El Tercer Mundo — Jean-Yves Calvez

Un libro de 1989 que preguntaba si el Tercer Mundo seguía existiendo justo cuando desaparecía el mundo que había dado sentido al término

Portada de El Tercer Mundo de Jean-Yves Calvez, Ediciones Mensajero, 1992
Portada del ejemplar conservado en Librería5. El subtítulo resume la ambición del libro: Todo un mundo dentro del mundo. Aspectos sociales, políticos, internacionales.

La edición francesa de este libro está catalogada en septiembre de 1989. Dos meses después cayó el Muro de Berlín. La coincidencia es extraordinaria porque Jean-Yves Calvez dedicaba buena parte de su análisis a una pregunta construida dentro del mundo bipolar de la Guerra Fría: ¿seguía existiendo realmente un «Tercer Mundo» con intereses suficientemente comunes para actuar como tal?

Su respuesta era sí, pero con una observación que hoy resulta todavía más interesante: el orden bipolar había dado fuerza política a ese tercer espacio y un mundo más multipolar podía permitirle desarrollar con mayor autonomía su propia diversidad. Cuando la traducción española apareció en Bilbao en 1992, la Unión Soviética ya había desaparecido. El lector tenía entre las manos un libro concebido en un mundo que acababa de dejar de existir.

«Tercer Mundo» nunca quiso decir simplemente «países pobres»

El término nació el 14 de agosto de 1952. El demógrafo francés Alfred Sauvy publicó en L'Observateur el artículo «Trois mondes, une planète» y tomó como referencia el Tercer Estado de la Revolución francesa: aquella enorme parte de la sociedad que quedaba fuera de los dos órdenes privilegiados y que reclamaba ser algo políticamente. Su tercer mundo era el inmenso conjunto de países que quedaba oscurecido por la confrontación entre Occidente y el bloque comunista.

Primer eje Estados Unidos y el bloque occidental.
Segundo eje Unión Soviética y bloque socialista.

El «tercero» no era originalmente una clasificación por puestos de riqueza. Era también una posición respecto de esos dos grandes centros de poder.

La descolonización dio a la idea una realidad política que una simple expresión periodística no podía tener por sí sola. En Bandung, en abril de 1955, representantes de 29 Estados asiáticos y africanos discutieron soberanía, colonialismo, desarrollo y la posibilidad de no quedar absorbidos por la confrontación Este-Oeste. Seis años después, en Belgrado, 25 países constituyeron formalmente el Movimiento de Países No Alineados.

El Tercer Mundo no nació porque alguien ordenara los países del más rico al más pobre. Nació dentro de una determinada geometría del poder mundial.

Eso explica el extraño problema que Calvez tenía delante en 1989. Si aquella geometría empezaba a romperse, ¿qué quedaba del concepto?

El libro llegó en el peor —o el mejor— momento posible

El catálogo de Ritimo fecha la edición original francesa en septiembre de 1989. El 9 de noviembre se abrió el Muro de Berlín. En 1990 Alemania volvió a unificarse. Y el 26 de diciembre de 1991 la Unión Soviética dejó de existir.

  • 1952: Alfred Sauvy acuña «Tercer Mundo» dentro del enfrentamiento entre dos grandes bloques.
  • 1955: Conferencia afroasiática de Bandung.
  • 1961: nacimiento formal del Movimiento de Países No Alineados en Belgrado.
  • Septiembre de 1989: aparece en Francia Tiers monde... un monde dans le monde.
  • 9 de noviembre de 1989: apertura del Muro de Berlín.
  • Diciembre de 1991: desaparición de la URSS.
  • 1992: Ediciones Mensajero publica la versión española que conservamos.

Hay libros que envejecen porque sus datos quedan anticuados. Éste sufrió algo más radical: cambió el sistema internacional con el que organizaba una parte esencial de sus preguntas.

Y, sin embargo, precisamente por eso resulta interesante leerlo ahora.

El resumen documental de la edición francesa atribuye a Calvez una conclusión muy concreta: la bipolaridad había favorecido la influencia internacional del Tercer Mundo, porque los dos grandes bloques necesitaban cortejar, presionar o atraer a los países situados fuera de ellos; pero un orden multipolar más equilibrado podía permitir a esas sociedades seguir con mayor libertad sus propias tendencias.

Calvez publicó un libro sobre el Tercer Mundo en el instante histórico en que el Segundo Mundo estaba a punto de desaparecer.

El problema central no era la pobreza

La contraportada de nuestro ejemplar empieza con una negación deliberada: los problemas del Tercer Mundo «no son solamente económicos».

Eso marca la estructura intelectual del libro.

Calvez no intenta reducir decenas de países a indicadores de renta. Estudia sociedades «tradicionales» sometidas a transformaciones rápidas, Estados recién consolidados o todavía frágiles, dificultades para construir democracias, partidos únicos, debilidad de la sociedad civil, cambios en la familia y la educación, asociaciones, relaciones internacionales y organismos como Naciones Unidas y la CNUCED.

La ficha francesa de Ritimo describe además la obra como una monografía abundantemente apoyada en estadísticas y cifra entre sus materias las relaciones Norte-Sur, la solidaridad internacional, el desarrollo, la geopolítica y las organizaciones internacionales.

La propia catalogación española de Hegoa resulta reveladora: junto a colonialismo, industrialización, política, Estado o demografía aparecen también mujer, sociología, cultura, ONU y relaciones Norte-Sur.

El lenguaje de 1989 debe leerse históricamente. Expresiones como «sociedades tradicionales», «países subdesarrollados» o incluso «Tercer Mundo» formaban parte del vocabulario habitual de las ciencias sociales y de la cooperación internacional de la época. Algunas continúan utilizándose en contextos concretos; otras han sido sustituidas o discutidas por categorías como «países en desarrollo» o «Sur Global».

Un solo término intentaba contener realidades incompatibles

Ésta era ya una dificultad en tiempos de Calvez y se hizo todavía más evidente después.

Bajo la etiqueta «Tercer Mundo» podían convivir Estados petroleros extraordinariamente ricos, países sometidos a hambrunas, economías asiáticas en industrialización acelerada, gigantes demográficos, pequeñas islas, repúblicas latinoamericanas, monarquías, dictaduras militares y Estados de partido único.

¿Qué podían tener realmente en común?

Calvez no responde convirtiendo la pobreza en la única característica compartida. Lo que busca son experiencias históricas, posiciones internacionales, problemas de construcción estatal e intereses colectivos que expliquen por qué esa inmensa variedad pudo actuar en ocasiones como un bloque.

La cuestión adquiere particular importancia en Naciones Unidas. Países muy diferentes podían coordinarse porque frente a las potencias industrializadas compartían demandas sobre comercio, materias primas, deuda, desarrollo, soberanía económica o el orden jurídico internacional.

Una investigación jurídica española de 1993 citaba precisamente este libro al estudiar cómo las aspiraciones de muchos Estados en desarrollo podían entrar en conflicto con los intereses de una minoría de Estados industrializados durante la creación de nuevas reglas internacionales, entre ellas las relativas al Derecho del Mar.

El «Tercer Mundo» podía ser poco coherente sociológicamente y, sin embargo, actuar de forma relativamente coherente en determinados escenarios diplomáticos.

Del Tercer Mundo al Norte y el Sur

La propia edición española contiene una señal del cambio de lenguaje.

El título conserva El Tercer Mundo, pero la colección de Ediciones Mensajero se llama Solidaridad Norte-Sur.

Son dos mapas conceptuales distintos.

Tercer Mundo Nace dentro del orden bipolar de la Guerra Fría y adquiere una dimensión política mediante la descolonización y el no alineamiento.
Norte-Sur Coloca en primer plano la desigualdad económica, el desarrollo, los flujos de riqueza y la interdependencia entre países ricos y pobres.

La transición entre ambos lenguajes estaba ocurriendo delante de los propios lectores. En 1988, por ejemplo, Madrid acogió una Conferencia Europea sobre Interdependencia y Solidaridad Norte-Sur en la que políticos, organismos internacionales y ONG discutieron deuda, comercio, desarrollo y la imposibilidad de separar el futuro de los países ricos del de los países pobres.

Mensajero convirtió después Solidaridad Norte-Sur en una colección reconocible. En ella aparecieron libros sobre problemas del Tercer Mundo, África, cooperación, diálogo de culturas, ecología, derecho, demografía y subdesarrollo. Años más tarde la serie alcanzaría al menos el número 13.

Nuestro ejemplar está, por tanto, en un punto de transición extraordinariamente visible: el viejo concepto geopolítico permanece en el título mientras la colección ya adopta el eje Norte-Sur.

Hoy decimos «Sur Global», pero el problema de fondo no ha desaparecido

Después de la Guerra Fría, la vieja clasificación en Primer, Segundo y Tercer Mundo perdió buena parte de su lógica original. Si ya no existía un Segundo Mundo soviético comparable al bloque de décadas anteriores, llamar «tercero» a todo lo demás resultaba cada vez más extraño.

El vocabulario fue cambiando. «Países en desarrollo» se hizo habitual en la diplomacia multilateral y, especialmente en las últimas décadas, «Sur Global» ha ganado enorme presencia en política y relaciones internacionales.

Pero el nuevo nombre tampoco crea una realidad homogénea. La propia UNCTAD ha señalado que el Sur Global funciona como una denominación colectiva para economías y sociedades enormemente diversas y que su uso político se ha disparado especialmente desde 2023.

Ésta es quizá una de las razones por las que el libro de Calvez conserva interés.

Su pregunta era:

¿Existe realmente algo que podamos llamar Tercer Mundo?

La pregunta contemporánea podría formularse casi igual:

¿Existe realmente algo suficientemente coherente para llamarlo Sur Global?

Cambian las palabras. Persiste el problema de decidir cuándo una enorme diversidad de sociedades puede considerarse un actor político común.

Jean-Yves Calvez llevaba décadas pensando este problema

Este libro no fue una incursión ocasional de su autor en la geopolítica.

Los registros académicos franceses conservan materiales docentes de Calvez sobre países en vías de desarrollo y sobre los aspectos políticos, sociales e internacionales del Tercer Mundo desde mucho antes de 1989: aparece ya un curso sobre países en desarrollo en 1964, y después materiales específicos sobre el Tercer Mundo en 1985, 1987 y 1989.

Calvez tenía además una trayectoria intelectual poco corriente.

Nacido en Saint-Brieuc en 1927, ingresó muy joven en la Compañía de Jesús y publicó con apenas 29 años La pensée de Karl Marx, que se convirtió en una de sus obras más conocidas. Enseñó en Sciences Po y dedicó buena parte de su trabajo a Marx, la política, la economía, el desarrollo y la doctrina social católica.

Entre 1971 y 1983 fue asistente general y uno de los colaboradores más próximos de Pedro Arrupe, superior general de los jesuitas en unos años en que la Compañía hizo de la relación entre fe y justicia una cuestión central de su misión. Después dirigió el CERAS y, justamente desde 1989, la revista Études.

Calvez podía leer el Tercer Mundo simultáneamente desde Marx, la ciencia política, la experiencia internacional y una tradición católica que estaba convirtiendo desarrollo y justicia social en problemas centrales.

La contraportada española resume esa trayectoria con bastante precisión al destacar tanto su conocido estudio sobre Karl Marx como su colaboración con Arrupe.

Un libro divulgativo, pero no una simplificación escolar

El original francés apareció en 1989 en la colección Portes ouvertes de Les Éditions Ouvrières. Los catálogos bibliográficos registran 199 páginas, formato de 22 centímetros e ISBN 2-7082-2587-1. Su propósito era claramente divulgativo: explicar las estructuras sociales y políticas del mundo en desarrollo y su papel internacional a estudiantes, docentes y lectores interesados en las relaciones Norte-Sur.

La traducción de Mensajero redujo considerablemente el volumen material. Una bibliografía selectiva institucional española registra 158 páginas y llegó a recomendarlo dentro de la categoría de lecturas para enseñanza secundaria.

Hay aquí, sin embargo, una pequeña discrepancia bibliográfica. Hegoa y esa bibliografía institucional indican 158 páginas, mientras algunos catálogos comerciales contabilizan 160. Como ocurre a menudo, la diferencia puede proceder de páginas finales no numeradas o simplemente de distintos criterios de catalogación; sin comprobar el último folio del ejemplar no merece la pena fabricar una certeza.

Contraportada de El Tercer Mundo de Jean-Yves Calvez, colección Solidaridad Norte-Sur de Ediciones Mensajero
La contraportada plantea directamente la cuestión decisiva: «si todavía existe el tercer mundo». En 1992, cuando apareció esta edición española, la pregunta había adquirido un significado que la edición francesa de 1989 apenas podía prever.

La edición de Librería5

La página legal del ejemplar conservado en Librería5 atribuye los derechos originales a Les Éditions Ouvrières, París y la edición española a Ediciones Mensajero, con sede en Bilbao.

Constan el ISBN 84-271-1771-X, depósito legal BI-252-1992, fotocomposición de Cuadratín, S. L., en Bilbao, e impresión de Aldecoa, S. L., en Burgos.

El código EAN impreso en la contracubierta corresponde al ISBN-13 978-84-271-1771-6.

Autor
Jean-Yves Calvez
Título
El Tercer Mundo
Subtítulo
Todo un mundo dentro del mundo. Aspectos sociales, políticos, internacionales
Título original
Tiers monde... un monde dans le monde: aspects sociaux, politiques, internationaux
Edición original
Les Éditions Ouvrières, París, 1989
Colección original
Portes ouvertes
Editorial española
Ediciones Mensajero
Lugar
Bilbao
Año
1992
Colección
Solidaridad Norte-Sur
ISBN
84-271-1771-X
ISBN-13
978-84-271-1771-6
Depósito legal
BI-252-1992
Fotocomposición
Cuadratín, S. L., Bilbao
Impresión
Aldecoa, S. L., Burgos
Paginación catalogada
158 páginas en registros institucionales; algunos catálogos comerciales indican 160

Los datos de editorial española, ISBN, depósito legal, fotocomposición e imprenta proceden directamente de la página legal del ejemplar. La información de la edición francesa y la discrepancia de paginación se ha contrastado con registros bibliográficos externos.

Lo que envejeció fue el mapa, no la pregunta

En 1989 Calvez defendía que todavía podía hablarse de Tercer Mundo. En 1992 la edición española repitió la afirmación cuando uno de los dos polos que había dado origen al concepto ya había desaparecido.

Desde entonces el vocabulario ha cambiado varias veces.

Pero siguen existiendo coaliciones de países que reclaman mayor capacidad de decisión en instituciones construidas durante una época dominada por otras potencias. Siguen existiendo tensiones entre comercio y desarrollo, soberanía y dependencia, deuda y autonomía, mercados globales y Estados nacionales. Y seguimos intentando encontrar una palabra capaz de agrupar realidades que van desde gigantes económicos hasta algunos de los países más pobres del planeta.

«Tercer Mundo» ya no cumple esa función como lo hacía durante la Guerra Fría. «Sur Global» intenta ocupar parte de su espacio sin resolver del todo el problema.

El libro ha envejecido de una manera especialmente útil: obliga a observar cómo una categoría que parecía describir el mundo puede quedar desarmada cuando cambia el propio mundo.

Y hay una última ironía. Calvez terminaba mirando hacia una mayor multipolaridad como posible escenario para que los países del antiguo Tercer Mundo desarrollasen con más autonomía sus propias tendencias. Treinta y siete años después, la discusión internacional vuelve una y otra vez sobre multipolaridad, Sur Global y redistribución del poder mundial.

No demuestra que Calvez hubiese predicho nuestro presente. Demuestra algo más interesante: que la pregunta que formuló sobrevivió al nombre con el que intentó responderla.