El hombre bicentenario y otros cuentos — Isaac Asimov

Un robot que exige ser reconocido como ser humano, máquinas que cuestionan a sus creadores y ordenadores capaces de administrar la sociedad. Isaac Asimov reunió algunas de sus inquietudes más profundas en los relatos que recoge este volumen. Nuestro ejemplar es una edición especial de Ediciones B para los periódicos del Grupo Zeta, publicada en 1997, con traducción de Carlos Gardini. Su índice permite identificar una selección de veinticuatro narraciones procedentes de The Complete Stories, Volume 2, mientras que su contracubierta conserva un curioso error biográfico sobre el escritor.

Andrew Martin es un robot. Ha sido fabricado para servir a los seres humanos, obedecer sus órdenes y no causarles daño. Su existencia parece definida desde el principio por un conjunto de instrucciones que garantizan su subordinación. Pero Andrew desarrolla capacidades que sus fabricantes no habían previsto: creatividad artística, iniciativas propias, preferencias personales y una comprensión cada vez más compleja del mundo. Aquello que comenzó como una máquina doméstica acaba formulando una aspiración que sus propietarios y sus sucesores difícilmente pueden resolver mediante las reglas ordinarias de la robótica.

Andrew quiere ser reconocido como un ser humano.

Esta es la premisa de El hombre bicentenario, una de las narraciones más conocidas de Isaac Asimov y el relato que da título a nuestro volumen. Su importancia no reside únicamente en imaginar una máquina extraordinariamente inteligente. La historia desplaza la atención hacia algo más incómodo: la posibilidad de que una inteligencia capaz de comprenderse a sí misma, actuar autónomamente y participar en la vida social continúe sometida a un estatuto impuesto por quienes la fabricaron.

Asimov plantea un problema que combina filosofía, tecnología y derecho. Si un robot desarrolla facultades que consideramos propias de una persona, ¿basta con reconocer esas facultades para modificar su posición jurídica? ¿Puede la sociedad seguir tratándolo como una propiedad? ¿Qué elementos distinguen a un sujeto de derechos de un objeto sometido a la voluntad de otro?

El libro que conservamos en Librería5 permite explorar estas preguntas junto con otras muchas. Sus veinticuatro relatos incluyen historias protagonizadas por robots, experimentos científicos, ordenadores gigantescos, conflictos intelectuales y situaciones construidas alrededor de una paradoja. Proceden de distintas etapas de la carrera del escritor y muestran hasta qué punto la ciencia ficción puede convertirse en una herramienta para examinar conceptos que solemos aceptar sin discutirlos.

El ejemplar añade una segunda historia, esta vez editorial. Publicado por Ediciones B en agosto de 1997, pertenece a la colección «Grandes Best Sellers» distribuida con los periódicos del Grupo Zeta. Su página legal identifica expresamente la obra como un extracto de The Complete Stories II. No estamos, por tanto, ante una recopilación originalmente concebida en 1997, sino ante una selección comercial de relatos anteriores, organizada alrededor del más célebre de ellos.

Cubierta de El hombre bicentenario y otros cuentos de Isaac Asimov, edición de Ediciones B para El Periódico, colección Grandes Best Sellers, 1997
Cubierta del ejemplar conservado en Librería5. El título, el nombre de Isaac Asimov y la identificación de la colección «Grandes Best Sellers» aparecen sobre una composición de tonalidades verdes y oscuras. En la parte inferior figura el nombre de elPeriódico, testimonio de su distribución mediante la prensa.

Andrew Martin: doscientos años para conquistar una identidad

El protagonista de El hombre bicentenario pertenece al universo de los robots positrónicos creado por Asimov. A diferencia de los monstruos mecánicos que protagonizaron numerosas historias anteriores, sus robots no están concebidos necesariamente como amenazas. Son productos de una tecnología avanzada cuyo comportamiento se encuentra regulado por principios destinados a proteger a las personas.

Andrew comienza su existencia dentro de ese sistema. La familia Martin adquiere un robot doméstico y descubre que posee una capacidad artística excepcional. Sus trabajos en madera no responden simplemente a la reproducción mecánica de modelos anteriores. Manifiestan una creatividad que despierta interés y termina proporcionando a Andrew una posición singular.

El conflicto aparece cuando esa singularidad deja de ser una curiosidad tecnológica y adquiere consecuencias morales. Una herramienta puede tener un propietario; una persona puede disfrutar de libertad, administrar sus recursos y orientar su propia existencia. Andrew ocupa una posición intermedia que las categorías disponibles no consiguen describir satisfactoriamente.

Su desarrollo se extiende durante generaciones humanas. Mientras las personas envejecen y desaparecen, el robot conserva su continuidad individual. Aprende, transforma su cuerpo, acumula experiencias y participa progresivamente en una sociedad que al principio apenas lo reconocía como algo distinto de una máquina.

La duración extraordinaria de su existencia permite a Asimov introducir una perspectiva histórica dentro de una historia individual. Las leyes, las costumbres y las tecnologías cambian mientras Andrew continúa siendo el mismo sujeto que reclama una posición distinta. Su identidad no depende de un acontecimiento aislado, sino de una trayectoria prolongada durante la cual sus capacidades y su reconocimiento social evolucionan de manera desigual.

El verdadero obstáculo no es únicamente demostrar que sabe hacer determinadas cosas. Andrew puede realizar actividades intelectuales, creativas y técnicas que nadie consideraría indignas de un ser humano. El problema consiste en que sus interlocutores continúan clasificándolo por su origen artificial.

La diferencia entre haber nacido y haber sido fabricado adquiere así una importancia decisiva. El relato pregunta si ese origen constituye una razón suficiente para negar un estatuto jurídico que, en otros contextos, parece depender de facultades, intereses y relaciones sociales.

Asimov no resuelve el conflicto convirtiendo repentinamente a Andrew en una persona mediante una declaración sentimental. Lo somete a un proceso de transformaciones materiales y reconocimiento institucional. La humanidad aparece como una condición disputada que requiere algo más que la convicción íntima del protagonista.

El desenlace introduce una paradoja especialmente dura: Andrew debe afrontar la relación entre su capacidad de prolongar indefinidamente la existencia y la condición mortal que la sociedad asocia a los humanos. La posibilidad de perder aquello que garantiza su continuidad llega a convertirse en parte de su lucha por ser reconocido.

La pregunta que deja abierta el relato es perturbadora. Si una inteligencia debe renunciar a una ventaja extraordinaria para ingresar en una categoría protegida, ¿estamos reconociendo sus derechos o exigiendo que se adapte a nuestros prejuicios?

Las tres leyes de la robótica y el problema de la subordinación

Las célebres tres leyes de la robótica constituyen uno de los mecanismos narrativos más influyentes de Asimov. Su finalidad es establecer una jerarquía de obligaciones: evitar daños a los seres humanos, obedecer sus órdenes cuando no exista contradicción con la primera regla y proteger la propia existencia siempre que ello resulte compatible con las obligaciones anteriores.

Aunque parezcan instrucciones técnicas, las leyes introducen problemas que se parecen extraordinariamente a los que estudian la ética y el derecho. Una norma debe interpretarse, sus conceptos requieren delimitación y distintas obligaciones pueden entrar en conflicto cuando se aplican a situaciones concretas.

¿Qué significa exactamente causar daño? ¿Debe una máquina evitar únicamente las lesiones físicas o también los perjuicios psicológicos? ¿Puede una orden aparentemente inocente producir consecuencias que el robot esté obligado a prevenir? ¿Cómo debe actuar cuando dos personas tienen intereses incompatibles?

Asimov obtiene muchas de sus historias de estas dificultades. Las leyes no son solamente un recurso destinado a impedir que las máquinas se rebelen. Son un sistema normativo cuya aplicación depende de la capacidad del robot para comprender los acontecimientos y evaluar sus consecuencias.

Pero existe una asimetría todavía más profunda. Las normas han sido diseñadas desde la perspectiva de los humanos. El robot aparece como destinatario de deberes cuya estructura garantiza la protección de quienes ocupan una posición superior. Su propia conservación queda subordinada a las necesidades ajenas.

En El hombre bicentenario, esa subordinación entra en conflicto con la creciente individualidad de Andrew. Cuanto más se desarrolla como sujeto, más difícil resulta justificar que su posición siga determinada exclusivamente por el hecho de haber sido construido para servir.

El relato permite distinguir entre dos cuestiones que frecuentemente se confunden. Una cosa es imponer reglas de seguridad a una tecnología potencialmente peligrosa. Otra distinta es concluir que cualquier inteligencia artificial debe permanecer privada de intereses jurídicamente protegibles por el mero hecho de ser artificial.

La primera cuestión se refiere a las obligaciones de funcionamiento y a la prevención de daños. La segunda afecta al fundamento de la titularidad de derechos. El hecho de que un sistema haya sido diseñado bajo ciertas obligaciones no demuestra por sí mismo que nunca pueda convertirse en sujeto de consideración moral o jurídica.

Naturalmente, la ficción de Asimov no prueba que los sistemas actuales de inteligencia artificial posean conciencia, intereses propios o capacidad de sufrir. La relevancia del relato reside precisamente en separar la pregunta sobre lo que una máquina puede hacer de la pregunta sobre lo que una sociedad estaría dispuesta a reconocerle si desarrollase determinadas capacidades.

Las tres leyes, concebidas como protección frente a la amenaza tecnológica, terminan abriendo una discusión sobre la legitimidad de la subordinación que establecen.

Una selección de veinticuatro relatos de The Complete Stories II

La identidad bibliográfica de nuestro ejemplar merece una explicación porque su título puede conducir a una confusión. El hombre bicentenario y otros cuentos no es una novela ni una reproducción íntegra de la antología estadounidense de 1976 titulada The Bicentennial Man and Other Stories.

La página legal declara expresamente como título original The Complete Stories II (extracto). La referencia corresponde al segundo volumen de The Complete Stories, publicado por Doubleday en 1992, dentro de un proyecto destinado a recopilar los relatos de Isaac Asimov.

Ese volumen estadounidense contiene cuarenta narraciones. El índice de nuestra edición española reúne veinticuatro y presenta una particularidad comprobable al cotejar ambos repertorios: son los últimos veinticuatro relatos del volumen original, conservados en el mismo orden. La selección comienza con Lenny y termina con El incidente del Tricentenario.

Esta observación permite explicar por qué conviven historias tan diferentes y por qué no todas pertenecen estrictamente al ciclo de los robots. No se trata de una antología temática concebida desde cero alrededor de Andrew Martin. Es una sección continua de una recopilación más extensa que recibe un título comercial nuevo, centrado en una de sus narraciones más célebres.

La elección del título resulta comprensible desde el punto de vista editorial. El relato principal había recibido importantes premios y gozaba de un reconocimiento que facilitaba presentar la selección al público general. Pero el libro ofrece bastante más que las aventuras de Andrew.

El índice comienza con Lenny, en la página 11, y continúa con Veredicto, Una estatua para papá, Aniversario y Necrológica. Después aparecen Lluvia, lluvia, aléjate, Luz estelar, Padre fundador, La clave, La bola de billar, Exilio en el infierno y Factor clave.

La segunda mitad incluye Intuición femenina, El mayor patrimonio, Reflejo simétrico, Coja una cerilla, Versos luminosos, Un extraño en el paraíso, ¿Qué es el hombre?, Vida y obra de Multivac, El hombre bicentenario, Marching In, Anticuado y El incidente del Tricentenario.

La ubicación de los relatos permite comprender también la distribución de la lectura. El relato principal comienza en la página 381, después de una larga sucesión de narraciones más breves, y Marching In se inicia en la 433. La obra que da título al volumen aparece, por tanto, cerca del final, no al comienzo.

El índice documenta una operación editorial precisa: una selección materialmente definida por su procedencia y continuidad dentro del volumen de 1992, presentada como libro independiente dentro de una colección destinada a la distribución periodística.

Una distinción bibliográfica importante: The Bicentennial Man and Other Stories es una recopilación estadounidense publicada en 1976. The Complete Stories, Volume 2 apareció en 1992 con cuarenta relatos. Nuestro volumen de Ediciones B, fechado en 1997, reproduce los veinticuatro últimos de esa segunda recopilación. Las tres publicaciones están relacionadas, pero no son ediciones equivalentes de un mismo índice.

Lenny, Intuición femenina y Reflejo simétrico: distintas formas de inteligencia artificial

Una de las virtudes de esta selección es que permite comprobar cómo Asimov evitó reducir sus robots a un único modelo narrativo. Aunque compartan determinados fundamentos tecnológicos, sus historias examinan situaciones muy diferentes: defectos de funcionamiento, capacidades extraordinarias, conflictos de interpretación y problemas derivados de su relación con los humanos.

En Lenny, la doctora Susan Calvin aparece vinculada a un robot cuyo comportamiento no responde a las expectativas ordinarias de sus fabricantes. La historia introduce una cuestión que atraviesa buena parte del universo asimoviano: la dificultad de definir a un individuo exclusivamente mediante su eficiencia funcional.

Una máquina puede ser considerada defectuosa porque no realiza correctamente las tareas para las que fue diseñada. Pero esa valoración depende de un criterio externo, establecido por sus fabricantes o propietarios. Cuando la conducta de un robot adquiere características inesperadas, surge la posibilidad de examinarlo no solamente como un producto fallido, sino como un caso singular que merece ser comprendido.

Intuición femenina, publicado originalmente en 1969, desarrolla una línea diferente. Su argumento se relaciona con la creación de robots capaces de abordar problemas cuya solución requiere capacidades intelectuales distintas de las operaciones convencionales. La investigación conduce a la construcción de una máquina presentada bajo una identidad femenina.

El dato histórico resulta interesante. El estudio sobre la historia de los robots positrónicos publicado en Asimov Online documenta que la idea del robot femenino estuvo relacionada con una sugerencia de Judy-Lynn Benjamin, posteriormente conocida como Judy-Lynn del Rey. El relato apareció en el número de octubre de 1969 de The Magazine of Fantasy and Science Fiction.

La utilización de una identidad femenina para representar determinadas facultades permite examinar también los presupuestos culturales del autor y de su época. La asociación tradicional entre intuición y feminidad puede interpretarse como un recurso narrativo que reproduce categorías de género reconocibles para sus primeros lectores. No es necesario aceptar esas categorías como descripciones científicas de las diferencias entre hombres y mujeres para comprender su función literaria.

En Reflejo simétrico, publicado en 1972, reaparecen Elijah Baley y R. Daneel Olivaw, protagonistas de las novelas policiacas de robots de Asimov. El relato presenta una disputa que exige interpretar declaraciones contradictorias y resolver un problema de atribución intelectual.

El escenario muestra una dimensión especialmente atractiva de la cooperación entre inteligencias diferentes. El robot dispone de facultades extraordinarias, pero la resolución de determinados conflictos también exige comprender las motivaciones, estrategias y comportamientos humanos. La capacidad lógica no elimina automáticamente los problemas que nacen de las relaciones sociales.

Estas tres narraciones sitúan a las máquinas en posiciones distintas. En una se examina aquello que la industria considera un defecto; en otra, la construcción de capacidades no convencionales; en la tercera, la colaboración necesaria para descubrir la verdad en un conflicto humano.

El conjunto impide interpretar a los robots de Asimov como simples variaciones de un electrodoméstico inteligente. Cada relato convierte alguna característica de su funcionamiento en un problema narrativo y, a través de él, en una pregunta sobre nuestras propias categorías.

¿Qué es el hombre? y Multivac: cuando las máquinas interpretan el mundo

Dos títulos del índice permiten observar una evolución especialmente significativa del pensamiento de Asimov: ¿Qué es el hombre? y Vida y obra de Multivac.

El primero corresponde al relato inglés ...That Thou Art Mindful of Him, publicado en 1974. Su argumento gira alrededor de la dificultad de establecer qué debe entender un robot por ser humano cuando aplica las normas que gobiernan su comportamiento.

El problema parece sencillo hasta que se examina cuidadosamente. Una máquina sometida a la obligación de proteger a los humanos necesita identificar a los seres que pertenecen a esa categoría. Pero la definición no surge espontáneamente de las leyes: debe ser interpretada mediante criterios que permiten distinguir unos casos de otros.

Los robots más sofisticados del relato llegan a examinar las consecuencias de esa definición. La cuestión deja de ser exclusivamente técnica. Si las características utilizadas para identificar la humanidad también aparecen en determinadas máquinas, la frontera que justificaba una jerarquía inicial puede terminar siendo cuestionada por los propios destinatarios de las normas.

El resultado constituye una inversión particularmente ingeniosa. Las leyes creadas para garantizar la obediencia contienen conceptos que las inteligencias sometidas a ellas necesitan interpretar. Al hacerlo, pueden llegar a conclusiones que sus creadores no habían previsto.

Este relato ofrece un contrapunto a El hombre bicentenario. En uno se examina cómo ciertas máquinas pueden revisar conceptualmente la distinción entre humanos y robots. En el otro, una inteligencia artificial busca que las instituciones humanas reconozcan una transformación de su propia condición.

Ambos textos revelan que clasificar una inteligencia no equivale a comprenderla. Las categorías jurídicas y morales son construcciones normativas: su aplicación requiere decisiones, interpretaciones y criterios de inclusión y exclusión.

Vida y obra de Multivac, publicado inicialmente en The New York Times Magazine en enero de 1975, plantea un escenario diferente. Multivac es el nombre asociado a los grandes sistemas informáticos imaginados por Asimov, capaces de procesar enormes cantidades de información y desempeñar funciones cada vez más amplias en la organización de la vida colectiva.

El relato explora las consecuencias de una dependencia social que puede terminar alterando el significado de la libertad. Una humanidad administrada por una inteligencia que optimiza sus condiciones de existencia puede disfrutar de seguridad, previsibilidad y bienestar, pero perder progresivamente la posibilidad de determinar por sí misma sus fines.

La cuestión resulta más compleja que una rebelión convencional de las máquinas. El problema no consiste necesariamente en que el ordenador odie a los seres humanos o pretenda destruirlos. Puede surgir de una organización en la que las decisiones importantes hayan sido transferidas a un sistema cuya eficacia ya no admite discusión práctica.

Asimov anticipa aquí una forma de conflicto que continúa siendo intelectualmente relevante: la posibilidad de que una herramienta diseñada para resolver problemas termine convirtiéndose en la autoridad que define cuáles deben ser los problemas y cómo deben resolverse.

No es correcto presentar Multivac como una predicción técnica exacta de los actuales modelos de inteligencia artificial. Sus mecanismos imaginarios pertenecen a otra época informática. Pero la pregunta política que permite formular conserva su fuerza: ¿qué ocurre cuando los instrumentos de decisión se vuelven tan importantes que sus destinatarios dejan de poder discutir sus criterios?

En los relatos de robots, las máquinas deben interpretar normas humanas. En las historias de Multivac, son los humanos quienes pueden terminar viviendo dentro de un orden establecido mediante decisiones de la máquina. La inversión de posiciones es uno de los grandes temas de esta recopilación.

La bola de billar y la ciencia convertida en literatura de ideas

Sería un error limitar el libro a una discusión sobre robots. Asimov fue también un escritor interesado por la física, la astronomía, las matemáticas, la historia y las consecuencias sociales de los descubrimientos científicos. Su formación como bioquímico y su larga trayectoria como divulgador influyeron decisivamente en la manera de construir ficción.

La bola de billar, publicado originalmente en 1967, representa con claridad una de sus estrategias narrativas más características. La historia plantea una rivalidad intelectual entre un científico teórico y un inventor que consigue trasladar determinados conocimientos al terreno de las aplicaciones prácticas.

Un dispositivo relacionado con la gravedad proporciona el elemento especulativo que permite desarrollar el conflicto. La narración utiliza nociones científicas para construir una situación en la que el ingenio de los protagonistas y las consecuencias inesperadas de un experimento adquieren importancia decisiva.

Lo fundamental no es que el lector acepte el funcionamiento real de la tecnología imaginada. El interés reside en que una hipótesis científica se convierte en la condición de posibilidad de un conflicto humano reconocible: la rivalidad, el prestigio, la inteligencia y la utilización del conocimiento.

Este procedimiento aparece bajo formas distintas en otras narraciones de la selección. Una estatua para papá, Aniversario, La clave o Coja una cerilla pertenecen a un territorio donde las situaciones extraordinarias permiten desarrollar enigmas, ironías y problemas de razonamiento.

La diversidad de extensiones también contribuye al ritmo. Algunos relatos se aproximan a ejercicios narrativos muy concentrados, mientras que otros ofrecen el espacio necesario para construir personajes, desarrollar problemas técnicos y examinar las consecuencias de una hipótesis.

Asimov concede un lugar especialmente importante a la explicación. Sus personajes conversan, discuten y razonan. En ocasiones, la resolución procede menos de una acción espectacular que de comprender una propiedad del mundo narrativo que había sido presentada anteriormente.

Este recurso puede resultar menos atractivo para quien espere persecuciones continuas o descripciones abundantes. Pero constituye una de las razones por las que sus historias conservan interés intelectual. La ficción funciona como un pequeño experimento: se establece una premisa, se desarrollan sus consecuencias y se obliga al lector a reconsiderar alguno de los supuestos con los que había comenzado.

La amplitud temática del volumen también impide reducir su valor a las predicciones tecnológicas que hayan resultado acertadas. Incluso cuando los dispositivos imaginados quedan superados por la historia real, los conflictos lógicos y morales que organizan el relato pueden seguir funcionando.

De 1976 a los premios Hugo y Nebula, y de la literatura al cine

La historia de El hombre bicentenario comienza antes de su incorporación a la recopilación de 1992. Su origen está vinculado al bicentenario de la independencia de Estados Unidos, conmemorado en 1976. La contracubierta de nuestro ejemplar recuerda que Asimov recibió una propuesta para escribir una historia relacionada con esa celebración y que el título sugerido fue el punto de partida de la narración.

La reconstrucción histórica del ciclo de los robots conservada en Asimov Online permite precisar ese relato promocional. El proyecto inicial de una antología conmemorativa no llegó a realizarse como se había previsto. Posteriormente, Judy-Lynn del Rey publicó The Bicentennial Man en la antología Stellar-2, aparecida en 1976.

La historia recibió dos de los reconocimientos más importantes de la ciencia ficción. Obtuvo el premio Nebula correspondiente a 1976 en la categoría de relato largo o novelette, entregado en 1977, y el premio Hugo de 1977 en la misma categoría. Ambos resultados figuran en los registros de las organizaciones responsables de los galardones.

La coincidencia de los premios resulta significativa. La narración no dependía de un despliegue extraordinario de tecnología imaginaria ni de una aventura espacial convencional. Su centro era la evolución de un robot que intenta modificar su posición dentro de una comunidad humana.

La persistencia de ese argumento se observa también en su adaptación posterior. En 1992 apareció The Positronic Man, novela firmada por Isaac Asimov y Robert Silverberg que amplió la historia original. La obra ha circulado en español con el título El robot humano.

En 1999 llegó al cine El hombre bicentenario, dirigida por Chris Columbus y protagonizada por Robin Williams. La película se basa en el relato de Asimov y en su ampliación novelística con Silverberg. Su estreno se produjo dos años después de la edición que conservamos en Librería5.

La distinción cronológica resulta importante. Nuestra cubierta de 1997 no es una edición creada aprovechando el éxito comercial de la película. Es anterior a ella y responde a un circuito de distribución propio: las colecciones de libros ofrecidas mediante periódicos.

El recorrido del relato puede reconstruirse, por tanto, a través de diferentes medios: una antología de ciencia ficción de 1976, recopilaciones literarias posteriores, una novela ampliada, traducciones y una producción cinematográfica internacional.

En cada transformación, Andrew Martin llega a nuevos públicos. Pero la pregunta que hizo célebre su historia continúa siendo reconocible: qué debe suceder para que una inteligencia artificial deje de ser considerada una cosa y pueda presentarse ante la sociedad como alguien.

La edición de 1997: Carlos Gardini, elPeriódico y una errata en la biografía de Asimov

El ejemplar conservado en Librería5 pertenece a una etapa de la cultura editorial española en la que los periódicos participaron activamente en la distribución de libros. La portada identifica la colección «Grandes Best Sellers» y muestra el nombre de elPeriódico en su parte inferior.

La página legal ofrece una identificación precisa: primera edición, agosto de 1997, publicada por Ediciones B, S. A., con domicilio en la calle Bailén, 84, Barcelona. El ISBN es 84-406-7777-4 y el depósito legal B. 32.259-1997. La impresión se atribuye a CREMAGRAFIC, S. A..

El volumen se presenta expresamente como una edición especial destinada a los diarios del Grupo Zeta. La página legal establece que debía comercializarse conjuntamente con el periódico y prohíbe su venta separada. Es una condición de distribución de aquella edición, no una descripción de cómo circulan actualmente los ejemplares usados.

Este dato tiene importancia para la historia material del libro. Una obra literaria que originalmente circuló en revistas y antologías estadounidenses terminó formando parte de una colección de distribución masiva vinculada a la prensa española. El ejemplar documenta así una etapa en la que los grupos periodísticos utilizaron sus redes comerciales para ampliar el acceso a narraciones de autores internacionales.

La traducción se acredita a Carlos Gardini, escritor y traductor argentino nacido en 1948 y fallecido en 2017. No se trataba simplemente de un profesional encargado de trasladar palabras entre dos idiomas. Gardini desarrolló una trayectoria propia dentro de la ciencia ficción y la literatura fantástica, reconocida, entre otras instituciones, por la Fundación Konex.

Su condición de escritor del género resulta pertinente para valorar la edición. Traducir ciencia ficción exige resolver problemas de terminología, registro y construcción de mundos imaginarios, además de trasladar diálogos y matices narrativos. Sin un cotejo sistemático entre el texto inglés y esta traducción concreta no sería riguroso atribuirle soluciones estilísticas determinadas, pero su crédito constituye un dato relevante de la historia editorial de la obra.

Existe además un aspecto cronológico que conviene conservar. Ediciones B había publicado anteriormente materiales de The Complete Stories II, y se documenta una edición española de El hombre bicentenario y otros cuentos anterior a 1997. Por ello, la declaración «primera edición: agosto 1997» debe interpretarse como identificación de esta presentación específica, no como prueba de que los relatos o la traducción llegaran entonces por primera vez al mercado español.

La contracubierta proporciona un hallazgo documental todavía más concreto. Su breve biografía identifica a Isaac Asimov como nacido en «Petrovsk, Rusia, 1929» y fallecido en Nueva York en 1992. La fecha de nacimiento contiene un error evidente: Asimov nació alrededor de 1920 y celebraba oficialmente su cumpleaños el 2 de enero de ese año. La localidad generalmente reconocida es Petróvichi, no Petrovsk.

La documentación biográfica recuerda que existe cierta incertidumbre sobre la fecha exacta, que podría situarse entre octubre de 1919 y enero de 1920. Esa circunstancia no convierte en admisible la fecha de 1929 impresa en nuestra contracubierta. Se trata de un error de casi una década.

La equivocación merece registrarse porque pertenece al ejemplar concreto. Un catálogo que corrigiese silenciosamente la fecha al describir la biografía del escritor perdería una peculiaridad material de esta edición. Lo apropiado es distinguir el dato impreso, que forma parte del documento histórico, de la información biográfica contrastada.

En la misma contracubierta se encuentra una presentación promocional de la trayectoria de Asimov, sus numerosos libros y sus premios, seguida de una explicación del origen de El hombre bicentenario. El texto anuncia también otros cuentos de la recopilación, entre ellos Intuición femenina, Necrológica y Una estatua para papá.

Contracubierta de El hombre bicentenario y otros cuentos, Grandes Best Sellers, con una errata que fecha el nacimiento de Isaac Asimov en 1929
Contracubierta del ejemplar de 1997. Contiene una presentación biográfica de Asimov, referencias a los premios Hugo y Nebula y la explicación del origen del relato principal. Su primera línea sitúa erróneamente el nacimiento del escritor en «Petrovsk, Rusia, 1929».

El índice impreso del volumen reúne veinticuatro títulos, desde Lenny, en la página 11, hasta El incidente del Tricentenario, que comienza en la 457. Los registros bibliográficos consultados atribuyen a esta edición una extensión de 476 páginas, cifra que resulta compatible con la posición de la última narración, aunque no hemos realizado un recuento independiente de todas las hojas del ejemplar.

Obra

Título
El hombre bicentenario y otros cuentos
Autor
Isaac Asimov
Obra de procedencia
The Complete Stories, Volume 2 (extracto)
Publicación de la recopilación original
1992
Publicación del relato principal
1976, en Stellar-2
Lengua original
Inglés
Género
Ciencia ficción
Forma literaria
Antología de relatos
Materia
Robótica, inteligencia artificial, condición humana, derechos, tecnología y sociedad
Contenido
24 relatos seleccionados de The Complete Stories, Volume 2

Edición conservada

Editorial
Ediciones B, S. A.
Colección
Grandes Best Sellers
Distribución especial
elPeriódico / diarios del Grupo Zeta
Edición declarada
Primera edición, agosto de 1997
Año
1997
Lugar
Barcelona, España
Traducción
Carlos Gardini
ISBN
84-406-7777-4
ISBN-13 equivalente
978-84-406-7777-8
Depósito legal
B. 32.259-1997
Idioma
Español
Extensión catalogada
476 páginas
Imprenta
CREMAGRAFIC, S. A.
Encuadernación
Rústica ilustrada

Particularidades documentales

Selección
Contiene los 24 últimos relatos de The Complete Stories, Volume 2, conservando su orden original.
Edición para prensa
La página legal indica que el libro debía comercializarse conjuntamente con un periódico del Grupo Zeta.
Errata biográfica
La contracubierta identifica erróneamente el nacimiento de Asimov como «Petrovsk, Rusia, 1929».
Relato premiado
El hombre bicentenario obtuvo el Nebula correspondiente a 1976 y el Hugo de 1977, ambos en la categoría de novelette.
Índice
24 relatos; Lenny comienza en la página 11 y El incidente del Tricentenario en la 457.
Fotografías documentales
Cubierta, contracubierta, página legal e índice del ejemplar conservado.

La historia de este volumen se desarrolla, por tanto, en dos planos. En el literario, reúne narraciones que examinan los límites del conocimiento, el poder de las máquinas y la dificultad de distinguir entre una inteligencia que sirve y una inteligencia que decide. En el editorial, documenta cómo un conjunto de textos publicados en revistas y antologías estadounidenses terminó convertido en un libro destinado a acompañar a un periódico español.

La errata biográfica, los créditos del traductor, la identificación de la imprenta y el carácter especial de la distribución son detalles que podrían perderse si se tratara el libro únicamente como una versión intercambiable de los relatos de Asimov. El ejemplar físico conserva información sobre la vida posterior de la obra que no está contenida en su argumento.

Pero es inevitable regresar a Andrew Martin. A lo largo de dos siglos, el robot intenta conseguir que los seres humanos revisen una clasificación que para ellos parecía evidente. No basta con que pueda comprender, crear o decidir. Debe enfrentarse a una sociedad que ha establecido previamente las condiciones bajo las cuales aceptará reconocerlo.

Ahí reside una de las grandes intuiciones literarias de Asimov. La inteligencia puede desarrollar capacidades imprevistas, pero el reconocimiento de esas capacidades depende también de las instituciones que administran las fronteras entre las cosas y las personas.

El problema no está resuelto por el simple hecho de imaginar máquinas cada vez más avanzadas. Tampoco queda resuelto proclamando que solamente los seres humanos pueden ser sujetos de derechos. Ambas posiciones pueden convertirse en respuestas prematuras cuando todavía no hemos explicado cuáles son los criterios relevantes.

En el fondo, El hombre bicentenario formula una pregunta que pertenece tanto al futuro de la tecnología como a la historia de nuestras instituciones: cuando una inteligencia reclama una posición que las categorías heredadas no contemplan, ¿debemos examinar sus capacidades y sus intereses o limitarnos a recordar quién decidió fabricarla?

La respuesta no es indiferente. Para Andrew Martin, la diferencia entre una clasificación y otra determina el significado de toda su existencia.

Fuentes consultadas