En la cubierta aparece un solo nombre, enorme e inequívoco: Alfred Hitchcock. Sin embargo, al abrir el libro empieza otro juego. Hitchcock no firma ninguno de los doce relatos de Historias para leer con sangre fría. Detrás de su silueta comercial se esconden Fletcher Flora, Richard Stark, Ed McBain, William Link, Richard Levinson y otros especialistas del crimen, la intriga y el relato de mecanismo preciso.
El ejemplar conservado en Librería5 pertenece a una edición española de Mundo Actual de Ediciones publicada en 1983. Su página legal proporciona además una pista extraordinaria: declara como título original Alfred Hitchcock's Anthology, Vol. 7. Esa indicación permite reconstruir una operación editorial mucho más interesante que una simple traducción: el volumen español parece formar parte de la división de aquella gran antología estadounidense en varios libros destinados al lector español.
El crimen como mecanismo de precisión
Los doce relatos reunidos en Historias para leer con sangre fría proceden de dos décadas especialmente fértiles para el cuento criminal estadounidense, desde comienzos de los años cincuenta hasta principios de los setenta. No forman una novela colectiva ni buscan construir un universo común. Lo que los une es una determinada manera de entender el suspense: colocar a alguien ante un problema, un delito, una tentación o un error aparentemente pequeño y dejar que la lógica de la situación vaya cerrándose sobre él.
Ésa es una de las razones por las que la marca Hitchcock funcionaba tan bien en este tipo de libros. El lector no necesitaba saber previamente quién era James M. Ullman, Pauline C. Smith o Al Nussbaum. El nombre situado en la cubierta ya prometía una clase concreta de placer narrativo: esperar el giro, sospechar de la explicación demasiado perfecta y asumir que cualquier detalle insignificante podía convertirse varias páginas después en la pieza que desbaratara todo el plan.
El libro comienza con Una inversión segura, de James M. Ullman, y termina con La muerte de Sadie, de Ed McBain. Entre ambos extremos aparecen testigos comprometidos, bromas que dejan de serlo, planes de destrucción, pasados que regresan y personajes cuya mayor debilidad acostumbra a ser la convicción de que han previsto todas las posibilidades. La sangre fría del título no describe sólo a los asesinos. Describe también la técnica narrativa: historias construidas para retrasar la información decisiva hasta el momento exacto.
La paradoja del libro: Alfred Hitchcock es el nombre más visible y, sin embargo, los verdaderos protagonistas literarios son los autores que permanecen casi ocultos detrás de él.
Doce autores detrás del nombre de Hitchcock
El índice del ejemplar es, en este sentido, casi una pequeña cartografía del relato criminal anglosajón de mediados del siglo XX. Reúne escritores especializados en revistas de misterio, narradores profesionales y autores que posteriormente tendrían una presencia muy significativa en otros medios.
- Una inversión segura — James M. Ullman, 1967
- El hobby de la señora — Raymond E. Banks, 1959
- El testigo era una dama — Fletcher Flora, 1960
- Plan de destrucción — Pauline C. Smith, 1953
- Y siete son la muerte — Jeff Heller, 1959
- Juego de niños — William Link y Richard Levinson, 1958
- Sólo una pequeña broma pesada — Richard Stark, 1961
- Hecho a la medida — Mary Braund, 1972
- Una mortal sombra azul — Jack Sharkey, 1962
- El pasado muerto — Al Nussbaum, 1968
- El círculo de Vietnam — F. J. Kelly, 1964
- La muerte de Sadie — Ed McBain, 1972
Algunos nombres adquieren hoy un significado adicional. William Link y Richard Levinson, que aquí aparecen juntos en Juego de niños, desarrollarían después una carrera extraordinaria en la televisión de misterio y serían responsables de la creación de Columbo. Resulta sugestivo encontrarlos en 1958 trabajando ya dentro del relato criminal breve: antes de que el teniente del impermeable arrugado convirtiera el interrogatorio aparentemente distraído en un arte, sus creadores estaban formándose en una tradición donde el ingenio, el detalle y la estructura eran esenciales.
Richard Stark oculta otra identidad. Era uno de los seudónimos de Donald E. Westlake, autor fundamental de la novela criminal estadounidense. El nombre Stark terminaría especialmente asociado a las novelas de Parker, caracterizadas por una dureza y una economía narrativa que encajan perfectamente con la atmósfera de una antología como ésta.
El cierre con Ed McBain añade otra dimensión. Bajo ese nombre escribía Evan Hunter, creador de la célebre serie del Distrito 87. Sadie When She Died apareció originalmente en 1972 como una obra del ciclo de Steve Carella. La extensión disponible dentro de esta antología deja claro que La muerte de Sadie no reproduce aquella novela completa, sino material preparado para su circulación antológica. De ese modo, el libro mezcla el cuento autónomo con la reutilización editorial de narraciones criminales ya conocidas por otros cauces.
De las revistas de misterio al libro popular
Buena parte de esta literatura nació en un ecosistema que hoy resulta menos visible: revistas especializadas capaces de publicar continuamente cuentos policíacos y de suspense. Uno de los ejemplos mejor documentados es El testigo era una dama, de Fletcher Flora, aparecido originalmente en Alfred Hitchcock's Mystery Magazine en marzo de 1960.
Ese origen explica buena parte de la eficacia de estas piezas. El relato de revista debía atrapar rápidamente, administrar personajes con economía, proponer un conflicto reconocible y conducir al lector hacia una resolución que justificara cada página. No había demasiado espacio para la dispersión. El crimen breve exigía oficio.
La antología convierte aquellos materiales dispersos en una segunda vida editorial. El relato publicado años antes en una revista podía reaparecer en una recopilación estadounidense, viajar posteriormente a otro país, recibir una traducción y terminar en una biblioteca doméstica décadas después. Nuestro ejemplar representa justamente uno de esos últimos eslabones.
Una antología estadounidense partida en España
La página de créditos del volumen ofrece la pista decisiva al indicar como título original Alfred Hitchcock's Anthology, Vol. 7, publicado en Nueva York por Davis Publications en 1980. La comparación de los índices permite ir más lejos: aquella antología estadounidense contenía veintisiete relatos, mientras que Historias para leer con sangre fría reúne exactamente los doce últimos, manteniendo el mismo orden desde A Sound Investment hasta Sadie When She Died.
Existe además otro volumen español de Mundo Actual de Ediciones publicado en 1983, Historias que le harán estremecer, también traducido por Gerardo di Masso. Las descripciones bibliográficas conservadas de ese libro comienzan precisamente con los cuentos que abrían la antología estadounidense. Todo apunta, por tanto, a que Mundo Actual transformó el gran volumen original en varias entregas españolas independientes, cada una con título y cubierta propios.
La operación tiene lógica comercial. En lugar de presentar al lector español una publicación periódica o una gruesa antología estadounidense identificada simplemente mediante un número, la editorial crea títulos autónomos y muy expresivos. Historias que le harán estremecer y Historias para leer con sangre fría convierten el contenido en una promesa inmediata de suspense y permiten explotar por separado la fuerza comercial del nombre Hitchcock.
Esta pequeña reconstrucción es importante porque cambia la manera de entender el ejemplar. No estamos únicamente ante la traducción española de un libro estadounidense. Estamos ante el resultado de una reorganización editorial: selección, traducción, división y nuevo empaquetado para otro mercado.
Hitchcock como autor que no escribió el libro
La cubierta constituye quizá el mejor ejemplo del poder alcanzado por Hitchcock como marca cultural. Su nombre ocupa la parte superior, acompañado por un emblema gráfico reconocible, y la contracubierta reproduce incluso un retrato dibujado del director. El mensaje resulta inequívoco: quien compra el libro compra «Hitchcock».
Pero la experiencia literaria depende de una docena de firmas distintas. Hitchcock funciona aquí como garantía de tono, no como narrador. Es una diferencia importante para catalogar correctamente el volumen y también para entender una época en la que su figura había desbordado ampliamente el cine. Revistas, programas televisivos y colecciones impresas convirtieron su nombre y su perfil en una especie de sello internacional del suspense.
La propia contracubierta lo expresa con una frase tan sencilla como eficaz: quien sea amante del crimen encontrará en el libro motivos para disfrutar «a tumba abierta». La broma macabra resume perfectamente la estrategia del volumen. Antes de empezar la primera historia, el lector ya ha sido situado en el territorio del crimen y la ironía negra.
El ejemplar conservado en Librería5
Nuestro ejemplar conserva con claridad los datos que permiten identificar esta edición concreta. Mundo Actual de Ediciones la publicó en Barcelona en 1983, tres años después de la edición estadounidense de Davis Publications. Gerardo di Masso figura como traductor de todo el volumen y Mergraf, en Ripollet, como impresor.
Título: Historias para leer con sangre fría
Atribución de cubierta: Alfred Hitchcock
Autoría real: varios autores
Editorial: Mundo Actual de Ediciones, S.A.
Lugar: Barcelona
Año: 1983
Título original declarado: Alfred Hitchcock's Anthology, Vol. 7
Edición original citada: Davis Publications, Inc., Nueva York, 1980
Traducción: Gerardo di Masso
Impresión: Mergraf, S.A., Ripollet-Barcelona
ISBN: 84-7454-256-1
Depósito legal: B. 18.669-1983
Contenido: doce relatos de crimen, misterio y suspense
Los catálogos de segunda mano no siempre coinciden al describir la encuadernación o incluso el número exacto de páginas de ejemplares atribuidos a este ISBN. Por esa razón, la ficha de Librería5 conserva únicamente los datos que pueden establecerse con seguridad a partir del propio volumen y evita completar mecánicamente las lagunas con información procedente de otras copias.
Por qué sigue mereciendo la pena abrirlo
Historias para leer con sangre fría conserva algo que resulta fácil perder cuando se contempla únicamente como un viejo libro de suspense: es un pequeño archivo de la cultura popular del crimen. Sus páginas conectan el cuento publicado en revistas, el prestigio comercial de Hitchcock, la traducción española, la circulación internacional de narradores profesionales y una forma de leer basada en historias compactas capaces de provocar una satisfacción inmediata.
También permite redescubrir autores escondidos por la maquinaria publicitaria. Se puede entrar en el libro buscando a Hitchcock y salir habiendo encontrado a Fletcher Flora, Donald Westlake bajo la máscara de Richard Stark, los futuros creadores de Columbo o el universo policial de Ed McBain. Esa transformación del lector —del nombre famoso de la cubierta hacia una constelación de escritores menos visibles— constituye probablemente el mayor interés actual del volumen.
Y todavía queda su historia material. Aquella Anthology #7 publicada en Nueva York en 1980 cruzó el Atlántico, fue traducida y reorganizada para convertirse en varios libros españoles. Más de cuarenta años después, uno de ellos permanece en Librería5. Es difícil pedir una demostración mejor de cómo los textos viajan, cambian de título, de cubierta y de público sin dejar de conservar en su interior las huellas de todas esas vidas editoriales.
Fuentes consultadas
Ejemplar de Historias para leer con sangre fría conservado en Librería5: cubierta, contracubierta, página legal, copyrights e índice.
The Alfred Hitchcock Wiki: documentación de Alfred Hitchcock's Anthology #7 y su contenido.
Kenneth Spencer Research Library, University of Kansas: archivo de Fletcher Flora y publicación de The Witness Was a Lady.
Television Academy y archivo biográfico de William Link: trayectoria de William Link y Richard Levinson.
University of Chicago Press: identificación de Richard Stark como seudónimo de Donald E. Westlake.
Open British National Bibliography y Google Books: datos bibliográficos de Sadie When She Died, de Ed McBain.
Catálogos bibliográficos y de librería consultados para contrastar las ediciones españolas de Mundo Actual de Ediciones de 1983.