Estrés. Cómo aprender en la encrucijada — Ángeles Enríquez Soriano

Una psicóloga clínica se pregunta por qué las mismas dificultades pueden fortalecer a unas personas y desbordar a otras. Un manual de 1997 sobre el estrés, la adaptación y los límites de nuestra capacidad para soportar las exigencias de la vida.

¿Por qué una situación que una persona afronta con relativa tranquilidad puede provocar en otra una profunda crisis? ¿Cuándo deja el estrés de ayudarnos a reaccionar y empieza a deteriorar nuestra salud? ¿Y qué podemos hacer cuando las exigencias de la vida superan los recursos de los que creemos disponer?

Ángeles Enríquez Soriano publicó en 1997 Estrés. Cómo aprender en la encrucijada, un libro que aborda estas preguntas desde la psicología clínica. Su planteamiento resulta más interesante que la habitual promesa de eliminar el estrés mediante unas cuantas técnicas de relajación. La autora organiza el problema como un proceso: primero están las situaciones que generan tensión; después, la experiencia fisiológica y psicológica de quien las afronta; finalmente, las consecuencias y las posibles formas de intervención.

El título contiene una idea que reaparece al final del volumen: ante una experiencia estresante podemos aprender a desenvolvernos mejor o aumentar nuestra vulnerabilidad. La encrucijada no consiste necesariamente en elegir entre tener estrés o no tenerlo, sino en comprender qué nos sucede, qué podemos cambiar y cuándo necesitamos ayuda.

Cubierta de Estrés. Cómo aprender en la encrucijada, de Ángeles Enríquez Soriano, publicado por Olalla Ediciones en 1997
Primera edición de 1997, perteneciente a la colección Libros útiles de Olalla Bolsillo. Ejemplar conservado en Librería5.

El estrés no comienza necesariamente donde creemos

Uno de los problemas al hablar de estrés es que utilizamos la misma palabra para designar situaciones, sensaciones y consecuencias. Decimos que un trabajo es estresante, que una persona está estresada o que determinada enfermedad está relacionada con el estrés. Son afirmaciones diferentes, aunque aparezcan mezcladas en el lenguaje cotidiano.

La estructura del libro de Enríquez Soriano ayuda a separarlas. Su primer capítulo, «Acerca del estrés», comienza en la página 13 y dedica apartados específicos a aclarar términos, explicar el proceso, presentar un modelo de análisis y estudiar la adaptación. Esa última palabra es fundamental: la respuesta de estrés tiene una función adaptativa y no constituye, por definición, una enfermedad.

Ante una amenaza o una exigencia importante, el organismo modifica su funcionamiento. Aumenta la activación fisiológica, se movilizan recursos y la atención puede concentrarse en aquello que requiere una respuesta. El sistema no está diseñado para mantenernos permanentemente relajados, sino también para permitirnos reaccionar ante situaciones difíciles.

El problema aparece cuando la activación es excesiva, se prolonga demasiado o no encuentra una forma eficaz de resolverse. Una respuesta que inicialmente ayuda a afrontar una dificultad puede convertirse en una fuente adicional de desgaste.

Esta distinción continúa siendo importante. La Organización Mundial de la Salud explica que el estrés forma parte de la respuesta humana normal ante los desafíos, aunque su intensidad o persistencia puede perjudicar tanto la salud física como la mental. Esta formulación actual permite contextualizar el libro de 1997 sin atribuirle literalmente los criterios de una institución que se ha pronunciado décadas después.

La propia contraportada del ejemplar utiliza la expresión «esta enfermedad» para referirse al estrés. Desde una perspectiva clínica conviene matizarla: el estrés no es siempre una patología diferenciada, aunque pueda desencadenar síntomas, agravar enfermedades o contribuir a trastornos que requieren atención profesional. La diferencia no es meramente terminológica, pues determina cómo interpretamos una respuesta normal y cuándo consideramos que existe un problema de salud.

La situación, la persona y la experiencia del estrés

Los capítulos segundo y tercero muestran el núcleo conceptual de la obra. «Las situaciones estresoras», que comienza en la página 71, aborda lo relacional, los tipos de situaciones, sus dimensiones y su clasificación. «La experiencia del estrés», desde la página 93, desplaza la atención hacia la respuesta del individuo: sus componentes fisiológicos y psicológicos, sus características personales y el apoyo social del que dispone.

La separación es útil porque una situación no explica por sí sola todas las respuestas que provoca. Pensemos en dos trabajadores a quienes se comunica una reorganización de sus funciones. Ambos reciben la misma noticia, pero uno dispone de información, estabilidad económica y compañeros dispuestos a ayudarlo; el otro teme perder su empleo, desconoce las nuevas tareas y carece de apoyo. La exigencia externa puede parecer semejante y, sin embargo, las posibilidades reales de afrontarla son muy distintas.

Este ejemplo hipotético permite comprender la importancia de distinguir entre acontecimientos, recursos e interpretación. No significa que las condiciones objetivas dejen de importar ni que el estrés sea una simple cuestión de actitud.

La psicología había desarrollado mucho antes de 1997 modelos que ayudaban a explicar estas diferencias. Entre ellos destaca el enfoque transaccional de Richard Lazarus y Susan Folkman, formulado en los años ochenta, que concede especial importancia a la evaluación de las situaciones y de los recursos disponibles para afrontarlas. La American Psychological Association describe este marco mediante la valoración inicial de la amenaza, la apreciación de las posibilidades de respuesta y las estrategias de afrontamiento.

La organización del índice de Enríquez Soriano puede leerse en relación con ese contexto intelectual, pero las páginas documentadas de nuestro ejemplar no permiten establecer hasta qué punto adopta exactamente ese modelo ni cuáles son todas sus referencias teóricas. Lo comprobable es que distingue las situaciones estresoras de la experiencia personal y concede un lugar específico a la adaptación y al apoyo social.

La diferencia tiene consecuencias prácticas. Si una persona se encuentra sometida a exigencias desproporcionadas, recomendarle exclusivamente que cambie su interpretación del problema puede resultar insuficiente. En otras circunstancias, aprender a identificar amenazas exageradas o desarrollar recursos personales sí puede ayudar. Una intervención adecuada exige saber qué parte del problema reside en el entorno, qué parte corresponde a la respuesta individual y cuáles son las posibilidades efectivas de modificar ambas.

No toda situación difícil provoca la misma respuesta, pero tampoco toda respuesta de estrés puede resolverse modificando nuestra manera de pensar. Comprender la relación entre las exigencias y los recursos es más útil que buscar culpables en la personalidad.

Cuando el estrés pasa factura: el cuerpo también participa

El cuarto capítulo lleva un título deliberadamente expresivo: «Cuando el estrés pasa factura». Comienza en la página 129 y precede a otro dedicado a la evaluación. Su posición en la obra resulta significativa. Después de estudiar los factores que intervienen en una situación estresante y las respuestas de las personas, aparece la cuestión de sus consecuencias.

La experiencia del estrés no sucede únicamente en nuestros pensamientos. Puede manifestarse mediante alteraciones del sueño, dificultades de concentración, irritabilidad, molestias digestivas, tensión muscular o cambios en los hábitos cotidianos. Ninguno de estos signos demuestra por sí solo que exista un trastorno específico, pero su aparición persistente puede indicar que las demandas están superando la capacidad de recuperación de una persona.

La investigación posterior ha permitido describir con mayor precisión algunos mecanismos implicados en ese desgaste. Bruce McEwen desarrolló trabajos sobre la carga alostática, un concepto que ayuda a explicar cómo los sistemas fisiológicos de adaptación pueden producir costes cuando permanecen activados repetidamente o durante periodos prolongados.

En su artículo de 1998, Stress, Adaptation, and Disease: Allostasis and Allostatic Load, McEwen estudió la relación entre adaptación, mecanismos neuroendocrinos y desgaste del organismo. Se trata de una investigación independiente, publicada después del libro de Enríquez Soriano, que permite ampliar su contexto científico. No demuestra que la autora utilizara ese mismo marco ni que todas las enfermedades puedan explicarse mediante el estrés.

Lo relevante es que la relación entre exigencia y recuperación tiene efectos que van más allá de las sensaciones subjetivas. Una reacción intensa y breve puede ser perfectamente adaptativa; otra menos espectacular, pero mantenida durante meses, puede resultar mucho más problemática. Por ello importa tanto la duración de las dificultades, la posibilidad de descansar y el margen real de control sobre las circunstancias.

Evaluar el estrés no significa medir quién soporta más

El quinto capítulo, «Evaluación del estrés», comienza en la página 137. Situarlo antes de las propuestas de intervención expresa una secuencia razonable: comprender primero qué está sucediendo y decidir después qué conviene modificar.

La evaluación psicológica del estrés no debería reducirse a preguntar cuántas horas trabaja alguien o con qué frecuencia se siente nervioso. Conviene distinguir la naturaleza de los acontecimientos, su duración, la intensidad de los síntomas, los recursos disponibles y las consecuencias sobre la vida cotidiana.

El problema se vuelve especialmente importante en el trabajo. Una empresa puede considerar que sus empleados necesitan formación para soportar mejor la presión cuando la verdadera dificultad es una organización deficiente, una carga imposible de atender o la ausencia de autonomía. En ese supuesto, los cursos de relajación pueden aliviar algunos síntomas sin eliminar las circunstancias que los producen.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo identifica actualmente factores como las exigencias elevadas, la falta de control y el apoyo social insuficiente. Su enfoque insiste en evaluar los agentes estresores presentes en las condiciones de trabajo, no en limitarse a localizar personas que manifiestan estrés.

Este desarrollo institucional permite introducir una distinción decisiva al leer un manual dirigido fundamentalmente a mejorar los recursos de afrontamiento: la adaptación personal y la modificación del entorno no son soluciones excluyentes. En determinados casos, la intervención más eficaz no consiste en enseñar a alguien a soportar mejor unas condiciones perjudiciales, sino en corregir esas condiciones.

Descansar, comunicarse y aprender a pedir ayuda

La parte final del volumen, titulada «¿Y qué hacer con el estrés?», traslada el análisis a la vida cotidiana. Su índice reúne asuntos particularmente concretos: detectar y comprender lo que sucede, atender al estilo de vida, descansar, mejorar la relación con uno mismo, aprovechar la comunicación y el apoyo de otras personas y acudir a la consulta profesional cuando sea necesario.

Uno de los epígrafes afirma: «Quien sabe descansar, puede producir». La frase revela una inversión interesante respecto a cierta cultura de la productividad. Descansar no aparece como una concesión a la pereza, sino como una capacidad necesaria para recuperar recursos. La cuestión continúa siendo pertinente, aunque el descanso no deba justificarse exclusivamente por su utilidad para trabajar más.

La importancia del estilo de vida tampoco debe confundirse con una fórmula única para todo el mundo. La regularidad del sueño, la actividad física y los periodos de recuperación pueden contribuir al bienestar; sus efectos dependen de las circunstancias y no sustituyen por sí solos una intervención profesional cuando existe un problema clínico.

Más significativo todavía es que el libro reserve uno de sus últimos apartados a «Los mejores antídotos: la comunicación y el apoyo», situado en la página 229. El apoyo social ya aparecía entre los factores de la experiencia del estrés en la página 125. La repetición no es gratuita: primero figura como elemento que interviene en la respuesta de una persona y después como recurso posible para afrontar las dificultades.

La comunicación puede modificar una situación de varias maneras. Permite obtener información, compartir responsabilidades, solicitar ayuda material, contrastar una interpretación o simplemente dejar de afrontar un problema en aislamiento. No todas estas funciones son equivalentes: escuchar a alguien puede aliviar su sufrimiento, pero quizá necesite además asesoramiento, asistencia sanitaria o una modificación concreta de sus condiciones de vida.

El siguiente apartado del índice, «Ante la duda o la inoperancia: la consulta profesional», comienza en la página 235. Su formulación reconoce un límite importante de los manuales de autoayuda. Cuando los recursos habituales no funcionan, las dificultades persisten o afectan seriamente al funcionamiento diario, puede ser necesario recurrir a profesionales cualificados.

La sección final plantea la pregunta que proporciona una de las claves interpretativas del volumen: «¿Y qué hacemos con el estrés?, a la postre: crecemos o aumentamos la vulnerabilidad». No conviene entenderla como una promesa de que toda experiencia adversa nos hará más fuertes. Algunas dificultades generan aprendizaje; otras ocasionan daños reales. Precisamente por eso resulta importante distinguir cuándo estamos desarrollando recursos y cuándo estamos acumulando desgaste.

Un libro de psicología que terminó siendo fuente de los diccionarios

La investigación bibliográfica de Estrés. Cómo aprender en la encrucijada revela una trayectoria posterior inesperada. El libro de Ángeles Enríquez Soriano no ha quedado limitado a las referencias comerciales o a la divulgación psicológica: sus textos también fueron utilizados como testimonios del español contemporáneo.

La Real Academia Española lo incluye entre las obras citadas en el Diccionario panhispánico de dudas. También figura, expresamente identificado como material procedente del Corpus de Referencia del Español Actual (CREA), en la nómina documental de la Nueva gramática de la lengua española, publicada en 2009.

Por su parte, el Diccionario del español actual, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, incorpora igualmente la obra bajo la referencia abreviada «Enríquez Estrés».

Este uso constituye un dato interesante sobre la vida documental del libro. No implica que los académicos estén avalando sus recomendaciones psicológicas. Significa que el texto ha servido para documentar vocabulario, construcciones y usos efectivos de la lengua.

La utilización lingüística no se detiene ahí. En 2014, la investigadora Paola Capponi publicó en Philologia Hispalensis un estudio sobre los usos figurados de la palabra «bólido». Entre sus ejemplos aparecen expresiones tomadas precisamente del libro de Enríquez Soriano, como «ir de bólido», empleada para describir el ritmo acelerado de la vida cotidiana.

Hay incluso una pequeña discrepancia editorial que nuestro ejemplar permite aclarar. La nómina del Diccionario panhispánico de dudas identifica la editorial como «Olaya», mientras que tanto la página legal del volumen que conservamos como la documentación de la Nueva gramática consignan Olalla. La identificación correcta para esta edición es Olalla Ediciones, S. L., tal como consta impresa en el propio libro.

Resulta curioso que una obra dedicada a explicar cómo nos afecta la vida acelerada haya terminado proporcionando ejemplos a los lingüistas que estudian nuestra manera de hablar. El estrés también deja huellas en el vocabulario y en las expresiones con las que describimos el mundo.

La primera edición de 1997 conservada en Librería5

El ejemplar de Librería5 corresponde a la primera edición de febrero de 1997, publicada en Madrid por Olalla Ediciones, S. L., dentro de la colección «Libros útiles» y bajo el sello Olalla Bolsillo.

La página legal identifica a Ángeles Enríquez Soriano como autora, a Pie de Página como responsable del diseño y la maquetación, y a José Antonio Cháñez como autor de la portada y las ilustraciones. La impresión corrió a cargo de Gráficas Miram, S. L., con domicilio en Leganés. El ISBN es 84-88876-49-1 y el depósito legal, M-5.267-1997.

La contraportada proporciona información biográfica significativa. En 1997, Enríquez Soriano se presentaba como licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, sección Psicología, por la Universidad de Barcelona, y ejercía como psicóloga clínica en el Instituto Aragonés de la Mujer. También mencionaba experiencia anterior en dispositivos asistenciales y actividades de formación e investigación. Estos datos corresponden a la presentación editorial de aquella época y no deben interpretarse como una descripción de su situación profesional actual.

Su vinculación entonces con la atención psicológica aporta contexto a una obra que presta atención tanto a las respuestas individuales como a las relaciones sociales, la comunicación y la necesidad de ayuda. La formación y experiencia declaradas por la autora explican la orientación clínica y divulgativa con la que se presenta el volumen, aunque no permiten reconstruir casos profesionales concretos ni atribuirle experiencias que el material consultado no documenta.

La dedicatoria también revela el tono elegido: está dirigida a quienes buscan, investigan y sueñan, así como a profesores, clientes, amigos, familiares y especialmente al hijo de la autora. No es la fórmula impersonal de un tratado académico; acompaña un libro que quiere trasladar conocimientos psicológicos a lectores no especializados.

Contraportada de Estrés. Cómo aprender en la encrucijada con los datos biográficos de Ángeles Enríquez Soriano y el sello Olalla Bolsillo
Contraportada del volumen, con la presentación biográfica de la autora, su orientación divulgativa y los distintivos de Olalla Bolsillo.

Nuestro ejemplar tiene 246 páginas. Algunos registros comerciales consultados indican 244, una diferencia que puede depender de la forma de contar las páginas preliminares o finales, aunque no contamos con información suficiente para determinar su causa. En la ficha conservamos la extensión comprobada del objeto de Librería5.

El índice presenta además una inconsistencia concreta. Sitúa el capítulo VI, «¿Y qué hacer con el estrés?», en la página 197, pero atribuye a su primer apartado, «Detectar, analizar, comprender/se», la página 165. Dado que este último número precede al de la apertura del capítulo, ambos datos no pueden representar correctamente la secuencia anunciada. Conservamos la discrepancia como característica documental del índice sin decidir cuál de las dos referencias es errónea.

Obra

Título
Estrés. Cómo aprender en la encrucijada
Autora
Ángeles Enríquez Soriano
Materia
Psicología del estrés
Género
Divulgación psicológica

Edición

Editorial
Olalla Ediciones, S. L.
Sello y colección
Olalla Bolsillo. Libros útiles
Lugar
Madrid
Año
1997
Edición
Primera edición, febrero de 1997
ISBN
84-88876-49-1
Depósito legal
M-5.267-1997
Páginas
246
Idioma
Español
Portada e ilustraciones
José Antonio Cháñez
Diseño y maquetación
Pie de Página
Impresión
Gráficas Miram, S. L.
Encuadernación
Rústica ilustrada

Ejemplar

Peculiaridad bibliográfica
El índice atribuye al capítulo VI la página 197, pero sitúa su primer apartado en la 165.
Extensión
246 páginas en el ejemplar conservado en Librería5, frente a las 244 consignadas en determinados registros comerciales.

El volumen cierra su desarrollo con la pregunta sobre si las experiencias estresantes nos permiten crecer o aumentan nuestra vulnerabilidad, seguida de una bibliografía que comienza en la página 241. Su estructura, desde la definición inicial hasta la consulta profesional, explica por qué el libro sigue siendo reconocible como una introducción a la psicología del estrés, aunque deba leerse teniendo en cuenta los avances científicos posteriores.

El interés principal de Estrés. Cómo aprender en la encrucijada no consiste en prometer una vida sin dificultades. Consiste en plantear que comprender nuestras respuestas exige estudiar tanto las circunstancias que nos afectan como los recursos con los que contamos. Y quizá su pregunta más útil no sea cómo conseguir que nada vuelva a estresarnos, sino cómo distinguir las dificultades que podemos afrontar, aquellas que debemos cambiar y aquellas ante las que necesitamos ayuda.

Fuentes consultadas