Más allá de la muerte — Hélène Renard

Un libro de 1985 escrito justo cuando las experiencias cercanas a la muerte empezaban a convertirse también en objeto de investigación

Portada de Más allá de la muerte de Hélène Renard, edición de Círculo de Lectores de 1990
Portada del ejemplar de Más allá de la muerte conservado en Librería5, edición de Círculo de Lectores de 1990.

Dos años antes de que Hélène Renard publicara este libro, el psiquiatra Bruce Greyson había construido una escala de dieciséis preguntas para intentar medir algo que hasta hacía muy poco pertenecía sobre todo al territorio del testimonio: las experiencias cercanas a la muerte. L'après-vie apareció en Francia en 1985 exactamente en esa frontera. Reencarnación, experiencias fuera del cuerpo, sueños, resurrección y comunicaciones con los muertos seguían cargados de religión y esoterismo; al mismo tiempo, algunos médicos, psicólogos y parapsicólogos intentaban convertir una parte de aquel material en casos, escalas y observaciones susceptibles de estudio.

El título francés decía algo que la cubierta española perdió

La página legal de nuestro ejemplar identifica correctamente el título original como L'après-vie.

Pero la primera edición francesa de Philippe Lebaud llevaba un subtítulo especialmente revelador:

Croyances et recherches sur la vie après la mort: «Creencias e investigaciones sobre la vida después de la muerte».

La versión española cambió el enfoque. En la cubierta aparece:

De la reencarnación a la parapsicología.

No es una diferencia trivial.

El subtítulo francés describe bastante bien el verdadero método del libro: Renard coloca unas junto a otras creencias religiosas, tradiciones espirituales, testimonios personales y trabajos que pretendían investigar fenómenos anómalos. No todo pertenece al mismo nivel de evidencia y la propia mezcla constituye tanto el interés histórico del volumen como su principal dificultad.

El libro intenta atravesar una frontera que todavía hoy resulta problemática: pasar de «alguien vivió una experiencia extraordinaria» a «esa experiencia demuestra que algo sobrevive a la muerte».

Siete caminos distintos para responder a una sola pregunta

La estructura de la edición francesa permite reconstruir con precisión el itinerario que propone Hélène Renard. No organiza el tema por religiones ni por escuelas filosóficas, sino por diferentes formas en las que los seres humanos han imaginado, experimentado o intentado investigar la continuidad después de la muerte.

  • La inmortalidad: la idea general de que algo del ser humano puede sobrevivir.
  • La reencarnación: el retorno de una identidad o conciencia a una nueva vida.
  • La resurrección: una concepción diferente, especialmente importante en las religiones monoteístas.
  • El estado fuera del cuerpo: experiencias en las que la conciencia parece situarse fuera del organismo.
  • El estado de premuerte: lo que hoy llamamos habitualmente experiencias cercanas a la muerte.
  • El sueño y el más allá: sueños interpretados como contacto, anticipación o acceso a otra realidad.
  • Las comunicaciones con el más allá: mediumnidad, espiritismo y testimonios atribuidos a fallecidos.

Esta secuencia revela algo importante: Más allá de la muerte no es propiamente un tratado de parapsicología. Es una investigación periodística de síntesis sobre las diferentes formas en que la supervivencia de la conciencia había sido defendida, relatada o investigada hasta mediados de los años ochenta.

1975: Raymond Moody cambia incluso el vocabulario

Diez años antes de la aparición del libro de Renard, el médico y filósofo estadounidense Raymond Moody había publicado Life After Life.

La expresión near-death experience —experiencia cercana a la muerte, ECM o NDE en inglés— se difundió masivamente a partir de aquella obra. Moody reunió relatos de personas que habían estado cerca de morir o habían sido reanimadas y señaló elementos que aparecían repetidamente: sensación de paz, impresión de abandonar el cuerpo, desplazamiento por un espacio oscuro o un túnel, luz intensa, encuentro con personas fallecidas, revisión de la propia vida y regreso.

Los relatos de visiones durante enfermedades, accidentes o agonías eran muchísimo más antiguos. La novedad consistió en agruparlos bajo una misma categoría moderna.

El éxito de Moody cambió el paisaje cultural. Lo que durante décadas había circulado por libros religiosos, espiritistas o esotéricos empezó también a presentarse como fenómeno susceptible de investigación psicológica y médica.

1983: alguien intenta convertir el «más allá» en una escala de 16 preguntas

Aquí aparece una coincidencia cronológica especialmente interesante para situar el libro.

En 1983, Bruce Greyson publicó en The Journal of Nervous and Mental Disease su Near-Death Experience Scale.

No pretendía demostrar que existiera una vida después de la muerte.

Intentaba resolver un problema mucho más básico: si diferentes investigadores hablaban de «experiencias cercanas a la muerte», necesitaban alguna forma relativamente estable de decidir qué experiencias entraban realmente en esa categoría y cuáles no.

Greyson partió de decenas de características descritas por personas que afirmaban haber tenido una ECM y terminó construyendo una escala de dieciséis elementos. Evaluaba componentes cognitivos, afectivos, supuestamente paranormales y trascendentes.

La escala mostró suficiente consistencia y estabilidad como para convertirse en una de las herramientas más utilizadas en el estudio posterior de estos relatos.

Cuando Hélène Renard publica L'après-vie en 1985, la experiencia cercana a la muerte acaba de dar un paso peculiar: sigue siendo utilizada como argumento sobre el más allá, pero ya existe un instrumento psicométrico para estudiarla como experiencia humana.

La experiencia puede ser real sin que su interpretación quede demostrada

Esta distinción resulta fundamental para leer hoy el libro.

Cuando una persona relata haber contemplado su cuerpo desde arriba, haber visto una luz o haber sentido que entraba en otro lugar, hay al menos dos preguntas diferentes.

Primera: ¿ha vivido realmente esa persona una experiencia subjetiva intensa con esas características?

Segunda: ¿demuestra esa experiencia que su conciencia se separó físicamente del cerebro y sobrevivió fuera del organismo?

Responder afirmativamente a la primera no obliga a responder afirmativamente a la segunda.

La investigación posterior ha reforzado precisamente esa separación.

Salir del cuerpo también puede estudiarse desde dentro del cerebro

Las experiencias extracorporales ocupan un capítulo propio en el libro de Renard.

Décadas después, la neurología ha conseguido producir datos que en 1985 apenas podían plantearse.

Trabajos de Olaf Blanke y otros investigadores relacionaron estas experiencias con alteraciones en la integración de información visual, táctil, propioceptiva y vestibular en la unión temporoparietal del cerebro. En determinados pacientes con epilepsia, la estimulación de regiones de esa zona llegó incluso a provocar sensaciones de separación del cuerpo o cambios anómalos en la localización del propio «yo».

Eso no demuestra que todos los relatos extracorporales tengan exactamente el mismo mecanismo.

Pero sí introduce una dificultad importante para utilizarlos, por sí solos, como prueba de que una conciencia ha abandonado literalmente el cuerpo.

Podemos afirmar que la experiencia extracorporal existe como fenómeno subjetivo.

Lo que no se sigue automáticamente de ella es que exista una entidad consciente desplazándose realmente fuera del organismo.

Y las experiencias cercanas a la muerte siguen investigándose

El asunto tampoco desapareció con las explicaciones neurológicas.

En 2023 se publicaron los resultados de AWARE II, un estudio multicéntrico realizado en 25 hospitales que intentó estudiar conciencia y actividad cerebral durante paradas cardiacas y reanimación.

De 567 pacientes con parada cardiaca hospitalaria, 53 sobrevivieron y 28 pudieron ser entrevistados. Once describieron recuerdos o percepciones compatibles con algún grado de actividad consciente y seis comunicaron experiencias trascendentes que los investigadores clasificaron como «recalled experience of death».

Además, en algunos pacientes se detectaron durante la reanimación patrones electroencefalográficos compatibles con actividad cognitiva organizada.

Pero el experimento contenía también pruebas destinadas a verificar percepciones independientemente de los relatos.

Ningún participante identificó la imagen visual oculta utilizada para ese propósito. Uno identificó el estímulo auditivo.

El resultado es mucho menos espectacular que cualquiera de los dos titulares extremos posibles.

No demuestra que la conciencia sobreviva a la muerte. Tampoco permite despachar las experiencias como si no hubiera nada que investigar.

Cuatro décadas después de Renard, seguimos teniendo relatos extraordinarios, mejores instrumentos médicos y cerebrales y una capacidad experimental muy superior. El salto desde esos datos hasta la existencia de un «más allá» continúa, sin embargo, sin estar demostrado.

La reencarnación: Ian Stevenson ya llevaba décadas acumulando casos

La reencarnación ocupa otro de los grandes bloques del libro y tampoco aparece en él solamente como doctrina religiosa.

Cuando Renard escribe, el psiquiatra Ian Stevenson, de la Universidad de Virginia, llevaba más de veinte años investigando casos de niños que decían recordar vidas anteriores.

Su método se concentraba especialmente en casos espontáneos: niños muy pequeños que hablaban de otra familia, otro lugar o una forma determinada de morir antes de que una supuesta identidad anterior hubiese sido localizada.

El programa no desapareció con Stevenson. La Division of Perceptual Studies de la University of Virginia mantiene todavía una colección de más de 2.500 casos y continúa investigando por qué algunos niños realizan este tipo de declaraciones.

Eso merece una precisión semejante a la de las ECM.

Que existan casos estudiados, coincidencias llamativas o un programa universitario de investigación no equivale a que la reencarnación haya sido establecida como mecanismo científico. Los problemas de transmisión previa de información, influencia cultural, memoria, selección de casos y explicación alternativa siguen siendo centrales.

Pero la existencia misma de ese archivo ayuda a comprender por qué Renard podía escribir en 1985 un libro que colocaba la palabra «investigación» junto a una creencia religiosa milenaria sin considerar que ambas pertenecieran necesariamente a mundos incomunicados.

Los sueños ocupaban un lugar tan importante que acabaron teniendo libro propio

Uno de los capítulos más peculiares de L'après-vie está dedicado a «el sueño y el más allá».

Para Renard, los sueños no eran simplemente material lateral. Formaron una parte importante de su trayectoria posterior como periodista y autora.

Años después publicó Les rêves et l'au-delà, dedicado específicamente a los sueños sobre la muerte, los fallecidos y las posibles comunicaciones con lo invisible. También trabajó durante años en radio y televisión alrededor de la interpretación de los sueños.

Aquí se percibe claramente la forma de investigar de Renard: no parte de un laboratorio, sino de un archivo enorme de relatos, tradiciones, testimonios y bibliografía procedente de terrenos muy diferentes.

Hélène Renard era periodista, no investigadora de laboratorio

Esta distinción ayuda mucho a leer correctamente el libro.

Hélène Renard desarrolló una larga carrera periodística y editorial. Trabajó durante aproximadamente dos décadas en Le Figaro Magazine, pasó también por radio y televisión y publicó numerosos libros sobre sueños, espiritualidad, fenómenos extraordinarios y esoterismo.

Además estuvo vinculada profesionalmente a Louis Pauwels, una de las figuras que más contribuyeron en Francia a mezclar divulgación, ciencia heterodoxa, espiritualidad y literatura de lo insólito durante la segunda mitad del siglo XX.

L'après-vie debe entenderse dentro de ese contexto.

No presenta una investigación experimental original. Renard actúa como periodista que compara tradiciones, recopila casos, consulta autores y organiza un territorio en el que conviven psiquiatras, exploradores, pensadores religiosos, parapsicólogos y testimonios personales.

Las reediciones francesas posteriores siguieron presentando entre sus referencias nombres tan diferentes como Elisabeth Kübler-Ross, Alexandra David-Néel, Rudolf Steiner, Krishnamurti o François Brune.

Precisamente ahí está la advertencia metodológica que necesita el lector actual: una bibliografía abundante no convierte automáticamente materiales de naturaleza muy distinta en evidencias equivalentes.

De Philippe Lebaud a Martínez Roca y después a Círculo de Lectores

La historia del ejemplar conservado en Librería5 puede reconstruirse con bastante precisión.

  • 1985: Philippe Lebaud publica en Francia L'après-vie. Croyances et recherches sur la vie après la mort.
  • 1988: Ediciones Martínez Roca publica la traducción española de Manuel Serrat Crespo dentro de la colección La Otra Ciencia.
  • 1990: Círculo de Lectores obtiene licencia de Martínez Roca y publica la edición que conservamos.

La edición comercial de Martínez Roca de 1988 se cataloga con 208 páginas, mientras la versión de Círculo de Lectores alcanza unas 255 páginas.

Esa diferencia no permite concluir que Círculo añadiera o eliminara contenido: el formato, la caja de texto, la tipografía y la composición pueden alterar considerablemente la paginación. Sin un cotejo entre ambas versiones no corresponde inventar una modificación textual.

Nuestro ejemplar sí deja clara la cadena de derechos:

© 1985 Philippe Lebaud Editeur
© 1988 Ediciones Martínez Roca, S. A.
Licencia editorial para Círculo de Lectores

La traducción se atribuye expresamente a Manuel Serrat Crespo.

Ficha del ejemplar conservado en Librería5

Autora
Hélène Renard
Título
Más allá de la muerte
Subtítulo de cubierta
De la reencarnación a la parapsicología
Título original
L'après-vie
Subtítulo original
Croyances et recherches sur la vie après la mort
Traducción
Manuel Serrat Crespo
Editorial
Círculo de Lectores, S. A.
Licencia
Ediciones Martínez Roca, S. A.
Año del original francés
1985
Edición española de Martínez Roca
1988
Edición del ejemplar
1990
ISBN
84-226-3132-6
ISBN-13
978-84-226-3132-3
Depósito legal
B. 5126-1990
Fotocomposición
BOMS, Barcelona
Impresión y encuadernación
Printer Industria Gráfica, S. A., Sant Vicenç dels Horts
Extensión
255 páginas según catalogación externa

Título original, traductor, cadena de derechos, licencia editorial, ISBN, depósito legal, fotocomposición e imprenta constan directamente en el ejemplar conservado en Librería5. El subtítulo completo de la edición francesa, la estructura de capítulos y la extensión se han contrastado con registros bibliográficos externos.

El libro más interesante aparece cuando no le exigimos que haya resuelto la muerte

Leído literalmente como demostración de una vida después de la muerte, el libro tiene un problema inevitable: mezcla fenómenos que podemos estudiar como experiencias humanas con interpretaciones metafísicas que esos mismos fenómenos no demuestran por sí solos.

Leído como documento de 1985, en cambio, resulta mucho más interesante.

Captura un momento exacto.

Moody había popularizado las experiencias cercanas a la muerte. Greyson acababa de construir una escala para medirlas. Stevenson llevaba décadas acumulando casos de supuesta reencarnación. La parapsicología todavía intentaba conservar un espacio académico. Al mismo tiempo seguían entrando en la conversación doctrinas religiosas, espiritismo, sueños y tradiciones esotéricas.

Renard reunió todo aquello bajo una sola pregunta:

¿hay algo de nosotros que continúa cuando el cuerpo deja de funcionar?

Cuarenta años de investigación posterior no han producido la respuesta definitiva que prometen algunos libros del género.

Han hecho algo quizá más útil: separar mejor las preguntas.

Sabemos que las experiencias cercanas a la muerte constituyen un fenómeno psicológico digno de estudio. Sabemos que pueden existir experiencias de separación corporal asociadas a procesos cerebrales. Podemos investigar recuerdos, percepciones y actividad eléctrica durante una reanimación. Podemos recopilar y comprobar declaraciones de niños que hablan de supuestas vidas anteriores.

Lo que sigue faltando es el puente que permita pasar de todos esos datos a la afirmación de que una identidad personal continúa existiendo después de la muerte.

Quizá la historia intelectual de Más allá de la muerte esté precisamente ahí: en el intento de convertir la pregunta más antigua del ser humano en una pregunta que pudiera investigarse sin dejar de ser, todavía, una pregunta.

Ese problema reaparece desde otra perspectiva en Tras la consciencia, volumen universitario publicado en Zaragoza en 1999: antes de preguntarnos si la conciencia puede sobrevivir al cuerpo, seguimos sin disponer de una explicación completa de por qué existe experiencia consciente mientras el cuerpo está vivo.