Conócete a ti mismo — Juan Antonio Vallejo-Nágera

Trece ediciones en apenas ocho meses y un autor que no llegó a conocer la primera. Juan Antonio Vallejo-Nágera, uno de los grandes divulgadores españoles de la psiquiatría, reunió en este libro sus explicaciones sobre la depresión, la ansiedad, las obsesiones, la personalidad y los tratamientos psiquiátricos. Una obra de 1990 que permite comprender tanto el sufrimiento humano como la transformación de la medicina de la mente.

En marzo de 1990 murió el psiquiatra y escritor Juan Antonio Vallejo-Nágera. Tres meses después apareció la primera edición de Conócete a ti mismo, un libro que reunía sus artículos de divulgación psicológica. La acogida editorial fue extraordinaria: antes de terminar aquel año se habían sucedido doce ediciones, y en enero de 1991 apareció la decimotercera.

Nuestro ejemplar pertenece precisamente a esa decimotercera edición de enero de 1991. La circunstancia está documentada dos veces: una banda diagonal en la cubierta anuncia «13.ª edición» y la página legal enumera las trece fechas, desde junio de 1990 hasta enero de 1991. El autor había fallecido antes de que comenzara esa sucesión de publicaciones.

¿Qué encontraba el público en aquellas páginas? No un manual de pensamiento positivo ni una colección de consejos motivacionales, sino respuestas a preguntas que muchas personas difícilmente se atrevían a formular. ¿Cuándo es necesario acudir al psiquiatra? ¿Qué diferencia una preocupación corriente de una obsesión? ¿Por qué alguien puede negar que está enfermo? ¿Cómo se manifiestan la depresión, el pánico o la esquizofrenia? ¿Qué tratamientos existen y cuánto deben durar?

Vallejo-Nágera pretendía explicar la enfermedad mental sin esconderse detrás de un lenguaje incomprensible. Su libro recogía artículos publicados anteriormente en la Guía práctica de psicología, una obra colectiva que él había dirigido. Más de tres décadas después, aquellas explicaciones conservan interés por su claridad y por lo que revelan de la psiquiatría de finales del siglo XX, aunque algunas denominaciones diagnósticas y determinados tratamientos deban interpretarse hoy a la luz de conocimientos posteriores.

Portada de Conócete a ti mismo, de Juan Antonio Vallejo-Nágera, colección Fin de Siglo, con indicación de 13.ª edición
Portada del ejemplar conservado en Librería5. La banda inferior identifica la decimotercera edición, publicada en enero de 1991 por Ediciones Temas de Hoy.

La psiquiatría explicada a quienes no son psiquiatras

El propósito de Conócete a ti mismo queda establecido desde su prólogo, firmado por el doctor José Miguel López-Ibor Aliño. El prologuista cuestiona la tendencia de algunos médicos a utilizar un lenguaje tan especializado que termina aumentando la confusión del paciente.

Su razonamiento parte de una experiencia reconocible. Una persona acude a la consulta porque experimenta sufrimiento, teme padecer una enfermedad o no comprende determinados cambios en su conducta. Además del tratamiento, necesita entender qué está sucediendo. Si recibe únicamente palabras técnicas que no sabe interpretar, puede abandonar la consulta con nuevas incertidumbres.

Para López-Ibor Aliño, Vallejo-Nágera poseía una cualidad especialmente valiosa: la capacidad de explicar problemas complejos mediante un lenguaje accesible sin renunciar a su formación médica.

El libro intenta cumplir esa función a través de textos breves, organizados alrededor de preguntas y problemas concretos. Su primer capítulo, que comienza en la página 13, se titula «¿Cuándo hay que acudir al psiquiatra?». No es una introducción teórica a las grandes escuelas psicológicas, sino una cuestión práctica que cualquier lector podría plantearse.

Vallejo-Nágera distingue entre situaciones que forman parte de las dificultades ordinarias de la vida y problemas que pueden requerir atención especializada. Para ello presta atención a la intensidad de los síntomas, sus consecuencias sobre la vida cotidiana y la posibilidad de que constituyan las primeras manifestaciones de una enfermedad.

El planteamiento pretendía combatir dos actitudes opuestas. Por un lado, la resistencia a consultar con un psiquiatra por vergüenza o por miedo a ser considerado enfermo mental. Por otro, la expectativa de que cualquier problema de conducta, relación o adaptación pudiera resolverse mediante una intervención psiquiátrica.

La tensión sigue siendo reconocible. No toda tristeza constituye una depresión clínica, ni toda preocupación equivale a un trastorno de ansiedad. Pero determinados síntomas pueden alcanzar una intensidad, duración o repercusión que justifique buscar ayuda profesional.

El capítulo siguiente, «La conciencia de enfermedad. Negación de enfermedad», aborda otra cuestión importante: la relación entre el paciente y su propio diagnóstico.

El autor cuestiona la creencia popular de que una persona con una enfermedad mental grave carece necesariamente de conciencia de su situación. Explica que algunos pacientes reconocen sus alteraciones y sufren precisamente porque perciben que algo está cambiando en su pensamiento o su experiencia.

Otros, en determinadas circunstancias clínicas, pueden encontrar dificultades para reconocer sus síntomas como manifestaciones de una enfermedad. La diferencia afecta al proceso terapéutico porque influye en la disposición del paciente a aceptar ayuda o continuar un tratamiento.

En esa explicación aparecen conceptos como anosognosia, utilizado para designar determinadas alteraciones de la conciencia de enfermedad, especialmente en contextos neurológicos. El autor también examina formas de negación psicológica que pueden aparecer ante diagnósticos graves.

Lo importante es que el conocimiento de la enfermedad no puede reducirse a una oposición entre personas que saben y personas que ignoran su situación. La experiencia subjetiva, las capacidades de reconocimiento y la reacción emocional ante un diagnóstico pueden ser muy diferentes.

Estos primeros artículos ilustran el carácter general del volumen: explicar al lector fenómenos que suelen interpretarse mediante prejuicios, expresiones populares o experiencias parciales.

De las fobias al trastorno obsesivo-compulsivo: comprender el sufrimiento invisible

Una parte sustancial de Conócete a ti mismo está dedicada a las alteraciones relacionadas con el miedo, las obsesiones y la angustia.

El índice incluye capítulos sobre fobias, neurosis, obsesiones, compulsiones, crisis de pánico e hipocondría. También aborda la histeria, los trastornos de conversión y otras manifestaciones en las que el malestar psicológico puede relacionarse con síntomas físicos.

Para comprender el interés de estas explicaciones conviene recordar que algunas experiencias psicológicas pueden resultar incomprensibles para quien nunca las ha padecido.

Una persona que siente miedo intenso ante una situación aparentemente inofensiva puede recibir consejos como evitar preocuparse o afrontar el problema con decisión. Sin embargo, el hecho de reconocer intelectualmente que una situación no representa un peligro importante no garantiza que desaparezca una respuesta emocional intensa.

Las fobias muestran precisamente esa diferencia entre el conocimiento racional de una situación y las reacciones de temor que puede provocar. El sufrimiento no desaparece necesariamente porque la persona comprenda que su miedo resulta desproporcionado.

Algo semejante sucede con determinadas obsesiones. Una idea puede aparecer reiteradamente contra la voluntad de quien la experimenta, ocupar su atención y producir angustia. Algunas personas desarrollan conductas repetitivas que buscan aliviar temporalmente ese malestar.

Un ejemplo frecuente es la comprobación reiterada de una puerta, una cerradura o un aparato eléctrico. La persona puede saber que ya ha realizado la comprobación y, pese a ello, sentir una necesidad persistente de repetirla. Cuando esos pensamientos y conductas alcanzan determinada intensidad y repercusión, pueden formar parte de un trastorno obsesivo-compulsivo.

El libro distingue entre las obsesiones y las compulsiones, y dedica a estas últimas un capítulo específico a partir de la página 56. La separación permite explicar que los pensamientos intrusivos y las conductas repetitivas mantienen relaciones complejas, pero no son exactamente el mismo fenómeno.

Otro capítulo trata las crisis de pánico. Durante una de estas experiencias, una persona puede presentar sensaciones físicas intensas y experimentar un miedo extraordinario, incluso cuando no existe un peligro exterior que explique proporcionalmente su reacción.

El problema puede agravarse cuando aparece el temor a sufrir nuevamente una crisis. La anticipación del malestar modifica entonces la conducta y puede llevar a evitar lugares o situaciones anteriormente habituales.

Estas explicaciones contribuyen a una idea central: la intensidad del sufrimiento psicológico no puede juzgarse exclusivamente por la importancia objetiva que un observador atribuye al acontecimiento que lo desencadena.

La denominación de los trastornos constituye, sin embargo, una parte de la obra que debe leerse históricamente. En 1990 todavía circulaban ampliamente expresiones como «neurosis de angustia», «neurosis fóbica» o «neurosis obsesivo-compulsiva».

Algunas procedían de tradiciones psiquiátricas y psicológicas anteriores y habían adquirido significados diferentes según los autores y las escuelas clínicas.

Las clasificaciones diagnósticas actuales utilizan una organización distinta. La Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11, de la Organización Mundial de la Salud distingue, entre otras categorías, los trastornos de ansiedad o miedo y los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados.

La diferencia no significa que las experiencias descritas por Vallejo-Nágera hayan desaparecido. Significa que los criterios utilizados para identificarlas, clasificarlas e investigar sus tratamientos han evolucionado.

Este contraste convierte el libro en una fuente histórica especialmente útil: permite comprobar cómo se explicaban determinados problemas psicológicos al público español de comienzos de los años noventa y comparar aquella terminología con la actual.

Depresión, esquizofrenia y personalidad: más allá de los diagnósticos populares

El índice continúa con una extensa relación de alteraciones de la personalidad y del estado de ánimo. Entre ellas aparecen la depresión, los episodios maníacos, la esquizofrenia, los trastornos alimentarios y los trastornos paranoides.

El capítulo sobre depresión y manía comienza en la página 80 de nuestro ejemplar. Su título reúne expresiones como depresión unipolar, depresión bipolar, psicosis maníaco-depresiva y reacción depresiva.

La coexistencia de estas denominaciones refleja una época de transición terminológica. El concepto histórico de psicosis maníaco-depresiva había servido para describir determinados trastornos del estado de ánimo. Con el desarrollo de clasificaciones diagnósticas más precisas se fue consolidando la distinción entre los trastornos depresivos y los trastornos bipolares.

En el lenguaje cotidiano, la palabra depresión se utiliza para describir situaciones muy variadas, desde un estado transitorio de tristeza hasta episodios clínicos graves. La psiquiatría, en cambio, necesita atender al conjunto de síntomas, su duración, su intensidad y sus repercusiones.

La manía tampoco debe confundirse con la simple alegría o con tener mucha energía. En determinados trastornos del estado de ánimo puede implicar cambios importantes en la actividad, el sueño, la conducta y la capacidad para valorar las consecuencias de las propias decisiones.

Los problemas diagnósticos son complejos porque algunos síntomas pueden aparecer en contextos diferentes. La evaluación exige conocer la evolución de la persona y no limitarse a identificar una característica aislada.

El libro dedica también un capítulo a la esquizofrenia, que comienza en la página 86. A finales del siglo XX ya existían tratamientos farmacológicos y diferentes modelos de asistencia, pero seguían siendo frecuentes numerosos prejuicios sociales sobre esta enfermedad.

Una de las funciones de la divulgación psiquiátrica era explicar que síntomas como las alucinaciones, las ideas delirantes o determinadas alteraciones del pensamiento pertenecen al terreno clínico y no deben convertirse automáticamente en juicios sobre el carácter moral de quienes los experimentan.

El capítulo siguiente se ocupa de los trastornos alimentarios, entre ellos la anorexia y la bulimia. El índice utiliza además el término «bulimorexia», una denominación que refleja usos clínicos y divulgativos de la época, pero que no debe trasladarse automáticamente a las categorías diagnósticas contemporáneas.

La diversidad de temas permite apreciar uno de los objetivos de la recopilación: ofrecer una visión de conjunto de los problemas abordados por la psiquiatría, desde las alteraciones del estado de ánimo hasta los comportamientos alimentarios, la dependencia de sustancias o determinados cambios en la personalidad.

Algunas expresiones que aparecen en el índice y en las explicaciones antiguas pueden resultar hoy imprecisas o estigmatizantes. Su presencia tiene valor para estudiar la historia de la medicina, pero no convierte esas denominaciones en equivalentes actuales.

La revisión académica sobre el trastorno bipolar en la CIE-11 publicada en 2022 muestra hasta qué punto las clasificaciones modernas responden a un proceso de revisión clínica y científica prolongado.

Leer conjuntamente un manual de 1990 y una clasificación contemporánea permite comprender que el conocimiento médico no permanece inmóvil. Los pacientes continúan necesitando respuestas, pero los conceptos utilizados para proporcionárselas pueden cambiar.

¿Por qué una persona sabe que algo le perjudica y continúa haciéndolo?

Otra parte importante del volumen aborda las relaciones entre conducta, impulsos y dependencia. El índice incorpora capítulos sobre cleptomanía, piromanía, juego patológico, alcoholismo, drogas, dependencia farmacológica y automedicación.

Estos asuntos comparten una dificultad fundamental: determinadas conductas pueden persistir incluso cuando la persona conoce sus consecuencias perjudiciales.

La explicación exclusivamente moral, basada en atribuir cualquier comportamiento problemático a la falta de voluntad, resulta insuficiente para comprender fenómenos como la dependencia de sustancias o el juego patológico.

El consumo repetido de una sustancia puede modificar hábitos, expectativas y mecanismos de recompensa. También puede generar dependencia física o psicológica. Con el tiempo, el comportamiento puede continuar aunque las consecuencias negativas resulten evidentes.

La discusión médica necesita distinguir entre el uso ocasional de una sustancia, el consumo problemático y los trastornos asociados a la dependencia. Esas situaciones no tienen necesariamente la misma gravedad ni requieren idéntico abordaje.

En el caso del juego, el problema puede expresarse mediante una repetición persistente de apuestas o decisiones económicas que perjudican la vida familiar, laboral y personal. El individuo puede intentar recuperar pérdidas anteriores y empeorar con ello la situación.

El capítulo sobre cleptomanía y otros trastornos del control de los impulsos comienza en la página 52 y presenta una combinación de comportamientos muy distintos. Su agrupación refleja el interés de la psiquiatría de aquel periodo por identificar alteraciones vinculadas con la regulación de la conducta.

La clasificación actual de estos problemas ha cambiado, y no corresponde aplicar indistintamente a todos ellos un mismo mecanismo psicológico o diagnóstico.

Los capítulos dedicados a la medicación introducen otro asunto práctico. El autor examina tanto el abuso de medicamentos como el rechazo de tratamientos y la automedicación. Esta última ocupa un capítulo propio a partir de la página 118.

La conducta ante los medicamentos puede presentar dificultades opuestas. Algunas personas buscan tratamientos farmacológicos sin una evaluación adecuada; otras abandonan por su cuenta medicaciones prescritas o rechazan seguir las indicaciones recibidas.

El libro aborda de nuevo esta cuestión en su capítulo final, «¿Cuánto debe durar un tratamiento?», que comienza en la página 170.

Allí distingue tratamientos destinados a abordar un episodio concreto, tratamientos de mantenimiento y estrategias preventivas. Su argumentación insiste en que la mejoría inicial no determina por sí sola el momento adecuado para suspender una medicación.

La duración del tratamiento depende del problema concreto, la evolución del paciente y las características de la intervención. Por eso, las decisiones sobre retirada, modificación o continuidad necesitan una valoración clínica individualizada.

Este principio conserva utilidad como criterio general de comprensión de la relación médico-paciente, aunque los medicamentos, las pautas terapéuticas y las recomendaciones clínicas hayan evolucionado considerablemente desde 1990.

La inteligencia que no miden los tests: un capítulo adelantado a su tiempo

Entre las cuestiones más inesperadas de Conócete a ti mismo aparece un capítulo titulado «La inteligencia que no miden los tests», situado en la página 138.

Su inclusión resulta especialmente interesante porque se aparta de la descripción de enfermedades para plantear una cuestión relacionada con la educación, la capacidad intelectual y el éxito en actividades humanas muy diferentes.

Vallejo-Nágera observa que los resultados académicos y las puntuaciones obtenidas en determinadas pruebas de inteligencia no permiten explicar por completo el desempeño de las personas en todos los ámbitos.

Alguien puede alcanzar un rendimiento escolar discreto y mostrar una habilidad extraordinaria para organizar una empresa, interpretar música, resolver problemas prácticos o comunicarse con los demás.

Para desarrollar esa reflexión, el autor menciona las investigaciones de Robert Sternberg, psicólogo vinculado durante años a la Universidad de Yale, y de Howard Gardner, profesor de Harvard conocido por su teoría de las inteligencias múltiples.

La referencia a ambos autores es significativa. En la década de 1980 se estaban desarrollando propuestas que cuestionaban la identificación excesivamente estrecha entre inteligencia y determinados resultados académicos o psicométricos.

Sternberg estudió diferentes dimensiones del funcionamiento intelectual, incluyendo las capacidades necesarias para afrontar situaciones prácticas. Gardner propuso distinguir diversas capacidades humanas que no quedaban representadas adecuadamente mediante una única puntuación general.

Vallejo-Nágera relaciona esas investigaciones con la posibilidad de detectar aptitudes personales que pasan inadvertidas dentro de los procedimientos convencionales de evaluación.

El problema sigue siendo relevante. Una prueba puede estar bien diseñada para medir determinadas capacidades y, sin embargo, no servir para predecir con precisión todos los resultados de la vida. La cuestión no consiste en negar la utilidad de los tests, sino en reconocer qué miden, con qué grado de fiabilidad y cuáles son sus límites.

Las teorías de Sternberg y Gardner han seguido desarrollándose y discutiéndose. En particular, la teoría de las inteligencias múltiples ha suscitado debates sobre su validación empírica y sobre la conveniencia de interpretar las distintas habilidades como inteligencias independientes.

Por ello, la presencia de esas referencias en un libro de 1990 debe entenderse como testimonio de una discusión intelectual entonces muy activa, no como demostración de que todas sus propuestas posteriores hayan quedado confirmadas.

El capítulo tiene, además, un atractivo especial para lectores interesados en la educación y en el aprendizaje: plantea que la valoración de las capacidades humanas no debería agotarse en una única clasificación de rendimiento.

En 1990, Vallejo-Nágera dedicó un capítulo a los límites de los tests de inteligencia y citó las propuestas de Robert Sternberg y Howard Gardner. Es una conexión poco evidente dentro de un libro sobre problemas psiquiátricos y muestra la amplitud de intereses de su autor.

Del electrochoque a la terapia ocupacional: los tratamientos de otra época

La parte final del libro está dedicada a la exploración clínica y a diferentes formas de intervención psiquiátrica. Entre sus capítulos aparecen la modificación de conducta, las unidades de día, la relajación, la hipnosis, la sofrología, la psicocirugía, la terapia electroconvulsiva y la terapia ocupacional.

Esta sección es especialmente valiosa para comprender la historia reciente de la medicina mental. Algunos procedimientos continúan utilizándose bajo condiciones y protocolos actualizados; otros han cambiado profundamente o poseen hoy indicaciones mucho más restringidas.

Uno de los títulos que más puede sorprender al lector es «El electrochoque. Nueva imagen del tratamiento psiquiátrico más controvertido», que comienza en la página 163.

La terapia electroconvulsiva había adquirido una reputación particularmente negativa en la cultura popular, influida por determinadas representaciones cinematográficas y literarias de los hospitales psiquiátricos.

Vallejo-Nágera aborda esa controversia y distingue las formas históricas iniciales del tratamiento de las modificaciones introducidas posteriormente, entre ellas la anestesia y la relajación muscular.

El autor defendía que la imagen pública del procedimiento no siempre reflejaba su utilización clínica y que determinados pacientes podían beneficiarse de él cuando otras alternativas no resultaban suficientes.

Su explicación es especialmente interesante como documento de 1990, pero no debe confundirse con una guía actual de indicaciones, eficacia o seguridad.

La terapia electroconvulsiva continúa utilizándose en situaciones clínicas específicas. Un informe de evaluación de tecnologías sanitarias del Servicio Canario de la Salud, basado en una revisión de evidencia realizada en 2025, examina su aplicación en depresiones graves o resistentes a otros tratamientos.

El documento señala que actualmente se administra bajo anestesia general y procedimientos estandarizados, pero también estudia sus efectos adversos, especialmente los relacionados con la memoria, y la necesidad de mejorar el consentimiento informado y el seguimiento de los pacientes.

Esta comparación permite observar una continuidad y una transformación. El problema terapéutico no ha desaparecido, pero los procedimientos, los criterios de utilización y las exigencias de evaluación clínica y ética han cambiado.

El índice incluye también la psicocirugía, a partir de la página 158. Su presencia recuerda una etapa de la psiquiatría en la que se exploraron procedimientos invasivos sobre el sistema nervioso para tratar trastornos graves.

Las indicaciones, las técnicas y las exigencias de supervisión de esas intervenciones no pueden trasladarse directamente desde un texto de 1990 a la práctica contemporánea.

La hospitalización psiquiátrica forzosa ocupa otro capítulo, que comienza en la página 143. Aquí confluyen dos problemas que siguen siendo fundamentales: la necesidad de prestar asistencia en determinadas situaciones graves y el respeto a la libertad, la autonomía y los derechos de la persona.

El internamiento no voluntario constituye una intervención especialmente sensible porque afecta directamente a derechos fundamentales. Su regulación jurídica y los procedimientos de control dependen del marco normativo vigente, que ha experimentado modificaciones desde la publicación del libro.

Resulta, por tanto, imprescindible distinguir entre las descripciones históricas de un manual de 1990 y las reglas legales y clínicas aplicables en la actualidad.

La importancia de las otras veintitrés horas

Dentro de la sección terapéutica hay un apartado menos espectacular, pero especialmente revelador: «Terapia ocupacional», que comienza en la página 167.

Vallejo-Nágera recuerda que la atención a una persona ingresada no puede reducirse al tiempo dedicado a entrevistas, exploraciones y medicación. El resto de su jornada también forma parte de su experiencia hospitalaria.

Describe el problema de los pacientes que reciben atención clínica durante un periodo relativamente breve, pero permanecen largas horas sin actividades significativas ni estímulos adecuados.

La inactividad prolongada puede contribuir al aislamiento y a la pérdida de autonomía. En ese contexto, las actividades ocupacionales se presentan como un medio para favorecer las relaciones sociales, recuperar capacidades y proporcionar experiencias de utilidad personal.

El autor introduce una observación interesante: no toda ocupación produce necesariamente los mismos beneficios. La actividad necesita tener algún significado para quien la realiza.

Un trabajo repetitivo, impuesto y carente de finalidad percibida puede resultar muy diferente de una tarea que permite crear algo útil, desarrollar una habilidad o participar en un proyecto común.

El capítulo menciona actividades como la artesanía, la pintura, la música, el movimiento y otras ocupaciones adaptadas a las circunstancias del paciente.

Esta preocupación conecta la asistencia psiquiátrica con una idea más amplia de la rehabilitación: la persona no queda reducida a su diagnóstico ni al tratamiento farmacológico que recibe. Su vida cotidiana, sus relaciones y las oportunidades de desarrollar capacidades también importan.

La evolución posterior de la atención comunitaria en salud mental ha dado un lugar importante a la rehabilitación psicosocial, la recuperación de autonomía y la participación en actividades significativas.

El interés del capítulo reside en que permite reconocer preocupaciones humanas que atraviesan diferentes etapas históricas de la psiquiatría, aunque sus métodos concretos hayan cambiado.

Un médico que escribía novelas y un libro que apareció después de su muerte

La trayectoria de Juan Antonio Vallejo-Nágera ayuda a comprender el estilo de Conócete a ti mismo. No fue únicamente un especialista dedicado a publicar tratados médicos.

Nacido en Oviedo en 1926, estudió Medicina y desarrolló una carrera vinculada con la psiquiatría clínica, la enseñanza universitaria y la investigación. Ocupó responsabilidades en instituciones sanitarias y docentes y publicó trabajos especializados que alcanzaron una notable difusión.

Su biografía recogida por el Museo Nacional del Prado destaca también una faceta menos conocida: su interés por la pintura y el arte, especialmente por los creadores de estilo ingenuista o naíf.

Entre sus publicaciones figuran obras como Locos egregios, dedicada a personajes históricos examinados desde la psiquiatría, y Mishima o el placer de morir, sobre el escritor japonés Yukio Mishima.

La literatura histórica le proporcionó uno de sus mayores reconocimientos públicos. En 1985 recibió el Premio Planeta por Yo, el rey, novela centrada en José Bonaparte.

Esta combinación de medicina, literatura, historia y arte resulta significativa para comprender su divulgación psicológica. Vallejo-Nágera estaba acostumbrado a presentar problemas complejos mediante relatos, ejemplos y explicaciones dirigidas a públicos distintos.

Su muerte se produjo el 13 de marzo de 1990, a consecuencia de un cáncer de páncreas. La noticia publicada por El País el 15 de marzo de 1990 recoge una coincidencia extraordinaria: el mismo día de su fallecimiento salió a la venta Aprender a hablar en público hoy, obra cuya publicación había querido acelerar.

Conócete a ti mismo siguió otra trayectoria editorial. Su primera edición apareció en junio de 1990, cuando el autor ya había fallecido.

El libro no fue redactado íntegramente desde cero para esa publicación. Según explica su contraportada, reúne artículos escritos por Vallejo-Nágera y publicados anteriormente en la obra que dirigió, Guía práctica de psicología.

Esta obra colectiva se había publicado en 1988 por Ediciones Temas de Hoy. Contó con un equipo de especialistas y tuvo ediciones posteriores, entre ellas una de Ediciones Martínez Roca aparecida en 1998, ya después de la muerte de su coordinador.

La diferencia editorial es importante. Guía práctica de psicología era una obra amplia, preparada por varios profesionales bajo la dirección de Vallejo-Nágera. Conócete a ti mismo ofrece, en cambio, una selección de sus artículos personales en un formato más breve.

La recopilación permitió que sus explicaciones continuaran circulando entre nuevos lectores después de su fallecimiento, sin exigirles adquirir la obra colectiva completa.

Trece ediciones en ocho meses: lo que cuenta nuestro ejemplar

La página legal de nuestro volumen conserva una relación editorial poco habitual por su precisión. No se limita a declarar que pertenece a la decimotercera edición: enumera las fechas de las doce anteriores.

Según esta relación impresa, la primera, segunda y tercera ediciones aparecieron en junio de 1990. La cuarta, quinta y sexta corresponden a julio. La séptima se fechó en agosto y la octava en septiembre.

La novena y décima se publicaron en octubre, mientras que la undécima y duodécima se consignan en noviembre de 1990. Finalmente, la decimotercera edición lleva fecha de enero de 1991.

El libro acumulaba así doce menciones de edición durante los seis meses comprendidos entre junio y noviembre de 1990. La decimotercera apareció a comienzos del año siguiente.

Esta rápida sucesión constituye un indicio documental de una acogida editorial importante. No obstante, la enumeración no permite conocer por sí sola cuántos ejemplares se imprimieron en cada ocasión ni demostrar que existieran trece versiones textuales diferentes.

En el sector editorial español se ha utilizado frecuentemente la palabra «edición» para designar nuevas impresiones de un mismo libro. Sin una comparación material entre ejemplares, no corresponde afirmar que cada una de las fechas representa una revisión de contenido.

Una reseña retrospectiva publicada en Club del Lector afirma que hacia el año 2000 la obra había alcanzado treinta y cuatro ediciones y superado los 140.000 ejemplares vendidos. Son cifras atribuidas a esa fuente secundaria, no datos que podamos reconstruir directamente a partir de nuestro volumen.

La continuidad bibliográfica está mejor documentada. El repertorio Dialnet registra la edición de Temas de Hoy de 1990 y una posterior publicada por Planeta-De Agostini en 1996, con otro ISBN.

El interés de nuestro ejemplar consiste en conservar una fase muy temprana de esa trayectoria: la extraordinaria sucesión de impresiones que siguió a la primera publicación.

Existe también una pequeña cuestión bibliográfica relativa a la paginación. Nuestro volumen tiene 176 páginas, cifra que coincide con el registro de Google Libros y con otras fichas bibliográficas. Sin embargo, algunos catálogos comerciales atribuyen a ejemplares de la misma obra 172 páginas.

No disponemos de una comparación suficiente entre esas descripciones para determinar si corresponden a formas distintas de contar páginas, a variantes materiales o a errores de catalogación. La descripción de Librería5 mantiene las 176 páginas comprobadas en nuestro ejemplar.

La cubierta presenta otro detalle que permite identificarlo: la banda diagonal blanca que anuncia la decimotercera edición, impresa sobre la esquina inferior derecha.

Esta característica, unida a la relación cronológica de la página legal, distingue materialmente nuestro volumen de otras impresiones tempranas que comparten el mismo ISBN.

La edición de Conócete a ti mismo conservada en Librería5, fechada en enero de 1991, documenta trece menciones de edición en solo ocho meses naturales. El dato procede de la página legal y constituye una prueba primaria de la rápida circulación editorial de esta recopilación póstuma.

La colección Fin de Siglo y los detalles de la edición

Conócete a ti mismo. Los grandes problemas psicológicos de nuestro tiempo apareció en Ediciones Temas de Hoy, editorial madrileña que publicó numerosas obras de divulgación, ensayo y actualidad durante las últimas décadas del siglo XX.

El volumen pertenece a la colección Fin de Siglo. La denominación aparece tanto en la página legal como en la contraportada y sitúa el libro dentro de una línea editorial orientada a cuestiones contemporáneas.

La página legal atribuye a Juan Antonio Vallejo-Nágera los derechos de autor de 1990 y señala expresamente que se trata de una recopilación de artículos escritos por él para la Guía práctica de psicología.

El diseño de cubierta corresponde a Rudesindo de la Fuente y la fotografía utilizada se atribuye a Luis Rubio Barrio. La composición tipográfica fue realizada por Fernández Cuadra, S. L., y la impresión por Grefol, S. A..

La dirección editorial impresa se encontraba en el paseo de la Castellana, número 93, de Madrid.

El ISBN es 84-7880-038-7, equivalente al identificador ISBN-13 9788478800384. El depósito legal figura como M. 47.133-1990, correspondiente al año de la primera publicación.

La fotografía de portada presenta al autor ante una biblioteca, vestido formalmente. Su imagen ocupa buena parte de la composición y establece una relación visual directa entre el nombre del médico y las explicaciones contenidas en el libro.

La contraportada resume sus principales asuntos y reproduce algunas preguntas que el lector encontrará desarrolladas: la neurosis, los trastornos de personalidad, la automedicación, la cleptomanía, la depresión y la necesidad de acudir al psiquiatra.

En la solapa posterior aparece una breve semblanza de Vallejo-Nágera. Se recuerdan sus responsabilidades sanitarias y universitarias, sus publicaciones científicas y su actividad literaria, incluido el Premio Planeta de 1985.

El prólogo merece una precisión bibliográfica adicional. Nuestro índice atribuye expresamente su autoría al doctor José Miguel López-Ibor Aliño.

Este nombre no debe confundirse automáticamente con el de Juan José López-Ibor Aliño, también psiquiatra español. La existencia profesional de José Miguel López-Ibor Aliño está documentada, entre otras fuentes, en el Boletín Oficial del Estado de 19 de enero de 1976, donde figura como jefe de sección de Psiquiatría.

La distinción conserva importancia para la identificación correcta del prólogo. La semejanza entre ambos nombres podría inducir a atribuirlo erróneamente a otra persona de la misma familia de psiquiatras.

Obra

Título
Conócete a ti mismo
Subtítulo
Los grandes problemas psicológicos de nuestro tiempo
Autor
Juan Antonio Vallejo-Nágera
Primera publicación
1990
Género
Divulgación científica y psiquiátrica
Materia
Psiquiatría, psicopatología, conducta humana y tratamientos psicológicos
Procedencia de los textos
Artículos del autor publicados anteriormente en Guía práctica de psicología.

Edición

Editorial
Ediciones Temas de Hoy, S. A.
Colección
Fin de Siglo
Lugar
Madrid
Año
1991
Mención de edición
Decimotercera edición, enero de 1991
ISBN
84-7880-038-7
Depósito legal
M. 47.133-1990
Páginas
176
Idioma
Español
Encuadernación
Rústica ilustrada
Prólogo
José Miguel López-Ibor Aliño
Diseño de cubierta
Rudesindo de la Fuente
Fotografía de cubierta
Luis Rubio Barrio
Composición
Fernández Cuadra, S. L.
Imprenta
Grefol, S. A.

Ejemplar conservado

Identificación
Decimotercera edición, enero de 1991, perteneciente a la colección Fin de Siglo.
Particularidad de cubierta
Banda diagonal blanca que anuncia «13.ª edición».
Historial de ediciones
La página legal enumera trece ediciones fechadas entre junio de 1990 y enero de 1991.
Relación cronológica
La primera edición apareció después del fallecimiento del autor, ocurrido el 13 de marzo de 1990.
Contraportada de Conócete a ti mismo, de Juan Antonio Vallejo-Nágera, colección Fin de Siglo, Ediciones Temas de Hoy
Contraportada de nuestro ejemplar, con la presentación editorial de los artículos de Vallejo-Nágera y una selección de los principales problemas psicológicos abordados.

Conocerse a uno mismo también exige comprender cómo cambia el conocimiento

El título elegido por Vallejo-Nágera remite a una antigua aspiración filosófica: comprender qué somos, cómo pensamos y por qué actuamos de determinada manera.

Pero el contenido de Conócete a ti mismo lleva esa aspiración a un terreno concreto. No propone únicamente la introspección como ejercicio individual. Enseña al lector a reconocer que algunas experiencias humanas necesitan ser estudiadas mediante conocimientos clínicos y que determinadas dificultades no pueden explicarse exclusivamente mediante juicios morales.

Su valor reside especialmente en la claridad con que intenta aproximar al público asuntos que durante mucho tiempo estuvieron rodeados de silencio, vergüenza o supersticiones.

En 1990, hablar abiertamente de ataques de pánico, trastornos alimentarios, dependencia farmacológica o tratamientos psiquiátricos seguía encontrando importantes barreras culturales. Un libro de difusión general podía contribuir a que sus lectores reconocieran problemas que hasta entonces conocían únicamente mediante expresiones populares.

La experiencia médica y la capacidad comunicativa de Juan Antonio Vallejo-Nágera permitieron reunir explicaciones accesibles sobre una amplia variedad de situaciones. Su éxito editorial, visible en la secuencia de ediciones del ejemplar conservado en Librería5, demuestra que existía un público interesado en comprenderlas.

La lectura actual también permite observar los límites históricos de ese conocimiento. Algunos términos han desaparecido de las clasificaciones, otros se utilizan con significados distintos y los tratamientos han experimentado revisiones técnicas y éticas.

Eso no convierte a la obra en un documento inútil. Permite situarla correctamente: es un libro de divulgación médica escrito por un especialista de su época, no un manual clínico actualizado a los criterios de 2026.

La diferencia resulta especialmente importante en un campo donde el diagnóstico y el tratamiento tienen consecuencias directas sobre la vida de las personas. Las explicaciones históricas pueden servir para comprender la evolución de la psiquiatría, pero las decisiones médicas requieren información y valoración profesional contemporáneas.

Existe, además, una enseñanza que atraviesa tanto el prólogo como muchos de los artículos: el lenguaje empleado por el médico importa. Una explicación adecuada puede ayudar al paciente a comprender su situación, mientras que una comunicación confusa o desconsiderada puede añadir sufrimiento.

Más allá de las categorías diagnósticas, esa preocupación por hacerse entender conserva un valor difícil de envejecer.

El ejemplar de Librería5 reúne así dos historias. Una pertenece al contenido: la manera en que un destacado psiquiatra español explicaba la mente humana a finales del siglo XX. La otra es editorial: la publicación póstuma de una recopilación que alcanzó trece ediciones en pocos meses y siguió circulando durante años.

Ambas permiten entender por qué Conócete a ti mismo fue mucho más que una simple reunión de artículos. Es un testimonio de la voluntad de acercar el conocimiento psiquiátrico al lector común y, al mismo tiempo, una fuente desde la que observar cuánto ha cambiado nuestra forma de describir, investigar y tratar el sufrimiento psicológico.

Fuentes consultadas