

Y continuó escribiendo.

Lo extraordinario no es únicamente que Rampa fuera desenmascarado. Es que convirtió el propio desenmascaramiento en un nuevo capítulo de su cosmología.

Un libro que cambia completamente al saber quién lo escribió

Leído sin conocer la historia de Hoskin, El médico de Lhasa pretende ser una autobiografía extraordinaria.

Leído después de conocerla se transforma.

La cuestión deja de ser si realmente sucedieron todas aquellas aventuras.

Empieza a resultar más interesante preguntarse cómo un escritor inglés consiguió construir una vida ficticia tan desmesurada y mantenerla durante décadas como una verdad personal.

La medicina, los aviones, las auras, la guerra chino-japonesa, las torturas, las civilizaciones antediluvianas y Hiroshima quedan integrados dentro de una biografía imposible pero extraordinariamente coherente consigo misma.

Rampa nunca escribe como alguien que esté dudando.

Ésa fue probablemente una de las grandes fuerzas de su literatura.

El ejemplar conservado en Librería5

Título
El médico de Lhasa
Autor
T. Lobsang Rampa
Identidad del escritor
Cyril Henry Hoskin
Título original
Doctor from Lhasa
Primera publicación original
1959
Traducción
Rafael Vázquez Zamora
Editorial
Ediciones Destino
Primera edición española
Julio de 1964
Colección
Destinolibro, nº 13
Primera edición en Destinolibro
Febrero de 1975
Segunda edición en Destinolibro
Febrero de 1977
Edición de nuestro ejemplar
Tercera edición en Destinolibro, enero de 1979
Depósito legal
B. 364-1979
ISBN
84-233-0876-6
Impresión y encuadernación
Printer Industria Gráfica, Sant Vicenç dels Horts, Barcelona

Qué es realmente El médico de Lhasa

Puede calificarse de falso testimonio autobiográfico. Puede leerse como literatura esotérica. Puede verse como aventura fantástica disfrazada de memoria.

Probablemente sea las tres cosas al mismo tiempo.

Lo seguro es que resulta difícil encontrar otro libro capaz de pasar con semejante naturalidad de una clase de anatomía a un vuelo militar, de una conversación sobre la muerte a una civilización antigravitatoria, y de unas instrucciones respiratorias a la bomba de Hiroshima.

Rampa mezcla todos esos elementos porque dentro de su universo no pertenecen a categorías distintas.

La medicina y la clarividencia serían dos formas de observar el cuerpo.

El avión y el viaje astral serían dos formas de volar.

La ciencia moderna y el conocimiento de civilizaciones perdidas serían distintos niveles de una misma tecnología.

La muerte sería únicamente un cambio de plano.

Y la propia identidad humana podría pasar de un cuerpo a otro.

Por eso descubrir que el lama era un inglés no destruyó necesariamente el mundo de Rampa para sus seguidores.

El sistema ya contenía una explicación para algo tan improbable como aquello.

Fuentes utilizadas para contextualizar la obra