Escritores costumbristas — Mariano José de Larra, Ramón de Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón
Ficha bibliográfica del ejemplar
Título: Escritores costumbristas
Autores: Mariano José de Larra, Ramón de Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón
Selección, estudio y notas: José Manuel Blecua
Editorial: Editorial Ebro, S. L.
Lugar: Zaragoza
Año: 1963
Edición: quinta edición, ilustrada
Colección: Biblioteca Clásica Ebro — Clásicos Españoles
Número general de la colección: 72
Serie: Prosa, XXVII
Impresión: Imp. Librería General, San Miguel, 4, Zaragoza
Copyright: Editorial Ebro, S. L., 1963
Depósito legal: Z. 41-1963
Número de registro: Z. 176-1963
Precio indicado en la contracubierta: 20 pesetas
Encuadernación: cartulina, cubierta impresa a dos tintas
La portada interior: Blecua al frente de la antología
Portada interior. La edición acredita a José Manuel Blecua como responsable de la selección, el estudio y las notas.
La portada interior permite entender inmediatamente qué clase de libro tenemos entre las manos. No se presenta simplemente como una reunión de textos antiguos, sino como una antología preparada por José Manuel Blecua, identificado además como catedrático de Literatura. La fórmula «selección, estudio y notas» resume el método de la colección: el texto clásico debía llegar al estudiante acompañado de los instrumentos necesarios para situarlo histórica y literariamente.
Editorial Ebro había sido fundada en Zaragoza en 1938 por Teodoro de Miguel y desarrolló alrededor de la Biblioteca Clásica Ebro un catálogo destinado fundamentalmente a la enseñanza y a la difusión económica de los clásicos españoles. Blecua estuvo estrechamente vinculado a ese proyecto. Lo interesante es que la orientación escolar no condujo a una simple reducción del libro a fragmentos descontextualizados: esta quinta edición incluye cronología, prólogo, bibliografía, textos seleccionados, juicios críticos y, finalmente, temas de trabajo escolar.
Una edición completamente zaragozana
Página legal: copyright de Editorial Ebro, 1963; impresión en Librería General, San Miguel, 4, Zaragoza; depósito legal Z. 41-1963.
La página legal termina de fijar una datación que la propia portada exterior no proporciona. El ejemplar pertenece inequívocamente a 1963, año del copyright, del depósito legal y del número de registro. La indicación tiene además un interés local: el libro no sólo fue publicado por una editorial zaragozana, sino que fue impreso también en Zaragoza, en la imprenta de Librería General situada en la calle San Miguel, número 4.
La portada editorial menciona además las ciudades de Zaragoza, Madrid, Barcelona y Buenos Aires, señal de una empresa que aspiraba a una circulación mucho más amplia que su origen aragonés. Sin embargo, materialmente este ejemplar continúa conservando una geografía muy concreta. Entre Editorial Ebro y la imprenta de Librería General, el volumen es también un producto de la actividad editorial zaragozana de comienzos de los años sesenta.
Dos numeraciones para un mismo libro
Otro detalle que puede resultar confuso si se consultan catálogos distintos es la doble numeración. Dentro de la Biblioteca Clásica Ebro, Escritores costumbristas ocupa el número 72. Sin embargo, la contracubierta identifica el ejemplar como Serie Prosa XXVII. Ambas cifras son correctas: la primera corresponde a la numeración general de la Biblioteca Clásica Ebro y la segunda a la posición del volumen dentro de la serie dedicada específicamente a la prosa.
Contracubierta. El volumen pertenece a la Serie Prosa XXVII y conserva el precio editorial de 20 pesetas.
La contracubierta conserva además una información de esas que desaparecen con facilidad en los catálogos bibliográficos: el precio. El volumen costaba 20 pesetas y se describía como un tomo «encuadernado en cartulina, cubierta a dos tintas». Son detalles modestos, pero ayudan a recordar cuál era la naturaleza original del objeto. No fue concebido como edición de lujo ni como pieza de coleccionismo, sino como un instrumento de lectura y enseñanza producido para circular.
Una antología construida para enseñar a leer literatura
Índice de la quinta edición. La antología combina contextualización histórica, prólogo, bibliografía, textos, juicios críticos y temas de trabajo escolar.
El índice deja ver con especial claridad la intención pedagógica de Blecua. Antes de entrar en los textos encontramos unos «Principales acontecimientos en la época de Larra, Mesonero Romanos y Estébanez Calderón», un prólogo y una bibliografía. Después llegan las obras, organizadas por autores y procedencias. El libro no termina cuando termina Larra: incorpora todavía una extensa sección de «Juicios críticos» y unos «Temas de trabajo escolar» que comienzan en la página 184.
Esa última referencia permite advertir además una pequeña peculiaridad material. La publicidad general de la Biblioteca Clásica Ebro describía sus tomos como volúmenes en octavo de aproximadamente 128 a 150 páginas, pero este título rebasa claramente esa extensión. Las colecciones editoriales raramente obedecen de manera absoluta a sus propias descripciones comerciales, y Escritores costumbristas ofrece un buen ejemplo.
Costumbrismo: escribir lo cotidiano antes de que desaparezca
El costumbrismo del siglo XIX nació en estrecha relación con la prensa periódica y con una sociedad que estaba experimentando transformaciones políticas, urbanas y culturales muy rápidas. El escritor observa tipos humanos, profesiones, cafés, calles, diversiones, modos de hablar, ceremonias y pequeñas conductas cotidianas. En apariencia trabaja con materiales humildes; en realidad está registrando la estructura social que se manifiesta a través de ellos.
El «cuadro de costumbres» puede inclinarse hacia lo pintoresco, la nostalgia, la sátira o la crítica. Precisamente por eso resulta inteligente reunir en un mismo volumen a Estébanez Calderón, Mesonero Romanos y Larra. Los tres emplean materiales semejantes, pero no contemplan el mundo con la misma intención.
Serafín Estébanez Calderón: Andalucía convertida en escena
Portadilla dedicada a Serafín Estébanez Calderón, «El Solitario» (1799-1867), con los dos textos seleccionados de Escenas andaluzas.
La antología comienza con Serafín Estébanez Calderón, conocido literariamente como «El Solitario». Blecua selecciona dos piezas de sus Escenas andaluzas: La rifa andaluza y El asombro de los andaluces, o Manolito Gázquez, el Sevillano. La elección introduce al lector en una modalidad de costumbrismo donde la intensidad del lenguaje, la recreación de tipos y la voluntad pintoresca tienen un peso fundamental.
Estébanez no pretende producir una fotografía neutral de Andalucía. Su escritura selecciona, exagera, estiliza y convierte la realidad popular en espectáculo verbal. Ahí reside precisamente buena parte de su valor documental y de su dificultad: los cuadros de costumbres no son fotografías transparentes de una sociedad, sino construcciones literarias mediante las cuales un escritor decide qué rasgos considera dignos de representar una región o un grupo humano.
En ese sentido, las Escenas andaluzas forman parte también del proceso mediante el cual el siglo XIX construyó una determinada imagen literaria de Andalucía, enormemente influyente después tanto dentro como fuera de España.
Ramón de Mesonero Romanos: Madrid observado desde dentro
Portadilla de Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882). La antología combina Escenas matritenses con fragmentos de Memorias de un setentón.
Con Ramón de Mesonero Romanos la mirada se traslada a Madrid. Blecua incluye cuatro Escenas matritenses —La comedia casera, El amante corto de vista, El Aguinaldo y El Patio de Correos— y añade dos pasajes de Memorias de un setentón, dedicados a los pseudónimos y a la revolución literaria del Romanticismo.
La inclusión de estos últimos textos resulta particularmente útil porque convierte a Mesonero no sólo en objeto de historia literaria, sino también en testigo de ella. El escritor que describe las costumbres madrileñas recuerda después desde la vejez el ambiente intelectual que había vivido, los usos periodísticos y la irrupción de una nueva sensibilidad romántica durante la primera mitad del siglo.
Mesonero adoptó el conocido seudónimo de «El Curioso Parlante», nombre que describe bastante bien su posición narrativa. Observa con detenimiento y comenta continuamente aquello que ve. Madrid se convierte en un enorme escenario compuesto por casas, calles, comercios, espectáculos, funcionarios, visitantes y pequeñas ceremonias sociales. El paso del tiempo proporcionó después a esas escenas una dimensión que sus primeros lectores apenas podían percibir: aquello que se escribía como actualidad terminó convirtiéndose también en memoria urbana.
Larra: cuando la costumbre deja de ser inocente
Portadilla dedicada a Mariano José de Larra (1809-1837). Blecua selecciona cinco de sus artículos de costumbres más representativos.
La tercera sección produce un cambio de temperatura. Mariano José de Larra comparte con Mesonero y Estébanez la observación de las costumbres, pero su mirada posee una agresividad crítica mucho mayor. En él, una comida familiar, una expresión repetida, una casa mal construida o un trámite administrativo pueden servir para diagnosticar problemas que afectan al conjunto de la sociedad española.
Blecua escogió cinco artículos especialmente representativos: El castellano viejo, Vuelva usted mañana, En este país, Las casas nuevas y La Nochebuena de 1836. La selección permite recorrer buena parte de la amplitud del procedimiento de Larra: desde la sátira de las formas de sociabilidad y la crítica de la ineficacia administrativa hasta una visión progresivamente más amarga del país y del propio escritor.
El castellano viejo
La crítica nace de una situación aparentemente trivial: una invitación a comer. El problema no es la comida, sino todo el sistema de comportamientos que la rodea. Mediante la exageración satírica, Larra enfrenta la supuesta franqueza del «castellano viejo» con la falta de consideración hacia los demás. Lo que un personaje interpreta como naturalidad y autenticidad aparece ante el narrador como ausencia de educación, autocontrol y respeto por las convenciones que hacen posible la convivencia.
Vuelva usted mañana
Probablemente sea uno de los artículos periodísticos españoles que mejor han sobrevivido a su contexto inmediato. El extranjero que pretende resolver rápidamente una serie de asuntos descubre una cadena interminable de aplazamientos resumida en la respuesta que da título al texto. La sátira funciona porque Larra convierte una experiencia administrativa particular en diagnóstico colectivo. El artículo ha sobrevivido precisamente porque generaciones posteriores han podido reconocer en él, justa o injustamente, algo que consideran todavía familiar.
En este país
Aquí el objeto de la sátira es también lingüístico. La expresión «en este país» permite atribuir cualquier defecto a una entidad abstracta de la que quien habla parece excluirse. Larra descubre así uno de los mecanismos favoritos de la crítica social: diagnosticar colectivamente un problema mientras cada individuo se considera personalmente ajeno a él.
Las casas nuevas
La modernización urbana tampoco escapa a la mirada costumbrista. La arquitectura y la vivienda sirven para hablar de una sociedad que desea presentarse como moderna y confortable, pero cuyas soluciones pueden esconder nuevas incomodidades. En manos de Larra, hasta la distribución de una casa puede convertirse en crítica de una determinada idea de progreso.
La Nochebuena de 1836
El último artículo seleccionado se encuentra ya en un territorio mucho más oscuro. La observación exterior se vuelve contra el propio observador y la sátira social adquiere una dimensión personal, amarga y casi existencial. Blecua consigue así cerrar la sección de Larra con un texto que muestra hasta dónde podía llegar el artículo de costumbres: muy lejos de la simple descripción pintoresca de tipos y hábitos.
Trece textos para representar un movimiento entero
- Serafín Estébanez Calderón: La rifa andaluza; El asombro de los andaluces, o Manolito Gázquez, el Sevillano.
- Ramón de Mesonero Romanos: La comedia casera; El amante corto de vista; El Aguinaldo; El Patio de Correos; «Los pseudónimos»; «El Romanticismo».
- Mariano José de Larra: El castellano viejo; Vuelva usted mañana; En este país; Las casas nuevas; La Nochebuena de 1836.
La selección es breve, pero permite comprobar que Blecua no aspiraba a proporcionar una representación proporcional de toda la obra de los tres autores. Estaba construyendo un recorrido pedagógico. Primero aparece el costumbrismo regional de Estébanez, después la observación urbana y memorialística de Mesonero y finalmente la crítica de Larra. El orden convierte la antología en una pequeña argumentación acerca de las posibilidades del género.
El artículo periodístico convertido en clásico escolar
Existe además una paradoja especialmente interesante. Buena parte de estos textos nació para la prensa y, por tanto, para una lectura inmediata. Se escribieron sobre hábitos, polémicas y experiencias reconocibles para un lector del siglo XIX. Su destino original estaba mucho más cerca del periódico que del monumento literario.
Sin embargo, en 1963 aparecen ya encerrados entre grecas historicistas, provistos de notas, acompañados por bibliografía y sometidos a preguntas escolares. El periodismo se ha convertido en clásico. Una literatura escrita para comentar el presente entra, un siglo después, en una colección cuyo objetivo consiste precisamente en enseñar ese pasado.
Ese desplazamiento resulta particularmente visible en Larra. Vuelva usted mañana pudo nacer como intervención satírica en una sociedad determinada; cuando Ebro lo coloca dentro de «Clásicos Españoles», el artículo ha pasado a representar algo mucho mayor que la circunstancia que lo originó.
José Manuel Blecua y la divulgación rigurosa
La presencia de José Manuel Blecua explica buena parte de la personalidad de esta edición. Su trabajo filológico estuvo vinculado a la recuperación, edición y estudio de numerosos autores españoles, pero la Biblioteca Clásica Ebro representa otra vertiente igualmente importante: trasladar parte de esa disciplina académica a libros destinados a estudiantes.
No se trataba de convertir cada tomo en una edición crítica monumental. El formato y el precio imponían límites evidentes. La operación consistía en algo más difícil de equilibrar: seleccionar textos representativos, proporcionar el contexto imprescindible, anotar aquello que pudiera obstaculizar la lectura y ofrecer suficiente bibliografía para que el libro no terminara en sí mismo.
Desde esa perspectiva, incluso los «Temas de trabajo escolar» finales tienen interés histórico. Nos permiten ver cómo se esperaba que un estudiante de comienzos de los años sesenta trabajase sobre literatura: no sólo leyendo un texto, sino situándolo, comparándolo y respondiendo a cuestiones preparadas alrededor de él.
Una colección nacida en Zaragoza en 1938
La portada recuerda que Editorial Ebro había sido fundada en 1938 por Teodoro de Miguel. La Biblioteca Clásica Ebro terminaría construyendo un catálogo enorme de literatura española organizado en distintas series de prosa, verso y teatro. Su estética, con grecas ornamentales, escudos y una composición deliberadamente tradicional, convirtió los pequeños volúmenes en objetos inmediatamente reconocibles.
El proyecto poseía una vocación claramente escolar, pero también participaba de un fenómeno editorial más amplio: la creación de bibliotecas económicas capaces de introducir una selección del canon literario en hogares y aulas que no podían adquirir grandes ediciones eruditas. Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, Larra o Bécquer podían convertirse así en pequeños volúmenes manejables y relativamente baratos.
Escritores costumbristas ocupa el número 72 de esa biblioteca. Las páginas de catálogo conservadas en el ejemplar —que merecen un estudio independiente de la colección y por eso no reproducimos aquí— muestran que a comienzos de los sesenta Ebro había construido ya un catálogo sorprendentemente extenso. Este libro debe entenderse como una pieza de aquel proyecto y no como una antología aislada.
La discrepancia sobre la primera edición
La historia bibliográfica del título conserva además una pequeña incertidumbre. Las bibliografías consultadas no coinciden completamente al fechar la primera edición de Escritores costumbristas: algunas referencias la sitúan en 1946, mientras otras vinculadas a la bibliografía de José Manuel Blecua indican 1947. Sin documentación editorial adicional no parece prudente resolver artificialmente la discrepancia.
Lo que nuestro ejemplar sí permite establecer sin ninguna duda es su propia posición. La portada dice «quinta edición, ilustrada» y la página legal confirma el año 1963. La secuencia conocida de reediciones encaja además con esa identificación: después aparecerían nuevas ediciones en 1966, 1969, 1973 y 1978.
La persistencia editorial es significativa. Un libro escolar que continuaba reeditándose durante décadas indica que la fórmula seguía resultando útil para profesores, estudiantes y librerías mucho después de su primera aparición.
Del libro de texto al documento histórico
Cuando este volumen salió de la imprenta de la calle San Miguel en 1963, su función era eminentemente práctica. Debía ser comprado, llevado a clase, subrayado, consultado y utilizado para estudiar. No fue producido pensando en el coleccionista del futuro.
Precisamente por eso resulta interesante más de sesenta años después. La literatura de Larra, Mesonero y Estébanez puede encontrarse hoy en ediciones mucho más modernas e incluso gratuitamente en formato digital. Lo irrepetible es la combinación concreta de elementos que conserva este ejemplar: la selección de Blecua, las portadillas interiores, el aparato pedagógico, la estética de Ebro, el precio de veinte pesetas, la doble numeración de la colección, la imprenta zaragozana y la manera en que tres autores del siglo XIX fueron ofrecidos a un estudiante español de 1963.
Un libro escolar envejecido termina así convertido en documento sobre la propia historia de la enseñanza.
Conclusión
Escritores costumbristas funciona en varios niveles simultáneos. Como antología, permite recorrer tres maneras diferentes de transformar la vida cotidiana en literatura. Estébanez Calderón contempla Andalucía y acentúa sus colores, sus tipos y su lenguaje; Mesonero Romanos convierte Madrid en un objeto permanente de observación y memoria; Larra utiliza los mismos materiales cotidianos para interrogar con mucha mayor violencia las insuficiencias de la sociedad española.
La selección de José Manuel Blecua convierte esas diferencias en una estructura inteligible. No estamos ante trece textos colocados unos detrás de otros, sino ante un recorrido que va desde la escena pintoresca hasta la sátira y la crítica social, y que culmina en una Nochebuena de 1836 donde el observador termina siendo también observado y juzgado.
El ejemplar cuenta al mismo tiempo otra historia. En la Zaragoza de 1963, Editorial Ebro podía imprimir por veinte pesetas una pequeña antología de clásicos, acompañarla de cronología, estudio, bibliografía, notas, juicios críticos y ejercicios, y confiar en que ese objeto pasaría por las manos de estudiantes que todavía necesitaban construir una relación con la literatura española. La modestia material no implicaba necesariamente pobreza intelectual.
También por eso merece conservarse. Los textos de Larra, Mesonero y Estébanez sobrevivirán independientemente de esta edición; lo que no sobreviviría sin ejemplares como éste es la memoria de cómo fueron seleccionados, presentados, estudiados y leídos en un momento concreto de nuestra historia cultural.
Y quizá ésa sea la peculiar virtud del costumbrismo cuando se contempla desde el futuro. Aquellos escritores quisieron conservar y juzgar las costumbres de su siglo. El pequeño libro que las reunió en 1963 ha terminado convirtiéndose él mismo, sin pretenderlo, en una costumbre material de otra época.
Los costumbristas observaron el siglo XIX. Esta edición nos permite observar también a los lectores del siglo XX que aprendieron a mirarlo a través de ellos.
Esta antología reúne tres maneras distintas de entender un mismo fenómeno. Puede ampliarse la lectura con las entradas dedicadas a Mariano José de Larra, Ramón de Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón.
Para comprender el contexto literario, periodístico y visual que comparten los tres, véase El costumbrismo español: la literatura que convirtió la vida cotidiana en documento. El volumen pertenece además a la Biblioteca Clásica Ebro, colección escolar nacida en Zaragoza cuya historia y catálogo conservamos también en Librería5.