La novela de espías que dejó un juego real a los Boy Scouts y un nombre a la geopolítica
En 1908 Robert Baden-Powell puso veinte o treinta objetos sobre una bandeja, dejó que unos muchachos los observaran durante un minuto, los tapó y les pidió que recordaran cuantos pudieran. Llamó al ejercicio «Kim's Game». No se lo había inventado: había sacado la idea de una escena de Kim, donde Rudyard Kipling convierte un juego de memoria con piedras preciosas en entrenamiento para un futuro espía. La novela ya había conseguido otra cosa extraña: hacer famosa la expresión «The Great Game» para la lucha secreta entre los imperios británico y ruso en Asia Central.
El juego de Kim salió del libro
En el capítulo IX, Kim pasa una temporada en Simla bajo la tutela de Lurgan Sahib, comerciante de joyas, maestro del disfraz y colaborador de los servicios de inteligencia británicos.
Uno de los ejercicios parece inocente. Sobre una bandeja se colocan quince piedras. Kim puede mirarlas durante un breve tiempo. Después se cubren y debe describirlas de memoria.
Un muchacho hindú que trabaja con Lurgan lo derrota sin dificultad: no recuerda simplemente que había piedras azules, verdes y rojas, sino tamaños, defectos, perforaciones e inscripciones.
Lurgan explica el secreto sin recurrir a ninguna capacidad sobrenatural:
Se aprende haciéndolo muchas veces hasta hacerlo perfectamente.
Durante los días siguientes el ejercicio cambia. Unas veces son piedras; otras, espadas, dagas o fotografías. Después Kim debe observar visitantes, recordar conversaciones, detectar detalles del aspecto de cada persona y deducir qué buscaban realmente.
La memoria visual solo es el primer escalón. Lurgan está enseñándole a mirar con intención.
Siete años después de publicarse la novela, Baden-Powell incorporó explícitamente la escena a Scouting for Boys. Primero resumió la historia de Kim como ejemplo de las capacidades que debía adquirir un explorador. Después convirtió la prueba de las joyas en un juego reproducible por cualquier patrulla: objetos cotidianos, una bandeja, un minuto de observación y memoria.
La edición estadounidense del Boy Scout Handbook de 1911 volvería a incluirlo. Para entonces, el «juego de Kim» ya había abandonado la novela.
¿Quién es Kim? Esa es realmente la pregunta del libro
Kipling presenta a su protagonista sentado sobre Zam-Zammah, el gran cañón que domina la entrada del museo de Lahore. La imagen está calculada: un muchacho aparentemente integrado en la vida callejera india ocupa físicamente un trofeo de conquista.
Kimball O'Hara es hijo de europeos, pero ha quedado huérfano y se ha criado prácticamente en el bazar. Habla las lenguas locales con naturalidad, conoce las costumbres de quienes lo rodean, come con ellos, se disfraza con facilidad y evita a los misioneros y funcionarios blancos que podrían devolverlo al mundo al que, por nacimiento, se supone que pertenece.
En Lahore lo llaman «el pequeño amigo de todo el mundo».
La condición que después lo convertirá en un agente excepcional está ahí desde el principio: Kim puede atravesar fronteras que para los demás parecen rígidas.
Su entrenamiento como espía no crea esa capacidad. La administración británica descubre que puede utilizarla.
Dos viajes recorren la novela al mismo tiempo
La trama comienza cuando Kim conoce a un anciano lama tibetano que busca el legendario Río de la Flecha, cuyas aguas deberían liberarlo de la Rueda de las Cosas.
Kim se convierte en su chela, su discípulo, y juntos emprenden camino.
El lama viaja buscando liberación espiritual.
Kim, casi sin darse cuenta, está entrando en una segunda red de caminos. El comerciante afgano de caballos Mahbub Ali, amigo suyo desde antes del comienzo de la historia, trabaja también como informador británico. Kim lleva para él un mensaje secreto. Después aparecen el coronel Creighton, Lurgan Sahib y el formidable Hurree Chunder Mookherjee, Hurree Babu.
La peregrinación y el espionaje empiezan a superponerse.
La gran carretera que recorren, la Grand Trunk Road, permite a Kipling hacer algo más que trasladar personajes. Por ella pasan peregrinos, comerciantes, soldados, campesinos, artesanos, mujeres protegidas tras cortinas, funcionarios, animales y vehículos. Kipling la convierte en una especie de corriente humana que atraviesa el norte de la India.
Ahí se encuentra buena parte de la fuerza de la novela: el argumento de espionaje avanza dentro de una sucesión de encuentros, voces, lenguas, religiones y clases sociales que interesan a Kipling tanto como la intriga.
El Gran Juego existía antes de Kipling, pero Kim le dio su nombre moderno
La rivalidad entre Gran Bretaña y Rusia en Asia Central era anterior en muchas décadas a la novela.
El oficial británico Arthur Conolly utilizó en 1840 la expresión «great game» en correspondencia relacionada con Asia Central. Pero el historiador Seymour Becker ha mostrado que durante buena parte del siglo XIX la fórmula estaba lejos de ser la etiqueta general y universal que hoy parece.
Eso cambió con Kim.
Kipling utilizó repetidamente «The Great Game» para describir el mundo de exploradores, mapas, agentes, identidades falsas e información secreta que rodea al protagonista. La expresión salió del libro con tanta fuerza que terminó convirtiéndose en el nombre habitual de la rivalidad anglo-rusa en Asia Central.
Incluso los historiadores posteriores comenzaron a describir retrospectivamente como «Gran Juego» acontecimientos ocurridos décadas antes de la novela.
Es una pequeña victoria de la literatura sobre la terminología histórica: Kipling no inventó la expresión, pero ayudó decisivamente a decidir qué terminaría significando.
El espionaje de Kim tiene mucho que ver con mapas y conocimiento
Los agentes de Kim no trabajan únicamente con pistolas y mensajes cifrados.
Creighton es simultáneamente oficial y etnólogo. Mahbub Ali utiliza sus viajes comerciales para reunir información. Hurree Babu adopta papeles distintos según la situación. El servicio secreto aparece conectado con mediciones, mapas, observación de poblaciones y conocimiento de lenguas y costumbres.
Eso refleja una realidad importante del imperio británico en la India: gobernar y cartografiar estaban profundamente relacionados. Conocer caminos, pasos de montaña, fronteras, lenguas, grupos humanos y lealtades políticas tenía valor militar.
Kim resulta tan útil precisamente porque posee un tipo de conocimiento que los funcionarios coloniales no pueden obtener fácilmente desde sus despachos.
Puede confundirse con la multitud.
Y esa capacidad plantea una de las contradicciones centrales del libro: para servir al poder colonial tiene que ser capaz de dejar de parecer un representante de ese poder.
Una novela profundamente enamorada de India y profundamente imperial
Esta tensión explica por qué Kim sigue produciendo lecturas tan enfrentadas.
Sería muy difícil sostener que Kipling observa la India con indiferencia. La novela está llena de curiosidad por las lenguas, los oficios, los caminos, las religiones, la comida, los mercados y la vida cotidiana. Algunos de sus pasajes más memorables no hacen avanzar apenas la intriga: simplemente contemplan cómo despierta una carretera o cómo una multitud se organiza alrededor de un viaje.
Pero toda esa fascinación ocurre dentro de una estructura política que la novela prácticamente da por sentada: la India está gobernada por los británicos y Kim termina poniéndose al servicio de su aparato de inteligencia.
Edward Said utilizó precisamente Kim para explicar por qué una gran obra literaria no deja de ser imperial por ser compleja, afectuosa o estéticamente poderosa.
Su lectura resulta útil porque evita una elección demasiado cómoda.
Las dos realidades están entrelazadas. La enorme libertad con la que Kim recorre India es también la cualidad que permite al Imperio convertirlo en instrumento de vigilancia.
La novela disfruta de la diversidad de aquel mundo mientras el Gran Juego intenta clasificarlo, medirlo y controlarlo.
Kim empezó a escribirse muchos años antes de publicarse
La historia editorial del original también fue larga.
La Kipling Society sitúa el comienzo del trabajo de Kipling sobre Kim en 1892. El escritor retomó el proyecto durante años y terminó el manuscrito principal en 1900.
Después comenzó una doble publicación por entregas:
- Diciembre de 1900 - octubre de 1901: serialización estadounidense en McClure's Magazine.
- Enero - noviembre de 1901: serialización británica en Cassell's Magazine.
- 1 de octubre de 1901: primera edición en libro, Doubleday, Page & Co., Nueva York.
- 17 de octubre de 1901: primera edición británica, Macmillan & Co., Londres.
Fue la última de las cuatro novelas de Kipling y apareció seis años antes de que el escritor recibiera el Premio Nobel de Literatura de 1907.
La traducción de nuestro ejemplar no nació en 1975
La página legal del ejemplar conservado en Librería5 contiene una pista muy interesante.
Dice:
«Primera edición en Popular Planeta: diciembre de 1975».
Pero unas líneas más abajo aparecen dos ISBN:
- 84-320-2119-9, correspondiente a esta edición de Popular Planeta;
- 84-320-1405-2, seguido de la indicación «primera publicación».
El segundo número permite identificar una edición anterior de Planeta: Kim había aparecido en 1973 dentro de la colección Infinito, también en traducción de Juan I. Cruselles.
Por tanto, «primera edición» significa aquí primera edición dentro de Popular Planeta, no primera aparición de esta traducción ni primera edición de Planeta.
La historia de la versión castellana es todavía más antigua.
La Biblioteca Nacional de España registra ejemplares de Kim traducidos por Juan I. Cruselles —con algunas variaciones catalográficas en la grafía del apellido— desde comienzos de la década de 1940. Hay un registro de La Nave fechado en 1941, seguido por otras ediciones posteriores antes de que Planeta reutilizara la traducción.
La contraportada simplifica una identidad que la novela complica
Hay un pequeño detalle curioso en el propio ejemplar.
La contraportada presenta a Kim como:
«un golfillo huérfano, hijo de padres ingleses».
Es una simplificación discutible.
Kipling describe a su padre como Kimball O'Hara, antiguo sargento de color de un regimiento irlandés, y más adelante dice expresamente que la madre de Kim también era irlandesa.
El propio narrador utiliza en el comienzo de la novela la palabra «English» para situar a Kim dentro del mundo blanco y británico de la India colonial, pero su ascendencia familiar es irlandesa.
Y esa diferencia no es completamente trivial. Kim ocupa desde la primera página un lugar extraño dentro de las jerarquías imperiales: es europeo y pobre, británico y culturalmente indio, sahib por clasificación y muchacho del bazar por experiencia.
Una cubierta de 1975 que vende inmediatamente «India»
La página de créditos atribuye la cubierta a Hans Romberg y la fotografía a Salmer.
La imagen elegida presenta a un muchacho con turbante tocando un instrumento ante una serpiente. No hemos identificado esa fotografía como ilustración de un episodio concreto de Kim, y no corresponde afirmar que el joven retratado represente literalmente al protagonista.
Funciona más bien como una condensación visual del exotismo indio con el que en 1975 se presentaba la novela al lector español.
Es interesante compararla con el contenido real del libro. Kim contiene lamas, faquires, comerciantes, soldados, espías, campesinos y bazares, pero su interés por India es mucho más específico y abigarrado que la imagen genérica que cabe en una cubierta.
Ficha del ejemplar conservado en Librería5
- Autor
- Rudyard Kipling
- Título
- Kim
- Título original
- Kim
- Traducción
- Juan I. Cruselles
- Editorial
- Editorial Planeta, S. A.
- Colección
- Popular Planeta
- Edición
- Primera edición en Popular Planeta
- Fecha
- Diciembre de 1975
- ISBN
- 84-320-2119-9
- ISBN indicado como primera publicación
- 84-320-1405-2
- Depósito legal
- B-50.197-1975
- Cubierta
- Hans Romberg
- Fotografía de cubierta
- Salmer
- Derechos indicados
- © A. P. Watt & Son, 1970
- Impresión
- Gráficas Román, S. A., Barcelona
- País de impresión
- España
Título, traductor, colección, fecha de esta edición, ambos ISBN, depósito legal, créditos de cubierta e imprenta proceden directamente del ejemplar conservado en Librería5. La identificación del ISBN 84-320-1405-2 con la edición Planeta de 1973 y la historia anterior de la traducción de Cruselles se han contrastado mediante registros bibliográficos externos.
Una novela que consiguió que la ficción regresara al mundo real
En Kim casi todo gira alrededor de aprender a ver.
El lama mira el mundo buscando señales de liberación. Creighton y sus agentes lo observan buscando información. Kim aprende a mirar de las dos maneras y nunca termina de pertenecer exclusivamente a ninguna.
Quizá por eso resulta apropiado que una de sus escenas más famosas terminara convertida en un ejercicio de observación real.
Baden-Powell tomó la bandeja de Lurgan Sahib y la puso delante de generaciones de scouts. Los historiadores tomaron el «Gran Juego» de Kipling y lo utilizaron para nombrar décadas enteras de rivalidad imperial.
Pocas novelas de aventuras pueden presumir de haber dejado fuera de sus páginas un juego que todavía lleva el nombre de su protagonista y una expresión que acabó instalada en el vocabulario de la geopolítica.
- Kipling Society: historia de composición y publicación de Kim.
- Kipling Society: capítulo IX y «Play of the Jewels».
- Robert Baden-Powell, Scouting for Boys (1908): «Kim's Game».
- Seymour Becker, «The ‘Great Game’: The History of an Evocative Phrase», Asian Affairs, 2012.
- Biblioteca Nacional de España: registros de las distintas ediciones castellanas de Kim.
- Cambridge University Press: discusión de la lectura de Kim en Edward Said.