La edición de 1,05 euros que llamó «censura» al precio de los libros
En 2001 alguien decidió publicar Fahrenheit 451 por 1,05 euros y explicar dentro del propio libro por qué. La página de créditos sostiene que el precio de los libros puede convertirse también en una forma de censura y declara que un libro debe tratarse como «artículo de primera necesidad» y no como instrumento de negocio. Resulta difícil imaginar una edición cuya manera de circular dialogue de forma más extraña con la novela que contiene: Bradbury escribió sobre una sociedad que deja de leer antes incluso de que los bomberos empiecen a quemar los libros.
Un Fahrenheit 451 por 1,05 euros
La contraportada del ejemplar conservado en Librería5 no contiene una sinopsis, una frase de un crítico ni una fotografía de Ray Bradbury.
Contiene tres datos:
Fahrenheit 451 · Colaboración económica: 1,05 € · Nº 338
Y debajo aparece el emblema de Voz de los Sin Voz.
No estamos ante el precio rebajado de un ejemplar usado. La propia organización mantuvo después una página dedicada a Fahrenheit 451 donde ofrecía el libro exactamente por esa «colaboración económica» de 1,05 euros.
La explicación se encuentra en la página legal de nuestra copia. Después de identificar al Movimiento Cultural Cristiano, la Librería DERSA y el depósito legal de 2001, aparece un pequeño manifiesto editorial:
«Frente a la censura que suponen los precios de los libros [...] El libro sigue siendo artículo de primera necesidad en la cultura de los pueblos y debe ser tratado como tal y no como instrumento de negocio».
La frase no es un añadido ocasional reservado a Bradbury. Forma parte de la concepción de Ediciones Voz de los Sin Voz, proyecto impulsado por el Movimiento Cultural Cristiano, organización de apostolado seglar católico nacida en España en los años ochenta y vinculada a una tradición anterior de cultura obrera y edición militante.
Su modelo editorial se declara expresamente sin ánimo de lucro: la organización sostiene que impresores, diseñadores, autores y distribuidores colaboran gratuitamente y que las publicaciones se financian mediante el trabajo de sus militantes y las aportaciones de suscriptores y lectores.
Los bomberos no son el principio del problema
La imagen universal de Fahrenheit 451 es sencilla: en algún futuro, los libros están prohibidos y los bomberos ya no apagan incendios. Los provocan.
Guy Montag es uno de ellos. Quema bibliotecas clandestinas y lleva con orgullo el uniforme de una institución cuya misión consiste en impedir que sobrevivan libros capaces de perturbar la tranquilidad de la sociedad.
La aparición de Clarisse McClellan, una muchacha que camina, observa, pregunta y parece disfrutar de actividades que su mundo considera anormales, introduce la primera grieta. Después llega una escena mucho más brutal: una mujer anciana prefiere permanecer dentro de su casa y morir con sus libros antes que abandonarlos.
Montag empieza entonces a hacerse una pregunta elemental: ¿qué puede haber dentro de un libro para que una persona decida morir junto a él?
Pero la explicación que da el jefe de bomberos, Beatty, vuelve la novela bastante más incómoda que una simple historia sobre un Gobierno que prohíbe la lectura.
Según Beatty, los libros empezaron a desaparecer antes de que fuera necesario quemarlos. La sociedad aceleró su ritmo, redujo los textos, sustituyó la reflexión por entretenimiento inmediato y descubrió además que las ideas complejas incomodaban, diferenciaban a las personas y podían ofender a distintos grupos.
Finalmente, casi nadie necesitaba prohibir aquello que la mayoría ya no quería leer.
La propia guía de lectura de la National Endowment for the Arts plantea expresamente esa cuestión al recordar que, dentro de la novela, los bomberos apenas son necesarios después de que el público haya dejado de leer por iniciativa propia.
¿Bradbury escribió sobre censura o sobre televisión?
Las dos respuestas suelen presentarse como si fueran incompatibles.
No lo son.
Cuando Bradbury reconstruyó años después el nacimiento de la novela recordó con claridad el clima político de comienzos de los cincuenta. Mientras desarrollaba The Fireman, Joseph McCarthy estaba en plena campaña contra supuestas infiltraciones comunistas y el escritor mencionó las presiones sobre bibliotecas y las investigaciones a guionistas.
Ese contexto importa. Fahrenheit 451 apareció en 1953, en una sociedad estadounidense donde la censura, las listas negras, la investigación ideológica y el miedo a determinados libros no eran fantasías futuristas.
Pero Bradbury insistió posteriormente en otro aspecto que muchas lecturas habían dejado en segundo plano: la televisión, la saturación de información trivial y la pérdida voluntaria del hábito de leer.
La Biblioteca del Congreso resume esa interpretación señalando que, para Bradbury, la televisión reducía el conocimiento a fragmentos y destruía el interés por la lectura.
La fuerza de la novela está precisamente en que ambas cosas pueden encontrarse.
Una sociedad que ha perdido el interés por los libros necesita mucho menos esfuerzo para aceptar que alguien termine quemándolos.
La televisión de pared no era solo decorado futurista
La esposa de Montag, Mildred, vive prácticamente dentro de sus pantallas. Las paredes de la casa forman un entorno audiovisual continuo cuyos personajes son presentados como una especie de «familia».
En 1953 aquello era una exageración de ciencia ficción. La televisión doméstica todavía era un medio joven y sus aparatos distaban mucho de las pantallas gigantes que Bradbury imaginaba ocupando paredes enteras.
Pero lo que preocupa al escritor no es principalmente el tamaño del aparato.
Es la sustitución.
Conversación por emisión. Silencio por ruido. Experiencia por estímulo. Reflexión por sucesiones de datos breves. La población dispone de cantidades enormes de contenido, pero cada vez tiene menos espacio mental para permanecer ante una idea durante el tiempo suficiente para discutirla.
Por eso reducir Fahrenheit 451 a «un libro contra la censura» deja fuera parte del mecanismo que hace posible su mundo.
Los libros no desaparecen únicamente porque alguien los odie.
También pueden desaparecer porque dejen de competir con éxito por nuestra atención.
Y entonces ocurrió la ironía perfecta: censuraron Fahrenheit 451
La historia editorial de la novela produjo décadas después un episodio que parece escrito por Bradbury.
En 1967, Ballantine creó una edición destinada al mercado escolar estadounidense, la llamada edición Bal-Hi.
Los editores realizaron más de cien modificaciones respecto del texto original: palabras y expresiones fueron eliminadas o sustituidas para facilitar la aceptación del libro por los centros educativos.
Bradbury sabía que existía una edición escolar, pero la investigación bibliográfica del Center for Ray Bradbury Studies concluye que aquellas alteraciones se realizaron sin su intervención.
La historia empeoró.
Algunas ediciones comerciales empezaron accidentalmente a imprimirse utilizando el texto expurgado. Entre abril de 1976 y noviembre de 1977, según la reconstrucción bibliográfica de Indiana University, las copias impresas en Estados Unidos utilizaron ese texto censurado sin anunciarlo.
La anomalía salió a la luz cuando estudiantes y profesores compararon sus ejemplares con versiones anteriores y preguntaron al propio Bradbury por las diferencias.
Bradbury respondió incorporando posteriormente una Coda en la que atacaba ese tipo de manipulación editorial.
Pocas historias bibliográficas encajan con tanta precisión dentro del argumento del libro al que pertenecen.
Fahrenheit 451 nació dentro de una biblioteca
Hay otra contradicción material mucho más feliz.
Bradbury escribió la primera gran versión de la historia rodeado de libros.
En casa tenía una hija pequeña y demasiadas distracciones para trabajar. Encontró entonces en el sótano de la Powell Library de UCLA una sala con máquinas de escribir que podían alquilarse por diez centavos cada media hora.
Llegó con una bolsa de monedas.
Durante nueve días gastó 9,80 dólares escribiendo la novela corta The Fireman, mientras subía continuamente a las plantas de la biblioteca para buscar libros, citas e ideas y después regresaba a la máquina.
El propio Bradbury bromeó después diciendo que aquello había convertido literalmente su historia en una dime novel: una «novela de diez centavos».
The Fireman apareció en el número de febrero de 1951 de la revista Galaxy Science Fiction. Bradbury desarrolló posteriormente el texto hasta convertirlo en una novela de unas 50.000 palabras, publicada por Ballantine Books en 1953.
- 1951: The Fireman aparece en Galaxy Science Fiction.
- 1953: Ballantine publica Fahrenheit 451 como libro.
- 1954: Playboy publica la novela por entregas en marzo, abril y mayo.
- 1967: comienza a circular la edición escolar Bal-Hi con más de cien alteraciones.
- 2001: el ejemplar conservado en Librería5 se imprime en Madrid dentro del proyecto Voz de los Sin Voz.
No, Fahrenheit 451 no apareció primero en Playboy
Este detalle merece señalarse porque incluso la página de Voz de los Sin Voz dedicada al libro reproduce una versión incorrecta de su historia editorial: afirma que la novela apareció inicialmente en Playboy porque ningún editor se atrevía a publicarla.
Bradbury sí tuvo dificultades para conseguir una publicación periódica durante el clima político del macartismo.
Pero la cronología documental es clara.
Ballantine Books publicó el libro en 1953.
La revista de Hugh Hefner lo serializó después, en sus números de marzo, abril y mayo de 1954.
Playboy fue importante para ampliar la difusión de la obra, pero no fue su primera publicación.
Es precisamente el tipo de pequeña leyenda que se perpetúa cuando una historia llamativa sustituye a la comprobación bibliográfica.
¿De dónde salió exactamente el número 451?
Bradbury también explicó personalmente este episodio.
Cuando todavía buscaba un título para la historia quiso saber a qué temperatura ardía el papel de los libros. Preguntó primero en departamentos universitarios y finalmente llamó al Los Angeles Fire Department.
Según su recuerdo, un jefe de bomberos consultó el dato y regresó con la respuesta:
451 grados Fahrenheit.
Bradbury comprendió inmediatamente que había encontrado el título.
No conviene convertir por ello el número en una constante física universal. La temperatura de ignición del papel depende de su composición, espesor y condiciones de calentamiento. Lo documentalmente interesante es otra cosa: Bradbury no inventó conscientemente una cifra literaria; adoptó el dato que le proporcionó un bombero de Los Ángeles.
Una edición muy extraña dentro de la historia española del libro
El ejemplar de Librería5 se aparta bastante de las ediciones comerciales habituales de Fahrenheit 451.
La cubierta diseñada por Maricel Monté de la Torre prescinde de llamas, bomberos, libros incendiados y cualquier imagen futurista. Solo aparecen el título, un punto negro, el nombre de Bradbury y una línea horizontal.
La contracubierta repite la misma austeridad.
La página legal fija un depósito legal M-24753-2001, identifica al Movimiento Cultural Cristiano, la Librería DERSA de Madrid y la página solidaridad.net, pero en las páginas examinadas no figura ISBN ni se acredita traductor.
Ese último dato impide atribuir responsablemente el texto castellano a una traducción concreta.
En España han circulado, entre otras, las versiones de Francisco Abelenda, asociada históricamente a Minotauro, y Alfredo Crespo, difundida por Plaza & Janés y otras editoriales. Un estudio académico incluso ha comparado ambas traducciones. Pero nuestro ejemplar no identifica a ninguno de ellos y, sin cotejar el texto, no hay base suficiente para decidir qué versión utilizó Voz de los Sin Voz.
Dato que no podemos afirmar: quién realizó esa traducción o qué edición española anterior sirvió como texto de partida.
Ficha del ejemplar conservado en Librería5
- Autor
- Ray Bradbury
- Título
- Fahrenheit 451
- Proyecto editorial
- Voz de los Sin Voz
- Responsable indicado
- Movimiento Cultural Cristiano
- Librería
- Librería DERSA, Madrid
- Año
- 2001, según depósito legal
- Depósito legal
- M-24753-2001
- Número
- 338
- Colaboración económica
- 1,05 €
- Diseño de cubiertas
- Maricel Monté de la Torre
- ISBN
- No figura en las páginas examinadas
- Traducción
- No acreditada en las páginas examinadas
- Dirección indicada
- Avda. Monforte de Lemos, 162, 28029 Madrid
Precio, número, depósito legal, responsable de impresión, Librería DERSA, diseño de cubierta y declaración editorial proceden directamente del ejemplar conservado en Librería5. La propia web del proyecto confirma que esta edición de Fahrenheit 451 se ofrecía mediante una colaboración económica de 1,05 euros.
No hace falta quemar todos los libros
La edición de 2001 eligió una formulación muy concreta: el precio puede actuar como censura cuando impide que un libro llegue a quien quiere leerlo.
Bradbury planteó un mecanismo diferente.
Una sociedad puede conservar imprentas, pantallas, comunicaciones y cantidades inmensas de información y, sin embargo, ir perdiendo lentamente la disposición a leer algo que requiera silencio, esfuerzo, contradicción o tiempo.
Después puede llegar el poder y completar el trabajo.
Por eso la imagen de los bomberos es tan poderosa pero también puede engañarnos. El fuego es la última fase visible de una historia que empezó mucho antes.
En 1953 Bradbury imaginó un mundo donde los libros terminaban ardiendo.
En 2001, una pequeña edición madrileña decidió responder a su manera: imprimir uno, numerarlo como 338 y ponerlo en circulación por 1,05 euros.
- Solidaridad.net: ficha histórica de esta edición de Fahrenheit 451 y colaboración económica de 1,05 euros.
- Movimiento Cultural Cristiano: historia y modelo editorial de Voz de los Sin Voz.
- National Endowment for the Arts: guía, argumento y contexto de Fahrenheit 451.
- UCLA: Ray Bradbury reconstruye el nacimiento de The Fireman, las máquinas de escribir de la biblioteca, McCarthy y el origen del título.
- Ray Bradbury Center, Indiana University: cronología de The Fireman y Fahrenheit 451.
- Fahrenheit 451: A Descriptive Bibliography: primeras ediciones, serialización en Playboy y episodio de la edición censurada Bal-Hi.
- Library of Congress: Bradbury, televisión, lectura y las distintas interpretaciones de la novela.
- Robert Szymyslik, estudio académico de las traducciones castellanas de Francisco Abelenda y Alfredo Crespo.