Brujos y chamanes — Roberto Busto

De los chamanes amazónicos a las ceremonias yorubas, del peyote mexicano a la brujería europea: un recorrido por las formas en que distintas culturas han buscado curación, conocimiento y contacto con lo invisible. Una edición ilustrada de Libsa que reúne 288 páginas de historia religiosa, antropología y tradiciones mágicas.

En las selvas amazónicas, un especialista ritual interpreta una enfermedad como una alteración de las relaciones entre las personas, los espíritus y la naturaleza. En África occidental, un sacerdote consulta un sistema de adivinación transmitido durante generaciones. En Europa, una mujer acusada de brujería puede ser perseguida por prácticas que sus vecinos consideran peligrosas. En México, determinadas ceremonias con peyote forman parte de una relación religiosa con el territorio y los antepasados.

¿Qué tienen en común estas experiencias? ¿Estamos ante manifestaciones de una misma religión universal, ante respuestas culturales a problemas semejantes o ante tradiciones diferentes que los observadores europeos terminaron agrupando bajo palabras como magia, brujería y chamanismo?

Brujos y chamanes, publicado por Editorial Libsa dentro de la colección Nuevo Milenio, reúne un extenso recorrido por esas cuestiones. Su índice atraviesa Siberia, Sudamérica, Centroamérica, Norteamérica, Europa, África y Asia, prestando especial atención a los rituales de curación, los relatos sobre espíritus, las prácticas adivinatorias y las sustancias psicoactivas utilizadas en determinados contextos ceremoniales.

Nuestro ejemplar, con 288 páginas y copyright de 2008, conserva una visión panorámica de extraordinaria amplitud. Pero también invita a plantear una distinción fundamental: comprender por qué una comunidad atribuye poderes a sus especialistas religiosos no equivale a demostrar que esos poderes sobrenaturales existan. Entre ambas cuestiones se encuentra uno de los territorios más interesantes de la antropología: el estudio de cómo los seres humanos interpretan el sufrimiento, la enfermedad, la incertidumbre y su relación con el mundo.

Portada de Brujos y chamanes, colección Nuevo Milenio de Editorial Libsa, con figura ritual e ilustraciones de motivos simbólicos
Portada de Brujos y chamanes, de la colección Nuevo Milenio. La edición conservada en Librería5 identifica a Roberto Busto y anuncia una selección de rituales y hechizos.

¿Qué es realmente un chamán?

La palabra chamán llegó a las lenguas europeas a partir de denominaciones utilizadas en pueblos del norte de Asia. Con el desarrollo de la etnografía y la historia de las religiones, comenzó a aplicarse también a especialistas rituales de culturas muy alejadas de Siberia.

En su formulación más conocida, el chamán aparece como una persona a la que su comunidad atribuye la capacidad de comunicarse con espíritus, intervenir sobre enfermedades, interpretar acontecimientos o realizar viajes simbólicos a mundos invisibles.

Sin embargo, esa descripción reúne bajo una misma etiqueta prácticas que no siempre poseen el mismo significado. Un curandero que utiliza conocimientos botánicos, un sacerdote que interpreta signos de un sistema adivinatorio y un especialista que participa en ceremonias de trance pueden desempeñar funciones religiosas y sociales diferentes.

Esta dificultad ocupa un lugar importante en la investigación antropológica contemporánea. En 2009, el investigador mexicano Roberto Martínez González, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, publicó en la revista Cuicuilco un artículo titulado «El chamanismo y la corporalización del chamán: argumentos para la deconstrucción de una falsa categoría antropológica».

Su análisis cuestiona la idea de que el trance o el éxtasis constituyan características suficientes para identificar una institución religiosa universal. El investigador recuerda que fenómenos corporales semejantes pueden adquirir significados completamente distintos según las culturas donde aparecen.

La objeción tiene consecuencias importantes. Si encontramos en varias sociedades personas que cantan, utilizan instrumentos musicales o experimentan estados extraordinarios de conciencia, no podemos concluir automáticamente que todas pertenecen a una misma tradición religiosa.

Las semejanzas pueden resultar interesantes, pero deben interpretarse junto a las diferencias históricas, lingüísticas y sociales.

Una revisión posterior, publicada en 2024 por Marc Jiménez Marzo en la revista académica colombiana Razón Crítica, desarrolla esta discusión desde otra perspectiva. Su estudio, «El concepto chamanismo: crítica a una categoría epistémica colonial», advierte del riesgo de imponer clasificaciones generales que no respetan los nombres y distinciones utilizados por los propios pueblos estudiados.

Estas investigaciones posteriores no forman parte del contenido original de nuestro libro. Permiten, sin embargo, comprender una dificultad inherente a su planteamiento editorial: reunir tradiciones de todos los continentes bajo un título común facilita su divulgación, pero puede ocultar diferencias esenciales.

El libro se abre precisamente con una sección titulada «Chamanismo», que comienza en la página 9. Sus apartados tratan la relación con el mundo sobrenatural, las diferencias entre curanderos, brujos y chamanes, la representación de cielo, tierra e infierno y determinadas experiencias de iniciación.

El siguiente capítulo, «El chamán y su universo», empieza en la página 35 y aborda asuntos como los cuatro mundos, la naturaleza, los espíritus, los tambores, las maracas y las herramientas rituales.

Esta organización permite presentar las ideas generales antes de examinar tradiciones particulares. Su utilidad para el lector consiste en proporcionar un vocabulario inicial; su límite aparece cuando ese vocabulario se utiliza como si describiera exactamente del mismo modo todas las sociedades.

En una investigación cultural rigurosa conviene comenzar por otra pregunta: ¿cómo denomina cada comunidad a sus especialistas y qué responsabilidades les reconoce?

Cuando la enfermedad también tiene una explicación espiritual

Uno de los aspectos más interesantes de las tradiciones reunidas en Brujos y chamanes es la relación entre enfermedad y ritual.

En muchas sociedades, el sufrimiento físico no se ha interpretado exclusivamente como un acontecimiento biológico. También podía relacionarse con conflictos entre personas, transgresiones de normas, alteraciones del equilibrio comunitario o intervenciones de entidades espirituales.

Estas interpretaciones no deben confundirse automáticamente con las causas médicas de una enfermedad. Su importancia antropológica reside en que expresan cómo determinadas comunidades explican lo que sucede y organizan las respuestas colectivas.

Un ritual de curación puede incorporar plantas, cantos, instrumentos musicales, relatos, restricciones alimentarias y la participación de familiares. Cada componente puede poseer un significado dentro de una tradición religiosa y una función concreta en la experiencia de quienes intervienen.

El especialista ritual no actúa necesariamente como un profesional sanitario entendido en el sentido contemporáneo. Puede ser también un depositario de conocimientos culturales, un intérprete de conflictos, un responsable ceremonial o una figura encargada de mantener determinados vínculos comunitarios.

La investigación antropológica intenta comprender esas funciones sin atribuir automáticamente eficacia médica a cualquier práctica presentada como curativa.

Un ejemplo especialmente significativo procede de Colombia. En 2011, la UNESCO incorporó los conocimientos tradicionales de los chamanes jaguares de Yuruparí a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Se trata de un sistema cultural practicado por comunidades indígenas asentadas en torno al río Pirá Paraná, en el departamento colombiano del Vaupés.

La descripción de la UNESCO relaciona las ceremonias con el mantenimiento de los vínculos comunitarios, la prevención de enfermedades, el cuidado del territorio y la transmisión de conocimientos entre generaciones.

Los cantos, las danzas, los relatos míticos y los lugares sagrados forman parte de una estructura de conocimientos mucho más amplia que la simple ejecución de un hechizo.

La UNESCO no certificó la existencia objetiva de los poderes sobrenaturales atribuidos a esos rituales. Reconoció el valor cultural de un sistema de conocimientos y prácticas mantenido por comunidades concretas.

Esta diferencia ayuda a comprender cómo pueden convivir dos cuestiones: el respeto hacia una tradición religiosa y el examen científico de las afirmaciones médicas asociadas a ella.

El capítulo de nuestro libro dedicado al bejuco de los espíritus, que comienza en la página 97, resulta especialmente apropiado para observar esa relación entre experiencia religiosa, conocimiento de las plantas y concepciones tradicionales de la curación.

Ayahuasca, San Pedro y peyote: las plantas que participan en los rituales

Las sustancias psicoactivas ocupan un lugar importante en Brujos y chamanes. El índice contiene un capítulo general dedicado a los alucinógenos, que comienza en la página 55, y apartados posteriores sobre ayahuasca, coca, San Pedro y peyote.

Estas plantas y preparados no pertenecen a una tradición única. Sus usos, significados y formas de integración ceremonial varían enormemente entre comunidades.

La ayahuasca es especialmente conocida por su utilización ritual en determinadas regiones amazónicas. Su nombre se relaciona habitualmente con expresiones quechuas referidas a los espíritus y a una liana o bejuco.

En las tradiciones donde se utiliza, la experiencia puede integrarse en un conjunto de interpretaciones sobre la enfermedad, el conocimiento y las relaciones con entidades espirituales. La ceremonia no se reduce a los efectos químicos de una sustancia: comprende también cantos, relaciones entre participantes, normas culturales y significados religiosos.

Nuestro ejemplar dedica numerosas páginas a ese contexto. El capítulo «El bejuco de los espíritus» distingue las propiedades atribuidas a la ayahuasca, las ceremonias de iniciación, la importancia de la dieta, los rituales de curación y los denominados ícaros, cantos asociados a prácticas tradicionales amazónicas.

El hecho de que una experiencia tenga significado religioso para sus participantes no elimina sus efectos farmacológicos. La investigación contemporánea estudia ambas dimensiones mediante procedimientos diferentes.

Una revisión científica publicada en 2024 por Rafael Guimarães dos Santos y Jaime Eduardo Cecilio Hallak examina la farmacología, seguridad y posibles aplicaciones terapéuticas de la ayahuasca.

Los autores señalan que existen investigaciones sobre su posible utilidad en determinados trastornos psiquiátricos, pero advierten que los estudios controlados disponibles siguen siendo limitados y que se necesitan muestras mayores y seguimientos más prolongados.

También existen riesgos y posibles interacciones con medicamentos. Una revisión publicada en 2020 en la Revista Brasileira de Psiquiatria, «The pharmacological interaction of compounds in ayahuasca: a systematic review», estudia la complejidad farmacológica del preparado y las incertidumbres que todavía rodean algunos de sus efectos.

Estos trabajos son posteriores a la edición de Libsa y no deben atribuirse a su contenido original. Sirven para contextualizar científicamente una materia que continúa investigándose.

El interés de la ayahuasca, por tanto, no reside únicamente en las experiencias visionarias que algunos participantes describen. También plantea preguntas sobre la transmisión de conocimientos indígenas, las relaciones entre cultura y farmacología y los riesgos de trasladar prácticas ceremoniales a contextos ajenos a las comunidades donde adquirieron significado.

Otra tradición americana abordada en el volumen es la utilización ceremonial del peyote. El índice incluye apartados dedicados a las características de esta planta, las formas de consumo y las ceremonias relacionadas con ella.

El peyote ocupa un lugar religioso importante entre diferentes pueblos indígenas de Norteamérica. El National Museum of the American Indian del Smithsonian conserva, por ejemplo, una sonaja ceremonial vinculada con John Wilson, un importante participante en la difusión de determinadas prácticas de la Iglesia Nativa Americana a finales del siglo XIX.

La documentación del museo explica la relación entre los instrumentos musicales, los cantos y las ceremonias nocturnas en ese contexto religioso.

La tradición wixárika de México proporciona otro ejemplo. En 2025, la UNESCO inscribió la ruta wixárika a los sitios sagrados de Wirikuta en la Lista del Patrimonio Mundial.

La descripción institucional relaciona las peregrinaciones con la memoria ancestral, el ciclo agrícola, la conservación de los lugares sagrados y elementos naturales que poseen significado religioso, entre ellos el peyote.

La diferencia entre una ceremonia vinculada al territorio y el consumo recreativo de una sustancia es fundamental. Aunque puedan intervenir compuestos psicoactivos, las prácticas culturales no son intercambiables ni pueden explicarse únicamente por sus efectos químicos.

De manera semejante, los apartados dedicados al cactus San Pedro y a la coca permiten introducir tradiciones andinas en las que determinadas plantas adquieren funciones sociales y rituales que exceden su composición farmacológica.

La amplitud geográfica del libro facilita que el lector encuentre estos paralelismos. Su lectura resulta más provechosa cuando se conserva la identidad cultural específica de cada práctica.

De la santería al candomblé: las religiones afroamericanas

Una parte sustancial de Brujos y chamanes se dedica a tradiciones religiosas desarrolladas en el Caribe y América del Sur a partir de procesos históricos que incluyen la esclavitud atlántica, la transmisión de conocimientos africanos y la formación de nuevas sociedades americanas.

En el capítulo dedicado a Centroamérica aparecen el vudú, la santería y otros rituales. En el apartado sobre los cultos afrobrasileños, que comienza en la página 147, figuran el candomblé, la umbanda, los orixás y distintas ceremonias.

Estas tradiciones no deben describirse como simples variantes de una misma brujería. Poseen historias, comunidades, organizaciones religiosas y formas de transmisión específicas.

El candomblé se desarrolló en Brasil a partir de tradiciones religiosas africanas, especialmente de procedencia yoruba, aunque también recibió influencias de otros pueblos y del contexto cultural brasileño.

Sus ceremonias se relacionan con los orixás, entidades divinas asociadas con diferentes dimensiones de la existencia y de la naturaleza. La música, el canto, la danza y determinadas prácticas rituales tienen importancia en la vida de sus comunidades.

La umbanda, por su parte, se configuró principalmente durante el siglo XX mediante la combinación de elementos religiosos afrobrasileños, espiritismo y otras influencias culturales.

Un estudio académico sobre las religiones contemporáneas de Brasil, publicado en Oxford Academic, explica esas diferencias y muestra por qué no conviene reducir todos los cultos afrobrasileños a una categoría indiferenciada.

La palabra macumba, que también aparece en nuestro índice, presenta un problema adicional: su significado cambia según los contextos y puede utilizarse de manera peyorativa para referirse a prácticas religiosas afrobrasileñas.

Por eso, los nombres particulares de las tradiciones resultan más precisos que una denominación general que puede mezclar referencias culturales diferentes.

El sistema de adivinación de Ifá constituye un caso especialmente revelador. En 2008, el mismo año que figura en el copyright de nuestro ejemplar, fue inscrito por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La descripción oficial de la UNESCO explica que Ifá se practica entre comunidades yorubas y en la diáspora africana de América y el Caribe.

No consiste simplemente en una colección de amuletos o fórmulas para predecir acontecimientos. Está relacionado con un corpus de conocimientos, expresiones verbales y procedimientos interpretativos transmitidos entre especialistas.

Su reconocimiento patrimonial muestra cómo determinadas prácticas antes presentadas de forma genérica como magia o superstición pueden estudiarse también como sistemas culturales complejos.

Ese reconocimiento no obliga a aceptar literalmente sus afirmaciones sobrenaturales. Permite apreciar que una tradición adivinatoria puede poseer importancia histórica, artística, lingüística y comunitaria independientemente de la comprobación de sus predicciones.

La cuestión resulta particularmente relevante para las sociedades americanas, donde muchas de estas prácticas sobrevivieron a situaciones de persecución y discriminación y se transformaron mediante procesos de contacto cultural.

Una lectura histórica de Brujos y chamanes puede servir, por ello, como introducción a un conjunto de tradiciones cuyo estudio especializado requiere abandonar explicaciones demasiado generales.

Brujería europea y zombis haitianos: entre las creencias y la investigación

El volumen no se limita a culturas americanas y asiáticas. Sus capítulos incluyen también la brujería europea, las runas nórdicas y relatos sobre maleficios, posesiones y otros fenómenos atribuidos a fuerzas invisibles.

En el apartado dedicado a Europa, que comienza en la página 243, aparecen expresamente «La magia nórdica», «Las runas» y «La brujería europea».

La historia europea de la brujería posee una particularidad esencial: muchas de las descripciones conservadas proceden de acusaciones, procesos judiciales y escritos elaborados por personas que perseguían determinadas prácticas.

Los testimonios de los acusadores no pueden aceptarse automáticamente como descripciones fieles de lo que realizaban las personas acusadas. Deben estudiarse también como documentos sobre los miedos, los conflictos y las instituciones de las sociedades que produjeron esas acusaciones.

La persecución de la brujería alcanzó especial intensidad en distintas regiones europeas durante la Edad Moderna. Los procesos podían mezclar creencias religiosas, denuncias vecinales, conflictos personales y procedimientos judiciales que hoy requieren una interpretación histórica cuidadosa.

El libro incorpora asimismo asuntos procedentes de la cultura popular y de la investigación etnográfica sobre supuestos fenómenos sobrenaturales.

Uno de los ejemplos más llamativos se encuentra en el capítulo «La brujería», cuyo índice incluye varios apartados sobre los zombis y los hechizos.

El zombi de las tradiciones haitianas no coincide exactamente con la criatura difundida posteriormente por el cine de terror. Su historia pertenece a un contexto cultural propio en el que aparecen ideas sobre la muerte, la voluntad, la identidad y determinados poderes atribuidos a especialistas rituales.

En 1983, el antropólogo Wade Davis publicó en el Journal of Ethnopharmacology un artículo titulado «The ethnobiology of the Haitian zombi».

Davis investigó relatos haitianos sobre personas supuestamente convertidas en zombis y propuso una explicación relacionada con sustancias tóxicas capaces de producir determinados estados fisiológicos.

La hipótesis despertó gran interés, pero también recibió críticas científicas. Su existencia como propuesta publicada no demuestra que los relatos tradicionales quedaran explicados de manera concluyente.

Una revisión posterior titulada «The undead in culture and science» examina tanto las representaciones culturales de los zombis como las limitaciones de las investigaciones farmacológicas realizadas para explicar esos relatos.

El caso permite distinguir tres niveles de conocimiento: la existencia documentada de una creencia cultural, los testimonios sobre acontecimientos extraordinarios y las hipótesis científicas formuladas para explicarlos.

La primera cuestión puede estudiarse mediante etnografía e historia. La segunda requiere comprobar las circunstancias de cada relato. La tercera exige pruebas capaces de evaluar los mecanismos propuestos.

La diferencia resulta especialmente útil al leer libros que reúnen rituales, hechizos y supuestos fenómenos paranormales. Un testimonio puede tener valor cultural sin constituir una demostración de aquello que sus protagonistas creen haber presenciado.

África y Asia: un recorrido por tradiciones difíciles de reducir a una sola categoría

Los capítulos finales amplían el viaje hacia África y Asia. En el apartado africano, que comienza en la página 259, aparecen sistemas adivinatorios vinculados con distintas comunidades, rituales luba y yaka, prácticas de Madagascar y figuras ceremoniales de Angola.

La selección revela una diversidad considerable. Las ceremonias religiosas de África central, los procedimientos de adivinación y las relaciones con los antepasados no responden necesariamente a una organización equivalente.

Algunos objetos empleados en contextos rituales pueden desempeñar funciones relacionadas con la memoria, el poder político, la protección, las alianzas o la identificación de determinadas personas dentro de una comunidad.

Por ello, interpretar una figura ceremonial únicamente como amuleto o instrumento mágico puede empobrecer su significado.

La antropología contemporánea insiste en estudiar los objetos dentro de las relaciones sociales que les otorgan sentido. Una máscara, un recipiente o una figurilla pueden formar parte de ceremonias específicas cuyo significado no se conoce adecuadamente si se separan de sus usuarios, sus cantos y sus historias.

En el capítulo asiático, que comienza en la página 275, el índice menciona a los cazadores de cabezas de Borneo, determinados aceites considerados mágicos en Indonesia y especialistas rituales malayos.

La inclusión de estos temas refleja el propósito enciclopédico de la obra: ofrecer una aproximación a expresiones de religiosidad y prácticas ceremoniales muy diversas.

Al mismo tiempo, muestra por qué las comparaciones interculturales deben realizarse con cuidado. Que dos comunidades atribuyan eficacia especial a un objeto no significa que compartan una religión ni que el objeto desempeñe idéntica función.

El interés de un repertorio como Brujos y chamanes reside en ofrecer puntos de partida para investigar esas diferencias.

El lector puede comenzar por una tradición que desconoce, identificar el pueblo o la región mencionada y acudir después a investigaciones específicas para comprender mejor el contexto.

La riqueza del panorama no está en afirmar que todas las culturas creen exactamente lo mismo. Está en comprobar cuántas respuestas distintas han elaborado las sociedades humanas ante preguntas recurrentes sobre la vida, la muerte, la enfermedad y lo desconocido.

La edición de Libsa: Roberto Busto, Nuevo Milenio y dos fechas distintas

La historia material del ejemplar conservado en Librería5 presenta varias particularidades que merecen documentarse.

La portada identifica el título Brujos y chamanes y lleva el subtítulo «La más importante selección de rituales y hechizos». También incorpora el nombre de Roberto Busto, dispuesto verticalmente junto al borde izquierdo.

La página legal, sin embargo, utiliza una fórmula más específica: «Colaboración en textos: Roberto Busto».

La diferencia importa porque no equivale necesariamente a una atribución inequívoca de autoría íntegra. Mientras la cubierta asocia el volumen con el nombre de Busto, los créditos interiores identifican su participación mediante una función editorial concreta.

Las fichas comerciales de Casa del Libro y Popular Libros lo presentan directamente como autor.

Estas fichas permiten comprobar cómo circula la atribución bibliográfica de la obra, pero no resuelven cuánto contenido redactó personalmente Roberto Busto ni qué parte pudo corresponder al equipo editorial.

La propia página legal asigna otras responsabilidades a departamentos colectivos de Libsa: la edición al Equipo Editorial Libsa, el diseño de cubierta al Equipo de Diseño Libsa, la maquetación al Equipo de Maquetación Libsa y las fotografías al Archivo Libsa.

Se trata, por tanto, de un volumen de producción editorial colectiva en el que Busto aparece expresamente reconocido por su colaboración en los textos.

Existe además una discrepancia cronológica interesante.

La página legal consigna © 2008, Editorial Libsa, mientras que el depósito legal figura como CO-455-07, correspondiente a 2007.

Por su parte, las fichas comerciales consultadas identifican la obra como publicada en 2007. Casa del Libro indica incluso una fecha de lanzamiento del 13 de septiembre de ese año.

Los datos no tienen por qué ser incompatibles. Un depósito legal anterior al año del copyright puede relacionarse con los plazos de producción y publicación, y una ficha comercial puede reflejar una fecha de lanzamiento distinta de la indicada en los derechos de la edición.

Pero nuestro ejemplar no contiene una explicación editorial que permita reconstruir con certeza ese proceso. Por ello conservamos la distinción entre los tres datos: depósito legal de 2007, fecha comercial de 2007 y copyright impreso de 2008.

El ISBN que figura tanto en la página legal como en la contraportada es 978-84-662-1498-8.

Las 288 páginas del ejemplar coinciden con la paginación anunciada en los catálogos comerciales consultados y en un catálogo editorial de Libsa distribuido por Sopena, donde la colección Nuevo Milenio se describe con formato de 17 × 24 centímetros, impresión interior en blanco y negro y encuadernación en rústica.

La coincidencia de esas características con nuestro volumen permite situarlo dentro de un proyecto editorial de divulgación destinado a reunir, en libros de formato uniforme, materias relacionadas con historia religiosa, tradiciones esotéricas y cultura popular.

La contraportada enumera otros títulos de la colección, entre ellos La masonería: ritos y símbolos, Samuráis, ninjas y geishas, Los templarios, Cábala, Grandes profecías de la Historia, Numerología y El Santo Grial.

La página legal permite identificar además una producción editorial española: Libsa tenía su domicilio en la calle San Rafael, número 4, de Alcobendas, Madrid, y el volumen declara haber sido impreso en España.

Obra

Título
Brujos y chamanes
Subtítulo
La más importante selección de rituales y hechizos
Nombre acreditado
Roberto Busto
Responsabilidad en página legal
Colaboración en textos: Roberto Busto
Género
Divulgación sobre religiones y tradiciones culturales
Materia
Chamanismo, brujería, rituales religiosos, antropología cultural

Edición

Editorial
Editorial Libsa
Colección
Nuevo Milenio
Lugar
Alcobendas, Madrid, España
Fecha de copyright
2008
ISBN
978-84-662-1498-8
Depósito legal
CO-455-07
Páginas
288
Idioma
Español
Formato
Rústica ilustrada
Edición
Equipo Editorial Libsa
Diseño de cubierta
Equipo de Diseño Libsa
Maquetación
Equipo de Maquetación Libsa
Fotografías
Archivo Libsa

Ejemplar conservado

Identificación
Edición de Libsa con copyright de 2008 y depósito legal de 2007.
Particularidad de autoría
La cubierta identifica a Roberto Busto, mientras que la página legal le atribuye específicamente la colaboración en textos.
Particularidad cronológica
Copyright © 2008 y depósito legal CO-455-07 impresos en el mismo ejemplar; fichas comerciales consultadas indican 2007.
Contenido
Panorama del chamanismo, sustancias psicoactivas, brujería y tradiciones rituales de América, Europa, África y Asia.
Serie editorial
La contraportada enumera otros títulos de Nuevo Milenio dedicados a historia, religiones y tradiciones esotéricas.
Contraportada de Brujos y chamanes con la presentación editorial, títulos de la colección Nuevo Milenio e ISBN
Contraportada de nuestro ejemplar. Incluye una presentación del contenido, la relación de otros libros de Nuevo Milenio y el código ISBN.

Por qué seguimos estudiando la magia en sociedades tecnológicas

La ciencia moderna ha permitido explicar numerosos procesos naturales que durante siglos fueron atribuidos a espíritus, hechizos o intervenciones sobrenaturales. Pero la existencia de explicaciones científicas no ha eliminado el interés humano por los rituales, la adivinación y las experiencias consideradas extraordinarias.

La razón es que las creencias mágicas y religiosas no han servido únicamente para explicar fenómenos físicos. También han organizado relaciones sociales, transmitido normas, proporcionado identidad y ofrecido interpretaciones sobre acontecimientos difíciles de afrontar.

Una ceremonia puede reforzar los vínculos entre personas aunque las propiedades sobrenaturales que se le atribuyen no hayan sido demostradas. Un relato sobre antepasados puede conservar conocimientos históricos y culturales. Un objeto ritual puede expresar pertenencia a una comunidad o la continuidad de una tradición.

El estudio antropológico permite separar esas funciones sin reducirlas a una cuestión sencilla de credulidad o ignorancia.

También permite reconocer los límites de determinadas generalizaciones. Las tradiciones reunidas en Brujos y chamanes no forman una religión única extendida por todo el planeta. Sus semejanzas pueden responder a problemas humanos recurrentes, mientras que sus diferencias reflejan historias, lenguas, instituciones y experiencias colectivas particulares.

Precisamente por eso resulta interesante comparar casos tan alejados como las ceremonias amazónicas, los sistemas de adivinación yoruba, las peregrinaciones wixaritari o las acusaciones de brujería europeas.

Todos permiten estudiar la relación entre los seres humanos y aquello que consideran invisible o extraordinario, pero cada uno necesita ser entendido en sus propios términos.

La edición de Libsa ofrece una puerta de entrada accesible a ese panorama. Su recorrido geográfico, sus numerosos apartados temáticos y su atención a instrumentos, ceremonias y relatos proporcionan un repertorio de cuestiones que pueden desarrollarse mediante investigaciones más especializadas.

El ejemplar conservado en Librería5 añade a ese interés cultural una identificación bibliográfica concreta: 288 páginas, colección Nuevo Milenio, ISBN 978-84-662-1498-8, acreditación de Roberto Busto y una diferencia documentada entre la fecha de copyright y la del depósito legal.

La pregunta más importante que plantea el libro, sin embargo, no pertenece a su historia editorial. Es mucho más antigua: ¿cómo han intentado las sociedades humanas comprender y afrontar aquello que no podían controlar?

La respuesta no se encuentra exclusivamente en los hechizos ni en las visiones. Se encuentra también en la necesidad de interpretar la enfermedad, transmitir conocimientos, organizar la vida comunitaria y dar significado a la incertidumbre.

La magia puede estudiarse sin creer en ella, y las tradiciones religiosas pueden comprenderse sin reducirlas a supersticiones. Entre la credulidad y el desprecio existe un espacio de investigación que permite reconocer la riqueza cultural de estas prácticas y examinar críticamente las afirmaciones que las acompañan.

Fuentes consultadas